Huracán Florence desnuda desastroso estado de infraestructura en EUA

14 septiembre 2018

Está pronosticado que el huracán Florence arremeta contra la costa de las Carolinas el jueves por la noche convirtiéndose en una de las tormentas más destructivas en la historia de Estados Unidos.

Mientras Florence continuaba su trayecto en el medio del Atlántico el martes, el presidente Trump aplaudió la respuesta de su Gobierno al huracán María en Puerto Rico el año pasado, calificándolo como un “éxito olvidado e increíble”. Añadió el miércoles en la mañana en Twitter que su Administración también “recibió notas de A+” por su respuesta al huracán Harvey en Houston y el huracán Irma en Florida. Los residentes de Carolina del Norte y el Sur pueden estar seguros de que recibirán el mismo trato, sugirió al presumir: “¡Estamos listos para este gran huracán que se avecina!”.

El “éxito olvidado” en Puerto Rico fue un esfuerzo de socorro que dejó a millones de personas atrapadas sin electricidad ni agua corriente por meses. La cifra de muertos verdadera, que permaneció oculta por casi un año, es reconocida ahora por el Gobierno territorial como casi 3.000, incluyendo a muchas personas que murieron después de la tormenta por falta de suministros médicos y electricidad para equipos médicos vitales.

Expresando claramente las prioridades de la burguesía, el Gobierno de Trump transfirió $10 millones de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés) al pago de centros de detención para inmigrantes, como parte de los esfuerzos de tinte fascista de Trump para utilizar como chivos expiatorios a los inmigrantes y refugiados.

El carácter fatalmente inadecuado de la respuesta federal a los huracanes del año pasado fue resumido en un reporte reciente de la Oficina de Rendición de Cuentas (GAO, por sus siglas en inglés), la cual descubrió que FEMA tenía 30 por ciento menos personal del necesario y ya estaba operando por encima de su capacidad durante los huracanes Harvey e Irma para cuando el huracán María llegó a Puerto Rico.

Los huracanes del año pasado y las declaraciones de Trump son indicativos de lo que pueden esperar los residentes de la costa este durante el huracán Florence: un desastre natural fuertemente empeorado por la indiferencia y la negligencia del Gobierno. Ya se pueden ver escenas caóticas, aunque familiares, incluyendo varios kilómetros de filas de autos escapando del trayecto programado del huracán y el abandono de personas pobres, de mayor edad y otras que no tienen la capacidad o los recursos necesarios para evacuar. Los supermercados han quedado vacíos debido a la compra de suministros y ya los oficiales advierten que podría haber cortes de luz por varias semanas.

Trece años después de que el huracán Katrina casi destruyera la histórica ciudad porteña de Nueva Orleans y matar a más de 1.800 personas, no se ha hecho nada para proteger a la población en EUA de huracanes y otros desastres naturales. No se ha mejorado significativamente la infraestructura para la defensa de huracanes en el país, incluyendo sistemas de drenaje y diques; no se han organizado ni financiado fondos para planes serios de evacuaciones y albergues de emergencia; los fondos de asistencia por desastres permanecen muy por debajo de lo necesario para restituir al menos económicamente a las víctimas de los huracanes.

Katrina expuso tanto los niveles impactantes de pobreza y desigualdad de EUA como las consecuencias de décadas de contrarrevolución social, la cual ha servido a la elite financiera para saquear libremente los recursos nacionales y robarles a sus trabajadores.

Este desastre fue seguido por el derrame petrolero de BP en 2010 que le ocasionó daños económicos y ambientales inimaginables a gran parte de la costa del golfo de México.

El año pasado, una serie de inundaciones por todo Nueva Orleans demostró que sus sistemas de drenaje están en mal estado. La ciudad aledaña de Baton Rouge sufrió inundaciones aún peores el año anterior.

Mientras la costa este se prepara para el huracán Florence, California en el otro extremo del país está sufriendo los incendios forestales más extensos en su historia. La severidad y la frecuencia de tales eventos tan solo empeorarán en los próximos años a consecuencia del calentamiento global provocado por el hombre.

Sin embargo, la vulnerabilidad de Estados Unidos a desastres naturales no se debe solo al calentamiento global, sino principalmente por la estructura disfuncional, irracional y grotescamente desigual de la sociedad estadounidense. Sea bajo demócratas o republicanos, Estados Unidos es gobernado por una oligarquía financiera que vive a expensas de la sociedad y que defiende despiadadamente sus vastas riquezas y poder.

Hace una década, después del colapso financiero del 15 de septiembre de 2008, las Administraciones de Bush y Obama dedicaron billones de dólares para comprar activos financieros tóxicos controlados por los bancos y para inyectar créditos en el sistema financiero, aumentando deliberadamente los precios de las acciones y así permitir que los parásitos financieros no solo recuperaran sus pérdidas, sino que acumularan riquezas nunca vistas.

En comparación, el Congreso tan solo autorizó $90 mil millones en asistencia para víctimas de huracanes, aproximadamente una tercera parte del costo total de la temporada de huracanes de 2017. Puerto Rico no recibió ayuda de la junta supervisora fiscal impuesta por Obama en representación de los bancos y fondos de inversión que controlan deuda del territorio. En cambio, la junta impuso recortes presupuestarios brutales, lo que resultó en una mayor degeneración de la infraestructura de la isla, incluyendo su anticuada red eléctrica.

El desmantelamiento de las regulaciones corporativas y el recorte de impuestos de $1,5 billones para las empresas aprobado por el Congreso en diciembre del año pasado han empujado las ganancias a nuevas alturas. El índice bursátil Dow Jones ha escalado casi 10.000 puntos desde noviembre de 2016, inflándose gracias a las recompras de acciones, y fusiones y adquisiciones de empresas.

La oligarquía financiera tampoco es tímida al gastar en el avance de sus intereses globales por medios de violencia militar. En junio, los senadores demócratas se unieron a sus colegas republicanos para aprobar un presupuesto militar de $716 mil millones, un aumento de $82 mil millones. La respuesta del Gobierno a importantes desastres naturales siempre incluye el despliegue de tropas de la Guardia Nacional para reprimir cualquier expresión de malestar y proteger la propiedad capitalista.

En Newport News, estado de Virginia, justo al norte de la ruta proyectada de Florence cuando atraviese Carolina del Norte, la Armada de EUA está construyendo 10 portaaviones con potencia nuclear, costando cada uno aproximadamente el equivalente al presupuesto anual de FEMA.

Los desastres naturales exponen en la forma más concentrada y trágica posible las condiciones de desigualdad, pobreza y opresión que permean las condiciones de clase obrera en todo el país. En partes de Detroit, Chicago, Cleveland y otras ciudades devastadas por la desindustrialización, hay partes que se asemejan al Noveno Distrito Sur de Nueva Orleans, el cual fue casi completamente destruido por Katrina. El envenenamiento con plomo del suministro de agua de Flint fue seguido por el corte del servicio de agua para las escuelas públicas de dicha ciudad, al igual que en Detroit, por los niveles peligrosos de contaminantes.

La causa subyacente del colapso de la infraestructura y de la miserable respuesta a los desastres naturales es el sistema capitalista. En Estados Unidos y el resto del mundo —como lo demostró recientemente el colapso de un puente en Genoa, Italia— la clase capitalista descuida la infraestructura básica porque tales gastos son percibidos como una pérdida de ganancias. Un planeamiento internacional serio para atender problemas como el cambio climático, la pobreza y los desastres naturales es imposible en un sistema basado en la propiedad privada de los medios de producción y en la anarquía del mercado que operan dentro del marco de Estados nación rivales.

Estas cuestiones urgentes exigen una solución socialista e internacional. Esto incluye un programa de obras públicas multibillonario para modernizar y reconstruir toda la infraestructura deteriorada, incluyendo sistemas resistentes de diques y otras protecciones para marejadas huracanadas, de drenaje y una red eléctrica moderna. Además, elaboraría un plan íntegro y coordinado para evacuaciones y albergues de emergencia para trasladar a todos los residentes, independientemente de su edad e ingreso, lejos de cualquier peligro. Dedicaría los recursos necesarios para que todos los que sufran pérdidas financieras por las tormentas sean recompensados plenamente. Además, crearía cientos de miles de trabajos bien recompensados para la reconstrucción de escuelas, caminos, sistemas de aguas y viviendas públicas de alta calidad y asequibles.

Los recursos para tal programa existen, pero hay que tomarlos por medio de la expropiación de la oligarquía financiera. En un país en el que los tres individuos más ricos —Bezos, Gates y Buffett— poseen más riqueza que la mitad más pobre de la población, ¡afirmar que no hay dinero para tal programa es un insulto a la inteligencia de la población!

Los bancos y las principales corporaciones, incluidas las de alta tecnología, transporte, logística, automotrices, siderúrgicas, energéticos y de otros sectores claves de la economía, tienen que ser colocadas bajo propiedad pública y el control democrático de la clase obrera. Estas medidas harán posible la creación de una economía planificada para organizar los recursos de la sociedad en interés de las necesidades humanas y no del lucro privado.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 13 de setiembre de 2018)

Tom Hall