Desaceleración económica en el Perú inflama tensiones sociales

por Cesar Uco
20 agosto 2015

Dos años de creciente desaceleración de la economía de Perú, históricamente impulsada por las exportaciones de materias primas y dependiendo cada vez más en el consumo interno, ha comenzado a pasar factura a la clase obrera peruana, creando las condiciones para renovar la lucha de clases.

A dos de cada tres peruanos no les alcanza el sueldo, de manera que el 45 por ciento usará la bonificación de julio para el pago de sus deudas.

Según cifras recientes, el 81 por ciento de los hogares peruanos sobreviven con un ingreso mensual de US$ 755 o menos y el 64 por ciento subsisten con menos de US$ 375.

Mientras que la tasa de desempleo para el 2013 se situó en 6,1 por ciento, la situación real está enmascarada por el hecho de que 60 por ciento de la población está empleada en el llamado sector informal, sin seguridad social, vacaciones y otros beneficios. En los últimos tres meses, el desempleo en la capital, Lima, aumentó en 62.000. Otras fuentes informan de que en mayo, 75.000 puestos de trabajo se perdieron debido a la disminución de las exportaciones. Construcción, entre los sectores más importantes, se contrajo 13,56 por ciento en mayo, su quinto mes consecutivo de crecimiento negativo.

Esta "nueva realidad" está en agudo contraste con años anteriores en los que Perú contó con la mayor expansión económica en América Latina. El PIB de Perú por habitante pasó de US$ 7.500 en enero de 2006 a un estimado de US$ 11.500 en enero de 2015; el salario mínimo se elevó de 410 soles en 2001 a 750 soles a partir del 2011; el gasto en consumo aumentó de 23.240 millones de soles el 2000 a 66.000 millones de soles el 2013; el crédito al consumo, de 5.000 millones de soles el 2001 a 26.650 millones de soles en el 2014.

A pesar de este crecimiento, sin embargo, la economía sigue siendo extremadamente vulnerable a una recesión impulsada por una caída en la demanda y el precio de los minerales.

BBVA Research dice que es "poco probable" que el aumento en el PIB del país se acerque a 4 por ciento para 2015. Esta cifra está por debajo de las estimaciones del FMI de 4,3 por ciento de crecimiento para los países desarrollados, la más baja desde el año 2009. Estas cifras son muy volátiles. Según el INEI (Instituto Nacional de Estadística e Informática) el PIB creció a una tasa anual de sólo 1,2 por ciento en mayo. Los expertos de BBVA añaden que las inversiones privadas en mayo se habían contraído en 8 por ciento.

Las estadísticas sobre las importaciones y exportaciones para 2015 son aún mas sombrías. El diario de negocios peruano Gestión informa: “Para 2015 [se] prevé una fuerte baja de las exportación es y… importaciones. Cobre, plata y plomo… bajaron 10 por ciento, mientras que los envíos de pesca tradicional. Petróleo y derivados, y productos agrícolas tradicionales, se desplomaron en 74 por ciento, 45 por ciento y 20 por ciento, respectivamente.”

Otro conjunto importante de cifras, que manifiestan una tendencia global, muestra que los años de auge, impulsados por el aumento de las exportaciones a China y los altos precios de las materias primas, vieron un crecimiento sin precedentes de la desigualdad social.

La firma de consultoría HayGroup informó que los altos ejecutivos peruanos vieron un aumento del 5 por ciento en sus ingresos de 2015, a pesar de la desaceleración económica y una perspectiva negativa para la mayoría de peruanos. Perú cuenta con 14 familias con una riqueza financiera por encima de US$ 100 millones y 316 familias que tienen más de US$ 20 millones. Tan sólo 113 familias acaparan el 46 por ciento de la riqueza, de los cuales 24 por ciento está depositado fuera del país.

Por el contrario, de acuerdo a cifras del INEI, ocho de las 24 regiones del Perú sufrió un aumento de la tasa de pobreza.

Dos de las tres regiones más pobres corresponden a donde históricamente estaban las minas más ricas para la exportación – Cerro de Pasco (explotada por la estadounidense Cerro de Pasco Corporation durante la mayor parte del siglo 20), y Cajamarca, con sus minas de oro Yanacocha y Buenaventura y donde se suspendió una inversión de US$ 5.000 millones en el proyecto Conga. Este año se convirtió en la región más pobre del país con el 52,2 por ciento de su población clasificada como viviendo en la pobreza.

El declive económico combinado con la creciente desigualdad social está conduciendo a nuevas erupciones de las luchas sociales.

El enfrentamiento más reciente con repercusiones internacionales se está llevando a cabo sobre el proyecto minero Tía María, donde los trabajadores y la población local se oponen a US$ 1,6 mil millones de inversión por Southern Perú, un conglomerado propiedad principalmente del Grupo Mexicano. La clase dominante está seriamente preocupada por lo que podría suceder cuando se levante el estado de sitio impuesto por el gobierno hace casi 60 días. La población de Islay, situada en el valle del río Tambo, donde se encuentra Tía María, se ha comprometido a renovar los bloqueos de carreteras y marchas en la principal ciudad sureña de Arequipa.

Estas luchas han profundizado la crisis política del gobierno del presidente saliente Ollanta Humala. Después de haber sido elegido sobre la base de promesas populistas de "inclusión social", las políticas de Humala se han dedicado a crear las condiciones más rentables para los conglomerados mineros extranjeros y otros sectores del capital internacional y peruano.

La administración de Humala está tratando desesperadamente de mantener lo que ahora es una falsa fachada del Perú como un paraíso para la inversión capitalista extranjera. Una combinación de recortes de impuestos, la desregulación ambiental y otras medidas no ha logrado reactivar la economía.

Mientras que el gobierno resaltó el ritmo de crecimiento de abril como el más fuerte en un año, las cifras fueron artificialmente infladas por “el adelanto de la primera temporada de captura de anchoveta y se tuvo quince días más de pesca efectiva… y… la extracción de anchoveta aumentó en más de 300 por ciento interanual”, informó Gestión. Sin ese impulso en mayo, se prevé que la tasa de crecimiento económico anual caiga a alrededor de 2,5 por ciento, en comparación con el 4 por ciento en abril.

El director del programa de maestría en la Universidad del Pacífico, Juan Mendoza, cuestiona las medidas económicas adoptadas por el gobierno: "El Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) está implementando procedimientos monetaristas que van a hacer nada como medidas anticíclicas". Mendoza espera una nueva devaluación de la moneda peruana, el sol.

Desde hace meses la Reserva Federal de Estados Unidos ha estado hablando de elevar las tasas de interés en Estados Unidos, lo que significaría una nueva caída en el valor del sol y una caída correspondiente de los salarios reales de los trabajadores peruanos. Hace tres años, el sol peruano se encontraba en su nivel más fuerte en relación con el dólar, 2,67 soles/dólar. Hace un año el valor del sol había caído a 2,79 soles/dólar y en la actualidad se sitúa en 3,18 soles/dólares, una devaluación de la moneda peruana del 12,3 por ciento en los últimos 12 meses. Las estimaciones para fin de año son 3,30 soles/dólar.

Frente a una crisis política que implica la presunta participación de su esposa en negocios ilegales desde 2007, el índice de aprobación de Humala ha caído a 18 por ciento, el más bajo de su presidencia.

Por cuarta vez durante su mandato, Humala ha asumido poderes semidictatoriales, liberando el poder ejecutivo para gobernar por decreto sin el escrutinio del Congreso en una serie de áreas claves. La ley aprobada en julio, faculta al Ejecutivo para legislar en cuestiones administrativas, económicas y financieras por un período de 90 días. La pasividad del Congreso puede ser interpretada como "lavarse las manos" en el último año de la presidencia de Humala, ante los preparativos para las próximas elecciones, mientras que le permite a Humala poner en práctica los dictados impopulares del FMI y la clase capitalista.