La administración Trump restringe visas para estudiantes chinos

por Will Morrow
21 junio 2018

El 11 de junio la administración Trump comenzó a aplicar nuevas restricciones de visa para los estudiantes chinos que ingresan a los Estados Unidos. Las visas de largo plazo no serán válidas después de un año para los estudiantes que ingresen al país (en lugar de cinco años), y quienes decidan regresar a su país mientras su visa siga vigente serán obligados a volver a presentar una solicitud de reingreso y someterse a un examen adicional.

El cambio, que fue confirmado por un alto funcionario del Departamento de Estado durante un panel del Senado el 6 de junio, se aplicará solo a ciudadanos chinos, y específicamente a estudiantes dedicados a la investigación en campos que se considera tener importación militar potencial, incluyendo robótica, aviación y fabricación de alta tecnología. Se justifica con referencia a la necesidad de evitar el espionaje de tecnologías militares delicadas por parte de Beijing.

El cambio es el último paso en una creciente campaña racista e histérica contra los chinos en Estados Unidos. Sigue una serie de declaraciones recientes de funcionarios de inteligencia, en documentos de estrategias militares y en los medios, argumentando que más de 2 millones de ciudadanos chinos que residen en EUA —incluyendo más de 350.000 estudiantes en institutos y escuelas estadounidenses— son una posible "quinta columna" para el gobierno chino.

Este asunto fue el tema del testimonio del director del FBI Christopher Wray durante una audiencia del comité del Senado el 13 de febrero sobre amenazas a la seguridad nacional. El republicano Marco Rubio, un destacado halcón antichino, le pidió a Wray comentar sobre "el riesgo planteado de contrainteligencia para la seguridad nacional de Estados Unidos" de los "estudiantes chinos, particularmente aquellos en programas avanzados en ciencias y matemáticas".

Wray respondió refiriéndose a los ciudadanos chinos como "coleccionistas no tradicionales, especialmente en el ámbito académico, ya sean profesores, científicos, estudiantes", a quienes la agencia supervisa en "casi todas las oficinas de campo que el FBI tiene en todo el país". Declaró que esta amenaza era "no solo en las grandes ciudades" sino "en pequeñas también; en cada disciplina".

Agregó que estos "coleccionistas" —es decir, espías—estaban "explotando el entorno de investigación y desarrollo muy abierto que tenemos, que todos veneramos". Era necesario, dijo, "ver la amenaza de China no solo como total amenaza al gobierno, pero toda una amenaza hacia la sociedad por su parte", que consecuentemente requeriría una "respuesta de la sociedad entera por parte nuestra".

Cinco días después del testimonio de Wray, salió un artículo de opinión en el Washington Post del escritor de seguridad Josh Rogin, titulado provocativamente "Despiértense a la infiltración de China en las universidades estadounidenses".

El 30 de abril, el New York Times publicó un artículo de Ana Swanson y Keith Bradsher que citaba a funcionarios gubernamentales anónimos que señalaban las inminentes restricciones de visas de la administración. Swanson y Bradsher señalaron ominosamente que "en América, los institutos de investigación parecen particularmente vulnerables al espionaje". Citaron a la exejecutiva nacional de contrainteligencia de la administración Bush, Michelle Van Cleave, que calificó a los EUA como un "paraíso de espías" y declaró que los agentes rusos y chinos vienen a los EUA con "listas de compras detalladas".

Desde entonces, Rubio ha escalado su campaña hacia el cierre de los Institutos Confucio, financiados por el gobierno chino, que promueven las opiniones del gobierno chino en los campus universitarios. El 4 de mayo, Rubio publicó una carta al Centro Wilson, un grupo de expertos con sede en Washington, exigiendo que divulgue públicamente el hecho de que uno de sus oradores, en un panel el 9 de mayo centrado en actividades políticas chinas en países extranjeros, está conectado con el gobierno Chino.

¿Qué puede explicar la creciente difamación de cualquier persona de origen chino por parte de los medios y el establecimiento de inteligencia estadounidenses? En la historia de los Estados Unidos, recuerda nada más que la lógica oficial de "seguridad nacional" para justificar el internamiento de japoneses-estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial. Desde 1942 y adelante, unas 110.000 personas de ascendencia japonesa fueron colocadas en campos de concentración —"Campos de Reubicación de Guerra"— rodeadas con ametralladoras. En ese momento, el New York Times proporcionó una justificación para estas acciones, declarando que "estamos en guerra con su raza".

Enfrentando un declive histórico de su relativo dominio económico, la clase dominante estadounidense se está preparando nuevamente para una gran guerra, incluso con China, su mayor rival económico. La Estrategia de Seguridad Nacional de la administración Trump, publicada en diciembre de 2017, declara que EUA está nuevamente en la era de la competencia de "gran potencia" contra China y Rusia, que define como "Estados revisionistas" que "desafían el poder, influencia e intereses estadounidenses", tratando de erosionar la seguridad y la prosperidad de Estados Unidos". Este documento también hace referencia a la amenaza que representan los "recolectores no tradicionales" dentro de los EUA, la misma frase utilizada por el director del FBI para referirse a los estudiantes chinos.

Un mes después de la publicación del documento de estrategia del Pentágono, el comentarista del Washington Post David Ignatius, quien está altamente conectado en el ejército/inteligencia estadounidense, publicó un tratado xenófobo titulado "Las huellas dactilares de China están en todas partes". Ignatius citó a un funcionario estadounidense anónimo quien afirma que el grupo interinstitucional del Consejo Nacional de Seguridad coordinó el estudio de las actividades chinas que están "fuera del espionaje tradicional, en el área gris de las operaciones de influencia encubiertas".

Ignatius concluyó su artículo con un llamado para una campaña para demonizar la presencia china dentro de los Estados Unidos, escribiendo, "Estados Unidos ciertamente no quiere un nuevo 'Susto Rojo', pero tal vez sea una señal de alerta".

Los crecientes preparativos militares contra China han coincidido con el aumento de las medidas de guerra comercial, incluyendo las recientes sanciones económicas estadounidenses que paralizaron al fabricante chino de teléfonos celulares ZTE.

La acumulación diplomática y militar contra China se inició bajo el presidente Obama. El presidente demócrata anunció el "Pivote hacia Asia" —que incluye trasladar hasta 60 por ciento de las fuerzas navales y aéreas estadounidenses al Pacífico en 2020— desde el parlamento australiano en Canberra en noviembre de 2011, con el apoyo del Partido Laborista Australiano, Partido Liberal/Nacional y Partido Verde.

Las agencias de inteligencia australianas, actuando con sus homólogos estadounidenses y medios de comunicación, han lanzado una caza de brujas anti-china cada vez más histérica y racista, dirigida contra figuras políticas o académicos que han aceptado previamente donaciones de fuentes "vinculadas a China". Esto ha incluido la renuncia forzada del senador del Partido Laborista Sam Dastyari.

Un objetivo central de esta campaña ha sido superar los sentimientos contra la guerra en la clase obrera australiana con histeria anti-china. En un artículo publicado en septiembre de 2016 en el Sydney Morning Herald, el periodista Peter Hartcher denunció a los estudiantes chinos como "ratas" y "moscas" y posibles espías para Beijing.

En febrero pasado, Hartcher publicó una columna citando al alto funcionario del Pentágono Randy Schriver declarando que Australia había "despertado" al mundo para "ver la actividad china dentro de sus propias fronteras" y declaró que Estados Unidos estaría adoptando medidas similares a las de su aliado australiano.

El mes pasado, académico y miembro de Los Verdes australianos, Clive Hamilton, fue invitado a testificar ante la Comisión Ejecutiva del Congreso del Senado de EUA sobre China, presidida por el Senador Rubio. Hamilton es el autor de un libro, Invasión Silenciosa: la influencia de China en Australia, que declara que unirse a una guerra dirigida por Estados Unidos contra China es el único medio para evitar que Australia sea subyugada en un nuevo imperio chino. Hamilton le dijo a los senadores de los Estados Unidos que China estaba involucrada en una "guerra psicológica" contra Australia, y que "la escala y la naturaleza de la amenaza es una que los laicos deben entender".

Bajo las condiciones de una erupción, causadas por las mismas contradicciones del capitalismo mundial que condujo a dos guerras mundiales en el siglo XX, la clase dominante estadounidense recurre una vez más a las tradiciones más reaccionarias de ese período para prepararse para la guerra y la represión política interna. Vale la pena recordar los comentarios del archirrevolucionario Antonin Scalia, el fallecido juez de la Corte Suprema, quien se refirió a la internación masiva de japoneses-americanos durante la Segunda Guerra Mundial en un discurso a estudiantes de Harvard en febrero de 2014. Scalia declaró que "tú mismo te estás bromeando si piensas que lo mismo no volverá a suceder".

(Publicado originalmente en inglés el 20 de junio de 2018)