Yanis Varoufakis en misión para rescatar el capitalismo

por Chris Marsden
19 marzo 2015

A mediados de febrero del 2015, el diario londinense The Guardian publicó un ensayo de Yanis Varoufakis, titulado "Cómo me volví un Marxista errático". Varoufakis es el Ministro de Finanzas de Grecia

Varoufakis es presentado como uno de los dirigentes, junto con el primer ministro Alexis Tsipras, de la lucha contra el programa de austeridad impuesto sobre Grecia por la Unión Europea. Se ofrece eso como evidencia que Syriza constituye un partido de "izquierda" y un modelo que debe ser imitado en toda Europa y a nivel internacional.

El honesto testimonio que ofrece Varoufakis en su ensayo de sus creencias políticas, sus motivos y su historia niega tales afirmaciones.

La suya es una declaración muy reveladora y atípica, debido a que siente claramente la necesidad de explicarse a sí mismo y trata de hacerlo con un grado de honestidad. Al hacerlo pone al descubierto no sólo su propio punto de vista político, sino la de una capa social.

En su ensayo, adaptado de una conferencia dada en el 2013, Varoufakis deja en claro que ni es marxista ni revolucionario, sino alguien cuyas ideas políticas pueden ser descritas como más o menos reformistas. Varoufakis, quien no pertenece Syriza, fue escogido para representar al gobierno precisamente por sus puntos de vista. Él no quiere otra cosa excepto convencer a la élite gobernante de que corre el riesgo de sumir al subcontinente en una catástrofe económica y política, y de asesorarla a tomar un camino alternativo

Varoufakis comienza declarando que la crisis del 2008 no fue un mero "declive cíclico", sino una que "plantea una amenaza a la civilización tal como la conocemos".

"[L]a cuestión que concierne a los radicales es esta: ¿deberíamos darle la bienvenida a esta crisis del capitalismo europeo como una oportunidad para reemplazarlo por un mejor sistema? ¿o deberíamos estar preocupados respecto a como embarcarnos en una campaña para estabilizar al capitalismo europeo?".

"Para mí, la respuesta es clara", responde él: "Es menos probable que la crisis europea de a luz a una mejor alternativa al capitalismo a que desate peligrosamente fuerzas regresivas que tienen la capacidad de ocasionar un baño de sangre humanitario, al mismo tiempo que extinguen las esperanzas de movimientos progresivos para las generaciones futuras."

"Por este punto de vista", añade, "he sido acusado, por bien intencionadas voces radicales, de ser "derrotista" y de intentar salvar lo indefendible del sistema socioeconómico europeo. Esta crítica, lo confieso, duele. Y duele porque contiene algo más que un núcleo de verdad".

Varoufakis declara que ha "hecho campaña por un proyecto que parte de la suposición de que la izquierda ha estado, y se mantiene, completamente derrotada". Ahora su misión es "convencer a radicales" de que ellos también deben trabajar para defender a "un repugnante capitalismo europeo cuya implosión, a pesar de sus muchos males, debe ser evitada a toda costa".

¿Quién es Varoufakis?

Varoufakis explica que escribió una tesis doctoral en 1982 "deliberadamente enfocada" para hacer del "pensamiento de Marx algo irrelevante", después de lo cual se convirtió en profesor sobre la base de un "contrato implícito... de que yo iría a enseñar el tipo de teoría económica que no daba lugar a Marx".

En el 2000, dio su primer paso en la arena política de Grecia como consejero "al futuro primer ministro George Papandreou, esperando ayudarlo a frenar el regreso al poder de una resurgente derecha".

En vez de ello, se ve obligado a admitir: "Como todo el mundo ahora sabe, el partido de Papandreou (Movimiento Socialista Panhelénico, PASOK) no sólo fracasó en poner freno a la xenofobia, sino que, al final, impuso una de opciones políticas más virulentas macroeconómicas neoliberales encarriló a la eurozona por las vías de supuestos rescates, así, sin quererlo, causó el regreso de los nazis a las calles de Atenas".

Le tomó a Varoufakis seis años llegar a esta conclusión. Incluso después, luego de romper finalmente con Papandreou en el 2006: "Mis intervenciones públicas en el debate sobre Grecia y Europa para nada huelen al marxismo".

Aún así, afirma, "Responsabilizo a Carlos Marx por darme mi perspectiva sobre mundo en el que vivimos".

Varoufakis atribuye esto a la influencia de su "padre metalúrgico", junto con el impacto de "los extraños tiempos en los que crecí, cuando Grecia salía de la pesadilla de la dictadura neofascista de 1967-74".

En ningún momento Varoufakis muestra algún entendimiento de las fuerzas políticas que actuaban durante estos trágicos eventos, incluyendo el rol jugado por el Partido Comunista (estalinista), incluso cuando su padre estuvo encarcelado en una isla prisión para griegos que habían peleado con los partisanos en la guerra civil de 1946-49. También su madre mantuvo actividad en la Unión de Mujeres de Grecia, fundada por miembros de PASOK.

Su perspectiva política era típico entre los partidarios "izquierdistas" alrededor de PASOK. Siguiendo su inspiración de estudiar economía( luego de conocer al fundador del partido, Andreas Papandreou). Con respecto al conformismo esencial de sus puntos de vista, uno puede notar que una de sus varias críticas del marxismo, es que esté inspiró movimientos que "en vez de adoptar la libertad y racionalidad como consignas y conceptos organizativos, optaron por la equidad y justicia ". [Énfasis añadido]

Analizaremos más abajo las afirmaciones de Varoufakis de ser un "marxista errático". Basta decir que su testimonio teóricamente confuso corresponde a la caricatura del marxismo que deriva del idealismo existencialista, refractada a través del prisma del posmodernismo. Habla, por ejemplo, del "hipnotizante don de Marx para escribir un guión dramático para la historia humana, en efecto para la perdición humana, que también estaba entrelazado a la posibilidad de la salvación y de espiritualidad auténtica".

En la mente de Varoufakis, Marx no descubrió verdaderas leyes que gobernaban el movimiento objetivo del modo capitalista de producción. Mas bien, "Marx creó una narrativa poblada por trabajadores, capitalistas, oficiales y científicos que eran la dramatis personae de la historia".

El thatcherismo no sólo conquista, también convence

Varoufakis estudió en la Universidad de Essex a partir de 1978, y entonces comenzó su carrera académica en el Reino Unido. Bajo el encabezado, "Las lecciones de Thatcher". Parae él esas experiencias en los 1980 fueron transcendentales:

"La lección que Thatcher me enseñó respecto a la capacidad de una recesión de larga duración de socavar las políticas progresivas, es una que cargo conmigo desde entonces hasta la presente crisis europea. Es, en efecto, el determinante más importante de mi postura en relación con la crisis. Esta es la razón por la cual estoy feliz en confesar el pecado del cual soy acusado por algunos de mis críticos en la izquierda: el pecado de escoger no proponer programas políticos radicales que busquen explotar la crisis como una oportunidad para derrocar al capitalismo europeo, para desmantelar la terrible eurozona, y para socavar a esa Unión Europea de los carteles y de los banqueros en bancarrota".

Hablando sobre sus experiencias en Gran Bretaña, Varoufakis inicialmente pensó que "el triunfo de Thatcher podría ser una cosa buena, dando a la clase trabajadora y a las clases medias de Gran Bretaña el shock profundo y penetrante necesario para revigorizar políticas progresivas; dando así a la izquierda una oportunidad para crear un nuevo proyecto fresco y radical con nuevas y más efectivas medidas políticas".

En vez de ello, "Mientras la vida se volvía más repugnante, más embrutecida, para muchos, y más corta, se me ocurrió que quizá trágicamente que había caído en un error: que las cosas podían empeorar en perpetuidad, sin nunca mejorar".

La "izquierda", añade, "se volvía más introvertida, menos capaz de producir una agenda progresiva y convincente y, mientras tanto, la clase trabajadora estaba siendo dividida entre aquellos que le daban la espalda a la sociedad y aquellos que eran cooptados por la ideología neoliberal".

Como resultado, el thatcherismo, afirma, "destruyó permanentemente la misma posibilidad de una política radical y progresiva", y no sólo en Gran Bretaña.

Él pregunta: "¿Qué logramos en Gran Bretaña a comienzos de los 80 al promover un proyecto de cambio socialista que la sociedad británica despreció mientras caían de bruces en la trampa neoliberal de Thatcher? Precisamente nada. ¿Qué lograremos hoy al hacer un llamado al desmantelamiento de la eurozona, de la misma Unión Europea, cuando es, en efecto, el mismo capitalismo europeo está haciendo lo que puede por socavar la eurozona, la Unión Europea?".

Varoufakis concluye a partir de estas experiencias de que, dado el fracaso de la "izquierda", el único resultado posible de la crisis presente del capitalismo europeo y mundial es la reacción fascista. Si prevenir esto "significa que somos nosotros, los apropiadamente nombrados marxistas erráticos, quienes debemos tratar de salvar al capitalismo europeo de sí mismo, entonces que así sea."

Con las élites europeas "comportándose hoy en día como si no pudieran entender la naturaleza de la crisis sobre la que presiden, ni tampoco sus implicaciones para el futuro de la civilización europea (...) la izquierda debe admitir que simplemente no está lista para tapar, con un sistema socialista que funcione, el abismo que el colapso del capitalismo europeo abriría ".

Un testimonio antihistórico

La perspectiva extremadamente desmoralizada de Varoufakis asigna a la hija de un tendero de Grantham (Margaret Thatcher) el papel histórico mundial de sepulturera del proyecto socialista. Es una posición que es antihistórica y que pone a la realidad política al revés

Descarta por completo el período de intensas y potenciales luchas revolucionarias que se desencadenaron en una escala global durante el período entre 1968 y 1975, que comienza con la Huelga General de mayo y junio de 1968 en Francia e incluyó el golpe militar de 1973 en Chile; la caída de la dictadura fascista en Portugal en abril de 1974; seguido en julio por la caída de la junta militar griega; el colapso de la administración Nixon y la derrota de Estados Unidos en Vietnam. En el Reino Unido, un movimiento de huelgas masivas liderados por los mineros se derrocó al gobierno conservador de Edward Heath en febrero de ese mismo año.

Movimientos de masa que involucraban a millones de trabajadores fueron traicionados e impedidos de convertirse en un desafío revolucionario al capitalismo por los partidos estalinistas y socialdemócratas. Por otra parte, un factor importante en la inhabilidad de la clase trabajadora para montar un desafío político a estas traiciones fue el papel jugado por las diversas tendencias pablistas y del capitalismo del estado quienes se opusieron a que la clase obrera rompa, como necesitaba hacerlo, con el estalinismo y la socialdemocracia.

Fue sólo después de estas derrotas que la burguesía pudo comenzar una contraofensiva contra la clase trabajadora que fue codificada políticamente en las antiteóricas doctrinas de la economía de la oferta (supply side economics) que hoy se asocia con Thatcher y Reagan. Incluso entonces, la clase gobernante continuó dependiendo del Partido Laborista y la burocracia sindical para imponer derrotas sobre la clase trabajadora, como lo demuestra la huelga de los mineros de 1984-1985.

Cuando pregunta qué lograron aquellos que promovían una "agenda de cambio social", Varoufakis está hablando de una serie de grupos pequeñoburgueses que orbitaban alrededor del Partido Laborista y de los sindicatos cuando ambos rápidamente viraban hacia la derecha. Esta era una era en la que sus co-pensadores del ala eurocomunista del Partido Comunista, de donde luego saldría Syriza, andaban proclamando al thatcherismo como una fuerza radical que lo conquistaba todo y una evidencia más de que la clase trabajadora ya no representaba una agencia de transformación social.

Varoufakis sólo hace un eco de esta apología política de la traición de la burocracia laborista y sindical cuando culpa a la clase trabajadora de haber "abandonado" o haber sido "cooptada en la mentalidad liberal".

Cuando afirma que una crisis del capitalismo Europeo sólo puede beneficiar a los "nazis de Amanecer Dorado, los variados neofascistas, los xenófobos y los vendedores de los mercados negros", él está, en realidad, repudiando cualquier posibilidad de socialismo. Si una crisis sistemática del capitalismo global no plantea la necesidad por su derrocamiento revolucionario, entonces nada lo hará. Su propia raison d'être se vuelve entonces hacer un llamado políticamente sin esperanzas a la clase gobernante, buscando convencer a los súper ricos de que están cometiendo un terrible error al implementar políticas que podrían conducir a una explosión social. Es un llamado que ha caído en oídos sordos.

La lógica política de este acercamiento es que Syriza debe salvar al capitalismo a todas costas. Por lo tanto, ¿cómo se acercará a esos trabajadores que no comprendan el mensaje, o aquellos "sectarios" de la izquierda que se opongan a tal agenda y argumenten por la revolución? Deben ser opuestos y, si es que necesario, reprimidos.

Varoufakis como un tipo social

Varoufakis cierra su larga presentación con una "confesión final". Vale la pena repetirla porque expone el impulso social detrás de las políticas de la seudoizquierda.

Habla de abandonarse en “un sentimiento de haber llegado, en términos aceptables, a los círculos de la alta sociedad. El sentido de satisfacción de uno mismo de ser agasajado por los elevados y poderosos comenzó a surgir en mí en una ocasión".

"Mi sima personal ocurrió en un aeropuerto. Algunos ricos me había invitado a dar un discurso sobre la crisis europea y había bifurcado hacia fuera la suma ridícula necesario que me compre un billete de primera clase. En mi camino de vuelta a casa, cansado y con varios vuelos en mi haber, yo estaba yendo a la larga cola de pasajeros de la economía, para abordar. De repente me di cuenta, con horror, de lo fácil que era para mi mente infectarse con el sentido de que tenía derecho a eludir la plebe".

Hablando en nombre de un partido que se encuentra ahora en coalición con los nacionalistas de derecha de los Griegos Independientes y que lanza su llamamiento a los líderes de la UE y al presidente Barack Obama, declara Varoufakis: "Forjar alianzas con fuerzas reaccionarias, como creo que hay que hacer para estabilizar a Europa hoy en día, nos trae ante el riesgo de ser cooptados, de canjear nuestro radicalismo por la tibia incandescencia de “haber llegado” a “los corredores del poder". [Énfasis añadido]

Como autorrevelación esta declaración no deja nada que desear. Pero Varoufakis no sólo está describiendo su propia trayectoria, sino la de capa social. Syriza efectivamente ha "llegado" a los corredores del poder, y formaciones políticas afines no quieren más que emular su éxito.

No hay nada particularmente extraordinario sobre la biografía de Varoufakis. Sus equivalentes pueden ser encontrados en el Partido de Izquierda en Alemania, el Nuevo Partido Anticapitalista en Francia, la Organización Socialista Internacional estadounidense o el Partido Socialista de los Trabajadores en el Reino Unido. Tales partidos constituyen una particular tendencia social que está enraizada en y expresa los intereses de la afluente clase media alta, que no desea nada más que una distribución más favorable de la riqueza entre el cinco o 10 por ciento más rico a cambio de sus servicios políticos en nombre de la burguesía.

Para ellos, Varoufakis ofrece este consejo final:

"El truco consiste en evitar el maximalismo revolucionario que, finalmente, ayuda a los neoliberales a superar toda oposición en contra de sus políticas contraproducentes y en retener en nuestras visiones las fallas inherentes del capitalismo mientras intentamos salvarlo, por razones estratégicas, de sí mismo".