Colapso en las relaciones México-Estados Unidos por la amenaza de Trump de una guerra comercial

por Eric London
31 enero 2017

El miércoles, Donald Trump anunció la construcción de un muro a lo largo de la frontera sur de los Estados Unidos, provocando una crisis diplomática sin precedentes en la historia moderna de las relaciones entre los Estados Unidos y México. Cuando Trump reiteró su ultimátum de que México pagará el costo de la construcción, el presidente mexicano Enrique Peña Nieto canceló una visita a la Casa Blanca que había sido planeada para el 31 de enero.

Tras el anuncio de Peña Nieto ayer, el secretario de prensa de la Casa Blanca, Sean Spicer, anunció que el gobierno estadounidense financiaría el muro imponiendo un impuesto del 20 por ciento sobre las importaciones mexicanas. El diario The New York Times escribió que “décadas de relaciones amistosas entre las naciones -en asuntos relacionados con el comercio, la seguridad y la migración- parecían estar desapareciendo”.

Los Estados Unidos es el mayor socio comercial de México, con el 80 por ciento de las exportaciones mexicanas a Estados Unidos. México es el tercer mayor socio comercial de los Estados Unidos, detrás de China y Canadá. Bajo el TLCAN, las corporaciones estadounidenses han confiado en el uso de mano de obra mexicana barata para la manufactura. A pocos minutos del anuncio de Spicer de un posible impuesto de importación, la prensa mexicana publicó las noticias con destacados titulares en línea.

El anuncio de Spicer es el último de una serie de provocaciones del gobierno estadounidense encaminadas a agravar deliberadamente las tensiones entre los dos países. La administración Trump está tratando a México como un sujeto semicolonial y amenaza con imponer condiciones humillantes e inaceptables como el precio de las relaciones comerciales continuas.

Al hablar ayer en una reunión de Republicanos en Filadelfia, Trump pidió la “construcción inmediata del muro fronterizo” y dijo que Estados Unidos “generará ingresos de México que pagará por el muro si decidimos ir por ese camino”. No se reunirá con Peña Nieto “a menos que México vaya a tratar a los Estados Unidos de manera justa”. Reiteró su promesa de renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), al cual calificó de ser “un desastre total”.

El presidente de la Cámara, Paul Ryan, y el líder de la mayoría en el Senado, Mitch McConnell, anunciaron ayer que estaban preparados para avanzar en la construcción del muro.

Mientras tanto, Trump está implementando medidas de inmigración dictatoriales que ponen en peligro seriamente a muchos de los millones de ciudadanos mexicanos que viven en los Estados Unidos. Trump ha establecido el marco para una ofensiva de deportación mediante un sistema o red para encontrar y atrapar a alguien, como criminal buscado por la policía, emitiendo órdenes ejecutivas añadiendo 5.000 agentes de patrulla fronteriza, triplicando el número de agentes de Inmigración y Aduanas, reclutando a la policía local en los esfuerzos por acorralar y detener a inmigrantes y mandar a cientos de miles de personas que están esperando una cita en la corte.

Este programa equivale al establecimiento de un sistema de campos de concentración para la encarcelación de inmigrantes. Trump defendió estas propuestas fascistas al proclamar que “ha llegado la hora de la justicia para el trabajador estadounidense”.

La ofensiva contra México y la población inmigrante en Estados Unidos es una advertencia de que el programa “América Primero” de Trump implica un empuje agresivo para expandir la dominación del imperialismo estadounidense hacia América Latina, a expensas de China, cuya huella económica en la región ha estado creciendo en años recientes.

John Kelly, el nuevo secretario del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) de Trump, es un general del Cuerpo de Marines que anteriormente dirigía el Comando Sur del ejército de Estados Unidos (SOUTHCOM), responsable de supervisar la acción militar de Estados Unidos en América Central, América del Sur y el Caribe. Kelly ha dicho anteriormente que “la defensa de la patria no comienza en la ‘línea de una yarda’ de nuestra frontera suroeste, sino que se extiende hacia adelante, en todo el hemisferio, para mantener las amenazas alejadas de las costas de nuestra nación”.

Durante su audiencia de confirmación a principios de enero, Kelly dijo que apoya la construcción de un muro, pero que una “barrera física no hará el trabajo”. Le dijo al Senado: “Creo que la defensa de la frontera suroeste comienza a 1.500 millas al sur,” y que la defensa fronteriza no puede ser “abordada como una serie interminable de ‘postes de línea de meta’ a un pie de distancia en los puertos oficiales de entrada o a lo largo de los miles de kilómetros de frontera entre este país y México”. Treinta y siete de 48 demócratas votaron para confirmar a Kelly la semana pasada. Navegó por el Senado con una votación de 88-11.

La decisión de Peña Nieto de abandonar las negociaciones se produjo después de semanas en las que el presidente mexicano apeló obsequiosamente a Trump, a pesar de la afirmación de este último de que los mexicanos son “violadores” y “criminales”. Impopular movimiento que fue ampliamente visto como un gesto amistoso a Trump. Videgaray fue el encargado de orquestar la visita de Trump a México durante las elecciones generales de Estados Unidos y la reacción le obligó a dimitir como ministro de Finanzas en septiembre.

Peña Nieto sufrió una presión irresistible para cancelar la reunión ya que su gobierno se enfrenta a la hostilidad popular generalizada debido tanto a sus llamamientos al odiado Trump como al creciente costo de vida. Las protestas han continuado en todo México a través de enero después que el gobierno anunciara a finales de 2016 un alza de 20 por ciento del precio de la gasolina como parte de sus esfuerzos para privatizar la compañía de petróleo estatal Pemex. Las encuestas de Peña Nieto son las más bajas de cualquier presidente mexicano en la era moderna—es probable que sea el segundo político más odiado en México, detrás de Trump.

Hay un gran nerviosismo dentro de la clase dominante mexicana acerca de las implicaciones de una guerra comercial con Estados Unidos y las perspectivas de una creciente oposición social dentro de México, que Trump está usando como apalancamiento en sus esfuerzos por renegociar el TLCAN. El peso mexicano cayó un 1,1 por ciento frente al dólar ayer y cayó un 14 por ciento desde la elección de Trump. Ford, GM y Fiat Chrysler han anunciado que están retirando las inversiones en México en previsión de grandes regalos corporativos por parte de la administración Trump en Estados Unidos. Los precios al consumidor ya han aumentado con el costo de la gasolina, y si el gobierno mexicano adopta medidas de represalia contra las importaciones procedentes de los Estados Unidos, los precios probablemente aumentarán aún más.

La política del nacionalismo hiperamericano también resultará desastrosa para la clase trabajadora en los Estados Unidos. Jared Bernstein, del Centro de Presupuesto y Políticas Prioritarias, dijo a Bloomberg que “México no paga por el muro, los consumidores estadounidenses que compran en lugares que importan, como Walmart y Target, pagan por el muro, convirtiéndolo en un impuesto regresivo apoyando una idea tonta y despilfarradora”. Las provocadoras maniobras de Trump contra México están encaminadas a allanar el camino para la super-explotación del país por las corporaciones estadounidenses que se enriquecerán a expensas de los trabajadores de ambos países.

Los trabajadores en México y los Estados Unidos están vinculados orgánicamente a través del proceso de producción y por medio de conexiones familiares y la gran presencia de trabajadores mexicanos en los Estados Unidos. Los intentos de Trump de agitar un clima tóxico antiinmigrante están dirigidos no sólo contra los trabajadores mexicanos, sino que allanan el camino para nuevos ataques a los salarios, estándares de vida y programas sociales de trabajadores de todas las razas y nacionalidades en los Estados Unidos. Esto sólo se puede combatir uniendo a los trabajadores mexicanos y estadounidenses sobre la base de un programa socialista e internacionalista común.