El caso Belhaj devela las guerras sucias de Gran Bretaña para el cambio de régimen: Primera parte

por Jean Shaoul
21 junio 2018

Esta es la primera de una serie de dos partes.

El mes pasado, el gobierno británico llegó a un acuerdo con el islamista libio Abdel Hakim Belhaj y su esposa Fatima Boudchar por su participación en el secuestro de la pareja en 2004. La pareja fue entregada y luego torturada a instancias del ex gobernante Muammar Gaddafi.

En 2011, en un cambio dramático en la política exterior, Gran Bretaña, junto con los demás poderes de la OTAN, pasó a utilizar a Belhaj, su Grupo Libio de Lucha Islámica (LIFG) y grupos yihadistas similares en una campaña militar, crecientemente bajo el disfraz de intervención "humanitaria" para maquinar el derrocamiento de Gaddafi.

Aclamados como "revolucionarios" y respaldados por las potencias de la OTAN, estos grupos terroristas, apoyados por el Occidente, fueron parte del Consejo Nacional de Transición (CTN) que tomó el poder en Libia al capturar, linchar y sodomizar a Gadafi. Estos grupos se desplomaron rápidamente, precipitando una guerra civil que ha destrozado al país.

El gobierno acordó pagar US $650.000 a Boudchar —aunque Belhaj rechazó cualquier compensación— con la primera ministra Theresa May emitiendo una disculpa formal. Su declaración cuidadosamente redactada no admitió responsabilidad, sino que fue una admisión tácita de que Gran Bretaña había conspirado con la CIA y el régimen de Gaddafi en entregas extraordinarias y torturas.

Jack Straw, secretario de Relaciones Exteriores en el gobierno laborista de Tony Blair en el momento de la entrega, se vio obligado a retroceder su renuncia de participación anterior, diciendo que había aprobado que "cierta información fuera compartida con socios internacionales" sobre el caso, pero había "asumido" cualquier acción relacionada sería legal.

Blair se negó a disculparse o admitir tener conocimiento del asunto y dijo: "He aceptado lo que ha hecho el gobierno, lo cual es emitir una disculpa. Yo mismo no sabía sobre este caso hasta después de dejé el cargo, así que estoy dispuesto a aceptar esa disculpa". El objetivo del acuerdo era evitar nuevas revelaciones vergonzosas sobre la colusión del gobierno con las fuerzas islamistas en casa y en el extranjero, su trato con el régimen de Gaddafi para reunir a los antiguos aliados islamistas del Reino Unido y su posterior colaboración con los mismos islamistas para derrocar a Gaddafi y atacar al régimen sirio de Bashar al-Assad.

Una revisión de las circunstancias del caso revela la naturaleza sórdida de la política exterior británica en la búsqueda de sus intereses geoestratégicos y económicos, incluyendo la asistencia a los Estados Unidos en su sistema global de secuestros y prisiones secretas en el que cientos fueron torturados y "desaparecidos".

El acuerdo extrajudicial se produjo pocos días después de que un tribunal dictaminara que el gobierno debe entregar los documentos relacionados con los hechos dentro de dos semanas. Este sigue pagos multimillonarios similares para evitar que surjan pruebas incriminatorias en casos judiciales que involucran a nueve ciudadanos británicos y residentes que fueron llevados a la Bahía de Guantánamo en secreto, así como a otras víctimas de la colusión británica con el programa de entregas extraordinarias de la CIA, incluyendo la entrega de otros libios Islamistas.

La utilidad de Belhaj para el imperialismo británico

Belhaj, quien tuvo estrechas relaciones con Al Qaeda y más tarde con los talibanes en Afganistán, fue miembro fundador del Grupo Libio de Lucha Islámica (LIFG). Su objetivo fue derrocar al régimen de Gaddafi y establecer un Estado islámico.

Gran Bretaña le dio refugio al LIFG y a otros disidentes libios en Londres en la década de 1990, donde desarrollaron una base de apoyo logístico y financiero, y los utilizaron para planear el asesinato de Gaddafi en un ataque que mató o hirió a varios civiles y dejó a Gaddafi ileso. Los miembros de LIFG estuvieron muy involucrados en múltiples conflictos armados, incluyendo en Afganistán, Argelia y Chechenia.

Esto cambió después del infame "trato en el desierto" de Blair con Gaddafi que, según dijo, marcó una "nueva relación". Al reanudar cálidas relaciones con Libia, Blair consiguió contratos de petróleo y gas para Shell y BP con valores de cientos de millones de libras. A cambio, le proporcionó a Gaddafi equipamiento militar y entrenamiento para sus tropas en Gran Bretaña, supuestamente para salvaguardar a Libia de amenazas extremistas.

Como parte del trato, Belhaj y su esposa, junto con otros disidentes libios, fueron detenidos, secuestrados y torturados. Belhaj afirmó que durante sus seis años en una prisión libia fue interrogado por agentes de inteligencia estadounidenses y británicos. Su esposa embarazada dijo que estuvo encadenada a una pared durante cinco días, luego pegada con cinta adhesiva a una camilla para el vuelo de 17 horas a Libia donde estuvo detenida en prisión hasta justo antes de dar a luz su hijo, quien nació con un peso de solo cuatro libras. Él y otros islamistas fueron liberados de prisión en 2010 en virtud de un acuerdo con Gaddafi que fue mediado por Qatar.

En 2005, el gobierno de Blair prohibió que el LIFG y otros 14 grupos militantes operaran en el Reino Unido, con una membresía al LIFG sujeta a una condena de prisión de 10 años. Los activos del grupo fueron congelados. Estados Unidos nombró al LIFG como un grupo terrorista hasta 2015.

En 2010, Gaddafi liberó a Belhaj y a otros islamitas rivales del LIFG en un acuerdo negociado por Qatar.

En 2011, tras los levantamientos que derrocaron a las antiguas dictaduras apoyadas por Washington en Egipto y Túnez, la invasión de Libia liderada por la OTAN para derrocar al régimen de Gaddafi utilizó a estos "terroristas islamistas" como sus representantes, incluyendo al LIFG de Belhaj.

El entonces primer ministro británico conservador, David Cameron, desempeñó un papel importante en la intervención de la OTAN, invocando la doctrina imperialista liberal "responsabilidad de proteger" (R2P).

Un informe parlamentario en 2016 expuso las bases fraudulentas para esta la guerra, criticando a Cameron por reclamar sin pruebas que Gaddafi estaba a punto de llevar a cabo una masacre de proporciones genocidas contra manifestantes en Benghazi. Lo castigó por perseguir "una política oportunista de cambio de régimen", mientras le prometió al Parlamento en marzo de 2011 que la intervención no era para un cambio de régimen.

Un mes después, Cameron firmó una carta conjunta con los presidentes de Francia y Estados Unidos declarando que su objetivo era "un futuro sin Gaddafi".

Theresa May fue secretaria del interior en el momento en que se dieron las órdenes, y los servicios de seguridad permitieron que los miembros de LIFG viajaran a Libia, proporcionándoles pasaportes y autorizaciones de seguridad. Pudieron viajar libremente de un lado a otro "sin preguntas", a pesar de que muchos habían estado bajo órdenes de control antiterrorista.

Esto se debió a que la resolución de la ONU que sancionó la guerra contra el régimen de Gaddafi específicamente excluyó a las tropas terrestres, una restricción que Gran Bretaña luego admitió que había infringido a escondidas. Qatar les proporcionó armas por valor de 400 millones de dólares, aprobadas por Gran Bretaña, que también ayudaron secretamente con su entrenamiento.

El LIFG de Belhaj y otros yihadistas se unieron al Consejo Nacional de Transición (CNT), el cual se nombró como el gobierno de Libia, con respaldo internacional, y desempeñó un papel significativo en el derrocamiento del régimen de Gaddafi. El CNT, con el pleno respaldo de la OTAN, se mantuvo en el poder hasta agosto de 2012, cuando la asamblea elegida asumió el poder. Todo esto fue a pesar de que Abdel-Hakim al-Hasidi, un miembro destacado del LIFG, le dijo al periódico italiano Il Sole 24 Ore en marzo de 2011 que sus combatientes tenían vínculos con Al Qaeda.

El LIFG se transformó en el Movimiento Islámico Libio para el Cambio (LIMC), y muchos de sus líderes se convirtieron en miembros del Consejo Militar de Trípoli (TMC). Belhaj se convirtió en su comandante después de que los rebeldes tomaron Trípoli y fue nombrado jefe de seguridad.

CNN dijo que, como comandante de LIFG, Belhaj estuvo "en el corazón de la revolución de Libia".

Belhaj llegó a fundar el partido al-Watan, el cual no ganó ningún asiento en las elecciones de 2012. En 2014, Belhaj y otros miembros de LIFG respaldaron a Libia Dawn, una coalición de milicias islamistas que tomaron el control de Trípoli brevemente y proclamaron su propio gobierno. Desde entonces, ha vivido en Turquía donde, según el Washington Post, convirtió sus conexiones revolucionarias en una gran riqueza e influencia, viajando regularmente entre Turquía y Libia, donde participa en las actuales conversaciones de mesa redonda para una "reconciliación".

Si bien no tiene una posición oficial en el gobierno, las milicias que le son leales ejercen el poder en Trípoli. El año pasado, Arabia Saudita y otras tres naciones árabes que apoyan a las facciones antiislamistas en Libia, incluyendo al agente de la CIA, Khalifa Hifter, lo incluyeron en una lista de presuntos terroristas respaldados por Qatar.

En 2012, estas mismas milicias islamistas fueron enviadas para participar en la próxima operación de cambio de régimen patrocinada por Estados Unidos en Siria, junto con las extensiones de Al Qaeda. Un programa reciente de BBC Panorama, "Jihadis You Pay For", develó que el financiamiento de un proyecto multimillonario de ayuda exterior del Reino Unido estaba siendo dirigido a grupos de oposición yihadistas en Siria.

El gobierno británico y las fuerzas de seguridad colaboraron estrechamente con estas organizaciones en Libia y Siria, y luego les permitieron regresar "sin vacilaciones", ayudando a engendrar una capa de yihadistas nacidos en Gran Bretaña que llevaron a cabo ataques terroristas en Gran Bretaña.

En abril pasado, el gobierno británico admitió en una respuesta escrita a la pregunta de un parlamentario que "probablemente" tuvo contactos con dos grupos islamistas, el LIFG y la Brigada de los Mártires del 17 de febrero, a los cuales pertenecían los presuntos atacantes del Manchester Arena 2017 y el Puente de Londres (o el mercado municipal), y cuyas familias lucharon durante la guerra de 2011 en Libia.

Esta admisión se suma a la creciente evidencia de cómo la inteligencia británica y gobierno tras gobierno cultivan redes terroristas y protegen a estos "agentes" como parte de sus operaciones de cambio de régimen.

Continuará

(Publicado originalmente en inglés el 19 de junio de 2018)