Golpeadores sindicales matan a dos mineros mexicanos en paro

por Alex González
4 diciembre 2017

El 18 de noviembre, golpeadores armados de la Confederación de Trabajadores Mexicanos (CTM), el sindicato más grande de México, aparentemente mataron a dos mineros en huelga en el estado sureño de Guerrero. Los mineros están en paro para exigir su derecho a unirse al Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos, Siderúrgicos y Similares de la República Mexicana (SNTMMSSRM) y dejar de ser parte de la CTM.

Aproximadamente 800 mineros han estado en huelga desde el comienzo de noviembre contra la mina La Media Luna, operada por la compañía canadiense Torex Gold Resources, sosteniendo que su derecho de unirse al sindicato de su elección no estaba siendo respetado. Los mineros se niegan a ser parte de la CTM, remarcando que la CTM “no defiende sus derechos y los traiciona, los ofende, los agrede y los amenaza”.

Los trabajadores también están en huelga contra el hecho de que la compañía había dividido artificialmente a su fuerza laboral entre “locales” y “extranjeros”, estos últimos provenientes de otros estados de México, como Zacatecas, Chihuahua, Sonora, y Durango. Para sembrar discordia entre los mineros, les asignaron labores más difíciles y salarios más bajos a los trabajadores locales.

Los paristas reportaron que, en la noche del 18 de noviembre, “bandas armadas de matones de la CTM” asaltaron a los trabajadores en una barricada que habían instalado cerca de la mina, matando a dos personas e hiriendo a muchas otras. Lejos de ser castigados por las autoridades, los mineros afirman que “aunque un grupo del Ejército alcanzó a detener a los agresores, de inmediato los dejaron en libertad, debido a la acción de alguna autoridad que no se dio a conocer”. La patrulla del Ejército que intervino en el asalto pertenece a la zona de Iguala, Guerrero, donde 43 normalistas desaparecieron en las manos de las fuerzas estatales en el 2014.

Un testigo le dijo al periódico La Jornada que, “Ellos [la policía y los golpeadores] llegaron con sus caras cubiertas. Empezaron a dispararnos y a gritarnos”. Los mineros afirman que el ataque ocurrió aun cuando el negociador principal de la compañía había acordado a trabajar para resolver el conflicto laboral.

En un comunicado de prensa para “clarificar desinformación de los medios”, Torex Gold negó que los trabajadores asesinados eran empleados de la compañía o incluso que hubiese una huelga, llamando el paro un “bloqueo ilegal”.

El gobernador del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Héctor Astudillo Flores, dijo que la situación era muy “delicada” porque la lucha de los mineros podría hacer a Guerrero una plataforma de bajos sueldos menos atractiva para las corporaciones. “Por supuesto ahuyenta la inversión. Estos hechos espantan indiscutiblemente a cualquier inversionista que haya venido a Guerrero o que quiera venir”, dijo Astudillo Flores. También dejó claro que su administración estaba firmemente en el lado de las corporaciones multinacionales y que los mineros no deberían esperar ninguna ayuda gubernamental en su disputa: “Entiendo que este es un asunto de carácter laboral, que escapa a nuestra influencia estatal”.

Los mineros en La Media Luna trabajan bajo lo que es conocido como un “sindicato de protección”, el cual supuestamente ha sido prohibido en los Estados Unidos y Canadá, pero sigue siendo legal en México. Bajo tales contratos, un sindicato es impuesto sobre los trabajadores y es autorizado automáticamente para negociar sueldos, beneficios, y condiciones laborales sin aportaciones ni representación de los trabajadores. Consecuentemente, una compañía puede nulificar de un solo golpe los contratos previos y eliminar concesiones ganadas por los trabajadores durante décadas de lucha. Los trabajadores que cuestionen o se rehúsen a aceptar las nuevas condiciones son despedidos y puestos en una lista negra por los dueños de las minas.

En la mina de Cananea en el estado norteño de Sonora, por ejemplo, uno de los contratos laborales más antiguos del país fue eliminado en el 2007. Cuatro años después, la afiliación a la CTM fue impuesta sobre los mineros bajo un nuevo contrato. Más de 2000 mineros en huelga fueron despedidos (en inglés) por el dueño de la mina, Grupo México, después de que la huelga fuera declarada ilegal. Los derechos de los trabajadores fueron reducidos a un mínimo, con el contrato subsecuente eliminando 197 de las 253 provisiones de su contrato. Los días de vacaciones de los mineros fueron reducidos de 12 a 7, los aguinaldos fueron recordados de 35 a 18 días, y los trabajadores contratistas fueron introducidos a la fuerza laboral. Grupo México es el tercer productor de cobre más grande del mundo y es propiedad de Germán Larrea, la segunda persona más rica del país.

La CTM es correctamente odiada por los trabajadores como un títere de sus patrones explotadores. Sin embargo, al unirse a el SNTMMSSRM, los trabajadores se están vinculando a otra organización nacionalista que, por su misma naturaleza no puede defender sus derechos sociales, ni hablar de garantizarlos.

El SNTMMSSRM está afiliado al sindicato United Steelworkers (USW) y al “sindicato global” IndustriALL. Como la CTM, el USW sirve como un órgano ejecutor para las corporaciones y ha traicionado innumerables luchas de los trabajadores estadounidenses y canadienses. Después de la elección de Donald Trump, el presidente del USW, Leo Gerard, prometió trabajar con su Administración en base a su agenda común de proteccionismo comercial y nacionalismo económico.

El sindicato IndustriALL fue formado en el 2012 por la unión de otros “sindicatos globales”, incluyendo la Federación Internacional de Trabajadores Metalúrgicos y la Federación Internacional de Trabajadores del Textil, Vestuario y Cuero. Estas organizaciones trazan su linaje a la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL), la cual fue financiada por la CIA y fue fundada a principios de la Guerra Fría explícitamente como una organización anticomunista para combatir la influencia del socialismo en el movimiento sindical.

No puede haber un “sindicato global” bajo un mercado capitalista si las naciones —y los mismos sindicatos— pueden poner a unos trabajadores en contra de los otros para ver quien pude ofrecer los salarios más bajos y a los trabajadores más dóciles. Los trabajadores solo pueden estar de genuinamente unidos de manera internacional si están armados con un programa para vincular conscientemente sus luchas a través de las fronteras nacionales para la transformación socialista de la economía mundial.