El Partido Demócrata y la confirmación de Mike Pompeo

28 abril 2018

El excongresista y exdirector de la CIA, Mike Pompeo fue confirmado el jueves por la tarde por el Senado estadounidense como nuevo secretario de Estado. Fue comandante de tanques del Ejército, aboga por el uso de tortura y el espionaje interno masivo, y ahora tendrá el puesto más alto en el gabinete de Trump y será cuarto en la línea de sucesión a la Presidencia.

La instalación de Pompeo como titular del Departamento de Estado en lugar de Rex Tillerson se produce luego del reemplazo del general H.R. McMaster por el exfuncionario del Gobierno de Bush y conspirador de la guerra de Irak, John Bolton, como asesor de seguridad nacional. Tanto Pompeo como Bolton han llamado a librar una guerra con Irán y Corea del Norte. Ahora, forman parte de un nuevo equipo de política exterior aún más imprudente que el anterior. Su instalación es una señal de que la marcha hacia una guerra más amplia en Oriente Próximo y un conflicto militar con Rusia y China se acelera.

Pompeo encarna la relación entre el militarismo imperialista y la represión política dentro de EUA. Ha defendido los ahogamientos simulados y el programa de tortura de la CIA bajo la Administración Bush en su conjunto. En un discurso el año pasado, describió a WikiLeaks como un “servicio de inteligencia hostil no estatal”. Ha exigido el enjuiciamiento y la ejecución del denunciante Edward Snowden y ha abogado por la expansión del programa ilegal de espionaje masivo de la Agencia Nacional de Seguridad.

Pompeo fue juramentado inmediatamente pro el magistrado ultraderechista de la Corte Suprema, Samuel Alito. El nuevo secretario de Estado abordó un vuelo nocturno a Bruselas, donde representará a EUA en una conferencia de cancilleres de la OTAN. Ahí, discutirán acciones contra Rusia por las acusaciones falsas de que envenenó a un ex doble espía británico, Sergei Skripal, al igual que por el apoyo ruso al presidente sirio, Bashar al Asad, cuyo régimen fue el blanco de los bombardeos de EUA, Francia y Reino Unido a principios del mes.

Rusia y Siria son solo dos de una serie de confrontaciones en el horizonte en las que Pompeo desempeñará un papel protagonista:

El 12 de mayo, se espera que el presidente Trump deshaga formalmente el acuerdo nuclear iraní, encaminando a EUA a colisionar con tanto Irán como con los otros cinco países que firmaron el acuerdo, el cual Irán ha acatado escrupulosamente.

El 14 de mayo, el Departamento de Estado ahora encabezado por Pompeo transferirá la embajada estadounidense en Israel de Tel Aviv a Jerusalén, una provocación deliberada contra la población palestina en Cisjordania y Gaza, la cual considera el Este de Jerusalén su capital histórica.

El 20 de mayo, Venezuela celebrará su elección presidencial y se espera que el Departamento de Estado denuncie la victoria prevista del presidente Nicolás Maduro y que declare el resultado como fraudulento, abriendo paso a mayores sanciones económicas e incluso el boicot de las exportaciones venezolanas de petróleo por parte de su principal comprador, Estados Unidos.

A fines de mayo o principios de junio, Trump se reunirá con el líder norcoreano Kim Jong-un, la cual fue preparada por la visita secreta del mismo Pompeo a Pyongyang este mes. De no llevarse a cabo o no dar los resultados deseados, el Gobierno de EUA acelerará sus planes para un ataque militar contra los almacenamientos de misiles y las zonas de ensayos nucleares o contra el régimen en sí.

El Senado aprobó la nominación de Pompeo con un voto de 57 a 42, incluyendo a seis demócratas y un independiente, quien se reúne con los demócratas. Sin embargo, el papel de los demócratas fue mucho mayor de lo que sugieren los números. Sin el apoyo de los demócratas en momentos clave, la formación de Pompeo hubiera sido puesta en juego.

Después de que apareciera ante la comisión de relaciones exteriores del Senado el 12 de abril, donde adoptó una postura “moderada” renunciando a su historial de declaraciones militaristas contra Irán y Corea del Norte, el conteo de votos en el Senado mostraba que su nominación estaba en riesgo.

Dado que los republicanos cuentan con una estrecha mayoría de 51 a 49 y el senador McCain está ausente por cáncer cerebral, el libertario Rand Paul de Kentucky amenazó con dar un voto definitivo contra Pompeo, declarando que se oponía al publicitado registro de apoya a la tortura del director de la CIA. Si Paul se hubiera unido a los 49 demócratas en oponerse a Pompeo, la nominación habría sido denegada.

Fue en esta coyuntura crítica el 20 de abril que la senadora demócrata, Heidi Heitkamp, de Dakota del Norte anunció que apoyaría la nominación de Pompeo a secretario de Estado, asegurando de esta manera los 50 votos necesarios para su confirmación. El 23 de abril, dos derechistas demócratas, Joe Donnelly de Indiana y Joe Manchin de West Virginia, le siguieron el paso.

Con la nominación asegurada, Rand Paul abandonó su simbólica oposición y anunció que también votaría a favor, concediéndole a Pompeo una mayoría un tanto mayor que la de su predecesor Tillerson, quien fue aprobado con un margen de 56 a 43.

El líder de la minoría del Senado, Charles Schumer, y el demócrata de rango en la comisión de relaciones exteriores del Senado, Ben Cardin, se manifestaron y votaron en contra de la confirmación de Pomepo, pero fue una charada política cínica. Schumer y Cardin en realidad están de acuerdo con algunas de las posturas más explosivas de Pomepo, como deshacerse del acuerdo nuclear con Irán.

Lo más fundamental es que los demócratas apoyan la postura militarista del Gobierno de Trump en asuntos exteriores, y solo la critican desde la derecha, afirmando que no es lo suficientemente beligerante contra Rusia y el presidente ruso, Vladimir Putin. Esa ha sido razón por la que apoyan la investigación del fiscal especial Robert Mueller sobre acusaciones fraudulentas de interferencia rusa en las elecciones del 2016.

En privado, los demócratas apoyan la nominación de Pompeo, un militarista desde hace mucho en relación con Rusia. Lo deja claro un editorial del 12 de abril en el Washington Post, uno de los principales voceros del ala demócrata de la élite política estadounidense y punta de lanza en la campaña antirrusa dirigida contra la Casa Blanca de Trump.

El editorial del Post, intitulado “Confirmen a Mike Pompeo”, indica que el nominado “fue firme contra Rusia, afirmando que los conflictos con ella fueron causados por el ‘mal comportamiento de Rusia’… El Sr. Pompeo reconoció que las sanciones contra el régimen de Vladimir Putin han sido inadecuadas y prometió ‘reiniciar… la disuasión”.

Un comentario aparte de un miembro de la junta editorial, Josh Rogin, aplaudió cuando Pompeo declaró ante la comisión de relaciones exteriores del Senado que, “Las acciones de esta Administración dejan en claro que la estrategia de seguridad nacional del presidente Trump correctamente identificó a Rusia como un peligro para nuestro país”.

Rogin enfatizó que Pompeo dijo en sus declaraciones preparadas que habría un mayor compromiso de EUA en Siria. “El Estado fallido de Siria representa una amenaza cada vez más grande para los derechos humanos, la seguridad nacional y la estabilidad regional —y merece una respuesta más severa—”, señaló Pompeo. Dos días después, Trump ordenaría bombardear al régimen sirio.

El ascenso de tal militarista y enemigo de los derechos democráticos tan solo confirma que ambos partidos de la élite gobernante estadounidense están comprometidos a la censura, a la criminalización de la disensión política y a la intensificación imprudente de las operaciones militares de EUA en todo el mundo, lo que conlleva una mayor amenaza de una nueva guerra mundial con armas nucleares.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 27 de abril de 2018)

Patrick Martin