El retiro estadounidense del tratado de misiles desata una carrera armamentística nuclear y global

22 febrero 2019

Medio siglo después de que la crisis de misiles en Cuba colocara a la civilización humana a un pelo de su destrucción, Washington está avivando un enfrentamiento global y nuclear incluso más peligroso.

El mes pasado, la Casa Blanca anunció que Estados Unidos dejaría el Tratado de Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio (INF, por sus siglas en inglés), el cual prohíbe el despliegue de misiles terrestres con rangos de menos de 8.000 kilómetros.

Los estrategas y centros de pensamiento militares han dejado en claro que el Pentágono tiene planes de desplegar misiles con capacidad nuclear de rango corto e intermedio en Europa del Este, así como en islas fuera las costas chinas. Este mes, el Pentágono dijo que había acelerado sus planes para desplegar armas prohibidas por el tratado, declarando que “iniciaremos con los sistemas antes inaccesibles”.

El miércoles, el presidente ruso, Vladimir Putin, dijo que Rusia tomaría represalias proporcionales y “asimétricas” al despliegue de misiles estadounidenses en Europa, dejando en claro que su blanco serán las plataformas de lanzamiento y “centros de comando” estadounidenses, incluyendo Washington y las capitales europeas.

Putin declaró que, si Estados Unidos despliega tales misiles, podrían “alcanzar Moscú en tan solo 10-12 minutos”, una situación que sería “peligrosa para Rusia”.

El mandatario ruso dijo que el enfrentamiento se está asimilando cada vez más a la crisis de misiles cubanos en 1962. La situación actual tiene paralelos claros con dicho acontecimiento, el cual fue provocado por la colocación estadounidense de misiles balísticos Jupiter en Turquía en 1961. La Unión Soviética respondió desplegando sus propios misiles nucleares de rango intermedio en Cuba, tan solo 160 kilómetros de la costa floridense. Muchos participantes han dado testamento de lo cerca que estuvo una guerra nuclear.

Un misil de crucero Tomahawk disparado desde un sistema de lanzamiento vertical marca 41 de EUA. Estos sistemas de lanzamiento están instalados en los sistemas de misiles de defensa de EUA en Europa del este.

Los planes estadounidenses de desplegar misiles en violación al tratado INF ya están avanzados. En su discurso, Putin denunció que los sistemas antimisiles estadounidenses instalados en Polonia y Rumanía eran completamente capaces de lanzar misiles Tomahawk de rango intermedio con ojivas nucleares. Mientras que las acusaciones de Washington de que Rusia está infringiendo el tratado INF son infundadas, el Boletín de Científicos Atómicos ha respaldado la acusación de Putin, declarando, “información disponible al público deja en claro que los sistemas estadounidenses basados en [el sistema de defensa de misiles balísticos] Aegis en Europa del este, si son cargados con misiles de crucero, podrían de hecho infringir el INF”.

El Boletín añadió: “Si los sistemas basados en Aegis en Europa del este fueran entregados con misiles de crucero estadounidenses, sean Tomahawk o un nuevo misil que Rusia acuse a EUA de desarrollar, se convertirían en fuerzas ofensivas temerosas, desplegados en las fronteras de Rusia. Es poco lo que Rusia puede hacer para saber si estuvieran cargados los sistemas Aegis con misiles interceptores de defensa o misiles de crucero con armas nucleares”.

Convertir estas instalaciones en plataformas de lanzamiento para misiles de crucero requeriría poco más que una actualización de un programa de computadora.

Una respuesta “proporcional” de Rusia en violación al INF consistiría en colocar misiles terrestres a unos cuantos cientos de kilómetros de la frontera estadounidense, un proyecto en gran parte imposible. Putin señaló que en respuesta a cualquier paso para desplegar misiles de crucero terrestres, Rusia estaría preparado para una respuesta “asimétrica”: colocar misiles hipersónicos en buques y submarinos a unos pocos cientos de kilómetros del territorio estadounidense.

“Con la rapidez de la que somos capaces, podemos colocar nuestros buques lejos de las aguas territoriales o incluso de las zonas económicas exclusivas de una nación. Pueden estar en aguas neutrales, lejos en el océano”, dijo Putin. “Nadie puede prohibir que buques navales y submarinos estén ahí”.

En respuesta a los planes estadounidenses de convertir a Europa en un campo de tiro para misiles nucleares, Rusia está amenazando con que sea la costa este de EUA una zona para escaramuzas de gran peligro, en la que submarinos, buques y aviones de guerra armados con misiles nucleares compiten por posiciones a pocos cientos de kilómetros de una de las costas más densamente pobladas del planeta.

Y este será solo uno de los tantos escenarios de la distopia nuclear y multipolar imaginada por la Casa Blanca de Trump, con un enfrentamiento similar cada día en los mares frente a las costas chinas.

Aún peor, todo esto no estará ocurriendo con las armas balísticas contemporáneas, sino con misiles hipersónicos 25 veces más rápidos que la velocidad del sonido, cuya “ventana de decisión” para determinar si un lanzamiento es una prueba, una falsa alarma o un asalto termonuclear de plena escala de tan solo dos o tres minutos. Esto aumenta dramáticamente las probabilidades de un error de cálculo letal, con miles de millones de vidas en juego.

Esta situación catastrófica fue puesta en marcha desde un principio por la disolución de la URSS, de la cual emergió el propio Putin. Casi hace tres décadas, el fin de la URSS fue celebrado con una ola de triunfalismo y proclamaciones de que una guerra nuclear era cosa del pasado, clamando que se vivía una victoria global de la “democracia liberal”. Sin embargo, no le siguió un “dividendo de paz”, sino guerras interminables en Irak, Serbia, Afganistán, Libia y Siria. Ahora, con la doctrina del Pentágono de “competición estratégica”, Estados Unidos está preparando una guerra de escala completa contra “grandes potencias” nucleares como Rusia y China.

En las postrimerías de la disolución de la URSS, Estados Unidos y la OTAN movilizaron sus fuerzas cientos de kilómetros al este, hasta las mismas fronteras de Rusia, a fin de reducir a este país al estatus de una semicolonia.

En respuesta, el Gobierno de Putin, expresando los intereses sociales de la oligarquía rusa, está persiguiendo una política en bancarrota. Incapaz de apelar a los sentimientos antibélicos dentro de Estados Unidos o globalmente, el Kremlin se tambalea entre la cobardía y un aventurismo salvaje. Putin realiza apelaciones fútiles a los “socios” de EUA para que tomen consciencia y, al mismo tiempo, realiza amenazas nucleares belicistas, como su provocativo anuncio de que uno de los blancos para las armas nucleares rusas es Washington.

Mientras que el Gobierno de Trump es el promotor más agresivo de la carrera armamentista global y nuclear, el proceso es universal. Un reporte reciente de la Conferencia de Seguridad en Múnich declaró que “el papel de las armas nucleares” está “aumentando”. Añade que, más allá de EUA y Rusia, todos los nueves Estados con armas nucleares están añadiendo o modernizando sus arsenales, aparentemente con el objetivo de sacar ventaja en un nuevo periodo de incertidumbre. En Alemania, que previamente había rechazado desarrollar armas nucleares, la demanda de una fuerza nuclear independiente crece día a día en los círculos gobernantes.

Por su parte, Trump está continuando e intensificando las políticas de su predecesor, Barack Obama, el candidato de “la esperanza y el cambio”, quien lanzó un programa de modernización nuclear de un billón de dólares para producir armas nucleares “de bajo rendimiento” y “utilizables”. Este año, estas armas ya comenzaron a salir de las líneas de ensamblaje.

La universalidad de la nueva carrera armamentista global deja en claro que no es el resultado de la coyuntura política de uno y otro país, sino una expresión de un proceso universal que arraigado en un capitalismo sumido en crisis. Por todo el mundo, las burguesías perciben que las guerras, los saqueos y conquistas, junto a la promoción del nacionalismo y la xenofobia, son la forma de desviar hacia afuera las intensas presiones de clases internas, reflejadas en el movimiento expansivo de huelgas por parte de la clase obrera internacional.

Este creciente movimiento de la clase obrera ofrece el medio para oponerse a los objetivos militares y homicidas de la élite gobernante por medio de su movilización con base en un programa socialista para acabar con el sistema capitalista: el origen de las guerras, las dictaduras y la desigualdad social.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 21 de febrero de 2019)

Andre Damon