La clase obrera se mueve contra el gobierno de Syriza en Grecia

por Alex Lantier
20 enero 2018

Esta semana, decenas de miles de trabajadores en industrias clave en Grecia se pusieron en huelga contra las medidas de austeridad de la Unión Europea (UE) impuestas por el gobierno de Syriza (Coalición de la Izquierda Radical). Esta acción tuvo lugar en medio de una ola creciente de huelgas y protestas masivas en toda Europa y Medio Oriente, con enfrentamientos en Irán y Túnez, y huelgas en Alemania y Gran Bretaña.

El resurgimiento internacional de la lucha de clases a comienzos de 2018, y en particular la lucha en Grecia, plantea cuestiones críticas de perspectiva política y estrategia. Una indicación inequívoca de sus implicaciones revolucionarias es el hecho de que masas de trabajadores entran en conflicto con un partido pseudoizquierdista que ha pasado por la “izquierda radical” o la “extrema izquierda” del establishment político. La clase obrera está emergiendo como la fuerza principal que defiende los derechos sociales y democráticos básicos en la lucha política contra Syriza.

Las medidas que Syriza está imponiendo son una prueba de que ella y sus partidos hermanos no son “de izquierda”, sino partidos de derecha, conscientemente hostiles a los trabajadores. El “proyecto de ley múltiple” de la UE incluye prohibiciones de huelgas; recortar los bonos de los trabajadores por trabajos pesados o peligrosos; recortes drásticos o la eliminación de beneficios familiares para casi 70.000 familias; medidas para facilitar ejecuciones hipotecarias; una nueva ola de cierres de escuelas; la desregulación de las empresas de energía y transporte, farmacias, panaderías y otras empresas; y la construcción de casinos.

Los trabajadores protestaron, en particular, por el ataque de Syriza al derecho a la huelga, recogido por la constitución griega. Un trabajador señaló amargamente, “Generaciones que vinieron antes que nosotros derramaron su sangre para tener el derecho de huelga. Ahora un supuesto gobierno de izquierda está intentando abolirlo”. Otro comparó el ataque de Syriza contra el derecho a la huelga con la junta de coroneles respaldada por la CIA, que gobernó Grecia desde 1967 hasta 1974 y reprimió sangrientamente a la izquierda: “Tales cosas sucedían solo durante la junta. Este gobierno es de izquierda solo de nombre. En los hechos, es una junta”.

Al igual que la junta de los coroneles, la junta de Syriza y la dictadura de los banqueros de la UE solo pueden ser derrotadas mediante la movilización internacional de la clase obrera en la lucha revolucionaria. Lo que se requiere es una ruptura despiadada con las viejas y podridas formas de lo que ha pasado por la política de “izquierda”.

Esto significa un giro hacia la perspectiva de la revolución socialista mundial y las tradiciones marxistas clásicas de la Revolución de Octubre y el Partido Bolchevique de Vladimir Lenin y León Trotsky, continuado por el Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI) —la única tendencia que advirtió a los trabajadores del rol político de Syriza antes de que tomara el poder en 2015.

Cuando Syriza ganó esas elecciones, comprometiéndose a poner fin a los seis años de la austeridad devastadora de la UE impuesta por los sucesivos gobiernos socialdemócratas y conservadores, fue aclamado como un modelo por sus partidos hermanos a nivel internacional. El Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) de Francia declaró: “La victoria electoral de Syriza es una excelente noticia. Llena de esperanza a todos los que luchan contra la austeridad en Europa”.

Los afiliados griegos de la Organización Socialista Internacional (ISO) en los Estados Unidos escribieron: “Syriza como partido político es irremplazable. El funcionamiento de sus órganos organizativos y de sus miembros, con participación colectiva y democracia en todo el partido, no es un extra opcional, sino una condición previa para la victoria final de Syriza, y la victoria final de toda la izquierda y de nuestro pueblo”.

Solo el CICI advirtió que Syriza no era un partido revolucionario que buscaba liderar a la clase obrera en la toma del poder, sino un partido reaccionario de la clase media pudiente que busca reforzar sus privilegios dirigiendo el Estado capitalista griego y promoviendo el nacionalismo y la UE.

Escribimos en enero de 2015, antes de la victoria de Syriza, “para los trabajadores, un gobierno de Syriza no representaría una salida a la crisis; por el contrario, representaría un enorme peligro. A pesar de su fachada de izquierdas, Syriza es un partido burgués que descansa en las capas opulentas de la clase media. Sus políticas están determinadas por burócratas sindicales, académicos, profesionales y funcionarios parlamentarios, que buscan defender sus privilegios mediante la preservación del orden social”.

Esto fue confirmado inmediatamente una vez que Syriza llegó al poder. Al no hacer ningún llamamiento para movilizar a los trabajadores de otros países contra la austeridad de la UE, Syriza formó una coalición con los griegos independientes de extrema derecha y comenzó a negociar la austeridad con la UE. Menos de un mes después de tomar el poder, traicionó su promesa de terminar el Memorando de austeridad de la UE y lo extendió. El ministro de Finanzas de Syriza, Yanis Varoufakis, dijo después que en las conversaciones con la UE en ese momento, propuso políticas “estándares thatcheristas o reaganescas” derechistas.

Syriza pasó la primavera y el verano buscando desesperadamente una manera de justificar el rechazo de sus promesas electorales y la imposición de austeridad, y finalmente convocó un referéndum sobre la austeridad de la UE en julio. El primer ministro de Syriza, Alexis Tsipras, esperaba, en palabras del antiguo admirador de Syriza, Tariq Ali, que “el ‘Sí’ iba a ganar, y planeaba renunciar y dejar que los secuaces de la UE gobernaran”. Sin embargo, en un referéndum rigurosamente polarizado a lo largo de las líneas de clase, Grecia votó “no” a la austeridad en un 62 por ciento.

Tsipras respondió pisoteando el voto e imponiendo los recortes sociales de la UE, incluyendo recortes masivos de pensiones y otros ataques a la clase trabajadora.

Estos acontecimientos demostraron el conflicto irreconciliable entre los trabajadores, por un lado, y Syriza y sus otros partidarios pseudoizquierdistas, por el otro. Tsipras y sus partidarios trataron de presentar y promover esta traición a lo largo de líneas nacionalistas, como el resultado inevitable de una lucha desigual entre la Grecia con problemas de liquidez y la UE más rica.

Sin embargo, hablando con los bancos y los principales inversionistas, Tsipras presentó a Grecia como un nuevo paraíso de bajos salarios donde las superganancias podrían realizarse gracias a sus ataques contra los trabajadores. “Los inversores extranjeros son bienvenidos”, dijo, “y encontrarán un gobierno con un mandato claro para provocar cambios en el país ... En unos años, Grecia se convertirá en un destino principal para la inversión extranjera, esta es mi opinión y mi deseo”.

Al mismo tiempo, Syriza respaldó con entusiasmo las guerras imperialistas lideradas o apoyadas por las potencias de la OTAN, al ser anfitriones de bases estadounidenses para su posible uso en ataques a Siria y vender armas a Arabia Saudita para usarlas en su guerra en Yemen. Esto culminó con el abrazo de Tsipras al multimillonario derechista y presidente de los EUA, Donald Trump, en una visita de estado a Washington el año pasado donde declaró: “Estados Unidos es una potencia muy fuerte y su capacidad para intervenir definitivamente es muy, muy importante. Tenemos valores comunes”.

La aprobación de la legislación rompe-huelgas de Syriza subraya que la declaración de Tsipras de que comparte valores comunes con Trump no fue un error. Era un reflejo preciso de la política de derechas y lealtades de clase de Syriza. Es una acusación contra todas esas tendencias ―desde NPA e ISO hasta Podemos en España, el Partido de Izquierda de Alemania o los diversos componentes del grupo Momentum dentro del liderazgo del Partido Laborista británico― que promovieron a Syriza o lo tomaron como modelo para sus propias actividades.

Esta traición es una experiencia estratégica de la clase trabajadora internacional. Syriza ha demostrado la absoluta imposibilidad de que la clase trabajadora obtenga cosa alguna si es estrangulada dentro de un marco nacional y acepta una perspectiva pro-capitalista de trabajar a través de la maquinaria del estado capitalista existente y los sindicatos.

El giro debe ser hacia la construcción por la clase trabajadora de organizaciones independientes de lucha en lugares de trabajo y barrios, librando una lucha revolucionaria común en todos los países de Europa contra las políticas reaccionarias de la UE. Sobre todo, la cuestión crítica es construir el CICI como el liderazgo revolucionario internacional en la clase trabajadora que explicará a los trabajadores que estas luchas son parte de un proceso de desarrollo de la revolución socialista mundial, que representa para los trabajadores de todos los países la tarea de tomar el poder y construir un estado obrero que prosiga políticas socialistas.

Las críticas del CICI a Syriza establecieron que es la organización que puede ofrecer este liderazgo revolucionario. Sus críticas no fueron actos de “sectarismo”, como afirman los grupos pablistas como el NPA. Más bien, demarcaron la línea divisoria entre el CICI, la dirección revolucionaria de la clase obrera, y los partidos militaristas rompe-huelgas como Syriza y sus cómplices políticos.

Los grupos de la pseudo-izquierda son charlatanes reaccionarios conscientes de su propia hostilidad hacia los trabajadores. El sitio web pablista International Viewpoint publicó recientemente un artículo, “Grecia, una historia sin el prisma distorsionador de Syriza”, que confiesa que “el liderazgo de su movimiento, así como los liderazgos de la mayoría de las corrientes revolucionarias internacionales, han apoyado acríticamente a SYRIZA, y por lo tanto asumen su propia responsabilidad por haber ayudado a SYRIZA a hegemonizar la corriente social que surgió contra la austeridad, lo que indujo pasividad entre la clase trabajadora, falsas expectativas electorales y, finalmente, un desastre”.

La única tendencia internacional que este artículo no se atrevió a mencionar fue el CICI, que constantemente se opuso y expuso a Syriza y la promoción de este partido por parte de los pablistas. Esto subraya que el nuevo liderazgo marxista que hay que construir son secciones del CICI en Grecia y en todos los países.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 19 de enero de 2018)

 

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[14 diciembre 2015]