Cómo el WRP traicionó al trotskismo:1973-1985

29. El WRP y la lucha irlandesa: un caso de hipocresía chauvinista

Declaración del Comité Internacional de la Cuarta Internacional
12 febrero 2019

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Este es el vigesimonoveno de 43 capítulos que se publicarán diariamente. Originalmente fueron publicados como el Volumen 13, no. 1, de la revista Fourth International en el verano de 1986.

En 1985, después de un proceso prolongado de degeneración, el Workers Revolutionary Party, la sección británica del CICI, rompió en definitiva con el trotskismo. En mayo y junio de 1986, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional se reunió y realizó un exhaustivo análisis de las cuestiones teóricas, políticas e históricas involucradas en el colapso del WRP. “Cómo el WRP traicionó al trotskismo: 1973-1985” fue una labor clave en rearmar al movimiento y prepararlo para las batallas políticas en torno a la construcción de una dirección revolucionaria en la clase obrera. Estas lecciones son vitales para el desarrollo de nuevas secciones del CICI internacionalmente. 

Desde 1976 la política del WRP se caracterizó por el abandono completo de la teoría trotskista de la revolución permanente y por una adaptación al nacionalismo burgués; abandono que asumió dimensiones grotescas. La perspectiva central de establecer la independencia política de la clase trabajadora, sin la cual no puede existir una estrategia de revolución proletaria, fue liquidada plenamente en pos de alianzas contrarrevolucionarias con la burguesía semicolonial. Healy y Banda hicieron nuevos amigos por todo el mundo, desde el burgués radical Gadafi hasta el sanguinario tirano Galtieri. Crearon excusas, disculpas y justificaciones para sus crímenes y traiciones incluyendo el llamado libio a que la OLP se autoinmolara y la ejecución de comunistas iraquíes.

Sin embargo, una lucha nacional en particular no estuvo sujeta a tal flexibilidad por parte del WRP: la de los republicanos irlandeses contra el imperialismo británico. Los volúmenes de Marx y Lenin que habían estado acumulando polvo en la biblioteca del WRP eran extraídos cada vez que explotaba una bomba del Ejército Republicano Irlandés (IRA, por su sigla en inglés) en Londres y se escogía alguna cita contra el terrorismo de un fichero preparado especialmente. Uno pensaría que la única contribución de Marx a la cuestión irlandesa consistía en denuncias contra la nitroglicerina.

La prueba de fuego de la actitud del WRP hacia el derecho de las naciones oprimidas a la autodeterminación no eran Libia, Irak, ni Argelia —como recientemente sugirió Banda para cubrir sus propias huellas—. El factor decisivo de lucha contra el imperialismo en el Reino Unido es la defensa intransigente del derecho del pueblo irlandés a unificar su país. La actitud de Healy, Banda y Slaughter era una mezcla fétida de chauvinismo y cobardía. La última serie de artículos dignos del trotskismo sobre la cuestión irlandesa que apareció en la prensa del WRP fue escrita por el finado Jack Gale a comienzos de los ’70. Eso fue antes de que el WRP cesara toda labor para construir una sección irlandesa del Comité Internacional.

La hostilidad del WRP hacia la lucha irlandesa aumentó en proporción directa a su adaptación a las burguesías nacionales de Oriente Próximo, demostrando que esas relaciones no se habían desenvuelto como parte de una estrategia antiimperialista sino como un engaño político para asegurar recursos materiales para las maniobras de Healy con secciones de la aristocracia del movimiento obrero británico. Es obvio que las denuncias feroces contra el “terrorismo del IRA” tenían menos que ver con la defensa de los principios de la teoría marxista o con la educación de trabajadores y jóvenes irlandeses que con la ansiedad de los dirigentes del WRP sobre su propia situación legal y sus relaciones con los reformistas laboristas.

Poniendo a un lado toda especulación sobre los motivos personales de Healy y Banda, la actitud de estos con respecto a la cuestión irlandesa tenía un significado político particular expresado en varios documentos políticos del WRP. Para 1981, la dirección del WRP estaba firmemente encaminado hacia rechazar el derecho incondicional de la autodeterminación irlandesa. Es más, hay que señalar que la declaración más abominable del News Line apareció después de que ocurriera ese cambio político.

En el Manifiesto del ‘81 adoptado en el Quinto Congreso, previamente mencionado, el enfoque del WRP sobre la lucha irlandesa hedía al paternalismo arrogante de la burocracia laborista. El WRP no definió su programa en términos de la lucha revolucionaria por aplastar el imperialismo británico, sino desde el punto de vista de “Una política del gobierno en el norte de Irlanda … basada en el respeto escrupuloso de los principios de no intervención y de la autodeterminación del pueblo irlandés” (pág. 19).

Ese es el lenguaje de los “libros blancos” imperialistas y de Whitehall. Los tres párrafos dedicados a Irlanda nunca pidieron que la clase trabajadora británica demande la libertad del pueblo irlandés. Es difícil creer que en una declaración que presentaba el programa que el WRP intentaba implementar cuando estuviera en el poder había una referencia al “norte de Irlanda”, indicando así que el “gobierno obrero revolucionario” de su majestad bajo el primer ministro Healy y el secretario de Relaciones Exteriores Van Der Poorten (Banda) reconocería la división de los seis condados de 1921 y, aún más increíblemente, ¡los seguiría considerando como parte de Reino Unido! Uno no puede sino preguntarse con ansiedad qué terrible suerte les esperaba a los prisioneros de guerra del IRA una vez que el secretario del Interior Slaughter hubiera estudiado sus antecedentes.

La próxima resolución dirigida a la cuestión irlandesa era la magnum opus de Banda llamada “La revolución permanente de Trotsky hoy”. Si “el viejo” hubiese vivido para ver ese inverosímil documento, se habría disociado públicamente de él declarando “si eso es el trotskismo, yo no soy trotskista”. Otra vez, la lucha nacional de Irlanda no merecía más que tres breves párrafos, escondidos en una sección del documento llamada “Victoria a la OLP”. En realidad, esos párrafos no hablaban de la lucha irlandesa. En cambio, las referencias a Irlanda no eran más que un marco de referencia para hacer unas críticas faccionales contra la tendencia “Militant” del Partido Laborista.

Mientras que el documento de Banda reconoce la legitimidad histórica de varias tendencias nacionalistas burguesas como el Kuomintang chino, el Congreso Nacional Indio y los regímenes del Partido Baaz Árabe Socialista de Irak y Siria y proclamaba su “defensa incondicional de Cuba, de los sandinistas nicaragüenses y del FMLN salvadoreño contra el imperialismo estadounidense” (págs. 10-11), parece que Banda se olvidó de Irlanda y del IRA y que nadie en la dirección del WRP se dio cuenta. 

La causa probable de ese descuido fue explicada finalmente un año más tarde, en el último documento programático producido en conjunto por Healy, Banda y Slaughter: la Resolución del Séptimo Congreso de diciembre de 1984. La lucha irlandesa fue mencionada como “parte inseparable de la revolución socialista británica” —una pretensión que, vista en el contexto de la evolución derechista del WRP, le daba una hoja de parra ortodoxa a la indiferencia práctica hacia las responsabilidades específicas de los trotskistas británicos en la lucha contra la dominación británica sobre Irlanda—. Como demostraremos en seguida con pasajes que aparecieron en el News Line, la lucha irlandesa era considerada simplemente a través del prisma de la evolución de la lucha de clases en Reino Unido y de los intereses prácticos del WRP.

Con citas del famoso pasaje de Lenin contra los formalistas del movimiento obrero que difamaban la Rebelión Irlandesa de 1916 por ser un “golpe de Estado”, los dirigentes del WRP optaron por distanciarse de esa definición clásica de la actitud marxista hacia las guerras de liberación nacional. Escribieron:

Las palabras de Lenin, sin embargo, no agotaron los problemas concretos impuestos por la lucha nacional irlandesa hoy, durante este período —que no es de guerras imperialistas ni de la dominación del reformismo sobre la clase trabajadora británica— sino del resquebrajamiento del reformismo y de la evolución de la revolución socialista en Gran Bretaña e Irlanda (pág. 58).

Esa cita iba acompañada de una serie de críticas totalmente correctas sobre las limitaciones del republicanismo que hicieron el hincapié correcto en el papel decisivo de la lucha proletaria irlandesa para resolver la cuestión nacional. Pero el carácter sospechoso de esas declaraciones quedó asentado en ese pasaje —que reemplaza la caracterización científica de la época, elaborada por Lenin, con una definición “nueva” que, en una segunda lectura, no era más que una excusa para subordinar toda la cuestión irlandesa a las coyunturas de la política británica. Desde el punto de vista marxista, no se añadía nada contraponiendo “el período del resquebrajamiento del reformismo y la evolución de la revolución socialista en Gran Bretaña e Irlanda” a la definición verdadera del imperialismo de Lenin —que, en base a un estudio objetivo histórico de la economía mundial, caracterizó como la víspera de la revolución socialista—. Además, por definición, el imperialismo, que Lenin llamó “reacción de pies a cabeza”, es un heraldo del colapso del reformismo. O sea que la referencia del WRP al “dominio del reformismo” era una frase artificial y no marxista contrabandeada para justificar su actitud paternalista y egoísta hacia la lucha irlandesa.

Así que el WRP denunciaría una y otra vez las acciones terroristas del IRA primordialmente desde un punto de vista chauvinista y egoísta —es decir, de sus efectos negativos en la lucha de clases en Gran Bretaña o, mejor dicho, de las jaquecas que le daba al WRP— en vez de criticar al republicanismo burgués desde un punto de vista de principios que reconocían el gran significado histórico de la lucha nacional irlandesa y que demostraban la inhabilidad del nacionalismo burgués de unificar a la nación irlandesa y de lograr su independencia del imperialismo británico. Una “crítica” que, en vez de comenzar con la incapacidad del nacionalismo burgués de unificar la isla, comenzaba denunciando el terrorismo, ponía una vergonzosa interrogante sobre la firmeza de su propósito de completar la revolución democrática bajo la dirección de la clase trabajadora.

Examinemos cómo aparecía esa línea en la práctica. En julio de 1982, el IRA puso una bomba en el Hyde Park de Londres donde murieron varios soldados y caballos, lo cual fue denunciado por el News Line en un editorial defendido la semana siguiente bajo la columna de “Preguntas y respuestas”.

Bombardeo del IRA en los cuarteles del Ejército en Londres

Diciendo que la bomba explotó: “Bajo condiciones en las que surge el movimiento de masas contra los conservadores”, el News Line decía que “Las bombas fueron un regalo político para Thatcher, quien no perdió nada de tiempo en sacar partido. A pocos días se le dio un gran aumento salarial a la policía y la SAS fue enviada a formar parte de las fuerzas de seguridad para una conmemoración por la guerra de las Falkland en St. Pauls.

“Todo eso ha sido acompañado de una campaña racista contra los trabajadores irlandeses en Gran Bretaña y con un nuevo diluvio de patriotismo de la prensa.

“Por eso nosotros les pedimos a los movimientos laborista y sindical que denuncien las bombas como una provocación del Estado. ...” (27 de julio de 1982).

Esa declaración calumniaba al IRA, que había asumido la responsabilidad de la acción. También introducía una novedad táctica previamente desconocida en la Cuarta Internacional, la “oposición coyuntural al terrorismo individual”.

Presumiblemente, Healy y Banda —que de paso no estaban tan entusiasmados con la “lucha armada” cuando ocurría cerca de Clapham— tomarían una actitud diferente hacia el terrorismo individual durante los reflujos de la lucha de clase, es decir, ¡precisamente durante esos momentos en los que los marxistas deben combatir con más determinación esos métodos subjetivos!

En diciembre de 1983, justo cuando el WRP defendía la traición de los trabajadores de imprenta por la burocracia de SOGAT (descrita como hombres de “opiniones políticas moderadas”), se refirió al atentando en Harrods con una denuncia histérica del IRA. El News Line usó argumentos tan cínicos y oportunistas que logró minar la lucha principista del marxismo contra el terrorismo individual.

En un ultraje a los obreros londinenses y al Concejo del Gran Londres (GLC) dirigido por los laboristas, que han defendido valientemente [!] el derecho del pueblo irlandés a la autodeterminación. También es un regalo de Navidad inesperado pero muy grato para la primera ministra Thatcher y su odiado gobierno conservador en crisis (19 de diciembre de 1983).

Ese editorial de casi una página no tenía nada que ver con una crítica principista del terrorismo y todo que ver con la glorificación del GLC y de reformistas ambiciosos como Livingstone. ¿Cuáles barricadas estaban siendo defendidas “valientemente” por los burócratas del GLC a favor de la autodeterminación irlandesa? El News Line se hincó con respeto ante el “gesto firme de apoyo” de Livingstone hacia los éxitos electorales del IRA y avisó que esos nobles actos de solidaridad sufrían “daños necios” con el “actuar barbárico” del Sinn Fein, cuya “xenofobia reaccionaria” se había convertido en un “odio ciego de todo lo británico”.

Esas aseveraciones no solo revelaron la putrefacción política de la relación del WRP con el GLC. También desenmascararon la superficialidad del concepto que Healy y Banda tenían de la autodeterminación, que no tenía nada que ver con el trotskismo. Ponerse en contra de las bombas del IRA y alabar las balas de papel de la prensa del GLC equivale a abandonar completamente la defensa marxista de la autodeterminación. Como dijo Trotsky:

Lo que caracteriza al bolchevismo sobre la cuestión nacional es que su actitud hacia las naciones oprimidas, aún las más atrasadas, considera a estas tanto objetos como sujetos de la política. El bolchevismo no se limita a reconocer su “derecho” de autodeterminación y a protestas parlamentarias hacia los ataques sobre ese derecho. El bolchevismo penetra la nación oprimida; la levanta contra sus opresores; vincula la lucha suya con la lucha del proletariado de los países capitalistas; instruye a los chinos, indios o árabes oprimidos en el arte de la insurrección y se hace responsable de esa tarea contra los verdugos civilizados. Solo así comienza el bolchevismo, es decir, el marxismo revolucionario, en la práctica. Todo lo que no cruza esa frontera es centrismo (Germany 1931-32, New Park, págs. 133-34).

La lucha por esas medidas bolcheviques no tiene significado sin batallar para construir secciones de la Cuarta Internacional en el propio país oprimido. Es sobre esa cuestión que Healy rompió totalmente con el trotskismo. Ese es el verdadero significado de su degeneración política y de su capitulación al imperialismo británico.