Los demócratas aceleran selección de juez por Trump para la Corte Suprema

4 julio 2018

El sábado, el New York Times reportó que el Partido Demócrata no se opondrá a los planes del Gobierno de Trump y de los líderes republicanos en el Senado para confirmar a un nuevo juez de la Corte Suprema para reemplazar al magistrado Anthony Kennedy antes de las elecciones de medio término en noviembre. Trump ha prometido nominar a un juez de extrema derecha que revoque las protecciones al derecho al sufragio, al aborto y otros derechos democráticos cruciales.

El Times reportó que los demócratas han desarrollado una “estrategia cuidadosa” a través de la cual “descartaran sus demandas de que los republicanos no seleccionen un reemplazo para el Sr. Kennedy hasta después de las elecciones” y que, en cambio, “subrayarán la amenaza a los derechos del aborto y cuidado de salud para intentar movilizar una oposición al nombramiento que haga el Sr. Trump”.

En un artículo de opinión publicado el lunes en el sitio web del Times, el líder de la minoría en el Senado, Charles Schumer, clarifica que esta decisión se basó en la intención de apelar a los senadores republicanos “moderados”, especialmente Susan Collins de Maine y Lisa Murkowski de Alaska. “La mejor forma de defender esos derechos es a través de una mayoría en el Senado para formar una barrera y rechazar al nominado a la Corte Suprema que los derogaría”, escribió.

Este último asentimiento a la agenda reaccionaria de Trump no es ninguna sorpresa. Fingiendo impotencia ante los todopoderosos republicanos se ha convertido en la especialidad de los demócratas. Sin embargo, con la llegada de las elecciones de medio término, la única razón real de que los demócratas pueden tener para rehusarse a ejercer su capacidad incuestionable de posponer el voto de confirmación es que apoyan la nominación de Trump, sea quien fuere.

En el 2016, los republicanos acabaron con el precedente y se rehusaron a realizar un voto de confirmación para el nombramiento del presidente Obama para reemplazar al fallecido Antonin Scalia hasta después de las elecciones nacionales de dicho año. Ignoraron la ansiedad y los llamados de bipartidismo de los demócratas y le permitieron a Trump, tras llegar al poder, instalar al reaccionario Neil Gorsuch al máximo tribunal.

La charla vacía de oposición de los demócratas, junto a su real colusión en la colocación de otro archireaccionario devela ciertas verdades fundamentales sobre el sistema político estadounidense y, en particular, el Partido Demócrata.

El columnista del Washington Post escribió el 29 de junio, “Uno quisiera clamar: ¡Ni se les ocurra, no pueden hacerlo! Pero los republicanos lo pueden hacer. Tienen los votos. Los demócratas pueden y deberían luchar, pero el Partido Republicano controla el calendario, establece las reglas y ya ha eliminado procedimientos que le daban a la minoría cierta incidencia en las confirmaciones de la Corte Suprema”.

La columna, intitulada, “Se aproxima una explosión”, concluyó con la siguiente advertencia: “Se avecinan las consecuencias… Van a explotar, si Dios lo permite, en las urnas y no en las calles”.

La excusa del Partido Demócrata de impotencia ante republicanos omnipotentes es absurda. Incluso cuando se considera en términos de política electoral burguesa, el Partido Republicano es un partido minoritario, pero aún así controla las tres ramas del Gobierno. Hay varios hechos que los demócratas no mencionan:

· El poder republicano supuestamente insuperable en el Senado está colgando de un hilo. Pese a que controlan una mayoría de 51 a 49, la salud del republicano John McCain está fallando y no puede presentarse a votar.

· Trump perdió el voto popular en las elecciones del 2016 por casi 3 millones de votos.

· Los candidatos demócratas del Senado recibieron 11 millones de votos más que los republicanos en las elecciones del 2016.

· Los republicanos ganaron menos que la mayoría —49 por ciento— de todos los votos para la Cámara de Representantes en el 2016.

· El candidato del Partido Demócrata ha ganado el voto popular en siete de las últimas ocho elecciones. En el 2000, los demócratas capitularon pese a clara evidencia de que la instalación de George W. Bush, quien había perdido el voto popular, era una elección robada. En el 2016, Hillary Clinton no realizó demanda alguna a Trump después de perder el voto popular.

· La tasa de aprobación de Trump se rebajó a 41 por ciento después de la implementación de su política fronteriza “tolerancia cero” que buscaba separar a los niños inmigrantes de sus padres y encerrarlos en jaulas.

Incluso cuando los republicanos ganaron mayorías substanciales, aprobaron políticas derechistas comparables con las republicanas. Después de las elecciones que siguieron el derrumbe financiero del 2008, el Partido Demócrata controlaba la Presidencia y contaba con mayorías en ambas cámaras del Congreso. Estando en el poder, los demócratas presidieron una enorme transferencia de riqueza de la clase trabajadora a las corporaciones. Debido a las políticas del Gobierno de Obama y el Congreso demócrata, millones de familias de clase trabajadora vieron desaparecer todo lo que habían ahorrado toda su vida.

Durante el periodo 2009-2011, el Partido Demócrata expandió el rescate bancario. Aprobó la ley de seguros médicos Obamacare, que aumentó las tarifas de las primas, recortó el financiamiento para el seguro Medicare y reforzó el control del sistema de salud en manos de las gigantes aseguradora. Expandió la guerra en Afganistán, preparó guerras en Libia y Siria e intensificó el espionaje de la población estadounidense por parte de la Agencia de Seguridad Nacional.

Tras enajenar y enojar a sus antiguos votantes trabajadores, los demócratas ahora afirman cínicamente que están determinados a luchar contra la derecha, pero los limita su posición minoritaria.

Esto es un fraude. Con un tesoro de cientos de millones de dólares y una red de apoyo de figuras importantes en el ejército, el aparato estatal, la prensa corporativa y Wall Street, los demócratas poseen una influencia suficiente sobre el proceso electoral y el discurso de la prensa para postergar el voto de confirmación unas semanas. Schumer y la líder de la minoría de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, tienen el poder de sus agitadores, como Lincoln le ordenó a sus tenientes en el filme Lincoln de Steven Spielberg del 2012, “¡Ustedes me conseguirán esos votos!”.

¿Cabe alguna duda de que los republicanos “conseguirían esos votos” si la situación se revirtiera?

Incluso con una minoría en el Congreso, los demócratas tienen la capacidad de perseguir su investigación sobre la presunta interferencia rusa. Por medio de su colaboración con el FBI y la CIA, los demócratas han asegurado espiar los teléfonos y ordenar citatorios, arrestos y allanamientos de las oficinas de los oficiales de mayor rango de la campaña de Trump, todo bajo la fraudulenta acusación de que la elección de Trump es producto de “injerencia” rusa.

Las mímicas del Partido Demócrata sirven un propósito elemental en el funcionamiento del sistema bipartidista en EUA. Es parte del mecanismo por medio del cual estos partidos conspiran para suprimir la oposición mientras defienden el dominio e imponen las políticas del capital financiero.

El Partido Demócrata no quiere una Corte Suprema izquierdista. Su principal preocupación es reforzar las instituciones del Estado capitalista en anticipación del crecimiento de la lucha de clases.

El Partido Socialista por la Igualdad rechaza todos los intentos para retratar al Partido Demócrata como reformista. Tales afirmaciones son desmentidas por la historia y la presente situación.

Actualmente, la punta de lanza en avanzar esta política son los Socialistas Democráticos de América (DSA, por sus siglas en inglés), una facción del Partido Demócrata que insta a trabajadores y jóvenes a creer que un partido del capital financiero puede reconstituirse como un partido que avance los intereses de la clase obrera.

El Partido Socialista por la Igualdad está luchado por su opuesto directo—liberar a los trabajadores de la camisa de fuerza política del sistema bipartidista y abrir paso para el desarrollo de un movimiento independiente de las masas obreras por la revolución socialista—.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 3 de julio de 2018)

Eric London