Diplomáticos rusos expulsados por presunto envenenamiento de exespía en Reino Unido

por Bill Van Auken
28 marzo 2018

La expulsión masiva y coordinada de diplomáticos rusos anunciada el martes por Washington, 14 países de la Unión Europea, Ucrania y Canadá por la presunta responsabilidad de Moscú en el envenenamiento del exespía ruso Sergei Skripal y su hija en la ciudad de Salisbury, al sur de Inglaterra marca una importante escalada de las amenazas políticas y militares contra Rusia, la segunda mayor potencia nuclear del mundo.

El jueves por la mañana se informó que el Gobierno australiano del primer ministro Malcolm Turnbull se unía a esta operación, preparándose para expulsar a dos diplomáticos rusos quienes, según afirmó, eran "oficiales de inteligencia no declarados".

El ministro de Relaciones Exteriores británico, Boris Johnson, se jactó el miércoles de que las acciones de los distintos gobiernos "son la mayor expulsión colectiva de oficiales de inteligencia rusos en la historia y ayudarán a defender nuestra seguridad compartida". Lo que quiso decir fue que la represalia occidental contra Moscú superó cualquier cosa durante los períodos más tensos de la Guerra Fría contra la antigua Unión Soviética.

Esta peligrosa y provocativa campaña, orquestada por las agencias militares y de inteligencia en Estados Unidos y Reino Unido, se ha montado sobre la base de acusaciones totalmente infundadas. No se han presentado pruebas para respaldar las últimas expulsiones diplomáticas más allá que la declaración sin fundamentos hecha hace dos semanas por la primera ministra británica, Theresa May, y el canciller Johnson de que era "altamente probable" que Rusia haya estado detrás de lo que se ha descrito como un ataque con un agente nervioso contra el doble agente.

El Gobierno británico ha afirmado que el agente nervioso utilizado en el ataque contra Skripal y su hija era "de un tipo" (Novichok) que una vez se había fabricado en la Unión Soviética. Las autoridades británicas, sin embargo, se han negado a proporcionar a Moscú ninguna muestra del presunto agente químico, como lo exigen las normas establecidas por la Convención de Armas Químicas (CAQ), ni a la Organización de las Naciones Unidas para la Prevención de Armas Químicas (OPAQ). El uso del término "de un tipo" significa que la sustancia utilizada podría haber sido fabricada prácticamente en cualquier lugar.

De hecho, incluso cuando expulsó a tres diplomáticos rusos "en solidaridad" con Londres y la OTAN, el Gobierno de la República Checa ordenó a su servicio de inteligencia que realizara una investigación para determinar si el agente nervioso podría haber sido fabricado en ese país.

La mayoría de las expulsiones diplomáticas fueron llevadas a cabo por la Administración de Trump, ordenando a 60 diplomáticos rusos y sus familias –48 de la embajada de Moscú en Washington y 12 de la misión rusa en las Naciones Unidas—a abandonar el país dentro de una semana.

Además, la Casa Blanca ordenó el cierre del consulado ruso en la ciudad de Seattle, estado de Washington. Esta decisión fue justificada con el pretexto inventado de que se localizaba demasiado cerca de una base submarina estadounidense y de las plantas de aviones Boeing, lo que supuestamente representaba algún tipo de amenaza militar.

Afirmando como un hecho el uso de Rusia de "un arma química de grado militar en Reino Unido", un comunicado emitido por la Casa Blanca describió este supuesto acto como "el último en su patrón actual de actividades desestabilizadoras en todo el mundo".

Entre estas "actividades desestabilizadoras", se encuentra el apoyo de Moscú al Gobierno del presidente Bashar al Asad en Siria, donde Rusia brindó apoyo aéreo a las fuerzas gubernamentales para invadir uno de los últimos bastiones importantes de los "rebeldes" islamistas en el suburbio de Damasco, Guta del este, lo que representa un revés importante para la guerra de siete años respaldada por Estados Unidos para un cambio de régimen.

La semana pasada, el máximo comandante estadounidense en Afganistán, el general John Nichols, acusó a Rusia de proporcionar ayuda y armas a los talibanes, alegaciones que Moscú calificó de "absolutamente infundadas" y "sin sentido".

La realidad es que, desde Oriente Próximo hasta Europa del este, Asia del sur y Asia central, la existencia continua de Rusia representa un obstáculo para el impulso del imperialismo estadounidense para afirmar su hegemonía global por medios militares. Esta es la razón por la cual Washington ha seguido la corriente sobre el supuesto intento de asesinato de Skripal y su hija y por la cual se ha unido a Londres para presionar a las demás potencias europeas para que se alineen con ellos.

Londres comenzó las expulsiones, ordenándoles a 23 diplomáticos rusos a que abandonaran el país. Moscú tomó represalias al expulsar a 23 diplomáticos británicos. Las expulsiones ordenadas por las otras potencias europeas el lunes, sin embargo, fueron de un carácter en gran parte simbólico, con Alemania y Francia ordenando a cuatro diplomáticos rusos a irse, el mismo número que Canadá. La excepción fue el Gobierno virulentamente antirruso de Ucrania, que expulsó a 13 diplomáticos rusos.

A pesar de las expresiones de solidaridad y unidad contra el supuesto crimen ruso, hay profundas divisiones dentro de la alianza de la OTAN sobre las relaciones con Moscú. Alemania ha forjado lazos comerciales más estrechos con Rusia, particularmente en relación con el gas natural y el petróleo crudo rusos, incluyendo el respaldo de Berlín al oleoducto Nord Stream II que duplicaría el suministro de gas de Rusia a Alemania.

El caso Skripal está siendo utilizado por Washington y Londres para contrarrestar los esfuerzos de París y Berlín hacia el desarrollo de una alianza militar europea independiente, contrapuesta a una OTAN dominada por Estados Unidos. A pesar de las declaraciones formales de solidaridad con Reino Unido, las divisiones dentro de Alemania y Francia sobre una línea dura contra Rusia siguen siendo profundas.

Moscú, mientras tanto, ha amenazado con aplicar contramedidas equivalentes contra cada país que expulse a su personal diplomático.

"Expresamos una protesta decisiva sobre la decisión tomada por una serie de países de la UE y la OTAN de expulsar a los diplomáticos rusos. Habrá una respuesta tipo espejo. Lo resolveremos en los próximos días y daremos nuestra respuesta con respecto a cada país... Consideramos que este paso no es amistoso y no cumple las tareas e intereses de establecer las causas y encontrar a los autores del incidente que tuvo lugar el 4 de marzo en Salisbury", dijo el Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia en un comunicado.

El embajador de Rusia ante Estados Unidos, Anatoly Antonov, dijo a los medios el lunes que "lo que Estados Unidos está haciendo hoy es destruir lo poco que queda de las relaciones ruso-estadounidenses. Toda la responsabilidad por las consecuencias de la destrucción de las relaciones ruso-estadounidenses recae sobre Estados Unidos".

Agregó que "no hay ni una sola prueba de interferencia de la Federación de Rusia en la investigación del caso como tal, o de la participación de Rusia en la tragedia que tuvo lugar en Salisbury".

El ministro de Defensa británico, Gavin Williamson, quien recientemente respondió a las negaciones de Moscú de los cargos británicos diciendo a los medios que Rusia debería "irse y callarse", pronunció un provocativo discurso el lunes en Estonia, donde hay tropas británicas desplegadas como parte de la acumulación de militares de la OTAN a lo largo de la frontera rusa. "La paciencia del mundo hacia el presidente Putin y sus acciones se agota", dijo.

Mientras tanto, en Washington, los líderes demócratas respondieron a las últimas medidas antirrusas tomadas por la Administración de Trump denunciando al presidente de Estados Unidos por no haber ido lo suficientemente lejos en términos de provocaciones contra Moscú.

El congresista Eliot Engel, el demócrata de rango en la comisión de asuntos exteriores dela Cámara de Representantes, calificó la expulsión de los diplomáticos rusos como una "demostración de bienvenida de la unidad y solidaridad occidentales" y dijo que esperaba que "en el futuro veamos más esfuerzos conjuntos para hacer retroceder la agresión rusa".

Engel agregó, sin embargo, que la acción de Estados Unidos solo subrayó "la débil respuesta de la Administración al ataque en curso de Rusia aquí mismo en Estados Unidos", refiriéndose a las acusaciones de "intromisión" rusa en las elecciones presidenciales del 2016 en Estados Unidos.

Hablando en representación de capas dominantes dentro de la CIA y otras agencias militares y de inteligencia de EUA la oposición a Trump de demócratas como Engel tiene sus raíces principalmente en las diferencias sobre la estrategia imperialista de Estados Unidos. Están presionando para una confrontación militar con Rusia, más temprano que tarde.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 27 de marzo de 2018)