El candidato fascistizante Bolsonaro amplía ventaja para la segunda ronda en Brasil

por Miguel Andrade
18 octubre 2018

Una semana y media después de la sorprendente primera ronda de las elecciones presidenciales de Brasil, que casi le dieron una victoria absoluta al demagogo fascistizante, Jair Bolsonaro, quien ganó el 46 por ciento de los votos, las encuestas indican que puede obtener hasta el 60 por ciento el 28 de octubre. Actualmente lleva una ventaja del 20 por ciento sobre el candidato del Partido de los Trabajadores (PT), Fernando Haddad, quien ganó el 29 por ciento de los votos en la primera ronda y ahora la ventaja sobre este ha crecido significativamente hasta llegar al 40 por ciento.

Sin embargo, dado el carácter frenético y en crisis del proceso electoral brasileño de este año, no se puede descartar una victoria sorpresiva de Haddad, especialmente dado que Bolsonaro contaba con solo el 30 por ciento en las encuestas apenas una semana antes de la primera ronda de votaciones.

Al mismo tiempo, la impactante ventaja de Bolsonaro fue consistente con los resultados de las elecciones del Congreso Nacional. Su Partido Social Liberal (PSL) pasó de solo un representante elegido en 2014 a 52 legisladores el 7 de octubre, solo cuatro menos que el PT. Los antiguos aliados del PT en el Movimiento Democrático Brasileño, el partido del presidente Michel Temer, quien asumió el cargo después del juicio político en 2016 contra la presidenta del PT, Dilma Rousseff, y la antigua oposición derechista del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) vieron cómo caía su popularidad a la mitad. El PT también perdió el 20 por ciento de sus escaños en la Cámara de Diputados, bajando a 513 escaños, con resultados análogos para cada uno de estos partidos en el Senado.

El desglose de la votación no deja ninguna duda de que las elecciones equivalieron a un referéndum sobre los 14 años de gobierno del PT, que culminaron en el juicio político de Rousseff y la Administración derechista de Temer.

Bolsonaro obtuvo entre 25 y hasta 40 puntos porcentuales más que Haddad en todas las principales regiones industriales y viejos bastiones del PT, incluidas las llamadas ciudades ABC que forman el cinturón industrial "rojo" de São Paulo, donde se fundó el PT en 1980. Hubo cifras similares en todos los centros de las industrias brasileñas de extracción y refinación de petróleo en São Paulo y Río de Janeiro, así como en ciudades con historias de amargas luchas sindicales y ocupaciones de plantas que ocurrieron hasta bien entrados los años ’90, como el centro siderúrgico de Volta Redonda. Lo más sorprendente es que obtuvo resultados similares en todas las ciudades del estado de Río de Janeiro, donde el PT había ganado en todas las elecciones presidenciales desde el final de la dictadura militar respaldada por Estados Unidos de 1964-1985, excepto en 1994. Bolsonaro, quien ha sido diputado por siete períodos seguidos como representante de Río de Janeiro, fue parte de la alianza del PT en el Congreso hasta el juicio político de 2016.

Los amplios márgenes a favor de Bolsonaro, pese a ser impactantes, son principalmente el resultado de la ausencia de cualquier alternativa de izquierda al PT que pueda dar voz a las quejas de los trabajadores.

Los acontecimientos desde la primera ronda solo han expuesto con absoluta claridad que, independientemente de quién gane, Brasil tendrá el Gobierno más derechista desde el final de la dictadura. Una victoria electoral del PT no proporcionará ninguna defensa para la clase obrera contra el grupo de generales detrás de la campaña demagógica del fascista Bolsonaro, quienes ya abrieron la posibilidad de un auto golpe de Estado a través de la postulación del general Hamilton Mourão como vicepresidente junto a Bolsonaro. Esto significaría movilizar al ejército en caso de una oposición generalizada.

La victoria de Bolsonaro ha servido para empujar al PT hacia la derecha, mientras encubre sus políticas reales a través de su llamado a la formación de un "frente democrático". Esta operación cínica está ganando el apoyo unánime de la pseudoizquierda en Brasil, que ha intentado maquillar la campaña del PT, un partido burgués de derecha, con el lenguaje de un "frente unido", distorsionando así por completo la política desarrollada por León Trotsky para movilizar a la clase obrera en la lucha contra el fascismo en los años treinta.

Apenas un día después de las elecciones, la primera acción del PT fue abandonar el uso del color rojo para identificar su campaña, esencialmente adaptándose a la afirmación de Bolsonaro de que los trabajadores se han vuelto hostiles al socialismo. En cambio, anunció que usaría los colores “verde y amarillo”, aquellos de la bandera brasileña, los cuales son esencialmente indistinguibles de los de la campaña de Bolsonaro.

Con un oportunismo sorprendente, también se deshizo de cualquier referencia al expresidente del PT, Luiz Inácio Lula da Silva, encarcelado por cargos de corrupción. Haddad reemplazó a Lula como candidato presidencial del PT después de una prolongada batalla legal que no logró superar una prohibición legal para que el expresidente encarcelado se postulara para el cargo.

Inicialmente, el PT creía que promover a Haddad como el abanderado de Lula garantizaría la victoria del partido. Avanzó la consigna "Haddad como presidente y Lula en el poder". Sin embargo, las encuestas indicaron que la mayoría de la población brasileña se opone a la liberación de Lula de la cárcel. Para cortar sus pérdidas, el PT ahora ha abandonado a Lula.

En nombre de la ampliación de su "frente antifascista", el PT ha lanzado cada vez más apelaciones a las grandes empresas. El portavoz mediático del partido, Brasil247, ha publicado repetidamente titulares proempresariales como "Bolsonaro traiciona a los mercados, niega las privatizaciones" (10 de octubre), "Los alemanes hablan de romper las alianzas estratégicas en caso de que Bolsonaro gane" (13 de octubre), e incluso aplaudió la crítica de la ultraderechista francesa, Marine Le Pen, quien describió los comentarios de Bolsonaro sobre las mujeres y los gays como “cosas extremadamente desagradables" (también el 13 de octubre).

Desde la primera ronda de elecciones, Haddad se ha reunido con la Confederación Nacional de Obispos de Brasil para firmar un pacto que abandona cualquier referencia al derecho al aborto en el programa electoral del PT. Además, lanzó un llamamiento sectario a los votantes católicos, expresando su preocupación de que la extrema derecha emprendería contra la Iglesia Católica y advirtió que los líderes evangélicos "tienen un proyecto de poder". El PT también ha movilizado a sus partidarios para inundar las redes sociales con ataques contra Bolsonaro por sus tres divorcios y dos hijos nacidos fuera del matrimonio, mientras celebran el “matrimonio de 30 años” de Haddad y destacan el hecho de que su abuelo era un sacerdote ortodoxo griego en Líbano, el país del cual emigró su familia a Brasil.

El domingo pasado, los voceros del PT dijeron a los medios que para ganar el apoyo del derechista PSDB contra Bolsonaro, Haddad había invitado al economista neoliberal del PSDB y expresidente del banco central, Pérsio Arida, a unirse a su Gobierno como posible ministro de finanzas.

Antes de la elección de la primera ronda, el PT había apoyado las manifestaciones convocadas bajo la bandera de #elenao (#élno), que a finales de septiembre atrajo a cientos de miles a las calles contra Bolsonaro, a pesar de la estrecha perspectiva feminista de sus dirigentes de clase media-alta.

Después de que una encuesta del 1 de octubre mostrara un salto del 4 por ciento a favor de Bolsonaro, el PT se desvinculó de #elenao con la velocidad de un rayo, aceptando las críticas de una capa de profesores pseudoizquierdistas, desmoralizados y amargados que afirmaron que "las feministas con senos expuestos" en las manifestaciones habían provocado un “rechazo" de entre los trabajadores, haciendo que viraran hacia Bolsonaro.

El editor de Brasil247, Mauro Lopes, declaró que "Lula y el PT no cometieron el error de poner al fascismo en el centro del debate". En otras palabras, la mejor acción para contrarrestar a la extrema derecha era que los brasileños votaran y se fueran a casa.

Ante los votos de Bolsonaro de que "terminará con todo el activismo" en Brasil para arreglar la economía, la respuesta del PT es de apaciguamiento y traición. Los militares y los empresarios han dejado en claro que su objetivo es el desarrollo de un movimiento de extrema derecha dirigido contra las masas. Su ataque a los camioneros en huelga en mayo, quienes fueron abandonados por el PT para no interferir con las maniobras electorales del partido, y su apoyo a Bolsonaro han dejado esto muy claro.

Esta amenaza solo se intensificará después de las elecciones, sea con la llegada de un Gobierno "democrático" del PT o de Bolsonaro. Ante esta amenaza, el PT y su federación sindical afiliada, la CUT, trabajan día y noche para atarles las manos de las masas de trabajadores.

Este esfuerzo es apoyado por toda la pseudoizquierda en Brasil, incluyendo a los morenistas del PSTU, quienes solicitaron la destitución de Rousseff en 2016. Estas organizaciones están bajo una inmensa presión de clase desde su base social, es decir, las capas privilegiadas de la pequeña burguesía que se siente amargada por el giro de la clase trabajadora lejos del PT y que culpa a los trabajadores por el ascenso de Bolsonaro.

Después de las elecciones de la primera ronda, se convocaron reuniones en las universidades donde se distribuyeron folletos sobre "cómo hablar con un partidario de Bolsonaro" en otro intento de encubrir las traiciones del PT.

Los trabajadores y los jóvenes que buscan luchar contra la extrema derecha de Brasil deben, ante todo, rechazar el llamado a un "frente unido" con el PT, un partido burgués que es el principal responsable del ascenso del fascista Bolsonaro y que exige la subordinación de los trabajadores a su programa capitalista de derecha.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 17 de octubre de 2018)