Las protestas de masas contra la visita de Trump a Reino Unido

16 julio 2018

Las enormes protestas en Londres y otras partes de Reino Unido el viernes constituyeron un desborde de ira y repulsión hacia el presidente estadounidense, Donald Trump.

Los organizadores estimaron que alrededor de un cuarto de millón de personas inundaron la plaza Trafalgar y las calles aledañas. La policía admitió que hubo 100.000. Decenas de miles también protestaron en las importantes ciudades Mánchester, Sheffield y Glasgow.

Esta fue la primera oportunidad de los trabajadores en Europa para expresar sus puntos de vista sobre el presidente estadounidense, ocurriendo después de una semana entera que pasó amenazando a las potencias europeas con lanzar una guerra comercial y exigiéndoles que aceleren su rearme militar.

Los gobernantes europeos lamentaron el daño a su orgullo por los insultos de Trump, mientras intentan mantener una relación de trabajo. Por el contrario, las protestas británicas comprobaron que millones de millones de trabajadores odian a Trump y todo lo que represent—el enriquecimiento de los milmillonarios, desmantelando los programas de asistencia social, el racismo antiinmigrante y antimusulmán, y el militarismo abierto.

No cabe duda de que el viaje a Europa de Trump alimentó las protestas, debido a sus ataques xenofóbicos en el diario Sun dirigidos a inmigrantes, presentando la inmigración como la destructora de la cultura británica y europea.

La primera ministra Theresa May invitó a Trump al país, pese a que más de un millón de personas firmaron una petición en contra de su visita. La mandataria esperaba obtener su apoyo para un acuerdo comercial con EUA después de la salida británica de la Unión Europea o brexit. En el palacio Blenheim, le prometió al presidente, “una oportunidad para eliminar las barreras burocráticas que frustran a los líderes empresariales en ambos lados del atlántico”.

En cambio, en las páginas del periódico el Sun, Trump la trató con un desprecio claro por atreverse a buscar una relación continua con la Unión Europea, atacándola públicamente, como lo hizo con la canciller alemana, Angela Merkel. Todo esto mientras que Stephen Bannon, su perro de ataque fascista, organizaba reuniones con figuras ultraderechistas en su hotel Mayfair para avanzar el rompimiento de la UE.

Sin embargo, las protestas por todo el país representaron tan solo una expresión parcial de la oposición que existe contra Trump, quien expresó sentirse “poco bienvenido” en Londres. Si alguien hubiese convocado huelgas y boicots en contra de su visita, Trump hubiese tenido que empacar e irse.

Nadie realizó ese llamamiento, ni los sindicatos, ni el líder laborista, Jeremy Corbyn.

Corbyn criticó a Trump por sus abusos contra inmigrantes y ataques contra los derechos democráticos a través de un discurso en la plaza Trafalgar, entrevistas con la prensa y un video. No obstante, se aseguró de declarar, “Estamos comprometidos con el diálogo, incluyendo, por supuesto, con los que tenemos fuertes desacuerdos y, estando en el Gobierno, encontraríamos la forma de trabajar con su Administración mientras defendemos nuestros valores”.

¿Qué significa tal declaración realmente? En el poder, el Partido Laborista buscaría trabajar con Trump porque representa el imperialismo estadounidense. Y como titular del Gobierno que representa al imperialismo británico, Corbyn también mantendría los misiles nucleares británicos y colaboraría activamente con los imperialistas estadounidenses y europeos dentro de la OTAN.

El carácter de la oposición nominal de la élite política a Trump fue manifestado en un editorial del Guardian. En apoyo a las protestas, contrastó el viaje de Trump con la primera visita de un presidente estadounidense a Europa, la llegada del presidente Woodrow Wilson tras la Primera Guerra Mundial, “para hacer las paces con una Europa devastada por la guerra y para encabezar la construcción de un orden internacional libera basado en leyes y derechos”. Pero, lo hizo sin ofrecer una explicación sobre la llegada de Trump a la Presidencia, mientras que insistió en que las potencias europeas deben ser paladines de estos mismos valores.

“Los Estados Unidos del Sr. Trump ya no puede ser visto con certeza como un aliado fiable de las naciones europeas, comprometido a la defensa de la democracia liberal”, declaró. Por su parte el columnista Jonathan Freedland indicó que los británicos “necesitan decidir su postura hacia la emergencia de la división global definitoria”, entre la UE y “el mundo de Putin, Viktor Orbán y Trump… en el que jodes o te joden”.

Existe una brecha política entre tales apologistas de las potencias imperialistas británicas y europeas y la gran masa de obreros y jóvenes, quienes han sido sometidos a medidas salvajes de austeridad por parte de los Gobiernos europeos. Además, han visto como los gobernantes evisceran sus libertades democráticas y tratan a los refugiados con la misma brutalidad que Trump, mientras que alardean sobre sus programas de rearme y su giro al militarismo.

El hedor del fascismo que sigue los pasos de Trump y la forma mafiosa en la que se trató a May y a los otros líderes europeos no se debe a que tenga una personalidad aberrante. En cambio, su comportamiento tosco y su brutalidad reflejan todas las características violentas del imperialismo estadounidense en el periodo de su declive.

Estados Unidos, sea dirigido por Trump y los republicanos o por Hillary Clinton y los demócratas, no se detendrá hasta que garantice su dominio global político, económico y militar. El ascenso de Trump al poder confirma de forma definitiva el discernimiento de la insistencia de León Trotsky en que “en periodos de crisis, la hegemonía de Estados Unidos operará de forma más completa, abierta y despiadada que en los periodos de auge”.

Hace cien años, en 1918, el presidente Woodrow Wilson viajó a Europa para presentar sus “Catorce puntos”, los cuales retrataban a EUA y al mismo Wilson como los salvadores de “la democracia, la fraternidad universal y la paz”. El grado de engaño e hipocresía no era insignificante en las pretensiones de Wilson, pero el auge del imperialismo estadounidense les daba a las proclamas del presidente cierta credibilidad. Wilson, un antiguo rector universitario, pudo incluso articular las ambiciones del imperialismo estadounidense con una elocuencia considerable.

Un siglo después, la grotesca figura de Trump se pasea por Europa, amenazando a uno y a todos con “ofertas que no pueden rechazar”. Las diferencias en apariencia, cultura, conducta y lenguaje ponen de manifiesto las diferentes etapas en la trayectoria histórica del imperialismo estadounidense. Wilson representaba el auge de EUA, mientras que Trump personifica su descenso y putrefacción.

Los mismos procesos—el recrudecimiento de la crisis económica del capitalismo mundial, la lucha feroz por el control de los mercados y recursos del mundo—también obligan a las potencias europeas a responder del mismo modo al desafío estadounidense. Ante todo, Trump, May, Merkel, Macron y el resto comparten la misma hostilidad general hacia la clase obrera, a la cual buscan hacer pagar por las guerras comerciales y militares por medio de la destrucción de sus empleos y niveles de vida.

Un movimiento auténtico contra la promoción social de la desigualdad, el nacionalismo, la xenofobia, el militarismo y la guerra, la cual ha llegado a ser asociada con el nombre de Donald J. Trump, exige la unificación de la clase obrera británica, europea, estadounidense e internacional contra el orden imperialista global contra el orden global imperialista y todos sus Gobiernos. Esto significa la construcción de una nueva dirección para avanzar la lucha por una alternativa socialista basada en igualdad, internacionalismo y paz.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 14 de julio de 2018)

Chris Marsden