Egipto ahorca a nueve prisioneros

Asesinato estatal respaldado por el imperialismo

23 febrero 2019

En una acción que demuestra la barbarie de la dictadura militar en El Cairo, las autoridades egipcias ahorcaron a siete hombres jóvenes el 20 de febrero después de un juicio fraudulento que utilizó confesiones extraídas con tortura.

La masacre del miércoles lleva a 15 el total de prisioneros políticos ejecutados bajo las órdenes del presidente Abdelfatah el-Sisi este mes: tres matados el 7 de febrero presuntamente por matar el hijo de un juez, tres más el 13 de febrero supuestamente por matar a un policía en 2013 y los nueve del miércoles. Todos son parte de un grupo de 28 hombres acusados de asesinato por el fiscal general Hisham Barakat en 2015.

Ninguno de los 15 fue vinculado con evidencia a ninguno de los supuestos crímenes, más allá de confesiones obtenidas por una brutal tortura. El régimen de el-Sisi opera un sistema de “justicia” que constituye una burla de la palabra, con juicios masivos de cientos de acusados, cargos sin evidencia alguna y jueces cuyos fallos son dictados por el dictador independientemente de la ley o los hechos.

Según un reporte en “Middle East Eye”, varios de los ejecutados el 20 de febrero habían renegado públicamente sus confesiones en audiencias judiciales. El servicio de noticias publicó un video de los acusados negando sus confesiones y describiendo su tortura.

Mahmoud el-Ahmadi de 23 años, quien fue ejecutado el miércoles, le dijo a la corte: “Aquí, en este tribunal, hay un oficial policial que estaba en la prisión con nosotros y nos torturaba. Si quieren que lo señale, lo haré. Denme una pistola paralizante y haré que cualquiera en esta corte admita a un crimen que no cometieron. Nos bombearon con electricidad. Nos electrocutaron tanto como para abastecer a Egipto por 20 años”.

Abulqasim Youssef, otro de los acusados ejecutado el miércoles y un estudiante de la Universidad al-Azhar, le dijo a la corte que le vendaron los ojos, lo colgaron de los pies en el marco de una puerta por siete horas consecutivas y lo electrocutaron en “partes sensibles de mi cuerpo”.

Amnistía Internacional denunció las últimas ejecuciones, señalando que demuestran la total indiferencia del régimen al derecho a la vida. El grupo emitió una declaración que indica: “Las autoridades egipcias deben detener urgentemente esta racha sangrienta de ejecuciones que los ha visto sentenciar a muerte a personas después de juicios plenamente injustos en las últimas semanas. La comunidad internacional debe tomar una postura clara en condenar públicamente el uso de la pena capital por parte de estas autoridades, siendo este el máximo castigo cruel, inhumano y degradante”.

Sin embargo, la “comunidad internacional” a la que apelan consiste de Gobiernos de las principales potencias imperialistas, las cuales apoyan unánimemente el régimen militar egipcio y sus más sangrientos y peores crímenes.

La sanguinaria represión de el-Sisi representa la respuesta de la burguesía egipcia a la revolución egipcia de 2011. Este movimiento revolucionario de masas derrocó al dictador respaldado por EUA, Hosni Mubarak. Ante la ausencia de una dirección socialista auténtica, la élite gobernante egipcia llevó a cabo una cruenta purga de líderes de la revolución, así como de los partidos de oposición en general.

Desde instalarse en el poder en un golpe de Estado militar en julio de 2013 que depuso a Mohamed Morsi, el presidente electo y líder de la Hermandad Musulmana, el ejército a masacrado a miles en las calles de El Cairo y otras ciudades, encarcelado y torturado a decenas de miles y ahora está comenzando a acelerar la maquina de ejecuciones respecto a cientos de prisioneros que ya sentenció a muerte después de procesarlos con tribunales irregulares. Unas 737 personas están en esta condición y 51 ya no tiene opción a más apelaciones.

Estos crímenes no han prevenido que Estados Unidos y las potencias imperialistas europeas apoyen a el-Sisi. Por el contrario, cuánto más empapado de sangre, más caluroso el abrazo y las bienvenidas a Washington, Berlín, Londres y París.

En junio de 2015, el carnicero de El Cairo fue elogiado en Berlín por la canciller Angela Merkel y los líderes de todos los principales partidos burgueses: el Partido Socialdemócrata, el Partido Verde, La Izquierda, así como la derechista Unión Demócrata Cristiana-Unión Social Cristiana de Merkel.

En abril de 2017, el-Sisi fue festejado por Donald Trump en la Casa Blanca, donde confirmó la continuación de la masiva ayuda militar estadounidense, más de $1,3 mil millones al año. El mes pasado, el secretario de Estado de EUA, Mike Pompeo, viajó a El Cairo para entregar un discurso fanático antiiraní, mientras aclamó la dictadura egipcia “como un ejemplo para todos los líderes y todos los pueblos de Oriente Próximo”.

Hace tan solo 25 días, el presidente francés, Emmanuel Macron viajó a El Cairo, en medio de las protestas de los “chalecos amarillos” en casa. Ahí, sostuvo discusiones con un presidente que ha mostrado cómo ahogar un movimiento popular en sangre. Prometió venderle más armas al régimen, incluyendo jets de caza Rafale y vehículos acorazados.

Como explicó el WSWS en ese momento, la visita de Macron a el-Sisi equivale a una amenaza poco sutil a la creciente oposición de trabajadores y jóvenes franceses a su Gobierno. Fue una declaración de que la élite gobernante francesa “está preparando una intensificación drástica de la represión de las protestas sociales en medio de un giro universal de la clase capitalista en todo el mundo hacia formas autoritarias de gobierno”.

El próximo fin de semana, la primera reunión conjunta de la Unión Europea y la Liga Árabe se realizará en Sharm el-Sheij. El presidente el-Sisi recibirá a 20 jefes de Estado que incluyen a la primera ministra británica, Theresa May, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, y el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker.

El hecho que el régimen egipcio pueda realizar nueve ejecuciones a pocos días de esta cumbre evidencia la confianza de el-Sisi en que su salvaje represión de la clase obrera egipcia cuenta con el respaldo pleno de todos los que llegaran a Sharm el-Sheij, tanto de los otros déspotas árabes como de los jefes de Estado “democráticos” de la UE.

El general el-Sisi orquestó su propia reelección en 2018 en unos comicios en los que la mayoría de sus posibles contendientes fueron arrestados o intimidados para que no se postularan. Un oficial del ejército que se atrevió a contender la elección, Sami Anan, acaba de ser sentenciado a diez años en prisión. Sin embargo, no ha habido ningún escándalo sobre la “legitimidad” de su Gobierno, a diferencia del revuelo sobre el presidente venezolano, Nicolás Maduro, cuya reelección en 2018 parece un modelo democrático en comparación.

Hace dos semanas, el Parlamento egipcio, el cual está compuesto por títeres políticos de el-Sisi, comenzó a considerar una enmienda constitucional que extendería los términos presidenciales de cuatro a seis años y eliminaría el límite de dos términos para el-Sisi. En efecto, el dictador militar podría quedarse en el poder por otros doce años después de su actual (y supuestamente último) término, el cual finaliza en 2022. Esto dejaría que el-Sisi permanezca como presidente hasta 2034, cuando tenga 80 años o dos años menos que el previo gobernante militar, Hosni Mubarak, cuando fue derrocado en 2011.

Sean cuales fueren los acuerdos en el papel, es muy improbable que el-Sisi logre emular el largo reino de Mubarak. Más del 40 por ciento de la población egipcia vive en una tremenda pobreza, forzados a subsistir con menos de $2 por día. El crecimiento económico es nulo y las medidas de austeridad exigidas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial como precio para préstamos futuros tan solo intensificaran los ataques contra empleos y los niveles de vida.

La oposición de la clase obrera al régimen está aumentando. Incluso esta salvaje represión ha fracaso en detener el estallido de huelgas en áreas de clase obrera, como las ciudades textiles a lo largo del delta del Nilo. Toda África del norte está siendo testigo de luchas de masas obreras, más recientemente en Túnez, así como huelgas masivas de docentes y otros trabajadores en Marruecos.

Bajo estas condiciones, la cuestión más vital es construir una nueva dirección revolucionaria en la clase obrera egipcia y de toda África del norte y Oriente Próximo. Esta debe estar firmemente arraigada en un estudio minucioso de las lecciones de la traición de la revolución egipcia de 2011 y en una asimilación de la historia de la lucha por construir un partido internacional revolucionario de la clase obrera, una lucha avanzada hoy por el Comité Internacional de la Cuarta Internacional.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 22 de febrero de 2019)

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Las elecciones fraudulentas de Al Sisi y el destino de la Revolución egipcia
[31 marzo 2018]

Patrick Martin