Ken Livingstone es forzado a renunciar al Partido Laborista británico

24 mayo 2018

El exparlamentario y exalcalde de Londres, Ken Livingstone, ha dejado el Partido Laborista tras 50 años de ser miembro.

Su renuncia es el producto de una campaña difamatoria encabezada por seguidores de Tony Blair dentro de dicho partido y varias organizaciones sionistas, quienes han montado una caza de bruja por dos años alegando que el partido y la “izquierda” en general inundados de antisemitismo. Su propósito tiene dos partes:

El World Socialist Web Site tiene diferencias fundamentales con Livingstone y su perspectiva prolaborista y procapitalista. Sin embargo, las acusaciones en su contra de antisemitismo son calumnias repugnantes.

El antisemitismo es una ideología históricamente asociada con la derecha extrema y el fascismo, que lo utilizan para movilizar a secciones de la clase media en crisis contra la clase trabajadora y el movimiento socialista.

Durante los últimos 30 años, el término ha sido apropiado y utilizado inapropiadamente para silenciar la oposición política al sionismo y al Estado de Israel, pese a no relacionarse con raza, religión y ni origen étnico. Después de todo, hay copiosos ejemplos de defensores derechistas de Israel, cuyo interés corresponde a su conflicto con los pueblos musulmanes y sus políticas proimperialistas, pero que son férreos antisemitas.

La necesidad política de esta campaña para deslegitimar al antisionismo quedó expuesta de forma sangrienta con la masacre del 14 de mayo de 62 palestinos en la frontera con Gaza. El hecho de que Netanyahu estaba ocupado celebrando el 70º aniversario de Israel y la apertura de la embajada de EUA en Jerusalén junto a políticos ultraderechistas y predicadores fundamentalistas cristianos que solo esperan la destrucción final del pueblo judío como precursora a la segunda venida mesiánica.

El aclamado analista de Oriente Próximo, Jonathan Cook, publicó esta semana un examen de los orígenes de tales falsedades en torno a las acusaciones sobre un “nuevo antisemitismo” en la izquierda europea. Asociándolo directamente con el estallido del militarismo en Oriente Próximo, cita un artículo escrito por Daniel Goldhagen para el semanario judío estadounidense Forward del 2003, el año que inició la Guerra de Irak. Afirma que existe un “antisemitismo globalizado” cuyos “focos, en Israel al estar en centro de la región más conflictiva del mundo actual y en EUA como la potencia omnipresente mundial, son intransigentemente internacionales”.

Esta tesis fue retomada en un libro intitulado A New Antisemitism? Debating Judeophobia in 21st Century Britain (¿Un nuevo antisemitismo? Debatiendo la judeofobia en el Reino Unido del siglo XXI) por un grupo de intelectuales británicos judíos, incluyendo al director ejecutivo del Guardian, Jonathan Freedland, a la columnista del Daily Mail y antiguamente del Guardian, Melanie Phillips, y el rabino líder de Reino Unido en ese entonces, Jonathan Sacks. Todos ellos han desempeñado un papel importante en acusar a la “izquierda” corbynista de antisemitismo.

El “manual del nuevo antisemitismo fue rápidamente actualizado cuando Corbyn se convirtió en líder laborista”, concluye Cook, porque fue “el primer dirigente de un partido moderno europeo en priorizar el sufrimiento de los palestinos por encima del derecho de Israel de colonizar la patria palestina”.

Para estas fuerzas derechistas, la expulsión de Livingstone era un objetivo clave por su prominencia pública. Asimismo, el impacto de su renuncia será de gran alcance.

La decisión de Livingstone constituye una retirada imperdonable ante esta caza de brujas; sin embargo, la fuerza detrás de su renuncia parece haber sido Corbyn y sus asesores. Corbyn nunca defendió a Livingstone en los dos años desde su suspensión, mientras que muchos de los aliados de Corbyn, incluyendo su colega laborista Shami Chakrabarti, la exdirectora de Liberty, un grupo de derechos civiles y humanitarios, respaldaron la demanda de su expulsión.

Es probable que Corbyn haya podido evitar tal resultado aprovechando la lealtad de Livingstone para empujarlo a caer sobre su propia espada. Livingstone declaró: “Necesitamos desesperadamente un Gobierno encabezado por Corbyn para transformar a Reino Unido y seguiré trabajando en esta dirección… Los problemas continuos alrededor de mi suspensión el Partido Laborista se han vuelto una distracción de la cuestión política clave de nuestros tiempos…”.

Corbyn respaldó la decisión de Livingstone, indicando que era “lo correcto”. ¿Sobre cuáles fundamentos puede hacer tal declaración?

El único criterio bajo el cual eso es “lo correcto” es un deseo de aplacar a la derecha con la esperanza de alcanzar un compromiso que preserve la unidad del Partido Laborista. Si Corbyn hubiese llamado a oponerse a la caza de brujas contra su viejo aliado, esto habría provocado una poderosa respuesta entre su base de cientos de miles de simpatizantes. En cambio, con la aprobación de Corbyn, Livingstone renunció silenciosamente.

La decisión de Corbyn de lanzar a Livingstone a los lobos es tan solo el más reciente ejemplo de su determinado trayecto hacia dicha meta estratégica, estando dispuesto a sacrificar cualquier principio político y hasta a sus aliados más leales. Hace menos de un mes, con Corbyn otra vez urgiendo aquiescencia, Marc Wadsworth, un activista contra el racismo e integrante del Partido Laborista toda su vida, fue expulsado tras acusar a la líder parlamentaria y sionista, Ruth Smeeth, de coludir en un ataque mediático derechista.

Una batalla auténtica contra la derecha laborista y sus aliados sionistas y conservadores no puede ser librada bajo la dirección de Corbyn ni el resto de parlamentarios de “izquierda”, quienes han pasado sus vidas acomodados en los confines de la burocracia procapitalista y proimperialista del partido.

Lejos de apaciguar a la derecha, la disposición de Corbyn a “sacrificar” a Livingstone ha dejado un olor de sangre en el agua. Su renuncia conllevará una escalada en la eliminación selectiva de cualquiera en la izquierda que haya criticado a Israel, mientras la derecha toma con mayor fuerza las riendas del partido.

La parlamentaria laborista, Luciana Berger, una de las principales inquisidoras en esta campaña de antisemitismo, aplaudió la renuncia de Livingstone, pero dejó en claro que espera que rueden más cabezas. “Hay un número de irresueltos casos de alto perfil que el partido necesita procesar, algo que estamos esperando”, indicó.

Más allá, el impacto que tendrá la victoria de la derecha prosionista por encima de una figura de tan alto perfil tendrá repercusiones internacionales, ante todo en Israel y Estados Unidos, siendo utilizado como prueba del supuesto antisemitismo descontrolado de la izquierda y como justificación para llevar a cabo una censura y persecución políticas y sistemáticas.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 23 de mayo de 2018)

Thomas Scripps y Chris Marsden