Rompamos el silencio sobre el peligro que confronta Julian Assange

por James Cogan
2 junio 2018

El Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI) y el World Socialist Web Site se encuentran en la vanguardia de una lucha global contra los esfuerzos concertados por los gobiernos para eviscerar derechos democráticos, imponer censura al Internet y preparar formas dictatoriales de gobierno.

La clase gobernante busca silenciar la disidencia por miedo a que un movimiento creciente de la clase trabajadora contra la desigualdad social explote en la forma de una lucha directa contra el propio sistema capitalista.

En un claro contraste con nuestra posición, una serie de organizaciones e individuos están ayudando al programa para derrocar derechos democráticos. Un claro indicador es el silencio sobre el grave peligro que confronta el editor de Wikileaks, Julian Assange.

El periodista de origen australiano confronta la amenaza inminente de ser privado de su asilo político otorgado dentro de la embajada ecuatoriana de Londres en el 2012. Si es así él sería enviado a la custodia de las autoridades británicas que lo entregarían al Gobierno estadounidense. No obstante, no ha habido una palabra de oposición pública por las numerosas figuras que previamente habían hablado en su defensa.

Esta situación no puede ser explicada por una falta de apoyo popular a Assange. La continua publicación de Wikileaks sobre documentos secretos, que exponen crímenes de guerra y e intrigas de gobierno y corporaciones, es visto con tremenda admiración.

Ni tampoco el silencio proviene de la falta de concienciación de que la destrucción de Wikileaks tendría repercusiones inmensas. Si Assange es encarcelado, o algo peor que eso, esto tendría un impacto desmoralizador a los informantes que quieren exponer escándalos gubernamentales y corporativos y amenazaría el trabajo de publicaciones críticas y periodísticas.

El silencio sobre Assange, y por lo tanto la complicidad en su persecución, proviene de un profundo cambio de una clase que previamente se autoproclamó como “liberal”, “izquierdista” y, en algunos casos, incluso “socialista”.

Assange, como ciudadano australiano, tiene derecho a la completa protección del Gobierno australiano con respecto a sus libertades civiles que fueron flagrantemente atacadas por EUA, Gran Bretaña y Suecia.

En diciembre de 2010, los medios de prensa australianos se mostraron indignados cuando Assange fue tomado bajo custodia por la policía británica. La primera ministra Julian Gillard y su gobierno del Partido Laborista fueron denunciados por nombrar al trabajo de Wikileaks como “ilegal” y ofrecer ayuda a EUA para que plantee cargos contra Assange.

Millones de personas vieron a la orden de arresto emitida para extraditar a Assange a Suecia —supuestamente para responder “preguntas” sobre alegadas ofensas sexuales— como una fabricación con motivos políticos para desarticular a Wikileaks y entregar a su editor a EUA.

El 6 de diciembre del 2010, la estatal Australian Broadcasting Corporation (ABC) publicó una “carta abierta” a Gillard. Firmada inicialmente por 200 abogados, académicos, periodistas, actores, políticos y ex agentes de inteligencia —y luego por miles más— la carta insistía que Gillard “declare públicamente que asegurará que Assange reciba los derechos y protecciones a los que tiene derecho”.

Entre los signatarios más prominentes se encontraban los representantes de los Verdes australianos Bob Brown, Scott Ludlam y Adam Bandt; el periodista Antony Loewenstein; el profesor de filosofía Peter Singer; y Jeff Lawrence, el entonces secretario del Consejo Australiano de Sindicatos (ACTU, siglas en inglés).

Aquí hay unos cuantos pocos ejemplos de lo que fue dicho en los siguientes días:

* El miembro independiente del parlamento Andrew Wilkie, un exagente de inteligencia que fue un informante sobre las mentiras de “armas de destrucción masiva” en Irak, declaró el 8 de diciembre del 2010 de que el gobierno Laborista había se “había inclinado a los intereses de EUA, en vez de los intereses de un ciudadano australiano”.

* El 10 de diciembre, el senador “izquierdista” de los Verdes Lee Rhiannon hizo un llamado por la defensa de Assange en un mitin: “Gillard ha declarado que las actividades de Wikileaks son ilegales, pero ella no nos puede decir cuáles leyes ellos han roto”. En el mismo evento, Pip Hinman del pseudo-izquierdista Alianza Socialista (Socialist Alliance) declaró que el gobierno australiano “debe defender a Julian Assange y exigir su liberación de la custodia”.

* Los editores y directores de noticias de la mayoría de periódicos australianos y estaciones de televisión emitieron una declaración conjunta el 15 de diciembre, declarando: “El intentar desmantelar agresivamente a Wikileaks, amenazar judicialmente a aquellos que publican filtraciones oficiales y presionar a compañías de que cesen negocios comerciales con Wikileaks es una serie amenaza a la democracia”.

* En ese mismo mes, el Media Entertainment and Arts Alliance, el sindicato de los periodistas, otorgó membresía a Assange. El presidente del Consejo Australiano de Sindicatos Ged Kearney presentó ceremonialmente su tarjeta de membresía a uno de sus abogados. Kearney declaró: “Wikileaks no ha roto ninguna ley australiana y, como un ciudadano australiano, Julian Assange debe ser apoyado por el gobierno australiano, no condenado prematuramente”.

Hoy, Assange sigue siendo el editor con más principios y coraje de la organización Wikileaks. Él no es culpable de cualquier crimen. Él fue obligado a huir después de pagar la fianza en el 2012 para evadir la extradición a Suecia y la potencial transferencia a EUA.

La determinación del Gobierno estadounidense en enjuiciar a Assange con “espionaje” por publicar filtraciones sigue siendo una “amenaza a la democracia”.

Y el Gobierno australiano, ahora presidido por la Coalición Liberal-Nacional, aún sigue permitiendo la violación de los derechos de un ciudadano australiano, dejándolo en condiciones en las que una agencia de las Naciones Unidas condenó dos años atrás como una “detención arbitraria” y una “contravención de sus derechos humanos fundamentales”.

Sin embargo, en medio de una crisis cada vez más profundo del capitalismo global, los sindicatos y la clase media alta no ha dicho ni una sola palabra sobre Assange. En vez de eso están preocupados con defender a su estado nacional y élite corporativa.

En noviembre del 2011, el gobierno de Gillard reveló que nombró a Assange un criminal. Sin condiciones aprobó el “pivote” militar y estratégico del gobierno estadounidense en Asia contra China y garantizó permiso para que se establezcan soldados y aviones estadounidenses en el norte de Australia.

Desde entonces, prácticamente el completo establishment ha se ha alineado por detrás de los esfuerzos EUA-Australia para mantener la dominación estadounidense en la región para minar a China y amenazarla con guerra.

La prensa masiva de hoy día está encabezando, no una lucha para defender la libertad de expresión, sino una campaña contra la supuesta “interferencia china” en Australia. Los medios, especialmente las publicaciones ABC y Fairfax Media, conducen una cacería de brujas contra “agentes de influencia china”, esto es, cualquiera que se oponga, o incluso cuestione, la colaboración de Australia con el imperialismo estadounidense.

Assange apenas ha sido mencionado por años y generalmente sólo para calumniarlo y denunciar a Wikileaks.

Los sindicatos no defenderán a Assange porque significa oponerse al pro-imperialista Partido Laborista y la alianza EUA-Australia. Todas sus actividades están diseñadas con el objetivo de hacer reelegir a un gobierno Laborista. Más aún, los sindicatos suprimen la oposición a su colaboración de décadas con la élite gobernante contra la clase trabajadora y buscan detener que los trabajadores compartan opiniones y se organicen independientemente por media de plataformas de redes sociales.

Los verdes y organizaciones de pseudo-izquierda que orbitan el aparato sindical y asimismo buscan evadir el explosivo descontento entre los trabajadores y los jóvenes, y canalizarlo por detrás de los Laboristas. Ninguno de ellos ha hecho alguna declaración sobre Assange, o ha hecho algún llamado en su defensa.

El punto de vista del CICI, el movimiento trotskista mundial, es la de que la defensa de derechos democráticos, que sugiere que la lucha contra la censura y por la libertad de Assange es crítica al desarrollo del creciente movimiento de la clase trabajadora a nivel internacional contra la desigualdad, la opresión, la explotación y el peligro de guerra.

El Partido Socialista de la Igualdad (PSI), la sección australiana del CICI, ha organizado una manifestación en la plaza del ayuntamiento de Sídney, el 17 de junio a la 1:00 p.m. para exigir que el Gobierno australiano actúe inmediatamente para asegurar la libertad de Assange y su retorno seguro a Australia.

La manifestación no se basará en llamados al establishment político, sindical y mediático, que es pro-imperialista, el cual ha abandonado a Assange. Se basará en la movilización política de la clase trabajadora, independiente de ellos y contra ellos.

El PSI hace un llamado a todos los defensores de las libertades civiles y derechos democráticos para que circulen información sobre el 17 de junio en las fábricas, los lugares de trabajo, las universidades y escuelas por todo el país y por las redes sociales.

El silencio sobre el peligro que confronta Julian Assange debe ser roto.

(Publicado originalmente en inglés el 31 de mayo de 2018)