Bill Van Auken, candidato del SEP, sobre el discurso de Bush conmemorativo del aniversario de la guerra:

"Gastadas mentiras en defensa de una guerra criminal"

13 April 2004

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Declaración efectuada por Bill Van Auken, candidato presidencial por el Partido Socialista por la Igualdad (Socialist Equality Party) en respuesta al discurso del Presidente Bush de 19 de marzo, primer aniversario de la invasión de Irak por los Estados Unidos.

En el primer aniversario e la invasión de Irak por el gobierno de Bush, el presidente de EE. UU. se limitó a mentiras y hueca retórica para intentar justificar una guerra que en todo el mundo es reconocida como un acto de agresión inmotivado e ilegal.

Embozado de nuevo con el manto del 11 de septiembre, Bush encajó la guerra en curso como parte de una cruzada mundial de la "civilización" frente al "terrorismo". La representación fue un fraude de principio a fin y no ofreció nada parecido a información o incluso a argumentación racional.

Pronunciado ante una audiencia formada en su mayor parte por embajadores extranjeros convocados a la Casa Blanca para la ocasión, tanto ellos como las banderas de sus países resultaron meros accesorios teatrales dispuestos para oscurecer lo evidente: la erupción del militarismo de los EE. UU. ha provocado una profunda hostilidad en todo el mundo. Tanto el tono como el contenido del discurso de Bush , dirigido a las direcciones de los cuerpos diplomáticos en Washington como si fueran el núcleo duro de la militancia del Partido Republicano, no hacen sino profundizar esos sentimientos.

En su alocución Bush maniobró para eludir cada una de las cuestiones que suscita la guerra de los EE. UU. en Irak. Hace un año, la Administración justificó la invasión con detalladas alegaciones—cada una de ellas una mentira—sobre las supuestas acumulaciones de armas químicas y biológicas y la amenaza de una bomba atómica iraquí. En el primer aniversario de la guerra, sin embargo, el presidente de EE. UU ni siquiera pronunció las palabras "armas para la destrucción en masa".

El discurso se produce al día siguiente de que el presidente de Polonia, que con 2.500 soldados tiene uno de los mayores contingentes militares en Irak, declarara que su gobierno había sido "engañado" y "embaucado" por la administración estadounidense acerca de las ADM.

Aderezado el acto como discurso conmemorativo de la guerra, Bush agotó cerca de la mitad de su intervención antes de referirse al "pánico y temor" que Washington desató hace un año sobre el casi indefenso pueblo iraquí. El largo preámbulo fue dedicado a la "guerra contra el terror". Nuevamente, no hizo ninguna mención de los intentos realizados el año pasado para justificar la guerra estableciendo inexistentes lazos entre el terrorismo islamista de Al Qaeda y el régimen de Sadam Hussein.

Había una inconfundible señal de desesperación en el intento de Bush de renombrar su variopinta "coalición de buena voluntad" como "el mundo civilizado", cambio arraigado en el terremoto político que ha derribado a uno de los principales miembros de la coalición, José María Aznar, presidente del Gobierno derechista de España. Reemplaza a Aznar un partido socialdemócrata, el PSOE, que se ha comprometido a retirar las tropas españolas, y cuyo lider ha calificado de "desastre" la guerra y ocupación lideradas por EE.UU.

La retórica más belicista de Bush—haciéndose eco de su famosa declaración "o estás con nosotros o con los terroristas", vertida al mundo en 2002—fue claramente dirigida contra el pueblo de España por haber osado derribar a su aliado político. "Cualquier señal de debilidad o retirada simplemente convalida la violencia terrorista e invita a más violencia contra todos los países", dijo Bush. "No hay terreno neutral—no hay terreno neutral—en la lucha entre la civilización y el terror, como no la hay entre el bien y el mal".

Uno sólo puede suponer que Bush ha relegado al pueblo español a la columna del "mal" en su visión del mundo clerical-fascista. Su imperdonable pecado es haber derribado a un presidente por apoyar una guerra a la que se opuso el noventa por ciento de la población—justificada a partir de mentiras—y que intentó manipular el horroroso ataque terrorista del 11 de marzo para sacar ventaja política.

Para una gobierno que ha arrastrado al pueblo estadounidense hacia la guerra con mentiras, y que durante dos años y medio ha justificado toda su política invocando los ataques terroristas del 11 de septiembre, el profundo cambio ocurrido en España golpea demasiado cerca de casa.

La desconexión entre la realidad y la versión que tiene Bush de la situación de las relaciones internacionales sobre Irak, se manifestó con rapidez. "Ha habido desacuerdos entre antiguos y apreciados aliados, pero esas diferencias pertenecen al pasado. Todos nosotros podemos estar ahora de acuerdo en que la caída del dictador iraquí elimina una fuente de violencia, agresión e inestabilidad en el Oriente Medio".

Por el contrario, las diferencias son intensas y crecientes. Las elecciones en España se han visto acompañadas por declaraciones de líderes políticos de toda Europa en el sentido de que la ocupación de Irak por los Estados Unidos ha creado una amenaza de terrorismo más grave que la previamente existente. Mientras el gobierno de Bush y sus bastiones derechistas describen tales sentimientos como "apaciguamiento" y "capitulación", el voto en España es un barómetro del sentimiento popular contra el militarismo.

"La guerra contra el terrorismo no es una frase hecha. Es una convocatoria ineludible a nuestra generación", afirmó Bush. ¿De veras? Si existe una abstracta y vacía frase hecha, esa es "la guerra contra el terrorismo". Interpretada literalmente, esta expresión significa guerra contra una forma de guerra. Esta abstracción es politicamente necesaria debido a que esta cruzada es invocada por la administración para justificar todo, desde las guerras no provocadas hasta los recortes de impuestos a la elite financiera estadounidense. Para empezar a comprender las raíces de los actos terroristas del 11 de septiembre, o más recientemente en Madrid, habría que referise a muchas cuestiones inquietantes para la clase dominante estadounidense y para el actual gobierno de EE. UU.

En primer lugar, habría que referirse a la cuestión de los orígenes y desarrollo del movimiento terrorista islamista, que está intimamente ligado a las intervenciones de los EE. UU. en Oriente Próximo y Asia Central y, en particular, al apoyo de Washington a la guerra de guerrillas en los años 80 contra el régimen respaldado por los soviéticos en Afganistan. Este movimiento fue posteriormente reforzado por la política de EE. UU. de represión sistemática de la única fuerza que ejercía una oposición implacable a los islamistas: el movimiento socialista de los trabajadores árabes.

Que la principal base de apoyo a los islamistas se encuentre en el principal del gobierno de Bush en la región, Arabia Saudí, resulta también velado por esta "frase hecha", por no mencionar las íntimas y duraderas relaciones de la familia Bush con los Bin Laden.

Finalmente, está la cuestión de la historia y las políticas que han creado una base popular de apoyo a las acciones terroristas. Según una reciente encuesta realizada por el Pew Research Center, claras mayorías en Pakistán y Jordania expresan una visión favorable de Osama Bin Laden.

Bush ha afirmado que los EE.UU. estaba actuando para "romper el ciclo de encarnizamiento y radicalismo" en el Oriente Medio. En ninguna parte de su discurso se refirió a la ilegal ocupación por Israel de Gaza y Cisjordania, o a las incesantes muerte y represión que su principal aliado en la región impone a la población de Palestina. Que Washington se haya aliado con una tras otra tiranía corrupta—incluyendo la de Saddam Hussein—con el fin de dominar el petróleo de la región no merece siquiera una mención.

Una condición previa esencial para poner fin a la amenaza del terrorismo es poner fin a la causa que lo origina, que EE. UU. ponga fin a la dominación militar, política y económica del Oriente Medio, y permita a la población de la región determinar su propio destino político y controlar los recursos naturales.

Gran parte de la exposición de Bush fue dedicada a una representación orwelliana de Irak como cierto tipo de laboratorio de "libertad" y "democracia", cuya población había sido "liberada" y representaba un ejemplo para toda la región. En las horas previas al discurso de Bush, decenas de miles de iraquíes, tanto chiitas como sunnitas, se manifestaban en Bagdad para reclamar el fin de la ocupación, un alto a los disparos indiscriminados contra la población civil por las tropas de ocupación y la revocación de la llamada constitución provisional impuestas por las autoridades de EE. UU. y su colaboracionista consejo gobernante. Colin Powell, presente en Bagdad para el aniversario, fue recibido con un paro de protesta de los periodistas árabes por el asesinato a sangre fría de dos de sus colegas por tropas de EE UU.

Haciéndose eco del gobierno de Bush, los noticiarios de televisión insisten con aire de suficiencia en que "nadie puede negar que el pueblo iraquí está mejor hoy que antes de la guerra".

¿Quién lo dice? ¿Ha preguntado alguien a los iraquíes que vieron a sus familias y niños desgarrados en pedazos por los cohetes cruceros y las bombas racimo, o masacrados tras un encuentro fortuito con los puestos de control de los militares estadounidenses si piensan que ahora están mejor? ¿O a aquellos cuyos hijos adolescentes fueron soldados a la fuerza en el ejército de Irak y nunca regresaron tras la caída de Bagdad el pasado abril? ¿Y los familiares de los cerca de 15.000 iraquíes que han desaparecido, sin que se les haya imputado cargos, en el gulag militar de EE. UU.? ¿Piensan ellos que están mejor ahora, o están engrosando las filas del movimiento de resistencia iraquí que busca liberar el país de los autoproclamados libertadores?.

Se trata de una peculiar forma de "libertad" que es obtenida a través de la ocupación militar extranjera. Bush tuvo el descaro de comparar el establecimiento de un gobierno títere en Irak con la caída en los años 70 de las dictaduras en España y Portugal. Dejando aparte el hecho de que Washington—y el Partido Republicano en particular—apoyaron los regímenes fascistas de Franco y Salazar, criminales estados policiacos, fue la lucha de los pueblos español y portugués lo que provocó su caída, no la intervención militar extranjera.

Mientras tanto, el senador por Massachusetts John F. Kerry, opositor a Bush por el Partido Demócrata, efectuó su propia declaración conmemorativa del primer aniversario de la invasión de Irak describiendo la ilegal guerra y la ocupación colonial como una "batalla por la libertad". Alabó la "enorme pericia del ejército de los Estados Unidos".

Tampoco hizo el candidato Demócrata otra cosa que ligeras referencias al peaje de muerte pagado por las tropas de EE. UU.—cuatro soldados más perdieron la vida durante el aniversario—ni mención a los miles que han sido heridos y mutilados.

Por el contrario, Kerry—que votó a favor de autorizar la guerra—ha prometido mantener la ocupación e incluso añadir 40.000 solados estadounidenses más al ejército regular. En un discurso sobre política militar pronunciado dos días antes, Kerry declaró, "No vacilaré en usar la fuerza cuando sea necesario para proseguir y ganar la guerra contra el terrorismo".

Cualquier crítica que el candidato Demócrata hace contra el gobierno de Bush está restringida a cuestiones de táctica y tono. En la cuestión fundamental de mantener el dominio de EE UU sobre Irak y su riqueza petrolera, y en proseguir con la utilización de los medios militares para alcanzar los intereses de las corporaciones transnacionales y bancarias establecidas en EE UU, Kerry y los Republicanos están unidos.

En lo esencial, entre los dos partidos hay un consenso sobre Irak. El pueblo de los Estados Unidos no encontrará en ellos la oportunidad de votar sobre la guerra y la ocupación, o de efectuar un cambio real en la política de los EE. UU. de agresión militar en todo el mundo.

Nada podría formular más claramente la urgencia de romper con el Partido Demócrata y crear un nuevo e independiente movimiento político del pueblo trabajador capaz de movilizar la masiva oposición que existe en Estados Unidos y en el mundo contra la guerra imperialista y la ocupación colonial.

El Partido Socialista por la Igualdad está interviniendo en las elecciones del 2004 para poner los fundamentos políticos de tal movimiento, avanzando una alternativa socialista a las mentiras y tácticas alarmistas empleadas por ambos partidos del sistema y por los medios de comunicación.

Por esta razón, en el primer aniversario de un acto de agresión sin provocación previa que permanecerá en la historia de la infamia, el Partido Socialista por la Igualdad reitera su exigencia de inmediata retirada incondicional de todas las tropas de EE. UU. en Irak, y el procesamiento por crímenes de guerra de todos los implicados en la trama de esta guerra ilegal.