Macri en Argentina responde a cuarta huelga general con otro ajuste del FMI

por Andrea Lobo
29 septiembre 2018

El martes, todas las principales ciudades de Argentina prácticamente se paralizaron durante la cuarta huelga general contra el Gobierno derechista del presidente Mauricio Macri, en un momento en que la economía del país se hunde cada vez más profundamente en una recesión y un espiral inflacionario.

Durante los últimos tres años, millones de argentinos han caído en el desempleo y condiciones económicas cada vez más desesperadas, con una tercera parte de la población y casi dos terceras partes de los niños que viven bajo la línea oficial de pobreza, según la Universidad Católica Argentina. Sesenta y dos por ciento de los hogares sufre de al menos una necesidad humana básica, sea comida, seguro médico, educación, servicios básicos, vivienda o acceso a la información.

El Gobierno espera que la inflación llegue a 42 por ciento este año y que la economía se contraiga 2,4 por ciento; sin embargo, ha impuesto techos para los aumentos salariales de entre 25 y 28 por ciento, los cuales han sido aplicados por los sindicatos.

El miércoles, Macri firmó un nuevo préstamo de $7,1 mil millones con el Fondo Monetario Internacional, para el cual prometió implementar recortes draconianos para reducir el déficit público a cero. Este acuerdo se suma a una serie de medidas desesperadas para frenar la fuga de capitales, incluido otro préstamo de $50 mil millones del FMI y la subida de las tasas de interés a 60 por ciento.

El enorme enojo social se vio reflejado en la huelga. Todos los medios indicaron que la huelga el martes tuvo la mayor participación de las cuatro, deteniendo todo el transporte público, los camiones de carga, varios aeropuertos, puertos y vastos sectores de la industria y los servicios privados, junto a escuelas, hospitales y otros servicios públicos. Varios sectores extendieron la huelga al miércoles.

Además, han surgido movimientos estudiantiles militantes en protesta contra las políticas de austeridad y amenazas de privatización. Varias facultades en la Universidad Nacional de Córdoba y la Universidad de Buenos Aires, además de colegios en algunas de las mayores ciudades, han presenciado huelgas estudiantiles y tomas de las instalaciones este mes.

Más allá, la tasa de aprobación de Macri ha caído de 50 por ciento en todo el 2017 a 26 por ciento el mes pasado.

Las burocracias sindicales, cuya mayoría había acordado una tregua con Macri al principio de su término, están conteniendo el enojo social por medio de huelgas o paros de un día, principalmente sectoriales o regionales.

La principal facción de la Confederación General del Trabajo (CGT), encabezada por Héctor Daer, continúa apoyando al Gobierno, pese a que ha amenazado con convocar más manifestaciones contra el acuerdo del FMI.

Otros sindicatos disidentes, incluidas ambas ramas de la Confederación de Trabajadores Argentinos (CTA) y el sindicato Camioneros bajo Hugo Moyano han comenzado a consolidar una nueva alianza, rebautizado la semana pasada como el Frente Sindical por el Modelo Nacional. Por su parte han amenazado con llamar “mil marchas y paros” para obligar a la coalición oficialista de Cambiemos a entregarle el poder a los sectores peronistas que se mantienen en torno a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, quien fue la que dio inicio al asalto de austeridad en marcha en 2014.

Durante la huelga, Macri estuvo en Estados Unidos reuniéndose con potenciales inversores y negociando el más reciente desembolso en el contexto de la Asamblea General de la ONU.

El martes por la noche, el centro de pensamiento basado en Washington D.C., Atlantic Council, le entregó a Macri el premio “Ciudadano Global 2018”. Lejos de ser un honor, el reconocimiento es una advertencia para los trabajadores y jóvenes argentinos que se oponen a las políticas derechistas del mandatario. El Atlantic Council ha provisto una plataforma para la organización de los crímenes de guerra más viscerales e intrigas neocoloniales del imperialismo estadounidense, mientras que actualmente es una de las agencias encabezando la coordinación de la censura en línea de puntos de vista izquierdistas, socialistas y antiguerra.

Este gesto es tan solo el más reciente espaldarazo de la élite gobernante estadounidense al Gobierno de Macri. Además del préstamo del FMI, calificaciones crediticias favorables de Wall Street y préstamos menores del Banco Mundial, el mismo Donald Trump ha expresado su apoyo al “compromiso” de Macri. Aceptando el premio, Macri agradeció: “el nivel de apoyo que los argentinos han recibido del mundo, y especialmente de Estados Unidos”.

El Banco Europeo de Inversiones de la UE también ha expresado su apoyo a las políticas de Macri y le ha ofrecido créditos especiales.

A pesar de este apoyo político y las enormes ganancias potenciales, los inversionistas permanecen escépticos. Los diarios argentinos reprodujeron preocupadamente un artículo en la primera plana impresa del Financial Times el miércoles, intitulado “La crisis argentina se profundiza con renuncia del jefe del banco central después de tres meses en el cargo”, que advierte sobre la huelga y la oposición a los “drásticos” planes de austeridad.

Dos días antes, Macri había visitado las oficinas en Nueva York del periódico británico, donde presuntamente afirmó que tenía un “gran apoyo popular”.

Argentina está probando ser uno de los eslabones más débiles de la economía internacional, al ser el más golpeado por una combinación de factores: alzas en las tasas de intereses, la guerra comercial de EUA contra China, la ralentización de la economía china y los mayores precios del petróleo, los que se espera que suban dramáticamente por las sanciones de EUA contra Irán el próximo mes. También está la continua crisis económica en Brasil, el principal socio comercial de Argentina.

El fuerte respaldo institucional de EUA se debe principalmente a temores de que un impago de la deuda y caída libre de la economía argentina desate una reacción en cadena internacional, con todas sus implicancias políticas y sociales.

Al mismo tiempo, a medida que el nacionalismo económico de “Estados Unidos ante todo” de Trump acelera el resquebrajamiento de la economía global en esferas rivales a lo largo de líneas comerciales, de divisas o alianzas militares, Washington persigue la consolidación de su control sobre América Latina, particularmente en contra de los crecientes lazos comerciales y préstamos masivos de China. En su discurso ante la Asamblea General de la ONU el martes, Trump reiteró las intenciones de su Gobierno de defender la hegemonía estadounidense globalmente por medios militares y económicos, incluyendo en contra de “la intrusión de potencias extranjeras expansionistas” en el hemisferio occidental.

La “renuncia” del titular del Banco Central, Luis Caputo, revela algunas de las contradicciones políticas y económicas que enfrenta Argentina. Los reportes indican que Caputo, un amigo personal de Macri, fue prácticamente expulsado por el FMI, debido a la oposición de la agencia a las ventas constantes por parte de Caputo de las reservas en dólares, incluyendo los préstamos frescos del FMI, para mantener el peso más a flote.

Su reemplazo por Guido Sandleris, quien ha trabajado en la Reserva Federal de Minneapolis, el Banco Interamericano de Desarrollo y el FMI, demuestra que la economía argentina está siendo administrada cada vez más como lo hace la junta fiscal designada por Wall Street que prácticamente gobierna Puerto Rico.

Desde los controles de precios directos bajo Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015) a las ventas de reservas en divisas de Caputo y ahora con Sandleris —quien promete “dejar atrás las intervenciones cambiarias”—, Wall Street está ordenando soltar más correa para un tipo de cambio e inflación cada vez más inmanejables, una política que a su vez permitirá fugas de capital más rápidas.

Dada la profundidad de la crisis, incluyendo la influencia agravante de las políticas del FMI, el castillo de naipes entero depende de un solo factor. Más temprano este mes, Michael Camilleri, exdirector de Asuntos Andinos en el Consejo de Seguridad Nacional del Gobierno de Obama, le indicó a Infobae: “Más allá de los detalles específicos de la negociación con el FMI, el interrogante más importante en este momento es si el presidente Macri mantendrá el apoyo público y el espacio político necesarios para ejecutar el plan de ajuste”, es decir, si podrá suprimir la oposición política por cualquier medio.

La presente crisis se define por la historia volátil de Argentina. Durante los ’60, la dictadura militar de Onganía congeló los salarios e impuso una fuerte austeridad en respuesta a la incipiente desaceleración de la economía mundial y el aumento de la deuda, que se había acumulado para financiar una industrialización y un crecimiento rápidos. Levantamientos sociales de masas hacia fines de la década tumbaron a Onganía y cuatro otros jefes de Estado.

La elección en 1973 de Juan Domingo e Isabel Perón dio paso a un breve retorno a mayores gastos sociales y en infraestructura, que solo eran posibles por un sector de exportaciones industriales aún vigoroso y asistido por las devaluaciones del peso. Sin embargo, esto fue pronto socavado por los efectos prolongados de la crisis petrolera de ese mismo año.

Durante la década anterior, las direcciones estalinistas, socialdemócratas, castristas y pablistas del movimiento de trabajadores descarrilaron las condiciones nacionales e internacionales cada vez más favorables para una revolución proletaria, a través de la subordinación de los trabajadores y jóvenes radicalizados detrás de movimientos guerrilleros pequeñoburgueses y suicidas o los partidos y sindicatos peronistas y nacionalistas burgueses.

El Gobierno peronista recortó los gastos e intensificó la represión aceleradamente, hasta que se produjo el golpe de Estado en marzo de 1976 que instaló una dictadura militar respaldada por EUA, la cual asesinó, desapareció y torturó subsecuentemente a decenas de miles de trabajadores y jóvenes.

Las condiciones económicas en el país e internacionalmente son todavía menos misericordiosas. Pese a la fuerte devaluación del peso, que debería hacer las exportaciones más “competitivas”, la balanza comercial ha caído por 20 meses seguidos y la producción industrial se contrajo 8,1 por ciento durante los primeros seis meses de 2018, comparado al mismo periodo el año pasado.

Sin importar que Macri termine o no su término, o si el peronismo o alguna coalición populista de “izquierda” llegue al poder, si los trabajadores y jóvenes no desarrollan un movimiento revolucionario independiente e internacionalista contra el imperialismo y toda la estructura de gobierno capitalista en Argentina, incluyendo sus sindicatos corporativistas, se enfrentarán a un futuro permanente de pobreza, guerra, dictadura policial-militar y fascismo.

(Publicado originalmente en inglés el 28 de septiembre de 2018)