Partido La Izquierda apoya políticas contra refugiados del Gobierno alemán

por Johannes Stern
5 julio 2018

Muchas personas están horrorizadas por el trato brutal e inhumano de los refugiados a manos de la Unión Europea y sus Gobiernos nacionales. En la cumbre de la UE la semana pasada, se discutieron y prepararon medidas que rememoran el periodo más oscuro de la historia alemana y europea. Su rango va de construir auténticos campos de concentración en el Norte de África y Europa al registro de los sinti y roma en Italia, a la deportación de cientos de miles de vuelta a zonas de guerra en Oriente Próximo.

En Alemania, la gran coalición ha adoptado la política ultraderechista de Alternativa para Alemania (AfD, todas las siglas en alemán). La actual disputa dentro de la coalición entre la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y su partido hermano en Bavaria, la Unión Social Cristiana (CSU), gira en torno a la organización e implementación de medidas antirrefugiados. Tanto la “solución nacional” del ministro del Interior, Horst Seehofer (CSU), quien quiere echar a los refugiados ya registrados en la frontera alemana, como la “solución europea” promovida por la canciller Angela Merkel (CDU), implican deportaciones masivas y el brutal rechazo de refugiados.

El hecho de que estas políticas pueden ser avanzadas por encima de la oposición generalizada al extremismo derechista y al fascismo es por la mayor parte gracias al giro hacia la derecha del conjunto “rojo-rojo-verde”, compuesto por el Partido Socialdemócrata (SPD), La Izquierda (Die Linke) y el Partido Verde. El SPD ha promovido una línea antirrefugiados como parte del oficialismo; los verdes dieron su apoyo a Merkel y a la UE, y el partido La Izquierda logró atacar a la gran coalición desde la derecha.

El conflicto entre la CDU y la CSU es “mera política simbólica” y no concierne la cuestión de los refugiados en sí, se quejó Sahra Wagenknecht, líder del grupo parlamentario de La Izquierda, en una entrevista con un noticiero alemán en Phoenix el martes. “Todos saben que lo que propone Seehofer no cambiará el problema del todo. Si Alemania declara unilateralmente que va a expulsar a los refugiados registrados, entonces los otros países también dirán unilateralmente que ya no registraran a más refugiados y solo los dejaran pasar. Entonces estaremos en la misma situación actual”. Ambos lados están “completamente abrumados por el problema central” y esto “no es un buen indicador acerca del futuro de Alemania”, añadió.

La diatriba nacionalista y antirrefugiados de Wagenknecht no es algo nuevo. A principios del 2016, declaró, “Quien abuse nuestra hospitalidad pierde su derecho a ser nuestro invitado”, siendo aplaudida por el presidente de la AfD, Alexander Gualand. Entretanto, todo el partido se ha abalanzado sobre esta línea. Y no es solo un cambio de retórica. Donde sea que el partido ha gobernado a nivel estatal junto al SPD y el Partido Verde, ha tratado a los refugiados de forma igual de brutal y despiadada como la gran coalición al nivel federal o el CSU de Seehofer en Baviera.

El partido admite esto abiertamente. Un artículo intitulado “La hoja de balance de la política de asilo izquierdista en Turingia y Berlín”, actualmente en la página de Marx21, indica: “Después de Sarre, Turingia es el segundo estado más diligente en cuanto a deportaciones. Durante la primera mitad del 2017, la proporción de deportados en relación con el número de aquellos ordenados a irse del país era 45,5 por ciento, casi tres veces más que en Bavaria”.

Marx21 es un grupo pseudoizquierdista que controla cargos altos en La Izquierda y su ala parlamentaria. Está involucrado directamente en todo nivel en las políticas descritas por el artículo. La autora, Irmgard Wurdack, presenta da una imagen del partido que no se diferencia de los grupos explícitamente derechistas que aterrorizan brutalmente a los refugiados.

“Hay cada vez más reportes de refugiados viéndose intimidados durante las consultas de retorno para que se vayan ‘voluntariamente’”. El Consejo para Refugiados de Turingia ha criticado repetidamente “la práctica de deportaciones de Turingia”. Añade, “estamos tratando aquí con una dimensión completamente nueva: en Turingia hay deportaciones masivas, incluso casos manejados de forma claramente ilegal”, según comentarios de un vocero del consejo para refugiados citado por Wurdack.

Es igual de claro que en Berlín “el Gobierno en el que La Izquierda participa activamente tampoco pretende tener una política de asilo izquierdista”, indica Wurdack. De hecho, “el freno a la deuda al que se comprometió La Izquierda en el Senado controlado por el grupo rojo-rojo-verde deja poco espacio para fondos adicionales para nuevos llegados o aquellos que ya viven aquí”. Por lo cual, “los refugiados serán puestos en guetos, miles a la vez y en campos masivos—incluyendo en contenedores, condiciones que incumplen las normas, e incluso en el Campo Tempelhof”.

Adicionalmente, Elke Breitenbach, la senadora de La Izquierda encargada de servicios sociales le ha “denegado servicios de pensión completa en efectivo y ha reanudado la entrega de beneficios en especie”. En el “centro de llegada” reestablecido, los refugiados tienen que “pasar sus noches con más de 100 personas en un hangar para aeronaves de 20 metros de altura, con ruido constante y tienen que dormir en literas que están abiertas por encima y no tienen puertas”. La senadora Breitenbach es la única responsable de las “condiciones inhumanas en el hangar”.

Al final de su hoja de balance, Wurdack justifica las políticas antisociales y antirrefugiados de su partido con las siguientes palabras: “Incluso la política de refugiados en aquellos estados con la participación de La Izquierda en el Gobierno” muestran “de forma especialmente dolorosa lo tanto que se ven sujetos nuestros colegas a los límites del marco político”.

En realidad, los políticos de La Izquierda no están siendo “obligados”. Implementaron estas políticas reaccionarias porque las apoyan y porque corresponden con los intereses sociales y políticos de las capas adineradas de la clase media que ellos representan. Esto es particularmente cierto para todas las tendencias pseudoizquierdistas dentro de La Izquierda. Marx21 ha hecho llamados desde hace mucho tiempo por una coalición gobernante roja-roja-verde y está profundamente integrado en el militarismo alemán. Ahora, estas tendencias han adoptado posturas abiertamente derechistas respecto a los refugiados.

Esto también es cierto para Alternativa Socialista (SAV), otra facción pseudoizquierdista del ejecutivo del partido. En una reciente entrevista en la última conferencia de La Izquierda en Leipzig, el vocero nacional de SAV, Sascha Stanicic, rechazó explícitamente la demanda de “fronteras abiertas”. Eso, indicó, “no puede existir dentro del marco del capitalismo, solo en un mundo socialista”. Además, “es un concepto que es difícil de comunicar a ciertas secciones de la clase trabajadora”.

En realidad, existe una oposición significativa entre trabajadores y jóvenes al trato brutal de refugiados y al giro hacia la derecha de la élite política en su conjunto. Queda claro que las tácticas de terror empleadas contra los refugiados van dirigidas contra toda la clase obrera y sirven para empujar a la política alemana y europea aún más hacia la derecha. Para combatir la política militarista, el fortalecimiento del aparato estatal, los recortes sociales y la persecución de refugiados, los trabajadores y jóvenes deben luchar contra todas las facciones de la clase gobernante, desde la AfD hasta la pseudoizquierda dentro y alrededor de La Izquierda, y avanzar conscientemente un programa socialista.

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(Artículo publicado originalmente en inglés el 3 de julio de 2018)