Washington anuncia planes para presionar a Nicaragua después de las mayores manifestaciones en 40 años

por Andrea Lobo
27 abril 2018

Las manifestaciones se pausaron en Nicaragua el martes después de que el Gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) bajo el presidente Daniel Ortega dejara libres a varios grupos de manifestantes arrestados y se abstuviera de romper las barricadas de los estudiantes con fuerzas letales. Alrededor de 30 personas han fallecido en las protestas hasta ahora.

Después de las marchas multitudinarias el lunes en la capital Managua y a través del país, el Gobierno y los grupos empresariales acordaron entrar en negociaciones a fin de reducir las tensiones y atajar el malestar masivo.

Las protestas iniciaron el miércoles pasado cuando estudiantes universitarios públicos, trabajadores y jubilados expresaron indignación ante la implementación del Gobierno de dramáticos recortes de pensiones y del aumento a las contribuciones al Instituto de Seguridad Social (INSS). El plan también exigía aumentos en las contribuciones para la patronal, llevando a los gremios de empresarios a intervenir tanto para contener las manifestaciones como para canalizar el malestar detrás de sus demandas derechistas de austeridad. El plan de reforma jubilatoria era apoyado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y las agencias crediticias de Wall Street.

La administración de Trump se muestra cada vez más preocupada ante el crecimiento de la oposición entre las masas empobrecidas de Nicaragua y ha intensificado su intervención para solidificar su férreo control sobre Centroamérica. El martes, el asesor superior del Departamento de Estado, Michael Kozak, advirtió que Washington “ejercerá más y más presión” sobre el Gobierno nicaragüense, incluyendo sanciones económicas. Luego, adoptó una pose de apoyo a las manifestaciones, afirmando que la Administración estaba “apoyando a las personas en esos países que intentan brindar un cambio, y eso lo hacemos en diversas formas”. El antiguo secretario adjunto y subsecretario de Estado describió los acontecimientos en Nicaragua como “una larga letanía de tortura [y] asesinatos extrajudiciales”.

La hipocresía de Washington es extrema, como es usual. El mismo Kozak fue el enviado especial presidencial a Panamá durante la invasión de 1989, cuando las fuerzas estadounidenses asesinaron a miles de civiles panameños y atacaron barrios marginales intencionalmente para asestar el máximo impacto contra el Gobierno de Manuel Noriega.

Se han preocupado más de que los masivos niveles de desigualdad social y violencia están creando las condiciones para una versión latinoamericana de las manifestaciones de la Primavera Árabe del 2011, cuando decenas de millones de trabajadores y jóvenes se lanzaron a las calles. La decisión del mandatario de reprimir brutalmente las manifestaciones contra los recortes de pensiones ha subrayado el carácter reaccionario y procapitalista de los autoproclamados “socialistas” como Ortega. En toda América Latina, las políticas antiobreras y capitalista y las políticas colaboracionistas respecto al imperialismo estadounidense han desacreditado a todos los Gobiernos que formaron parte del llamado movimiento de la “marea rosa” de dominio “izquierdista” burgués.

Estos temores del imperialismo norteamericano se vieron reflejados en dos editoriales de las principales publicaciones de EUA.

El Washington Post escribió un editorial el martes afirmando que “las protestas han tomado vida propia y reflejan las frustraciones mucho más profundas que los recortes del seguro social… Incluso si el Sr. Ortega y la [vicepresidenta] Sra. Murillo superan esta crisis a corto plazo, su gente no se olvidará de lo que acaban de vivir”. El editorial hizo luego una crítica a medias, escribiendo que “el orden y el crecimiento económico son las justificaciones del régimen para denegar la libertad”.

Durante el fin de semana, el New York Times también observó con preocupación que “la iglesia católica romana refugió a estudiantes cuando se volvió cada vez menos claro si la iglesia, la comunidad empresarial o cualquier otro interlocutor podría intervenir y resolver la creciente crisis”.

Asimismo, la prensa conservadora nicaragüense manifestó temor que “Daniel Ortega ya no tiene capacidad política ni autoridad moral para seguir gobernando”, como escribió La Prensa el lunes. El Washington Post sugirió que Ortega no debería “aferrarse al poder hasta que sea demasiado tarde”.

Nicaragua constituye un campo de batalla estratégico entre Estados Unidos, el cual ha dominado la región por más de un siglo (incluyendo antes y durante la guerra civil nicaragüense en la que EUA apoyó al dictador Anastasio Somoza y luego a los escuadrones de la muerte antisandinistas llamados “contras” durante los años ochenta), y China, la cual ha hecho importantes inversiones en el país en años recientes.

Ortega ha tomado pasos para apaciguar al imperialismo estadounidense. En noviembre del 2017, la Asamblea Nacional controlada por el FSLN aprobó una iniciativa de defensa importante con EUA. El trato permitió que Nicaragua recibiera una cantidad no especificada de equipo militar donado por EUA para “la seguridad militar y para combatir el tráfico de narcóticos”. Bajo el acuerdo, EUA enviaría a doce asesores militares, 40 soldados de la fuerza expedicionaria Joint Task Force-Bravo, dos helicópteros Black Hawk y dos helicópteros Chinook, además de otros asesores. En otras palabras, el equipo utilizado una vez por las contras para masacrar a campesinos y asesinar a trabajadores está siendo utilizado ahora por las fuerzas armadas nicaragüenses, las cuales le dispararon a trabajadores y jóvenes en las calles alrededor del país la semana pasada.

La relación que Nicaragua ha intentado construir con el imperialismo estadounidense no prescinde de complicaciones. En febrero, el South China Morning Post reportó que el proyecto del canal interoceánico en Nicaragua encabezado por China está “avanzando lentamente”. A pesar de que la construcción apenas pareciera ponerse en marcha, el Morning Post indicó que “le dará a China una importante presencia en América Central, una región dominada desde hace mucho por Estados Unidos”.

El proyecto fue iniciado bajo la iniciativa de Ortega en el 2013 para desafiar el control estadounidense sobre el Canal de Panamá al sur. Al mismo tiempo, en varias ocasiones, Nicaragua les ha denegado a las corporaciones chinas permiso para continuar construyendo el canal, como señal de que EUA está teniendo una presión efectiva sobre el país.

La relativa calma en Nicaragua ayer es una indicación de que el imperialismo estadounidense está desarrollando un nuevo marco que obligará a Ortega a aceptar si desea mantenerse en el poder. Todo indica que Ortega lo aceptará independientemente de las nuevas demandas del Gobierno de Trump.

El lunes y el martes, docenas de estudiantes arrestados en días previos fueron liberados, algunos con sus cabezas rapadas y sin zapatos. Muchos describieron recibir palizas de los guardias. Para el lunes, los canales de difusión censurados estaban de vuelta al aire. Las escuelas y colegios resumieron clases el miércoles.

El presidente de la principal confederación patronal, Cosep, declaró el martes que Ortega había cumplido con sus demandas y que “ahora estamos esperando que la Conferencia Episcopal tome la decisión” de convocar la mesa de diálogo, refiriéndose al anuncio de Ortega de que la iglesia católica mediará las negociaciones.

Los estudiantes universitarios del país rechazaron la distensión forzada del Gobierno y las grandes empresas. Tras sufrir la mayor parte de la represión, los estudiantes de la Universidad Politécnica (Upoli) que han ocupado la universidad, formaron un grupo llamado “Comunidad Universitaria Autoconvocada 19 de abril”, emitiendo una declaración el martes.

En el documento, los estudiantes insistieron en que las protestas comenzaron pacíficamente contra la reforma del INSS. Los estudiantes denunciaron la represión del Gobierno que ha cobrado 29 vidas, incluyendo estudiantes. Los estudiantes luego convocaron un “paro nacional universitario” de las principales universidades públicas y privadas del país para exigir la liberación de todos los manifestantes, un fin a la represión, respeto a la libertad de expresión y la renuncia de los jefes de la policía, de Daniel Ortega y su esposa y vicepresidenta Rosario Murillo.

Independientemente de que la retirada estratégica de Ortega-EUA-Cosep haya diluido las manifestaciones, el enojo de la clase obrera contra la desigualdad social no ha decrecido. Esa ira provocó las mayores manifestaciones desde el levantamiento de 1978-79 que depuso a la dictadura somocista.

Es necesario advertir a los trabajadores de toda América Latina. La oposición espontánea a la desigualdad y al imperialismo, por tan legítima que sea, puede ser manipulada por el imperialismo estadounidense y por la corrupta burguesía nacional para generar un giro mucho más agresivo hacia la derecha en todos los países. No existe ningún reemplazo para una dirección revolucionaria. El World Socialist Web Site llama a los trabajadores y jóvenes a contactar al Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI) y a construir secciones del Partido Socialista por la Igualdad (PSI) en toda América Central y del Sur.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 26 de abril de 2018)