Ucrania y la militarización de Europa

4 septiembre 2014

Esta perspectiva se publicó en alemán el dos de septiembre del 2014

Se manipula sistemáticamente el conflicto en Ucrania para cambiar el andamiaje europeo de relaciones sociales y políticas. Eso le hace posible determinar el curso de los acontecimientos a las fuerzas más reaccionarias, de la derecha extrema (casi sin ningún apoyo en la población).

El imperialismo usa esa crisis (creada por Estados Unidos, Alemania y la OTAN) para convertir a Europa en una fortaleza militar. Es decir que no sólo llega al borde del precipicio nuclear con Rusia, también somete a Europa a una disciplina de hierro.

Las alianza militar, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que Estados Unidos domina, está en casi total control de la política europea. A fin de esta semana la cumbre bianual de la OTAN ocurrirá en Gales, para decidir una nueva política estratégica con consecuencias históricas.

“En el futuro, la defensa del territorio de la alianza otra vez será lo más importante, dejando atrás una década de intervenciones en las esquinas lejanas del mundo,” dice el semanario Frankfurter Allgemeine Sonntags Zeitung.

Con eso quiere decir que los enormes recursos militares de la OTAN se concentrarán contra Rusia, al igual que durante la Guerra Fría contra la Unión Soviética.

Entre otras decisiones, la cumbre resolverá formar dos fuerzas armadas interventoras con la capacidad de lanzarse contra Rusia en sólo días. La primera de ellas, sería la vanguardia de la Fuerza de Respuesta de la OTAN. Ésta tendrá entre cuatro y veinte mil soldados. La otra, de diez mil soldados, sería una fuerza expedicionaria bajo mando británico. En esta participarían las FF. AA. de Estonia, Lituania, Latvia, Dinamarca, Noruega y Los Países Bajos.

Para garantizar la velocidad de estas tropas, la OTAN proyecta establecer bases de espionaje, organización, y preparación en los Estados Bálticos, Polonia, y Rumania.

Estas medidas repudian el “Acta Fundacional OTAN-Rusia” de 1997. En ese acuerdo la OTAN se comprometió a no enviar grandes cantidades de soldados a los territorios de los países de Europa Oriental. Polonia, los Estados Bálticos y Canadá han demandado por mucho tiempo la cancelación del acuerdo de cooperación entre Rusia y la OTAN. Efectivamente, eso ahora ya ha ocurrido.

La supuesta agresión de Rusia contra Ucrania es la razón constante para justificar las maniobras militares. Todo está al revés. La agresión en Ucrania fue instigada por Estados Unidos y Alemania, que apoyaron el putsch contra el presidente Victor Yanukovych que el pueblo había elegido. Los gobiernos de Washington y de Berlín trabajaron con los grupos fascistas Svoboda y Sector Derechista. La reacción rusa era predecible.

La crisis de Ucrania es una provocación y manipulación como pretexto para la militarización de Europa, y para vencer la profunda oposición popular germana a la guerra y al militarismo. Es imposible en el marco de este artículo catalogar todas las mentiras y distorsiones utilizadas en meses recientes como propaganda y para agravar la crisis. Lo que no cambia es la exclusión por la OTAN de cualquier acuerdo con Rusia.

La verdadera razón del cambio estratégico por la OTAN es la crisis sin solución del capitalismo Estadounidense y Europeo. Después de la crisis financiera del 2008, nada queda de la mentira que la Unión Europea, después de un corto periodo de ajuste, se convertiría en una zona de bienestar general y de seguridad social.

Particularmente en los países de Europa Oriental, la mayoría de la población carga con el peso de desempleo, sueldos de hambre, y el colapso de beneficios de salud y bienestar social para las personas de edad. La situación social de la población trabajadora es mucho peor que lo que era cuando se desmoronaban los gobiernos estalinistas hace cinco lustros. Mientras tanto una minoría corrupta acumula enormes riquezas. Tanto en el sur de Europa como en el centro más rico de ese continente, la clase obrera encara una ola tras otra de medidas de austeridad. Las relaciones sociales están a punto de romperse.

Se intenta volver a definir a Europa en función del conflicto entre el occidente y el oriente, lo que es una reacción de las élites gobernantes al desmoronamiento del sueño de la Unión Europea (UE). Importantes sectores sociales repudian a la UE. La ven, con justificación, como un instrumento de poderosos intereses capitalistas. A la misma vez, aumentan los conflictos entre las mismas potencias europeas, primordialmente Alemania y Francia.

En abril escribimos que el enfrentamiento contra Rusia “tiene el propósito de unir una Unión Europea dividida y de silenciar toda oposición social. Ayer la identidad de la UE se basaba en cuestiones económicas, como el libre movimiento de capitales y la moneda única. Mañana, la campaña contra un enemigo externo remplazará lo económico para mantener la cohesión de la UE.” Los eventos ahora confirman ese análisis por completo.

La clase de poder reacciona a esta crisis de la misma manera que lo hizo hace setenta y cinco (y cien) años, con militarismo y guerra. La militarización de la política exterior, y de toda la sociedad avanza los objetivos del imperialismo (conquistar nuevas áreas de influencia, mercados, recursos básicos). También ayuda a encauzar las tensiones sociales hacia afuera y a aumentar los poderes policiales.

No es por nada que los personajes más reaccionarios dirigen la campaña de guerra contra Rusia:

Tusk fue uno de los principales conspiradores en el putsch de Kiev. Transformó una observación oficial del comienzo de la Segunda Guerra en una manifestación antirrusa (como si la invasión de Polonia no hubiera sido un el inicio de la guerra de Hitler de exterminio de la Unión Soviética). En un discurso del primero de septiembre en Gdansk, Tusk argumentó que el ataque alemán de hace setenta y cinco años le otorga el derecho a los polacos a “proclamar a voz alta que nadie tiene el derecho de impedir nuestras iniciativa por una acción efectiva de la OTAN.” También reclamó que la consigna “nunca más la guerra,” no puede ser el eslogan de los más débiles.

Las maniobras antirrusas de la OTAN encargan el destino europeo a especuladores histéricos anticomunistas que se hicieron ricos con la restauración capitalista en Europa Oriental. Uno de esos individuos es el presidente lituano Dali Grybauskaite, para quien Rusia ya está “prácticamente en guerra contra Europa.” De la misma calaña también son oligarcas en Ucrania, como el presidente Petro Poroschenko e Ihor Kolomoyskyi, gobernador regional de Dnipropetrovsk. Esté último es el financiero del Batallón Azov Cualquier acto provocativo de parte de ellos podría, casi inevitablemente, convertirse en la chispa de una guerra de devastación con Rusia.

No existe la más mínima oposición a esta estrategia de parte de ningún partido o grupo político. En Alemania el Partido Socialdemócrata (SPD) y el Partido Verde le dieron un espaldarazo al renacimiento del militarismo alemán. Ambos votaron a favor de medidas que abren las esclusas que hasta ese momento contenían a la política exterior alemana. Lo hicieron justamente el primero de septiembre, cuando se cumplían setenta y cinco años del comienzo de la Segunda Guerra. Por primera vez desde esa guerra el gobierno alemán enviará pertrechos de guerra a una zona de combate. Armará con cohetes antitanques a la milicia peshmerga kurda en el norte de Irak. Con esta obertura se pavimenta el camino al envío de tropas para resguardar los intereses del imperialismo germano en el Medio Oriente.

También el Partido de Izquierda (Die Linke) repudia la supuesta agresión rusa en Ucrania. Así señala su apoyo al militarismo alemán. Que de cuando en cuando critiquen medidas del gobierno federal se debe a que éste no requiere su apoyo parlamentario. Se trata de una táctica para vencer y sofocar la gran oposición popular.

En esta crisis, es indudable que Rusia es la víctima de una provocación. Tampoco cabe duda que la reacción del presidente ruso Vladimir Putin revela que su gobierno esta en la bancarrota política. El régimen surge al disolverse la Unión Soviética (cada día es más claro el efecto devastador de ese acontecimiento). Debido a que los cimientos de este régimen son la defensa de los intereses de oligarcas que han amontonado miles de millones de dólares saqueando la propiedad pública, el gobierno de Putin es incapaz de buscar apoyo en el proletariado europeo e internacional. Al contrario, juega la carta del nacionalismo ruso. Esa política reaccionaria nutre las divisiones entre los obreros rusos, ucranianos y europeos, y es un verdadero triunfo de la propaganda guerrerista imperialista.

La estrategia de la burguesía europea combina la agresión despiadada con la desesperación. Cara a cara a una crisis capitalista que no tiene ningún remedio, se arroja, como en 1914 y 1939 a la catástrofe.

La campaña contra la guerra va mancornada a la lucha por el socialismo. Sólo la clase obrera puede rescatar a la humanidad del precipicio de la catástrofe. Debe lograr la unidad internacional y barrer con el capitalismo. ¡Para hacer cumplir esa misión lo más importante es fortalecer el partido revolucionario internacional: el Comité Internacional de la Cuarta Internacional y sus partidos nacionales, los Partidos por la Igualdad Socialista!

Peter Schwartz