Salen a la luz las mentiras de las potencias imperialistas sobre el caso Skripal

6 abril 2018

El 1 de setiembre de 1939, la radio alemana anunció que la Segunda Guerra Mundial se había puesto en marcha, reportando el discurso de Adolf Hitler al Reichstag (Parlamento), en el que el dictador pronunció: “Esta noche, por primera vez, soldados rasos polacos dispararon contra nuestro territorio. Hemos estado disparando devuelta desde las 5:45 a.m. De ahora en adelante, cada bomba será respondida con una bomba”.

Bajo la dirección del ministro de Propaganda, Joseph Goebbels, la invasión de Polonia fue retratada como un acto de defensa propia.

Un empleo similar de las mentiras y la demonización ha sido aplicado por los Gobiernos de Reino Unido, Estados Unidos y varios países europeos en torno al envenenamiento del ex agente doble ruso, Sergei Skripal, y su hija Yulia.

Es ahora claro, más allá de cualquier duda razonable, que las acusaciones del Gobierno conservador de Theresa May responsabilizando a Rusia por el envenenamiento de los Skripal son fabricaciones.

El martes, Gary Aitkenhead, director ejecutivo de las instalaciones de armas químicas británicas, el Laboratorio de Ciencias y Tecnologías de la Defensa de Porton Down, le manifestó a Sky News que los científicos “no han verificado la fuente precisa” del material utilizado en el ataque en Salisbury el 4 de marzo. La declaración de Aitkenhead se dio en vísperas de la reunión solicitada por Moscú de la Organización para la Prevención de las Armas Químicas (OPAQ), localizada en La Haya, la cual habría expuesto el caso del Gobierno británico. Sin embargo, tales gestiones de daños solo subrayan la monstruosidad de la farsa perpetrada por los Gobiernos de Reino Unido y EUA, junto a sus aliados europeos.

May le dijo al Parlamento el 12 de marzo que Porton Down había sido “absolutamente categórico” en afirmar que el “agente nervioso” utilizado contra los Skripal había provenido de Rusia. “Con base en la identificación positiva del agente químico por los expertos líderes mundiales en Porton Down”, declaró, “el Gobierno ha concluido que es altamente probable que Rusia sea responsable” del “un intento de asesinato” en suelo británico.

El canciller Boris Johnson, por su parte, le indicó el 20 de marzo a la cadena alemana Deutsche Welle que “los de Porton Down” fueron “absolutamente categóricos” en que el origen del agente nervioso utilizado contra los Skripal era ruso. “Le pregunté al tipo yo mismo”, aseveró, “y me dijo ‘no cabe duda’’’.

Es tan políticamente devastadora la exposición de las mentiras británicas que el miércoles, la Cancillería eliminó un texto que había divulgado el 22 de marzo en que declaraba que, “el análisis de los expertos líderes mundiales en el Laboratorio de Ciencias y Tecnología de la Defensa en Porton Down había dejado en claro que es un agente nervioso Novichok de grado militar producido en Rusia”.

Con base en esta mentira y sin exigir ninguna prueba más allá de las palabras de May y Johnson, Estados Unidos, 14 Estados miembros de la Unión Europea, Ucrania, Canadá, Australia y tres otros aliados expulsaron en total a más de 100 diplomáticos rusos de sus países. La alianza militar de la OTAN se sumó para enviar “un mensaje claro y muy fuerte de que hay un costo para las acciones imprudentes de Rusia”, expulsando a siete miembros rusos de su personal.

Cada uno de esos Estados sabía desde el principio que las acusaciones contra Rusia eran un fraude. Pero, el colapso del supuesto caso británico contra Rusia no ha tenido ningún impacto en el respaldo que ha recibido de sus aliados imperialistas.

La sesión de emergencia de la OPAQ convocada por Rusia no dio ninguna respuesta a las serias interrogantes planteadas por Moscú que Reino Unido tenía que responder. Por el contrario, el representante británico dijo que Rusia no podía participar en una investigación conjunta con Reino Unido en el caso Skripal, ya que era un “posible culpable”. El vocero de la UE respaldo incondicionalmente dicha postura, exigiéndole a Rusia que respondiera a las “preguntas legítimas” del Reino Unido sobre su presunta producción continua de Novichoks.

Asimismo, la prensa corporativa ha estado igual de implicada en este asunto criminal, particularmente el New York Times, el cual ha pasado el último mes diseminando propaganda cruda provista por Londres y Washington, y clamando por castigar a Rusia.

En ningún momento apareció una sola pregunta en el Times sobre la fiabilidad de las acusaciones del Gobierno de May. Ahora, su respuesta a la refutación de las mentiras es ignorar y enterrar la declaración de Aitkenhead.

El papel de la prensa corporativa en la provocación sobre Skripal confirma el propósito político de su histérica campaña sobre “noticias falsas” y su insistencia en que sean reguladas, monitoreadas y restringidas las redes sociales.

Después del caso Skripal, ¿hacen falta más pruebas para confirmar que nada de lo que publican o difunden los medios de comunicación con un sello oficial puede ser aceptado acríticamente?

Lo que hacen es denunciar cualquier cuestionamiento de la narrativa imperialista, calificándolo de “noticias falsas”, al mismo tiempo en que cumple su función de publicar reportes falsos y mentiras.

Como escribió hace 80 años León Trotsky, la mentira es el cemento ideológico de la reacción social y política. El World Socialist Web Site es una herramienta indispensable y poderosa de la clase obrera para combatir las mentiras de las potencias imperialistas y sus máquinas de propaganda controladas por el Estado.

En enero, el World Socialist Web Site emitió una carta abierta a sitios web, organizaciones y activistas socialistas, antiguerra, izquierdistas y progresistas para la formación de una coalición internacional para luchar contra la censura del Internet. Los acontecimientos recientes verifican la importancia de esta iniciativa crucial.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 4 abril de 2018)

Robert Stevens