Día Internacional del Trabajador del 2017

La crisis en América Latina y la lucha por una dirección revolucionaria

por Bill Van Auken
4 mayo 2017

Este discurso fue pronunciado originalmente en español por Bill Van Auken, editor para América Latina del World Socialist Website , en el mitin en línea del Día Internacional del Trabajador del 2017, celebrado el 30 de abril.

Este acto del Día Internacional de los Trabajadores tiene como objetivo principal el desarrollo de un movimiento internacional de masas de trabajadores y jóvenes contra la guerra. Es una tarea de vida o muerte e inseparable de la construcción del Comité Internacional de la Cuarta Internacional como Partido Mundial de la Revolución Socialista.

Al igual que todas las otras regiones del mundo, es obvio que América Latina no va a ser la excepción a la catástrofe de una Tercera Guerra Mundial. Ya es vista como un campo de batalla por el imperialismo norteamericano en su lucha por defender la hegemonía de Estados Unidos contra la intrusión de una China en auge.

Este Primero de Mayo también estamos conmemorando el centenario de la Revolución Rusa de 1917, y en particular, su lección más importante, el papel irremplazable de un partido revolucionario auténtico de la clase obrera, armado con el programa del internacionalismo socialista.

El movimiento trotskista, organizado en el Comité Internacional de la Cuarta Internacional, ha sido el único que ha defendido esta perspectiva en oposición a los intentos del revisionismo pablista para liquidar a la Cuarta Internacional y subordinar a la clase obrera al estalinismo, la socialdemocracia y el nacionalismo burgués.

En América Latina acontecieron los mayores intentos para imponer estas teorías que buscan sustituir la construcción de un partido revolucionario, el cual es posible únicamente a través de una lucha política implacable en la clase obrera y una lucha teórica contra el oportunismo.

El año pasado, fuimos testigos de una serie de hitos históricos que significaron la culminación de estos proyectos políticos sobre los cuales se establecieron los ataques revisionistas contra la Cuarta Internacional. La muerte de Fidel Castro a los noventa años de edad tuvo lugar mientras los estratos gobernantes de Cuba buscan reacercarse a Washington para defender su poder y privilegios a través del ingreso de capital estadounidense y a expensas de la clase obrera cubana.

Pese a la heroica resistencia del pueblo cubano ante la agresión de Estados Unidos, dicha revolución, como todos los otros movimientos nacionalistas burgueses y luchas de liberación nacional, ha llegado a un callejón sin salida. No pudo resolver los problemas fundamentales arraigados en la opresión imperialista de Cuba.

Sin embargo, el legado del castrismo no puede evaluarse solamente a través del prisma cubano. Éste desempeñó un papel aun más catastrófico en el resto de América Latina, donde grupos nacionalistas de izquierda, con el apoyo de radicales pequeñoburgueses en Europa y América del Norte, avanzaron la teoría de que la revolución cubana representaba un nuevo camino hacia el socialismo sin la intervención política consciente e independiente de la clase obrera ni la construcción de partidos revolucionarios marxistas.

La llegada de Castro al poder supuestamente demostraba que las guerrillas dirigidas por nacionalistas de la pequeña burguesía y basadas en el campesinado se podían convertir en “marxistas naturales”. Serian obligadas a llevar a cabo una revolución socialista bajo la presión de los acontecimientos objetivos, reduciendo el papel de la clase obrera al de un espectador pasivo.

Esta perspectiva falsa fue promovida con el mayor entusiasmo por la tendencia revisionista pablista, que se originó dentro de la Cuarta Internacional bajo el liderazgo de Ernest Mandel en Europa y Joseph Hansen en Estados Unidos. Posteriormente, se les unió Nahuel Moreno en Argentina.

El Comité Internacional de la Cuarta Internacional luchó intransigentemente contra la perspectiva pablista, insistiendo que el castrismo no representaba un camino hacia el socialismo. Advirtió además que la glorificación del castrismo por parte de los pablistas constituía un rechazo a la concepción histórica y teórica de la revolución socialista establecida por Marx. La emancipación de la clase obrera le corresponde al proletariado mismo.

Estas advertencias fueron confirmadas de forma trágica en América Latina. Las teorías promovidas por los pablistas contribuyeron a alejar a una capa radicalizada de estudiantes y jóvenes trabajadores de la lucha por movilizar a la clase obrera contra el capitalismo. Los encaminaron a conflictos armados suicidas que cobraron miles de vidas y desorientaron al movimiento obrero, abriendo paso así a dictaduras militares fascistas.

El impacto general que tuvieron el castrismo y, de forma aun más decisiva, las tendencias revisionistas que lo promovieron, fue el de detener la revolución socialista en todo el hemisferio.

Mientras tanto, en Venezuela, estamos viendo la agonía mortal del chavismo en los enfrentamientos cada vez más violentos entre dos facciones rivales de la burguesía nacional, las cuales temen ante todo un levantamiento revolucionario de la clase obrera. Las mismas capas que escudaron al castrismo también fomentaron ilusiones sobre la “Revolución Bolivariana”, un movimiento nacionalista burgués basado en los militares. Por casi dos décadas, ha defendido la propiedad privada y sobre todo los intereses del capital financiero en Venezuela, algo que continúan haciendo mientras los trabajadores se enfrentan a condiciones de desempleo y hambre.

Por último, este año también fue testigo del naufragio final del Partido de los Trabajadores de Brasil con la destitución de Dilma Rousseff y la consolidación –bajo sus antiguos aliados políticos– del gobierno más derechista desde el fin de la dictadura militar.

Si el PT abrió paso a la situación actual, también se debe decir que el conjunto de organizaciones de pseudoizquierda que tuvieron un papel fundamental en su fundación y promoción son responsables políticos de los graves peligros que afronta la clase trabajadora brasileña actualmente.

La parte principal de este proyecto político fue llevada a cabo por las mismas organizaciones que se habían separado del movimiento trotskista en los años sesenta para acoger al castrismo.

En los últimos días del régimen militar brasileño, bajo condiciones de huelgas de masas y luchas militantes de los estudiantes, dichas fuerzas se unieron a secciones de las cúpulas sindicales, la iglesia católica y de académicos de izquierda para fundar el PT. Una vez más, habían descubierto un nuevo camino al socialismo sin la necesidad de construir un partido revolucionario y luchar por la conciencia socialista de la clase obrera. El PT supuestamente les iba a conceder una vía parlamentaria brasileña hacia el socialismo, cuyo final sin salida ya ha sido alcanzado.

Con el desprestigio total del Partido de los Trabajadores, todos estos grupos pablistas y morenistas se han trasladado hacia la derecha y se están dedicando a construir una nueva trampa política para la clase obrera, en la misma línea de partidos burgueses de “izquierda” como Syriza en Grecia o Podemos en España.

Pero a pesar de sus esfuerzos, se avecinan luchas de clase explosivas tanto en Brasil como en el resto de Latinoamérica.

En México, Argentina, Brasil, Venezuela y en todo el continente, una lucha exitosa contra los ataques del capital nacional e internacional exige la movilización política independiente de la clase obrera en la región e internacionalmente. Es decir, la construcción de un movimiento unificado de las masas obreras en América Latina junto con los trabajadores en América del Norte en una lucha común contra el capital financiero y las empresas transnacionales que los explotan a todos.

La cuestión más urgente sigue siendo la de desarrollar una dirección y una perspectiva política revolucionarias. Para esto, es necesaria una asimilación de la larga historia de luchas por parte del trotskismo, plasmado en el Comité Internacional de la Cuarta Internacional, y la construcción de sus secciones en cada país.