El partido de los Trabajadores de Brasil (PT) encara la elección más reñida en más de una década

por Bill Van Auken
20 septiembre 2014

Este artículo apareció en inglés el dieciocho de septiembre del 2014

Quedan menos de tres semanas antes de la primera ronda en las elecciones presidenciales de Brasil [de no recibir ningún candidato más del cincuenta por ciento de los votos, habrá una segunda ronda entre los dos candidatos principales]. Las más recientes encuesta de opinión prevén una segunda ronda entre la actual presidente Dilma Rousseff (candidata del Partido dos Trabalhadores) y su rival Marina Silva (Partido Socialista Brasileira, PSB) será muy reñida.

Si bien el mes pasado Rousseff parecía cerca de un triunfo fácil (continuando una década de gobiernos del PT), las posibilidades electorales de la candidata cambiaron con el repentino accidente de avión del trece de agosto del 2014 en que murió el candidato original del PSB, Eduardo Campos. El PSB lo reemplazó con Silva, que había sido la candidata a la vicepresidencia.

Un sondeo publicado el martes demuestra sigue en aumento la popularidad de Silva a la vez que se tumba el respaldo hacia Rousseff. De acuerdo con esa encuesta, Rousseff obtendrá el treinta y seis por ciento de los votos en la primera vuelta. Silva saldrá segunda con el treinta por ciento. Tercero es Aecio Neves, (Partido de la Social Democracia Brasileña, PSDB el partido tradicional de la derecha brasileña), que ha sido relegado a la esa posición por la candidatura de Silva, con el diecinueve por ciento. El 43 por ciento de los encuestados apoyaría a Silva en una segunda ronda, contra el 40 por ciento para Rousseff.

El creciente apoyo para Silva es el ejemplo más reciente de la amplia inquina y repudio popular hacia el PT, que ha estado en el poder desde las elecciones desde el 2003, cuando Luiz Lula da Silva (ex líder del sindicato de trabajadores metalúrgicos) llegó a la presidencia.

Ese rechazo fue evidente en las enormes manifestaciones de protesta que estallaron en todo el país en junio del año pasado, causadas inicialmente por las alzas en las tarifas de transporte, pero incorporando rápidamente el enojo a la falta de trabajos decentes, de recursos para la educación y para la salud mientra que miles de millones eran destinados a los preparativos para la Copa Mundial de fútbol.

Si bien las enormes manifestaciones no se han repetido, el descontento popular sigue agravándose a medida que se contrae la economía brasileña durante, fenómeno que sugiera más recesión, con siete por ciento de inflación.

Silva se pinta a si misma de figura opuesta a los grupos políticos, que rechaza la corrupción, y por una "nueva política" que no es "ni de izquierda ni de derecha."

Los mercados financieros siguen de cerca la creciente popularidad de Silva. El índice de acciones de Brasil (Ibovespa) aumenta a la par de los números de ella en las encuestas. El capital financiero deja de lado la imagen de Silva de novata política, para ellos su candidatura es el motor con que avanzar sus siniestros intereses.

Al igual que Lula, cuya familia se mudó del empobrecido noreste de Brasil a São Paulo (donde Lula encontró trabajo en la industria automotriz), Marina Silva (descendiente de oprimidos caucheros en el estado amazónico de Acre) ha sido capaz de utilizar su historia personal en forma demagógica.

Un izquierdista en su juventud, Marina Silva se une al Partido de los Trabajadores, gana la elección de senadora federal y luego se convierta en ministra de Medio Ambiente durante el primer gobierno de Lula. Allí, su historia personal servía de camuflaje político mientras se fomentaban las mayores depredaciones ambientales en la historia del país.

Se separa del PT en el 2008 y se postula a la presidencia de Brasil por del Partido Verde (PV) en 2010, declarando su deseo de ser "la primera mujer presidente de origen negro y pobre". Su compañero de fórmula fue el multimillonario brasileño Guilherme Peirao Leal, cuya empresa, Cosméticos Natura fue acusada de "biopiratería" por explotar frutas utilizadas tradicionalmente por la población indígena del país y por mal pagar a sus trabajadores.

Del mismo modo, ahora Silva se rodea con los ricos de la clase dirigente de Brasil. Su partido, el Partido Socialista Brasileño en sí no tiene nada que ver con el socialismo. Es el vehículo político de las dinastías y familias ricas de los sectores agrícolas del noreste brasileño que también hace pactos electorales con el PT gobernante y con la oposición de derecha (PSDB).

Luego de lograr ser nombrada a la presidencia por el PSB, Silva escoge a Beto Albuquerque de candidato a la vicepresidencia. Albuquerque es un diputado federal de Rio Grande do Sul, que parece haber sido escogido por estar bien conectado con la agroindustria. Además de la agroindustria sus patrocinadores principales incluyen la industria de las bebidas alcohólicas de Brasil y los fabricantes de armas.

Su consejero más cercano es la heredera bancaria multimillonaria y filántropa María Alice Setubal, cuya familia controla el Banco Itaú, el banco más grande en el hemisferio sur. Es de esperar que tenga un puesto importante si Silva logra la presidencia. Recientemente, Setubal declaró en una entrevista por TV: "Marina cree en la importancia de la autonomía del Banco Central [de Brasil], ella misma se rodea con personas que entienden los mercados y se ha comprometido a ganarse la confianza de la entidad financiera."

En reacción al reto que Silva representa, la presidenta Dilma Rousseff, ahora evita atacar a las grandes empresas, en verdad, la candidatura de Rousseff también está mancomunada a los intereses de las grandes empresas, lo que las acciones de PT dejan en claro. La táctica de Ruousseff es atacar a Silva por carecer de políticas claras, no tener experiencia y por sus lazos a la iglesia evangélica que atentan contra los derechos sociales. Hay que apuntar que la misma Dilma se ha opuso al aborto cuando era candidata presidencial en el 2010, y ha agachado cabeza repetidamente a la presión de potente bloque político evangélico de Brasil.

A principios de este mes, Dilma dijo a los entrevistadores que si gana un segundo mandato eso significaría "un nuevo gobierno, un nuevo equipo." Ayudantes presidenciales dijeron al diario brasileño Folha de São Paulo probablemente despediría al ministro de finanzas Guido Mantega, para mejor "acercar a su gobiernos al sector empresarial."

Si Rousseff pierde, será como resultado de intensas contradicciones políticas que pesan sobre el PT. Ese partido se fundó hace más de tres décadas, en gran medida por los elementos que dizque eran socialistas y trotskistas. Las seudoizquierdas de todo el mundo pregonaron la PT como modelo de la acción política.

El PT se mudó a la derecha y se transformó en una máquina política intensamente corrupta, herramienta de grupos dominantes del capital financiero e industrial brasileño. Marginaliza a la clase obrera industrial que una vez fingió representar. Para mejor contener convulsiones sociales de los de abajo (en gran medida, a través de programas de asistencia social mínima) el PT conviene a la clase de poder de Brasil. Con las detonaciones sociales en las calles del país el año pasado, sin embargo, la utilidad del PT para la burguesía ahora disminuye.

También participan dos partidos de seudoizquierda en las elecciones de octubre. Son el PSOL (Partido Socialismo y Libertad) y el PSTU (Partido Socialista de los Trabajadores Unificado). Un grupo de parlamentarios del PT que fueron expulsados en el 2003 (por oponerse a una reforma de las pensiones aprobada por el gobierno de Lula) crearon el PSOL. El PSTU fue creado por la tendencia morenista brasileño (corriente pablista) después de ser expulsado del PT en 1992.

PSOL, que incluye tendencias ligadas a morenismo y al Secretariado Unificado (pablista), esencialmente busca resucitar al PT de los viejos tiempos. Por su parte PSTU ha intentado en varias ocasiones formar un frente electoral ("Frente de Izquierda") con el PSOL. La última vez que fue capaz de chapucear tal frente en la escala nacional fue en el 2006, cuando su candidato presidencial, Heloisa Helena (pablista) ganó el siete por ciento de los votos. En 2010, postulando candidatos separados, el PSOL obtuvo menos de un por ciento de los votos, mientras que PSTU recibió menos que un décimo por ciento.

En esta elección, aunque postulan candidatos presidenciales separados (Luciana Genero del PSOL y Ze Maria del PSTU), los dos partidos han formado listas de candidatos en común (del "Frente de Izquierda") en algunos estados.

Entre esas, la que resale más es la de Alagoas, uno de los estados más pobres de Brasil, centro de la industria de azúcar. Allí Heloisa Helena (PSOL) enfrenta al ex presidente Fernando Collor para el Senado.

De dientes para afuera Helena favorece un "gobierno de los trabajadores" y la independencia política del proletariado. La verdad es muy diferente, Helena ha forjado una alianza de derecha con el PSDB, el partido de la oligarquía del azúcar, acepta su apoyo político y aparece públicamente junto al candidato a gobernador del PSDB. Esto sugiere que apoyará a Silva a la presidencia. Las dos son íntimas aliadas políticas, y ambas son evangélicas.

El PSTU reaccionó a las podridas maniobras políticas de Helena reafirmando su dedicación al "Frente de Izquierda" y apelando a Helena y el PSOL a hacer lo mismo. "No es posible presentar una alternativa para los trabajadores de esta manera," dicen los morenistas (con más pena que enojo), palabras que suenan como una autoacusación para el mismo PSTU.