Guerra, propaganda y difamaciones: una entrevista con el profesor Piers Robinson

Segunda parte

por Julie Hyland
28 mayo 2018

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La siguiente es la segunda parte de una entrevista de tres partes con el profesor Piers Robinson, académico de la Universidad de Sheffield y miembro del Grupo de Trabajo sobre Siria, Propaganda y Medios de Comunicación. La primera parte fue publicada el 24 de mayo.

Julie Hyland: Llevas años estudiando la propaganda mediática en relación con las guerras de Oriente Próximo. ¿Puedes explicar cómo se ha desarrollado esto?

Piers Robinson: Estaba muy interesado en la política internacional y los medios. Mi doctorado fue sobre la política exterior de los EUA y las decisiones de intervención en Somalia y sobre el efecto CNN. Ese fue un gran debate en la década de 1990. Con el final de la Guerra Fría, había lo que parecía ser para algunas personas un desarrollo en “normas”, en términos de que violaríamos la soberanía e intervendríamos para proteger los derechos humanos.

Realmente comenzó después de la primera Guerra del Golfo [del 2 de agosto de 1990 al 28 de febrero de 1991] cuando hubo la crisis kurda en las montañas y en la frontera con Turquía. Se tomó la decisión de crear “áreas seguras”. Eso realmente aceleró la marcha. Luego se produjo la intervención en Somalia un par de años después, Restore Hope (Restaurar la Esperanza), y se prolongó hasta la guerra de Bosnia, y luego culminó con la Operación Allied Force (Fuerza Aliada) en Kosovo.

Estos acontecimientos realmente elevaron la idea de la intervención humanitaria, entendiendo a los medios como una parte importante de impulsar estas intervenciones. Parecía sugerir que los medios eran más independientes después del final de la Guerra Fría, más poderosos para establecer la agenda. Eso decía la historia. La idea era que este era un desarrollo positivo. Que se intervenga para ayudar a las personas se consideraba algo bueno, al menos hasta cierto punto.

El trabajo de mi doctorado se inició en 1996, y se convirtió en el libro sobre la intervención durante las crisis humanitarias, que se publicó en 2002. Cuando se publicó el libro, la guerra de Irak de 2003 estaba ya realmente descendiendo sobre nosotros.

Hicimos una cosa muy estándar entonces. Estuve con personas en la Universidad de Liverpool que habían hecho un análisis de contenido a gran escala de la cobertura de los medios de las elecciones. Y dijeron, ¿por qué no tomamos esta metodología y miramos la cobertura de los medios de la invasión de Irak? Podemos verlo en términos de sesgo mediático, autonomía del Gobierno.

Eso fue de dos a tres años, y fue en 2010 antes de que se publicara, lo cual es bastante normal porque lleva mucho tiempo hacer una investigación detallada de la cobertura de los medios.

Yo era muy consciente de que con el 11 de septiembre ahora estábamos en la “Guerra contra el Terrorismo”, tal como se presentó en ese momento. Argumenté entonces que la intervención humanitaria estaba fuera de la agenda y volvimos a tipos de guerra más tradicionales. Pero pronto me di cuenta de que el discurso humanitario continuaba. Estábamos supuestamente sacando a Sadam Husein por sus “Armas de Destrucción Masiva”, pero también porque había cometido abusos contra los derechos humanos. Entonces la narrativa humanitaria nunca desapareció realmente.

Estaba muy centrado en el estudio de Irak. Hubo un momento clave en ese momento porque estaba al tanto de lo que sucedió después de la guerra de Irak con el informe de Gilligan para la BBC, el Dr. David Kelly y la extraordinaria batalla entre el Gobierno británico y la BBC que terminó con la muerte de Kelly.

[El entonces periodista de la BBC, Andrew Gilligan, informó en el programa Today del 29 de mayo de 2003, que el Gobierno había ordenado que un dosier de inteligencia sobre las armas de destrucción masiva de Irak fuera hecho más atractivo. Posteriormente, el Dr. David Kelly fue denunciado como la fuente de Gilligan. Fue encontrado muerto —registrado como suicidio— el 17 de julio de 2004 —ed.]

PR: Fue entonces cuando realmente me interesé en la noción de propaganda. ¿Cuánta información se está formando incluso antes de llegar a los medios? ¿Cuán arraigadas están las operaciones de propaganda?

Mucha información había pasado al dominio público a través de la investigación Hutton, también la investigación Butler, y luego, en ese momento, de la indagación en curso de Chilcot [tres investigaciones públicas separadas sobre aspectos de la Guerra de Irak]. Podías comenzar a tener una idea muy clara de lo que estaba sucediendo y de cómo formaron las afirmaciones sobre las armas de destrucción masiva iraquíes. Esto terminó conmigo trabajando algunos años en un trabajo con el profesor Eric Herring (Universidad de Bristol) que se convirtió en el “Informe La X marca el punto: el dosier engañoso del Gobierno británico sobre Irak y las armas de destrucción masiva".

Las afirmaciones del Gobierno británico, o Tony Blair, siempre fueron que “acabo de transmitir la información que nos dieron”. Y había otras personas que decían que habían mentido, y otras que decían que era una cuestión de engaño mediante la manipulación y la distorsión. Pasamos mucho tiempo desempacando y detallando lo que sucedió con el dosier, estableciendo y confirmando que se trataba de un caso de engaño intencional.

Fue un poco intimidante hacerlo porque te encuentras en un territorio donde estás argumentando que tu Gobierno ha estado involucrado en un engaño.

Finalmente, publicamos ese estudio y detallamos cuidadosamente el engaño que se había producido en el caso de Irak. Pero lo que aprendí de eso fue lo organizado que era. Aprendí, por ejemplo, que la primera idea para el dosier fue concebida al menos un año antes de la invasión real. Hubo meses de preparación, trabajando con John Scarlett, jefe del Comité de Inteligencia Conjunta, con el exasesor de Blair, Alastair Campbell, para construir una imagen tan fuerte como pudieran de las armas de destrucción masiva iraquíes.

En ese momento me di cuenta de que, a menos que comenzáramos a entender la propaganda, también conocida como “comunicaciones estratégicas”, no tendríamos una buena idea de por qué los medios hacen lo que hacen y por qué el público piensa de la manera en que lo hace.

Necesitamos mirar estos mecanismos de manipulación de la información. Y mi interés de investigación en propaganda ha continuado desde entonces, hasta este punto con Mark Crispin Miller, David Miller, Chris Simpson y yo estableciendo la Organización para Estudios de Propaganda. Su objetivo principal es alentar la investigación y la escritura sobre cuestiones de propaganda y manipulación, y cómo eso puede socavar la democracia. Pero también queremos alentar a los cineastas y artistas a hablar de estas cosas y comprometer al público.

El senador estadounidense John McCain se reúne con “rebeldes” sirios en 2013

El trabajo sobre Siria acaba de surgir porque tengo gente a mi alrededor que lo investiga. Tenía la cabeza baja mirando al dosier de septiembre durante cuatro años, y levanté la cabeza cuando terminé y fue, “Oh, Siria ha sufrido una terrible guerra durante muchos años. ¿Qué ha estado pasando allí?”.

Creo que fue un artículo de Seamus Milne en The Guardian en 2015, donde dijo muy claramente que Occidente respalda a los grupos militantes en Siria. Eso hizo que mi mente se pusiera en marcha. ¿Cuánto de esta guerra está conectado con otras operaciones de cambio de régimen como Irak?

Se está dando realmente la sensación de que lo que estamos viendo aquí es una estrategia semicoherente que se ha perseguido especialmente desde el 11 de septiembre. El general Wesley Clark en 2007 dijo que estaban hablando de noquear a siete países en cuestión de años [“comenzando con Irak, y luego con Siria, Líbano, Libia, Somalia, Sudán y terminando con Irán”].

Nuestra incapacidad de mirar estas cosas se debe en parte a la propaganda. Las personas que citaron a Wesley Clark o dijeron que hay una conexión aquí —está Afganistán, Irak y luego Libia— de inmediato fueron llamados “teóricos de la conspiración”. La gente tiene miedo. No quieren que les llamen así.

Los académicos están sujetos a las mismas presiones que los periodistas, y ello da forma a lo que haces y de lo que hablas. La montaña que tienes que escalar intelectualmente para salir de esa situación en la que “no quiero hacer esas preguntas, creo que es estúpido hacer esas preguntas” es tremenda.

Pero cuando sales de eso, puedes pensar por ti mismo y también tener confianza para hacer las preguntas realmente importantes. Esa es otra cosa interesante si piensas en términos como “teórico de la conspiración” o “apologista” o “negacionista”. Estas son formas de ponerlo entre paréntesis como una persona irracional o inmoral, incluso como un lunático.

Son muy efectivos para hacer eso y para disuadirte de hacer preguntas difíciles. Tienes que obtener un conocimiento realmente bueno de lo que está pasando para llegar al punto en el que tienes la confianza para desafiar al poder.

Al tomar conciencia de mi propia ceguera ideológica y de mis fallas y en la medida en que fui influenciado por la propaganda, esa conciencia llega muy rápido cuando empiezas a entenderla. Comienzas a ver los mecanismos y cómo funcionan. Estaba en ese punto después del dosier de septiembre. Pensé que obviamente aquí está teniendo lugar un engaño.

JH: Tu estudio de 2017, “Aprendiendo del informe Chilcot: Propaganda, engaño y la ‘Guerra contra el Terrorismo'”, detalla la “campaña de propaganda unida” que sentó las bases para la invasión de Irak. ¿Cómo influyó esto en tu investigación posterior?

PR: El informe Chilcot [sobre la Guerra de Irak] tuvo una influencia importante en mi trabajo actual. El informe Chilcot analizó la fase de establecimiento de la “guerra contra el terrorismo”, y ahí tenías a Tony Blair y a George Bush hablando sobre atacar a Irak, Irán y Siria, a cuál primero, y pensé, bueno, ¡Wesley Clark estaba muy probablemente diciendo la verdad!

Desde entonces, he estado muy comprometido con la comprensión de cómo nos influencia la propaganda en Occidente, especialmente en relación con la “guerra contra el terrorismo”, y hay mucha evidencia disponible ahora.

En conjunto, estábamos mirando a Siria cuidadosamente. No solo en términos de campañas de relaciones públicas, sino también con respecto a la facilitación de los movimientos de base.

Cuando comienzas a unir las evidencias, te das cuenta de que estamos sumidos en una fase muy beligerante de la política exterior occidental. El problema realmente radica mucho en casa y en la cuestión de cómo se usa la propaganda para dar forma de manera sistemática a la manera en que las personas piensan y para permitir las guerras que hemos visto desde el 11 de septiembre.

Continuará

(Publicado originalmente en inglés el 25 de mayo de 2018)