Comienza en Estados Unidos la carrera al balotaje presidencial

16 marzo 2015

Queda poco más de un año y medio antes que Estados Unidos elija un nuevo presidente. Por lo tanto la clase política y los medios de difusión empiezan a variar su enfoque, atendiendo a lo que viene a ser un inmenso tráfico de influencias y privilegios de amigos que es el proceso electoral estadounidense.

Muchas veces ha señalado el World Socialist Web Site la grosa contradicción entre el tamaño y la diversidad de los Estados Unidos, un país de 320 millones de personas y 50 estados que se extiende de océano a océano, y un sistema político de sólo dos partidos con programas derechistas que son casi idénticos. Encima de eso, la farsa del balotaje que viene posiblemente tendrá un elemento adicional: La batalla podría ser entre un Bush y una Clinton. Dándole a escoger al pueblo estadounidense entre dos apellidos que estuvieron o en la presidencia o en la vicepresidencia durante 28 de los últimos 34 años.

Por el lado del Partido Demócrata, la candidata bien podría ser Hillary Clinton, una derechista y militarista enredada con los grupos de poder político. La erupción del escándalo en la prensa sobre el uso indebido de Hillary Clinton de una cuenta de correo electrónico privada durante los cuatro años en que ocupó el puesto de secretaria de Estado marca el inicio semioficial de la campaña presidencial de. Se espera que Clinton anuncie su candidatura el mes que viene.

El martes Clinton respondió a preguntas de reporteros, pero dejó muchas preguntas sin respuesta sobre su conducta dentro del Departamento de Estado, y sobre el rendimiento de su equipo de campaña. Clinton ha reclutado prácticamente todos los disponibles expertos del Partido Demócrata y ha monopolizado las principales fuentes de dinero.

Artículos el jueves en los tres principales diarios estadounidense revelan la creciente preocupación en los grupos de poder ligados al Partido Demócrata. Esos artículos hacen hincapié en los tropiezos de Hillary Clinton al responder a las preguntas sobre su uso del correo electrónico privado y en la ausencia de otro candidato presidencial alternativo por si la campaña de Clinton (Partido Demócrata) se autodestruyera.

El Washington Post, en un análisis de noticias titulado "La falta de alternativa a Clinton pone en jaque al Partido Demócrata", observa: "Clinton ha sido una favorita tan dominante que ahora sofoca todas las posibles alternativas". ¿Quién piensa ser capaz de competir en serio con ella por dinero o apoyo institucional? "

El Wall Street Journal, en un informe titulado "Algunos del Partido Demócrata consideran el riesgo de tener candidato único", dijo que la controversia de correo electrónico "está proporcionando munición fresca no tanto los contrincantes del Partido Republicano, como a la gente de su propio partido que está preocupada de que ella pudiera ganarse la candidatura presidencial del Partido Demócrata sin haber sido puesta a prueba dentro de su partido. "

El New York Times, bajo el título, "El Partido Demócrata no ve alternativa a Hillary Clinton en el 2016," publicó un análisis corrosivo de lo que sería el Partido Demócrata sin Clinton como candidata. Según ese perspectiva, Clinton es “demasiado enorme como para fracasar”. el artículo continúa: "Su imagen de gran estrella... enmascara una realidad laberíntica para el Partido Demócrata después de Obama: Por mucho que se pregone éste ser el partido de una generación nueva, las reservas del Partido Demócrata escasean, y muchos de sus astros principales están en la tercera edad".

El Partido Demócrata tiene algunos otros candidatos, como el "independiente" Bernie Sanders, o Elizabeth Warren. Se trata de alguna manera u otra vestir de seda progresiva a ese partido tan cansado y reaccionaria por lo menos para el consumo las diversas organizaciones seudoizquierdistas que giran en su órbita. Ni siquiera estos candidatos consideran que sus campañas son lo suficientemente “serias”.

Si bien no lo mencionan las críticas periodísticas que se concentran en el problema de Partido Demócrata, el Partido Republicano tampoco está en gran forma, en términos de los candidatos presidenciales. Su actual favorito es el ex gobernador de Florida, Jeb Bush, hermano George W. Bush, el hombre que dejó la Casa Blanca en 2009 siendo el presidente estadounidense más odiado desde Herbert Hoover. Compitiendo contra Bush existe una sarta de reaccionarios varios, demagogos fundamentalistas cristianos y semifascistas.

El carácter potencialmente dinástico del balotaje del 2016 confirma la extrema estrechez del sistema político existente. Levanta su cabeza, y domina, el principio aristocrático en la sociedad estadounidense. La enorme aceleración de la desigualdad económica es la realidad social más penetrante de las últimas tres décadas. Es Inevitable que tome una forma política.

La viabilidad de los candidatos, no deriva de la naturaleza de sus ideas o de sus características personales, sino de su habilidad de recaudar suficiente cantidad de dinero para "poder competir". Para hacer esto, deben congraciarse con la oligarquía financiera de Wall Street. Igual de importante, deben pasar el examen del Pentágono, la central de espionaje (CIA), la agencia de seguridad (NSA) y el bufete de investigaciones (FBI), enorme maquinaria de inteligencia militar que defiende los intereses de las empresas estadounidenses en el país y en el extranjero y que controla quién ocupará el cargo de " Comandante en Jefe ".

En ese entorno, la élite gobernante trata de impedir que el debate político vaya más allá de sus propios círculos, un debate interno sobre las tácticas que mejor servirán mejor sus intereses, excluyendo cualquier punto de vista político que amenace la estructura social existente, o la división de la riqueza y de los ingresos. De seguro existen fuertes diferencias tácticas dentro de la clase de poder, incluso sobre la política exterior, pero estos son generalmente resueltos entretelones, a escondidas del escándalo de rumores y revelaciones en los diarios.

La extraordinaria insularidad de estos grupos es un reflejo de las angostas bases sociales sobre las que éstos descansan. Además del apoyo de la aristocracia financiera y el aparato de inteligencia militar, El Partido Demócrata trata de movilizar a sectores de la clase media alta privilegiada, en las universidades, entre profesionales, en Hollywood y en la burocracia sindical. La política de identidad (feminismo, identificaciones étnicas, etcétera) es un componente importante de su atracción. Claro está que la experiencia con el gobierno de Obama, el primer presidente negro, ha asestado un golpe devastador a las ilusiones populares inicialmente creadas por su elección. Sin embargo, los del Partido Demócrata buscan una repetición con una campaña centrada en Clinton como la primera mujer presidente.

Por su parte, el Partido Republicano moviliza a sectores abiertamente reaccionarios de la población, en la base a los ataques a los pobres y las minorías raciales y agitando por la intolerancia religiosa. También se relacionan cada vez más abiertamente a la misma máquina militar. Es evidencia de esto último la reciente sugerencia de Lindsey Graham, potencial candidato republicano, que de ser él elegido, rodeará al Congreso con soldados para obligar un voto a favor de un mayor presupuesto bélico.

Esta transformación política tiene una historia de muchas décadas. Es algo así como un arma de doble filo para la élite gobernante. La gran mayoría del pueblo estadounidense tiene cero influencia en la selección de los candidatos por dos partidos controlados por las grandes empresas para los cuales se les dará una oportunidad de votar en ocho de noviembre del 2016.

Al mismo tiempo, el andamiaje político burgués en Estados Unidos ya no rinde más, y está agotado, en particular después de la experiencia de Obama, el candidato "transformador" y de "cambio". Una desilusión general nació que se reflejó en las últimas elecciones, el balotaje bianual del 2014, donde hubo un desmoronamiento en la participación de los votantes. Excepto el 10 por ciento más o menos rico de la población, la gran mayoría de la población siente inquina y rabia.

Ya encontrará este sentimiento su expresión política directa. Cuando lo haga cobrará formas cada vez más insurreccionales y revolucionarias.

Patrick Martin