La pesadilla dentro de las cárceles para niños inmigrantes en Estados Unidos

26 mayo 2018

Un reporte publicado el martes por la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU, siglas en inglés) detalla el trato brutal y sistemático de niños inmigrantes desacompañados por parte de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, siglas en inglés) en la frontera entre EUA y México, entre el 2009 y el 2014. Durante el Gobierno de Obama, los métodos empleados contra estos jóvenes hacen eco de las prácticas de la CIA y las fuerzas estadounidenses de ocupación en los centros de tortura clandestinos y la prisión Abu Grahib de Irak.

Según el informe, “los oficiales de la CBP regularmente utilizan fuerza contra los niños cuando tal fuerza no es objetivamente razonable ni necesaria”. Un agente le dijo a un joven de 16 años, “te voy a dar una paliza”, y luego lo “lazó al suelo y golpeó su cabeza contra el suelo con su bota”. Otros agentes atropellaron a un niño con un camión y se rehusaron a permitir que su pierna quebrada fuera tratada. Los agentes golpearon a un niño de quince años con una rama con espinas, le pegaron a un niño con un foco metálico, lanzaron a otro niño golpeando su cabeza con una piedra y electrocutaron a niños con pistolas paralizantes “por diversión”.

Los oficiales violan y acosan sexualmente a los niños. Agentes de la CBP obligaron a una niña de 16 años a desnudarse y “le abrieron las piernas a la fuerza y tocaron sus partes privadas con tanta fuerza que gritó”.

Otros agentes pusieron a otra niña en un cuarto y le dijeron en español, “ahora, cerraremos la puerta, te violaremos y cogeremos”. Un agente hombre y una agente mujer forzaron a otra niña a desnudarse, viéndola por 15 minutos y amenazando con encerrarla en un cuarto con un interno grande y obligarla a ser “su esposa”.

Los guardias deshumanizaron a los niños con abuso verbal. Se burlaron de un niño por ser “gay”, diciendo “esta gente solo viene acá para una operación de cambio de sexo”. Una joven embarazada fue acusada de venir a EUA para “contaminar este país”. Otro agente le preguntó a un niño por qué había “venido para joder a este país”. Los agentes se reían de los inmigrantes cuando pedían formularios para tramitar una queja.

El Gobierno encierra a los niños inmigrantes en celdas con “fluidos corporales en las paredes y los suelos, junto con servilletas y papel higiénico con heces en el suelo, que generan un olor repugnante en toda el área de procesamiento”, según un reporte interno del Gobierno.

Los agentes hacen pasar hambre a los niños y les niegan acceso para tomar agua. Un inmigrante dijo que los agentes se rehusaban repetidamente cuando las madres con bebés pedían leche. Como resultado, “los niños en los cuartos de contención lloraban de hambre”. A los niños les dieron varias veces leche y comida en mal estado, haciendo que se enfermaran.

Los agentes les negaban a los niños la atención médica que requerían. Un agente envió a un perro de ataque a embestir a un niño, causando que su ojo sangrara, y luego le denegó atención médica. En otro caso, “privaron [a una niña] de sus medicamentos para el dolor y toallas sanitarias después de que fuese operada por un tumor en el ovario”.

Los guardias fronterizos botan regularmente las pertenencias personales de los inmigrantes, incluyendo sus papeles de identidad y documentos legales, incluyendo aquellos necesarios para probar sus casos al solicitar asilo. Los agentes también obligan a los niños a firmar documentos de “autodeportación” que los privan de todos sus derechos legalmente establecidos. Un agente le ordenó a un niño que se desnudara y le dijo que “se quedaría sin ropa al menos que firmara el documento”. Otro agente amenazó a una madre adolescente con violarla y poner a su hijo en adopción sino firmaba el formulario de autodeportación.

El Gobierno de Obama permitió y encubrió el abuso, violando tanto el derecho internacional como la prohibición bajo la Octava Enmienda de la Constitución de EUA a “castigos crueles e inusuales”.

En el 2014, el Departamento de Seguridad Nacional anunció que estaría reduciendo drásticamente las inspecciones rutinarias de los centros de detención de inmigrantes. Más tarde el mismo año, el Gobierno de Obama ignoró una solicitud bajo la Ley de Libertad de Información que presentó la ACLU para investigar el abuso de menores. Las 30.000 páginas de documentos internos sobre los cuales se basa el reporte de la ACLU solo fueron entregadas por medio de una demanda federal presentada en el 2015.

Un correo electrónico del 2014 hecho público por el reporte ejemplifica el papel que desempeñó el Gobierno de Obama. Ante una queja de un niño inmigrante, un inspector de la Administración de Obama respondió, “¿Estamos seguros de que queremos abrir esto tomando en cuenta el enorme número de quejas serias que tenemos?”. En otras palabras, el abuso descrito por la ACLU no es la conducta de una agencia rebelde; es la política oficial del Gobierno estadounidense.

Las condiciones no solo están empeorando bajo el presidente Trump, quien ha promovido una cultura de aires fascistas entre los 20.000 efectivos de las fuerzas fronterizas.

Un inmigrante que pasó seis meses en un centro de detención en California durante el 2017 le dijo al WSWS, “Es muy difícil describir todas las condiciones inhumanas. Uno de mis compañeros de celda intentó ahorcarse en una escalera y otra persona se ahorcó en el baño”.

Esta semana, Trump repitió la acusación racista de que los inmigrantes son “animales”, mientras que la secretaria de Educación, Betsy de DeVos manifestó que las escuelas deberían reportar a los niños a los agentes migratorios para ser deportados. El año pasado, el presidente estadounidense animó a la policía y a las autoridades migratorias a “tratar bruscamente” a los arrestados.

La CBP está acatando las órdenes de Trump al pie de la letra: el miércoles un agente le disparó a una joven inmigrante en la cabeza, asesinándola en la frontera de Texas.

El Partido Demócrata apoya las medidas de “seguridad fronteriza” de Trump, votando recientemente a favor de presupuestar $2 mil millones de dólares para la construcción del muro fronterizo y $600 millones en fondos adicionales para el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, siglas en inglés). Los demócratas han buscado silenciar la oposición a las políticas antiinmigrantes de Trump para dedicar toda su atención a las acusaciones infundadas de que Trump está asociado con Rusia.

Las escasas referencias al reporte en la prensa corporativa fueron enterradas rápidamente con acusaciones de que el actor Morgan Freeman “acosó” a mujeres al comentar su apariencia, tocar sus espaldas y mirarlas.

Mientras que los representantes de la campaña #MeToo (#YoTambién) estaban denunciando a Freeman, ignoraban el reporte de la ACLU, el cual, en contraste, expuso evidencia de violaciones y abuso sexual de cientos, sino miles, de niños inmigrantes por parte del Gobierno estadounidense. Esto confirma el hecho de que la campaña #MeToo no tiene nada que ver con detener los “abusos del poder”. Su interés no atañe a las condiciones de los pobres y oprimidos, sino a las carreras y cuentas bancarias de actrices y ejecutivas corporativas multimillonarias.

El reporte constituye una advertencia urgente para toda la clase obrera, independientemente de su estatus migratorio. En medio de una creciente ola huelguística de maestros y otros sectores de la clase trabajadora, junto con manifestaciones de estudiantes y jóvenes, estos métodos siendo empleados contra “inmigrantes ilegales” en la frontera entre EUA y México y en los centros de detención del ICE serán empleados para atacar las “huelgas ilegales”, las “manifestaciones ilegales” y cualquier otra acción que amenace la riqueza y los privilegios de la aristocracia financiera. La defensa de los inmigrantes debe basarse en la mayor movilización posible de la clase trabajadora contra el sistema capitalista.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 25 de mayo de 2018)

Eric London