Argentina: policía de Buenos Aires ataca a obreros del transporte

por Rafael Azul
28 mayo 2018

El martes 22 de mayo, la policía municipal atacó a trabajadores que llevaban a cabo huelgas parciales sobre sueldos, dentro de los túneles de las líneas H y E del subte de Buenos Aires (operados por la empresa particular Metrovías). Los trabajadores tenían la intención de impedir la salida de trenes hasta el mediodía de esa jornada.

La acción de los obreros de los trenes subterráneos es parte de la intensificación de una serie de luchas populares y de huelgas laborales a consecuencia de la explosión inflacionaria y de la creciente crisis de deuda.

Enviados por Horacio Rodríguez Larreta, alcalde de Buenos Aires, docenas de policías antimotines con cascos, cachiporras y escudos de cuerpo entero, invadieron los túneles del subte, empujando a su interior a los obreros. Fueron detenidos dieciséis obreros, incluyendo a Néstor Segovia, líder de la AGTSyP, sindicato disidente que el Gobierno no acepta y cuyos miembros son informalmente conocidos como metrodelegados.

El asalto policial es la última en una sarta de provocaciones agresivas contra estos obreros, que protestan contra suspensiones arbitrarias, por ser acusados por fallas mecánicas, de serles negado el derecho a pertenecer al sindicato que ellos prefieran. Obreros militantes y delegados de la AGTSyP una y otra vez se ven enredados en los tribunales.

El sindicato que la ciudad y la empresa aceptan, la Unión de Transporte Automotor (UTA) aceptó un aumento del quince por ciento para este año, en tres cuotas, por debajo de la tasa de inflación, lo que representa una reducción de poder de compra. En los primeros cinco meses de este año, los precios al consumidor han aumentado nueve por ciento (una tasa anual de más del veinte por ciento). Se anticipa que, dada la fuga de capitales y la devaluación del peso con respecto al dólar estadounidense y al real brasileño [Brasil es el socio comercial principal de la Argentina] que ocurrieron en mayo, se acelerará la inflación en los meses que queda. Cuando los trabajadores del metro hayan recibido sus tres aumentos parciales, la inflación habrá corroído su poder de compra, dejándolos con una reducción en sus sueldos reales.

Este octubre, las tarifas de servicios, que vienen en ascenso por causa de la eliminación de subsidios gubernamentales, aumentarán quince por ciento más. Sin embargo, dado que muchos de estos servicios están atados al valor del dólar de Estados Unidos, muchos temen que el aumento llegue al treinta por ciento, azuzando más aún a la inflación y empobreciendo más a todos los trabajadores, incluyendo a los del subte de Buenos Aires.

Los metrodelegados se oponen a la UTA, un sindicato peronista, y rechazan el acuerdo entre la UTA y el Gobierno.

Luego del ataque de parte de la policía antimotines, los obreros del subte decidieron cerrar todas las líneas, exigiendo la libertad de todos sus hermanos y hermanas trabajadores que fueron detenidos. También se manifestaron en frente de la comisaría donde están sus camaradas. La municipalidad defendió la represión, diciendo que los obreros en huelga sólo representan una pequeña minoría de los obreros del subte bajo la UTA.

La respuesta de los trabajadores del metro el día siguiente, miércoles, fue la cancelación total servicio de trenes subterráneos en esta zona metropolitana de trece millones de habitantes.

La represión de los obreros del subte ocurrió poco después de un ataque de dos mil policías contra trescientos obreros del frigorífico Cresta Roca en la provincia de Buenos Aires para expulsarlos de la entrada de esta planta. Los piqueteros repudian la suspensión de mil obreros por los nuevos dueños de esta empresa. La policía antimotines atacó a los trabajadores con balas de goma, gas lacrimógeno y agua a presión. Dos obreros fueron detenidos, otros dos sufrieron lesiones del gas lacrimógeno.

El Ministerio del Trabajo de Argentina, y los sindicatos que representan a los trabajadores de Cresta Roja han negociado ese despido en masa. Esos acontecimientos para nada son las primeras señales de lo que vendrá. En diciembre, la policía de Buenos Aires arremetió contra una enorme manifestación contra nuevas leyes sobre jubilaciones que aumentaban la edad de retiro y destripaban beneficios para un cuarenta por ciento de los argentinos, ancianos, niños, y lisiados.

Después de asaltar a los manifestantes, grupos de policías montados en motocicletas continuaron el alboroto, atacando a manifestantes y a transeúntes por igual.

Las medidas de austeridad “graduales” que habían caracterizado el Gobierno del presidente Mauricio Macri desde que su coalición ascendió al poder ejecutivo en diciembre del 2015; desde el principio impuso tremendos aumentos de tarifas en el transporte, electricidad y gas, junto con los ataques a jubilaciones. Les siguen ahora medidas más drásticas que alumbran lo que serán las exigencias del Fondo Monetario Internacional a cambio de su rescate de la economía argentina. Seguramente aumentarán las medidas represivas contra las luchas de los obreros.

El miércoles 23 de mayo, miles de trabajadores de la educación marcharon en Buenos Aires y se concentraron en Plaza de Mayo, cerca del palacio de Gobierno, la Casa Rosada. La manifestación acompañó una huelga nacional de un día en defensa de la educación, por sueldos decentes y contra las posibles medidas de austeridad que impondrá el FMI sobre Argentina. Los obreros del subte de Buenos Aires marcharon junto con los trabajadores de educación. En varias provincias argentinas, los maestros están en huelga; en la provincia patagónica de Neuquén, la huelga ya está en su segundo mes.

El Gobierno de Macri ha logrado imponer sus medidas de ajuste económico —la supuesta política de normalización— con la colaboración de partidos nacionalistas burgueses, peronistas y kirchneristas, y con la de los sindicatos. Gracias a esa colaboración, ha sido posible imponer aumentos de sueldo, este año, del quince por ciento sobre los trabajadores argentinos y mismo tiempo limitar el repudio de éstos a huelgas aisladas de protesta.

Hasta ahora el desempleo oficial argentino es relativamente bajo, ocho por ciento (durante la depresión económica del 2002 llegó al veintiún por ciento). Se anticipa que las crisis actuales, financiera y de fuga de capitales, combinadas con lo que exija el FMI, le abrirán la puerta a una situación de estanflación, estancamiento económico combinado con un proceso inflacionario. De seguro, eso acelerará la lucha de clases.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 24 de mayo de 2018)