La guerra de clases sobre los salarios

13 julio 2018

En un artículo intitulado “Los trabajadores acogen aumentos salariales, pero empresas se sienten estrujadas”, el vocero del sector corporativo estadounidense, el Wall Street Journal, advierte que los incrementos salariales demandados por los trabajadores están amenazando con poner fin al periodo de bonanza del mercado bursátil.

El artículo reconoce que la lucha de los trabajadores por revertir años de caída o estancamiento de remuneraciones entra en conflicto con el impulso de las empresas estadounidenses en busca de mayores ganancias. Implícitamente, admite que la clase obrera y la clase capitalista están sujetas a una guerra de clases de suma cero.

“El aumento en los salarios está comenzando a carcomer las ganancias de algunas empresas estadounidenses”, inicia el artículo. “Compañías que van de tiendas minoristas a operadoras hoteleras y cadenas de comida rápida han advertido en meses recientes que el aumento en los costos laborales ha constituido un peso para sus ganancias—un viendo adverso para la racha de nueve años en el mercado bursátil en un momento en que pierde ímpetu antes de la temporada de ingresos del segundo trimestre”.

Los trabajadores saben que el aumento salarial promedio de 2,5 por ciento en los últimos 16 meses no es suficiente para mantenerse al ritmo del coste de vida. Sin embargo, en lo que concierne al Wall Street Journal, este leve aumento es una “amenaza”.

El artículo cita un reporte de Goldman Sachs que indica que un aumento en los costos labores de uno por ciento reduce las ganancias empresariales 0,8 por ciento. En otras palabras, la bonanza en las ganancias corporativas ha dependido de la supresión de salarios y la intensificación de la explotación de la clase trabajadora.

El artículo sigue la publicación de las minutas de la reunión en Junio de la Reserva Federal estadounidenses, las cuales dejan claro que la principal inquietud de los banqueros centrales del país es un aumento en la inflación, refiriéndose, ante todo, a los aumentos salariales. El Wall Street Journal reportó el miércoles que una mayoría de los directores de la Reserva Federal favorecen ahora el aumento en las tasas de intereses a un ritmo más rápido. El propósito de este giro es atenuar el crecimiento económico y la tasa de contrataciones a fin de socavar cualquier señal de que la clase obrera estadounidense esté presionando por mayores salarios.

Durante la década desde la crisis financiera de 2007-2008, la clase capitalista ha propinado golpes poderosos a la clase trabajadora. Como resultado, la clase obrera en EUA, el “país más rico” del mundo, encara niveles de dificultades económicas no vistos desde los años treinta

Mientras que las ganancias empresariales alcanzan nuevos niveles, la realidad para decenas de millones de trabajadores se define por aumentos en los índices de miseria social: el crecimiento del abuso de opiáceos, el aumento en las muertes maternas, las condiciones precarias y agotadoras en los centros de trabajo, la caída en la expectativa de vida, el colapso de la infraestructura y las montañas de deuda estudiantil.

Este es un fenómeno internacional. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) publicó recientemente su Reporte de Expectativas sobre el Empleo Global, el cual indicó: “A fines del 2017, el crecimiento de los salarios nominales en la zona de la OCDE fue tan solo la mitad de lo que fue antes de la Gran Recesión para niveles comparables de desempleo”. Como resultado, “la pobreza ha aumentado en la población de edad laboral”.

Los salarios no solo se han mantenido por debajo de los aumentos de las ganancias empresariales, sino que también por debajo del incremento en la productividad. El reporte de la OCDE indica, “Si el salario real promedio se hubiera mantenido al nivel del aumento en la productividad entre 1995 y el 2014, sería 13 por ciento más alto que en el periodo actual”.

Las clases gobernantes de EUA y Europa se aprovecharon de la crisis financiera y el subsecuente desempleo masivo para suprimir los salarios, darles un impulso a las ganancias corporativas e intensificar la explotación. Esto ha continuado durante el último periodo pese a las tasas de desempleo nominalmente menores.

Entre 1995 y el 2013, la participación total de remuneraciones laborales en el producto interno bruto en la OCDE se redujo un 3,5 por ciento, una cifra que representa una transferencia de riqueza equivalente a aproximadamente $1,89 billones por año para el fin del periodo.

En EUA, la participación de los trabajadores en el ingreso nacional, excluyendo la producción agrícola, se redujo de 66,4 por ciento a 58,9 por ciento entre el 2000 y el 2018. Esto significa que para el 2018 hubo una transferencia de riqueza de $1,4 billones.

Estos cambios masivos no son el producto de procesos económicos “accidentales”, sino políticas deliberadas implementadas por las clases gobernantes de las principales potencias financieras de EUA y Europa. Comenzando en el 2008, la Reserva Federal de EUA comenzó a inyectar cientos de miles de millones de dólares en los cofres de los bancos y corporaciones, manteniendo las tasas de intereses en cero o cerca de cero e inflando el mercado bursátil.

El Gobierno de Obama, después de colaborar con la Administración de Bush en presidir un rescate bancario, implemento una estrategia para recortar los salarios y las prestaciones de los trabajadores. Tras el rescate de las empresas automotrices en el 2009, la Casa Blanca de Obama, con el apoyo pleno del sindicato automotor United Auto Workers, impuso un recorte salarial generalizado del 50 por ciento para nuevos contratos.

Con la promulgación del programa de seguros médicos Obamacare en el 2010, los demócratas facilitaron incentivos para que las compañías aumentaran los costos de salud para los trabajadores y les recortaran beneficios o eliminaran por completo la provisión del seguro de salud por parte del empleador. La quiebra de la ciudad de Detroit entre el 2013 y 2014 constituyó un hito en el asalto contra las pensiones y los beneficios sanitarios de empleados públicos.

Los nuevos empleos desde el colapso del mercado bursátil han sido abrumadoramente de medio tiempo y salarios bajos. Como lo reconoció la Reserva Federal de San Francisco la semana pasada, “se espera que se mantengan fijas las altas tasas de trabajo a tiempo parcial involuntario”. La desigualdad ha alcanzado niveles sin precedentes: la riqueza de las tres personas más ricas de EUA equivale el patrimonio neto de la mitad más pobre de la población estadounidense.

Lo que posibilitó tal contrarrevolución social fue la supresión de la lucha de clases, en lo que los sindicatos desempeñaron un papel clave. El nivel de huelgas en EUA durante la última década se fue el más bajo desde que el Gobierno comenzó a mantener un registro en 1947.

El resurgimiento de la actividad huelguística este año, encabezada por los paros docentes en West Virginia, Oklahoma y Arizona, y ante todo el hecho de que las huelgas se realizaron bajo la iniciativa de las bases magisteriales, no de los sindicatos, han atemorizado a la clase gobernante, instándola a tomar medidas económicas para socavar la militancia de los trabajadores.

La contrarrevolución social es un hecho global. En Europa, los Gobiernos están implementando medidas aceleradamente para eliminar lo que queda de sus redes de seguridad social: los recortes al Servicio Nacional de Salud y a las viviendas públicas en Reino Unido, la aprobación de leyes laborales punitivas y los ataques contra los trabajadores ferroviarios en Francia, nuevas políticas de austeridad en Alemania y los regímenes de austeridad dictados por la UE en España, Italia y Grecia.

Los trabajadores de todo el mundo, quienes están cada vez más conectados por medio de comunicaciones internacionales y cadenas de producción, están avanzando demandas para aumentos salariales cada vez mayores. En EUA, los docentes de Arizona demandaron aumentos salariales de $20.000. En Alemania, los trabajadores metalúrgicos exigieron un incremento salarial del 6 por ciento para 3,9 millones de trabajadores. En Francia, los trabajadores ferroviarios continúan su huelga contra ataques contra sus salarios y prestaciones. Los trabajadores petroleros noruegos iniciaron una huelga el martes exigiendo un aumento salarial del 8 por ciento.

En Brasil y China, los camioneros han realizado huelgas por aumentos salariales, mientras que los camioneros en Argentina piden aumentos del 30 por ciento. En Sudáfrica, miles de trabajadores de utilidades púbicas votaron el viernes en contra de una oferta de su empleador, Eskom, de un aumento salarial del 7 por ciento. Los trabajadores en las maquilas textileras de Bangladesh están realizando protestas exigiendo el pago de un salario mínimo.

La inquietud del Wall Street Journal es que cualquier presión alcista en los salarios pueda traerse abajo el mercado bursátil como un castillo de naipes. Sin embargo, con cada huelga y protesta, la cuestión fundamental para la clase obrera es: ¿Quién controla la distribución de la riqueza mundial?

El Partido Socialista por la Igualdad llama por la expropiación de las principales corporaciones y bancos y su transformación en utilidades públicas.

Las inmensas capacidades económicas y tecnológicas empleadas actualmente para explotar a los trabajadores y aumentar la riqueza de la oligarquía financiera deben transformarse en herramientas para la reorganización de la economía global para satisfacer las necesidades humanas. Los billones de dólares extraídos de los salarios y beneficios y acaparados en el mercado financiero deben ser reinvertidos en programas de obras públicas para proveer viviendas, salud, educación, una nutrición adecuada, agua potable y acceso a la cultura para los miles de millones de personas en todo el mundo.

Esto requiere el derrocamiento revolucionario del capitalismo y el establecimiento del socialismo.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 12 de julio de 2018)

Eric London