El apagón de Puerto Rico es el más largo en la historia de EUA

por Rafael Azul
27 octubre 2017

A un mes de la catástrofe causada por el huracán María en Puerto Rico, la mayor parte de esa isla todavía carece de electricidad. Sufre del apagón más largo en la historia de Estados Unidos. Tres millones carecen de electricidad. Se anticipa que algunas zonas montañosas y remotas no tendrán luz hasta junio de 2018. Aunque el impacto del huracán causó mucho daño, a largo plazo la destrucción del sistema eléctrico revela cuan primitiva era la infraestructura puertorriqueña antes de la tormenta, y la indiferencia total del gobierno de EUA y de la administración de Trump desde que arrasó María.

La falta de mano de obra capacitada dilata la restauración del sistema eléctrico. Mientras que miles de obreros de reparación acudieron a los Estados de Texas y Florida luego de los huracanes Harvey e Irma. En estos momentos sólo hay en Puerto Rico 300 de esos trabajadores de otros lugares, acompañando a 900 obreros de la Autoridad de Energía Eléctrica de Puerto Rico. Según el diario neoyorquino New York Times, el cuerpo de ingenieros del ejército que maneja la restauración, sólo ha movilizado a doscientos de los dos mil obreros necesarios para restaurar la electricidad. La mayor parte de estos últimos están instalando generadores de emergencia en vez de arreglar la infraestructura destrozada.

En cambio, más de cinco mil obreros eléctricos acudieron a Texas y quince mil a Florida, haciendo posible la rápida reparación de la red eléctrica en ambas regiones afectadas por huracanes.

Otra sorprendente estadística, FEMA, la agencia estadounidense de emergencias, nos informa que sólo 630 de los 8164 kilómetros de carretera estaban abiertos esta semana, un ocho por ciento, a un mes del huracán.

Un artículo de la agencia de difusión Vox News Service describió el lunes 23 cómo es que se vive sin electricidad aún para los que cuentan con generadores de gasolina; pinta para el lector un cuadro de comida que se pudre servicio intermitente de teléfonos móviles, sin aire acondicionado o refrigeración: “La electricidad es algo que uno no nota hasta que no hay… Cuando desaparece la luz, desaparece el sentimiento de comodidad. Desaparecen de repente las cosas de la vida diaria que antes se consideraban rutinarias. No se sabe bien cuando volverá la luz. No tener electricidad —encontrarse figurativa y literalmente en la oscuridad— es abandonar el mundo moderno y retirarse tiempos más antiguos y más precarios. Luego del huracán María, esa es la nueva normalidad puertorriqueña”. Aproximadamente el setenta y nueve por ciento de los hogares no cuentan con servicio eléctrico.

Al paso que se va, el apagón durará meses, aún más en zonas aisladas. Se estima que costará más de cinco mil millones de dólares hacer estos arreglos. Mientras tanto la demanda de generadores y sus precios están por las nubes. La mayoría no tiene con qué comprarlos. “Todos los días aparecen noticias de robos de generadores”, por puertorriqueños desesperados.

La falta de electricidad también afecta tanto los servicios de agua limpia, filtrada y potable, el sistema de cloacas sanitarias y el proyecto de restauración.

“Eso significa que la falta de electricidad es de vida o muerte —algo que puede que acabe matando a más puertorriqueños que la misma tormenta. El gobierno de esta isla sostiene que murieron cuarenta y ocho por causa del huracán. [Reporteras de Vox] estiman que el verdadero número de muertos por la tormenta asciende a los cientos”.

“De continuar los apagones, esa cantidad sería más alta, dado que la isla necesita de la electricidad para mantener funcionando los sistemas de agua y cloacas; si la red eléctrica sigue apagada, una enorme cantidad de puertorriqueños arriesgaría morir de las altas temperaturas, deshidratación, o contaminación por las aguas sucias”.

Como se había anticipado, ha ocurrido una explosión en las nubes de mosquitos, lo que ayuda a esparcir enfermedades tropicales. Los mosquitos y la falta de aire acondicionado (no hay electricidad) causa que los niños jueguen afuera, con mayor posibilidad de ser picados por los mosquitos. También ha aparecido la leptospirosis (se informa que 74 personas han sido afectadas), enfermedad relacionada con la contaminación de aguas sucias con raspaduras y heridas en la piel.

El gobierno de este territorio yanqui promete combatir con agresividad al problema de los mosquitos, asignando grupos de civiles y soldados. Sin embargo, gran parte del peso es sobre los padres de familia. Se les ha pedido que controlen a sus crías y que usen repelentes de mosquitos.

Cuando el gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló, se entrevistó con el presidente estadounidense Donald Trump, indicó que además de la casi total destrucción del anticuado sistema eléctrico (víctima de décadas de negligencia), la tormenta destrozó a doscientos cuarenta mil viviendas y cuarenta y dos carreteras. Teniendo en cuenta anteriores cálculos de Rosselló, es muy posible que esos números son conservadores.

En esa reunión, se sugirió que el costo total de reconstruir a Puerto Rico será de ciento veinte mil millones de dólares. Trump dejó en claro que esa suma se añadiría a la deuda total de setenta y cuatro mil millones que Puerto Rico tiene con Wall Street. Pagar esa enorme deuda sólo requerirá un brutal sacrificio humano, acabando con pensiones y programas sociales, como el sistema de salud.

El presidente de EUA, quien ha dicho anteriormente que dejaba en manos del congreso la reconstrucción de Puerto Rico, indicó que la isla necesitará una nueva usina eléctrica, para reemplazar la usina térmica de Palo Seco, cerca de San Juan, que permanece cerrada luego desde que, este agosto, antes de los dos huracanes, un informe de una empresa de ingeniería determinó estaba “al borde del colapso”. Ese mismo informe cauteló que las vidas de los trabajadores en Palo Seco estaban “en peligro”, dada las condiciones de esa usina.

Trump no dejó en duda que Puerto Rico va a tener que pagar por esa nueva usina, en base a nuevos préstamos federales. El pago de esos préstamos tendría prioridad sobre la deuda de nueve mil millones que la AEE ya no puede pagar. Rosselló estuvo de acuerdo, proponiendo una alianza de los sectores público y privado —léase un proyecto que garantiza le lucro particular a costillas del público.

El gobernador intentó interpretar las declaraciones de Trump sobre el financiamiento de la deuda en el contexto de la restauración de Puerto Rico. Rosselló no quiso dar más detalles, supuestamente porque Puerto Rico está en un proceso de bancarrota, bajo el Título III de la ley Promesa.

El congreso yanqui está por votar a favor de un crédito de liquidez de 4,9 mil millones de dólares, a pedido del gobierno puertorriqueño y urgido por la Junta de Supervisión y Fiscal de Puerto Rico. Por si acaso Rosselló guardara alguna esperanza, que esa suma sería perdonada, Trump dejó bien en claro que también se añadiría, en calidad de préstamo, a toda la deuda.

En su reunión con Rosselló, Trump repitió lo que había dicho en sus mensajes de tweet del 12 de octubre, que el caso de Puerto Rico significa una carga para el presupuesto federal, amenazando dejar de ayudar a esta colonia yanqui.

La indiferencia salvaje de Trump no es sólo hacia Puerto Rico. En la actualidad, esa isla es sólo el más reciente ejemplo de lo que es la vida bajo el capitalismo. Al igual que con Grecia, Detroit, Houston y muchas otras ciudades y regiones, las exigencias de lucro de la oligarquía financiera tiene prioridad sobre las necesidades de los seres humanos.

Mientras que Trump se solidariza con la oligarquía de Wall Street, a la clase obrera mundial le toca solidarizarse con Puerto Rico, exigir la reconstrucción de Puerto Rico, repudiando las viejas deudas y destinando miles de millones de dólares como parte de un gran proyecto de restauración de Puerto Rico, en base a las más recientes tecnologías.