Estados Unidos bajo ocupación paramilitar

16 marzo 2015

Ha llegado al momento de decir sin pelos en la lengua que la policía de los Estados Unidos se ha convertido en un ejército de ocupación. La regularidad obscena de asesinatos policiales, su crónica de violencia, brutalidad y humillación demuestran que en verdad está en involucrada en una guerra contra la gente pobre y trabajadora.

Prácticamente todos los días ocurren nuevos atropellos. La pila de víctimas es cada semana más alta. Parece no haber respiro. Humillaciones y palizas ahora son hechos cotidianos de la vida en gran parte del país. El gobierno no publica cifras sobre homicidios policiales; sin embargo, según las estadísticas destiladas de informes de prensa, unas 1.000 personas pierden la vida como consecuencia de la violencia de la policía cada año en los Estados Unidos, un promedio de casi tres muertes al día.

La lista de víctimas en lo que va de las tres semanas más reciente incluye:

Anthony Hill, de 27 años, Atlanta, Georgia, quien no portaba armas, estaba desnudo y sufría de una enfermedad mental; se lo había visto colgándose de su balcón y arrastrándose por el suelo. Fue muerto por policía, a tiros, el 9 de marzo.

Anthony Robinson, Jr., 19, Madison, Wisconsin, quien no portaba armas, fue muerto a tiros por un policía que se metió en el edificio del departamento de la víctima el 6 de marzo.

Naeschylus Vinzant, 37, Aurora, Colorado, quien no portaba armas, era buscado por haber una orden de arresto en su contra. Fue muerto a balazos por un equipo táctico especialmente armado de la policía (Special Weapons and Tactics, SWAT) el 6 de marzo.

Derek Cruice, 26, del Condado de Volusia, Florida, quien no portaba armas, fue asesinado en su casa, víctima de una razia donde se encontraron unas pocas onzas de marihuana. Murió de un balazo fatal en la cara, el 4 de marzo.

Ernest Javier Vanepa Díaz, de 28 años, Santa Ana, California, quien no portaba armas, fue asesinado en su automóvil. Era un padre de cuatro hijos; trabajaba en dos empleos. Fue muerto a tiros el 27 de febrero porque "no cooperaba", según el jefe de la policía local.

Rubén García Villalpando, 31, Euless, Texas, quien no portaba armas, fue asesinado a tiros en su automóvil el 20 de febrero después de que supuestamente desobedeció las órdenes de un oficial durante un incidente de tránsito.

Antonio Zambrano-Montes, de 35 años, Pasco, Washington, quien no portaba armas, acusado de lanzar piedras a la policía, fue muerto a tiros con sus manos en alta el 10 de febrero.

Estos nombres deben ser añadidos a una lista que incluye entre muchos otros a Akai Gurley y Eric Garner en Nueva York; Tamir Rice en Cleveland, de doce años de edad, en Ohio; Michael Brown en Ferguson, Missouri.

El monto inexplicablemente alto de violencia policial en los Estados Unidos es mucho más alto que de cualquier otro país industrializado. En Alemania, hubo ocho muertes por policía en el 2013 y el 2014, combinados. En Canadá, ocurre anualmente alrededor de una docena de muertes por policía.

En el 2014, más personas fueron asesinadas por la policía en Pasco, Washington (población de 68.000) que en toda Gran Bretaña (con una población de 64 millones) en tres años.

Algunos de estos homicidios son grabados en video y se convierten en escándalos nacionales. Muchos otros apenas se mencionan, si acaso.

Un sitio Web en inglés que recopila informes de los medios de difusión, “Muerto por policía”, señala que hubo 212 asesinatos de la policía en los primeros 70 días de este año, incluyendo por lo menos siete sólo el miércoles once de marzo. Este reportaje es típico: "Un sospechoso ha sido herido fatalmente después de una breve persecución policial ... El sheriff disparó su arma en el automóvil que se había por fin detenido. Se declaró muerto al sospechoso. ... "

Tales atrocidades contra civiles son comunes en los países ocupados por las fuerzas armadas de Estados Unidos. Ése episodio mismo podría haber ocurrido en Irak o Afganistán. En esos países existen innumerables informes en los últimos 14 años de víctimas de disparos por patrullas militares de Estados Unidos debido a que viajaban en automóviles cuyos chóferes no cumplieron con órdenes; de viviendas allanadas por soldados, cuyos moradores son golpeados, detenidos, fusilados.

Al igual que a las fuerzas armadas, se entrena a la policía para creer que el pueblo le tiene odio. Por ende, exige que toda persona con que se tope se someta totalmente. El no obedecer se castiga a golpes, con descargas de electricidad, detención o a balazos.

La policía local están mancornada al Pentágono. Éste ha transferido a los departamentos de policía en todo el país miles de millones de dólares en armas pesadas y equipo bélico como vehículos blindados, helicópteros y armas automáticas sobrantes de las guerras en Afganistán e Irak. Se trata de un programa que cuenta con el total apoyo del presidente Obama.

Aurora, Colorado, por ejemplo, donde Naeschylus Vinzant fue muerto por policía la semana pasada, ha recibido medio millón de dólares en equipo militar desde 2006, incluyendo una tanqueta resistentes a minas (MRAP), escudos, y docenas de rifles automáticos.

Condado de Volusia, donde Derek Cruice recibió su disparo, ha recibido un millón 250 mil dólares en equipo militar, principalmente rifles automáticos, también un vehículo para pasajeros y un MRAP, que valen 250 mil y 700 mil dólares, respectivamente.

Para hacer un balance de la militarización de la policía a través del país durante el último medio siglo, hay que poner bajo la lupa la transformación de gran alcance que han ocurrido en la estructura social estadounidense. Si bien la violencia abrumadora que policía dirige contra la clase obrera y sus luchas ha sido durante característica básica de la vida en Estados Unidos desde hace mucho tiempo, la militarización sistemática de la policía ha evolucionado en compañía de otros cambios desde los 1960.

Equipos SWAT recién aparecían en últimos años de esa década, en reacción a las rebeliones en las ciudades y la turbulencia social de entonces. Hacia finales de la década, la clase dominante ya rechazaba las medidas de reforma social que existían desde el New Deal de los 1930.

A finales de la década de los 1970, la clase política lanzó una ofensiva contra empleos, salarios y niveles de vida de la clase obrera (que ha continuado desde entonces). La consigna "Ley y orden" servía de pretexto político para darle mayor poder a la policías del Estado, y también para una enorme expansión del sistema penitenciario y para la transformación de la policía en una fuerza paramilitar.

Estos cambios se intensificaron después del once de septiembre del 2001 bajo el eslogan de "guerra al terror". La policía se integra más directamente a la enorme locomotora de espionaje (de la inteligencia militar del FBI, la CIA, la NSA) junto con el Pentágono. En la actualidad, un millón de hilos atan a los departamentos de policía locales al sistema nacional de represión y control.

Esto es lo que subyace a las intervenciones insistentes del gobierno de Obama en defensa de la policía, incluyendo la declaración de Obama apoyando a la exculpación de Darren Wilson, el policía de Ferguson que mató a Michael Brown, y su declaración de la semana pasada que "la inmensa mayoría de los agentes del orden" hacen su trabajo "de manera justa, y lo hacen con heroísmo."

La clase política considera que la defensa de Wilson no es un asunto local, sino una necesidad nacional. Defendiendo la policía, Obama garantiza que no habrá ninguna indagación criminal. Es la defensa de una parte fundamental del aparato de represión.

La policía cumple su función "heroica" no al servicio de las personas, sino en defensa del sistema capitalista y de la oligarquía de poder de las grandes empresas y de las casas financieras. A medida que avanzan la luchas sociales, le toca a la policía utilizar, contra la clase obrera nacional, cada vez más directamente los métodos violentos perfeccionados por las fuerzas armadas en el extranjero.

La violencia policial no es fundamentalmente una cuestión de racismo, como sostienen las distintas organizaciones que orbitan al Partido Demócrata. Cualquiera que sea el papel del racismo en este u otro incidente de brutalidad, la violencia policial está incrustada en el conflicto irreconciliable entre los intereses de la clase capitalista y los de clase obrera. Esta división de clase básica de la sociedad se hace más explosiva con el extraordinario crecimiento de la desigualdad social.

Por esa razón, la lucha contra la violencia policial debe estar anclada en la unificación y la movilización de la clase obrera. El proletariado debe entender que la lucha contra la violencia policial es un elemento central en la defensa de sus propios intereses.

En la Declaración de Independencia, Thomas Jefferson en la larga lista “de abusos y usurpaciones" del rey británico lo siguiente: "Nos obliga a dar posada a numerosas fuerzas armadas" y "los protege, con juicios embusteros, de ser castigados por los asesinatos que cometen". Entonces se trataba de derrocar a la monarquía británica. Hoy en día se trata de derrocar al sistema capitalista.

Joseph Kishore