La Organización Internacional Socialista encubre traiciones sindicales en las huelgas docentes

por Tom Hall
10 abril 2018

La ola expansiva huelguística de los docentes en Estados Unidos demuestra que una lucha de clases suprimida por décadas está comenzando a reemerger.

Uno de los aspectos más importantes es cómo ha tomado la forma de una rebelión en contra de los sindicatos. Las huelgas han sido organizadas por los maestros en las redes sociales, independientemente de los sindicatos, al dedicarse estos últimos durante varias décadas a suprimir la lucha de clases.

El conflicto entre los maestros y los sindicatos se deriva naturalmente del carácter de los sindicatos mismos, que se han transformado en un brazo policial de la patronal y han desempeñado un papel crítico en mantener los niveles de huelgas históricamente bajos, incluso mientras la pobreza y la desigualdad social alcanzan niveles históricamente altos.

Es precisamente en este punto que la pseudoizquierda —es decir, las organizaciones autodeclaradas radicales o incluso “socialistas” que representan a capas privilegiadas de la clase media— ha procurado reforzar las ilusiones en los sindicatos. Esas organizaciones operan como facciones del Partido Demócrata y el aparato sindical.

La Organización Socialista Internacional (ISO, por sus siglas en inglés), uno de los principales grupos pseudoizquierdistas de EUA, articuló la posición más amplia de esta capa social en un artículo reciente intitulado “Organizando para extender la rebelión laboral” y publicado en su sitio web Socialist Worker. En vísperas de la conferencia nacional este fin de semana de Labor Notes, un grupo que funciona como un flanco “izquierdista” de la burocracia sindical, escribe Lee Sustar un retrato fraudulento del papel de los sindicatos en las huelgas de maestros como uno de liderar y organizar la oposición.

“Es la mayor rebelión laboral en décadas —casi 2.000 militantes y activistas están llegando a Chicago para elaborar estrategias sobre cómo expandirla—”, señala. “Los trabajadores alcanzaron algunas victorias importantes durante ese periodo, incluyendo la huelga de UPS en 1997, varias huelgas ganadas en Verizon y sus compañías predecesoras y la huelga del Sindicato de Maestros de Chicago en el 2012… Pero, estas fueron excepciones, no la norma —y lo que se llamaba la Gran Fuerza Laboral (Big Labor) se encuentra ahora en una etapa crítica—”.

Sustar hace el argumento que “las huelgas docentes apuntan a un camino diferente para resucitar a la fuerza laboral (labor)… [con] la acción militante desde abajo”.

Su uso del término “fuerza laboral” (labor) tiene como propósito identificar la lucha de los docentes con los sindicatos. Pero, en realidad, a cada paso, los sindicatos magisteriales buscaron ahogar y sabotear toda lucha.

En West Virginia, que Sustar llama falsamente una “victoria”, los sindicatos docentes impusieron un acuerdo entreguista casi idéntico contra el cual se habían rebelado los maestros tan solo una semana antes ya que ni siquiera abordaba la principal demanda de los educadores que era financiar plenamente su fondo del seguro de salud. Más allá, el acuerdo adjuntó recortes sociales importantes a un alza salarial miserable.

En Oklahoma, los sindicatos docentes, después de verse obligados a convocar a una huelga el 2 de abril, buscaron limitarlo a una sola jornada de manifestaciones para “agradecer” al cuerpo legislativo estatal por aprobar un financiamiento completamente inadecuado al que acordó el sindicato, pero que fue rechazo por los maestros. Actualmente, conspiran con los políticos demócratas para encontrar la forma de finalizar la huelga, la cual llegará a su segunda semana el lunes.

Los eventos en Arizona, Kentucky y otros estados han seguido líneas idénticas. El carácter traicionero de los sindicatos, sobradamente confirmado durante el último mes, es precisamente lo que llevó a las bases docentes a organizar una acción de huelga fuera de estas organizaciones en primer lugar.

La descripción de Sustar a la huelga de los maestros de Chicago en el 2012 como una “victoria” confirma el lado de las barricadas en el que se encuentran Sustar y la ISO. El Sindicato de Maestros de Chicago (CTU, por sus siglas en inglés) aprobó a la fuerza un contrato entreguista en dicho año que desautorizó aumentos salariales por dos años, impuso aumentos en las contribuciones jubilatorias para contratos nuevos y dio a los distritos escolares un cheque en blanco para despedir a maestros.

La derrota ejecutada por el sindicato puso en manos del alcalde de Chicago, Rahm Emmanuel, exjefe de personal de Obama, toda iniciativa. Seguidamente, cerró 54 escuelas y echó a la calle a miles de maestros. La ISO, y ahí está el mello de la cuestión, es parte de la dirección del CTU por medio del miembro de la ISO y vicepresidente del CTU, Jesse Sharkey, y tuvo un rol directo en llevar a cabo esta derrota.

También cabe notar que la ISO no ha escrito prácticamente nada sobre el escándalo de corrupción actual en el sindicato automotriz UAW, cuyos negociadores principales aceptaron $1,5 millones en sobornos de la empresa Fiat Chrysler a lo largo de varios años. El escándalo ha recibido la atención generalizada de los trabajadores automotores, quienes odian a la burocracia sindical y se rebelaron contra el convenio entreguista que les impusieron en el 2015. Reconocer la realidad de una corrupción generalizada en los sindicatos socavaría la narrativa de la ISO de que los sindicatos son “organizaciones obreras”.

La falsa descripción de los paros de los maestros por parte de Sustar sirve a una mentira más fundamental: sin importar lo traicioneros que sean, los sindicatos pueden reconquistarse y ser convertidos en vehículos para las luchas de la clase obrera. Mientras que la “democracia sindical” siempre ha sido una “rareza”, Sustar escribe, “con 14,8 millones de miembros, los sindicatos constituyen una fuerza de masas única en la sociedad estadounidense. Son instituciones de la clase obrera, y su propia existencia es un desafío a la marcha constante del capital para aumentar la productividad e impulsar sus ganancias”.

No obstante, cuando están apelando a la patronal, los sindicatos describen cándidamente su rol de forma exactamente diferente; es decir, como asistentes y cómplices del lucro capitalista en la supresión de huelgas. Después de la huelga en West Virginia, la presidenta de la Federación Estadounidense de Maestros (AFT, por sus siglas en inglés), Randi Weingarten, advirtió en un editorial para el Washington Post que el debilitar a los sindicatos “conllevaría más activismo y acciones políticas”. Debido a que la negociación colectiva no existe para los maestros de West Virginia, “miles de docentes se movilizaron y enfrentaron al gobernador y a la asamblea legislativa por no darles la dignidad económica y la voz que se merecen, y esa clase de activismo se multiplicará y expandirá por todo el país si se acaba con las negociaciones colectivas”.

Cuando Weingarten menciona “las negociaciones colectivas”, i.e. la habilidad de los sindicatos a entregar concesiones en la mesa de negociación, lo hace en referencia al caso Janus vs. AFSCME que pende en la Corte Suprema del país y amenaza con dejar a los sindicatos sin millones en ingresos que consigue por medio de “cuotas justas” o “cuotas de agencia” de trabajadores que no son miembros.

En sus argumentos frente a la Corte Suprema, el abogado del sindicato de empleados públicos AFSCME declaró: “La oferta clave en este contrato de cuotas de agencia es un límite a las huelgas… La seguridad para los sindicatos es la compensación por no tener huelgas”. Manifestó que, con un fallo en detrimento de los sindicatos, “despertarían a un espectro inefable de inestabilidad laboral por todo el país”.

Un comentario en el Washington Post de Shaun Richman, exdirector organizacional del AFT, fue todavía más explícito. Los sindicatos, escribió, tienen “una imperativa política de defender los términos del acuerdo como ‘el mejor posible’ (incluso si incluyera concesiones en cuanto a beneficios y normas laborales)”.

Sustar concluye su artículo apelando a la burocracia sindical a incorporar más a la pseudoizquierda en su aparato para prevenir que se extienda la rebelión de las bases.

“Una corriente socialista fuerte —el Partido Comunista, el Partido Socialista y las organizaciones trotskistas— fue indispensable para las épicas victorias de la fuerza laboral en las décadas de 1930 y 1940”, indica.

“En años recientes, la conferencia de Labor Notes —que por muchos años prohibió la circulación de publicaciones socialistas en su evento— ha acogido una discusión sobre el papel de los socialistas en el movimiento laboral, históricamente y en la actualidad… Ahora, en la estela de la campaña de Bernie Sanders para la nominación presidencial demócrata, el socialismo ha retomado su lugar en la corriente principal del discurso político estadounidense por la primera vez en décadas”.

“En tiempos de crisis política”, concluye Sustar, “en los que la patronal y la derecha abaten los estándares de la clase trabajadora, es esencial que los socialistas en el movimiento laboral lleven su perspectiva política a los sindicatos. Nuestras batallas tienen que estar conectadas con la lucha por la justicia, la igualdad y la liberación de los oprimidos”.

La influencia del socialismo entre los trabajadores estadounidenses durante las citadas décadas reflejaba un entendimiento entre los sectores más militantes y avanzados de los obreros, impulsado por la experiencia de la Revolución Rusa, de que la lógica de sus luchas iba mucho más allá de meras disputas contractuales y planteaba la necesidad de derrocar al sistema capitalista. El borrón que hace Sustar del historial real de los sindicatos y su celebración del “socialismo” que promueven Labor Notes y Bernie Sanders demuestra que lo que tiene en mente es algo completamente diferente.

Sustar y la ISO están bien conscientes de que los sindicatos, amenazados con perder ingresos en el caso Janus y cada vez más desacreditados ante los trabajadores, se enfrentan a una crisis que pone en cuestión su existencia misma. A fin de poder continuar aplicando el tipo de “victorias épicas” sobre la clase obrera como en West Virginia y Chicago, arguye Sustar, los sindicatos tienen que trabajar codo a codo con las organizaciones como la ISO que les pueden proveer una tapadera “izquierdista” aun cuando se preparan para nuevas traiciones.

El apoyo de la ISO a los sindicatos fluye orgánicamente de su hostilidad hacia la clase obrera. De igual manera que el resto de la pseudoizquierda, representan a capas de la clase media alta, incluyendo a secciones de la burocracia sindical, que se han enriquecido durante las últimas tres décadas por medio de una explotación intensificada de la clase obrera.

A medida que los maestros entren cada vez más en conflicto con las instituciones oficiales del Estado capitalista, incluyendo al Partido Demócrata y a los sindicatos, tendrán que entender el papel de traición que desempeñan organizaciones denominadas “socialistas” como la ISO.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 7 abril de 2018)

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