La clase obrera y el socialismo

11 febrero 2019

El lunes, el presidente estadounidense, Donald Trump, remató su discurso del “Estado de la Unión” declarando, “Aquí, en Estados Unidos, estamos alarmados ante los nuevos llamados a adoptar el socialismo en nuestro país… Esta noche, reafirmamos nuestra determinación de que Estados Unidos nunca será un país socialista”.

Tan solo tres días después de la diatriba antisocialista de Trump, el Buró de Estadísticas Laborales (BLS, por sus siglas en inglés) publicó un reporte precisamente lo que motiva este temor hacia el socialismo: la expansión de la lucha de clases. Según el BLS, el número de trabajadores que participaron en huelgas el año pasado fue el mayor desde 1986, hace más de tres décadas. El año pasado más de medio millón de trabajadores estadounidenses hicieron huelga, 20 veces más que en 2017.

El paro más grande fue la huelga en abril de 81.000 maestros y personal educativo en Arizona, resultando en 486.000 jornadas laborales perdidas. La huelga de 20.000 docentes en Oklahoma ese mismo mes resultó en 405.000 jornadas laborales perdidas. El BLS añadió, “también ocurrieron importantes paros laborales a nivel estatal en los servicios educativos en West Virginia, Kentucky, Colorado y Carolina del Norte”.

Esta ola de luchas se intensificó aún más con el Año Nuevo, tanto en EUA, como en el resto de América del Norte y todo el mundo. Setenta mil trabajadores de autopartes en Matamoros, México, lanzaron una importante huelga que ya ha afectado la producción automotriz en Estados Unidos y que está expandiéndose a otros sectores de la clase obrera.

Este es tan solo el comienzo. Desde el aplastamiento de la huelga de PATCO en 1981, la burguesía estadounidense ha presidido décadas de desindustrialización, despidos masivos y concesiones salariales y en prestaciones. Los sindicatos han colaborado en la implementación de todas estas medidas, traicionando toda lucha, respaldando cada cierre de planta y llamando cada derrota una victoria.

Esto ha resultado en la mayor redistribución de riqueza de pobres a ricos en la historia de Estados Unidos.

Tan solo tres personas en Estados Unidos controlan la misma riqueza que la mitad más pobre de la sociedad. En los diez años desde la crisis financiera de 2008, el número de milmillonarios casi se duplica. Cada dos días, hay un nuevo milmillonario.

Durante el último año, la riqueza de los milmillonarios en dólares a nivel global aumentó $2,5 mil millones por día. En este periodo, la riqueza de la mitad más pobre de la humanidad colapsó un impactante 11 por ciento.

Los intereses sociales y políticos de la vasta mayoría de la población no encuentran expresión en ningún sector de la élite política. Cada vez más, la política ultraderechista de Trump se arraiga en la característica principal de todo movimiento fascistizante: el odio explícito hacia el socialismo.

Por su parte, el Partido Demócrata, centra su política en rechazar cualquier apelación a la clase obrera. En cambio, ha buscado crear un movimiento “populista” en torno a una amalgama de identidades raciales y culturales con base en la ficción de que la división básica de la sociedad no son las clases, sino las razas y géneros. Esta es la política de la clase media-alta, la cual compite por mejores posiciones de poder y privilegio, alineadas con secciones dominantes de la oligarquía financiera y el aparato militar y de inteligencia.

Como dosis de anestesia política, los demócratas han elevado a un puñado de figuras como el senador Bernie Sanders y la representante Alexandria Ocasio-Cortez, cuya tarea es darle una capa de brillo izquierdista a este partido derechista.

Sin embargo, en sus réplicas sobre el discurso del “Estado de la Unión” de Trump, ambos dejaron en claro que no son de hecho socialistas. Cuando le preguntaron si “el socialismo” es “un mensaje que está ganando”, Ocasio-Cortez declaró, “al final del día, no se trata de un ‘-ismo’. Creo que eso es exactamente lo que está intentando hacer el presidente. Busca calificar incorrectamente, incriminar, asociar”.

En su respuesta de 27 minutos al discurso de Trump, Sanders se rehusó a emplear el término socialismo excepto peyorativamente, quejándose de que Estados Unidos tiene “socialismo para los ricos”.

Comentando sobre la invocación de la “Amenaza socialista” por parte de Trump, el columnista del New York Times, Paul Krugman, un apologista de los demócratas, declaró, “La prensa derechista retratará a quien sea que los demócratas nominen para presidente como el segundo advenimiento de León Trotsky”, añadiendo: “Esperemos que el resto de la prensa reporte el pequeño secreto limpio del socialismo estadounidense, de que no es radical del todo”.

En esto, Krugman tiene razón. Sanders y Ocasio-Cortez no son “radicales del todo”, ni mucho menos auténticos socialistas.

Hace 170 años, en el nacimiento del movimiento socialista moderno, Karl Marx y Friedrich Engels declararon en El manifiesto comunista que “Ya es hora de que los comunistas publiquen abiertamente y ante todo el mundo sus puntos de vista, sus objetivos, sus tendencias, saliendo así al paso de ese cuento de cuna del espectro comunista con un manifiesto de su partido”.

Ahora, cuando este “espectro del comunismo” atormenta a la clase gobernante, los socialistas deben proclamar claramente por lo que luchan. Los socialistas no llaman a pasar unas cuantas reformas, las cuales son imposibles bajo el capitalismo, sino la toma de la riqueza de la clase dominante y la reorganización total de la sociedad. Llamamos a transformar todas las principales empresas en utilidades públicas, controladas democráticamente por la clase obrera para asegurar el derecho social básico de todos a la atención médica, la educación, un trabajo bien remunerado y una jubilación garantizada.

El desarrollo de la lucha de clases entraña una lógica objetiva. Las luchas en los lugares de trabajo y comunidades están enfrentando a los trabajadores cada vez más directamente en contra de los sindicatos, los cuales son organizaciones antiobreras. Esto exige la formación de comités independientes en cada fábrica y centro laboral para unir a las secciones más amplias posibles de la clase obrera.

Hoy, el Comité Directivo de la Coalición de los Comités de Base y el Boletín de los Trabajadores Automotores del WSWS están realizando una manifestación para oponerse a los despidos de miles de trabajadores de General Motors y otras empresas. Será un paso crítico en la organización de la clase obrera, independientemente de los sindicatos, contra los dictados de la élite corporativa y financiera.

Más allá, las luchas en desarrollo de la clase obrera asumirán una orientación cada vez más explícitamente anticapitalista y de un carácter socialista. Como lo temen Trump y toda la clase gobernante, la lógica de las luchas de la clase obrera se dirige hacia una huelga general que suscitará la cuestión del poder político y de la reorganización de la sociedad con base en las necesidades sociales y no el lucro privado.

El programa político que representa los intereses de la clase obrera es el socialismo. La realización de este programa requiere la construcción de una dirección política. El Partido Socialista por la Igualdad, junto a sus partidos hermanos en el Comité Internacional de la Cuarta Internacional, está encabezando esta lucha por armar el movimiento objetivo de la clase obrera con una estrategia revolucionaria y una perspectiva socialista intransigentes.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 9 de febrero de 2019)

Andre Damon