Cómo el WRP traicionó al trotskismo:1973-1985

38. Conflicto dentro del Comité Internacional

Declaración del Comité Internacional de la Cuarta Internacional
23 febrero 2019

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Este es el trigésimo octavo de 43 capítulos que se publicarán diariamente. Originalmente fueron publicados como el Volumen 13, no. 1, de la revista Fourth International en el verano de 1986.

En 1985, después de un proceso prolongado de degeneración, el Workers Revolutionary Party, la sección británica del CICI, rompió en definitiva con el trotskismo. En mayo y junio de 1986, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional se reunió y realizó un exhaustivo análisis de las cuestiones teóricas, políticas e históricas involucradas en el colapso del WRP. “Cómo el WRP traicionó al trotskismo: 1973-1985” fue una labor clave en rearmar al movimiento y prepararlo para las batallas políticas en torno a la construcción de una dirección revolucionaria en la clase obrera. Estas lecciones son vitales para el desarrollo de nuevas secciones del CICI internacionalmente.

Durante todo 1983, Cliff Slaughter colaboró con Healy a escondidas de todos y cimentó las bases para una provocación política a la Workers League (Liga Obrera), la organización de trotskistas estadounidenses en solidaridad con el Comité Internacional de la Cuarta Internacional. En abril de 1983, Slaughter se aferró a un editorial que había aparecido varias semanas antes en el Bulletin, periódico bisemanal del partido estadounidense, para utilizar la filosofía como pretexto para atacar a la Workers League. El editorial, que rendía homenaje a la obra de Karl Marx en la conmemoración del centenario de su muerte, no había hecho una mención específica de las contribuciones del idealismo clásico alemán al desarrollo de la dialéctica materialista. Aunque esto en sí no era un asunto al que se le tuviera que dar mucha importancia, y pese a que Slaughter sabía que North —quien se encontraba en Inglaterra cuando se publicó el editorial— no lo había escrito, el secretario del CI envió una carta de un tono gravísimo a la Workers League. La carta sugería que algo horrorosamente mal ocurría dentro de la sección estadounidense.

Tres meses después, Slaughter de nuevo le escribió a la Workers League, no solo protestando por no haber recibido respuesta alguna, sino también exigiendo que se respondiera sus críticas:

Recordarán que les envié una carta breve señalándoles ciertas oraciones de un editorial del Bulletin. El editorial se refería a las contribuciones de Marx sin mencionar el contenido esencial del método dialéctico que se logró con la “negación” de la filosofía de Hegel. Supongo que recibieron esta carta y que se espera una respuesta (13 de julio de 1983).

Antes de redactar estas cartas, Slaughter no había visitado el continente norteamericano en más de cinco años. Su última visita se suponía que había sido para asistir a una reunión de fin de semana del Comité Central de la Workers League. Pero no fue a la mitad de las sesiones porque estaba mucho más interesado en buscar un estudio de Max Raphael sobre Picasso en las librerías de Nueva York que en discutir los problemas del movimiento norteamericano. Antes de terminarse la reunión, hubo que llevarlo al aeropuerto a toda prisa para que lograra presentarse en la Universidad de Bradford, donde iba a dar una charla. Por pagarle el pasaje transatlántico de ida y vuelta, los compañeros de la Workers League tuvieron el placer de su compañía por unas pocas horas. Pero ahora, basándose en un editorial que no había mencionado la deuda de Marx a Hegel, Slaughter pretendía que había detectado debilidades muy serias en la Workers League. Debería añadirse que las dos cartas acerca del editorial sobre Marx constituían la primera correspondencia suya a la Workers League en seis años y la segunda en ocho años.

En octubre de 1983, durante una reunión del Comité Internacional, North presentó un largo informe sobre la situación política en los Estados Unidos y la intención de la Workers League de intervenir en las elecciones presidenciales de 1984. North explicó que dicha participación se basaba en la lucha por independizar a la clase trabajadora políticamente de los dos partidos capitalistas. Esto, según North, se lograría construyendo un partido obrero basado en los sindicatos. De acuerdo con cierto plan que había elaborado con Healy antes de la reunión, Slaughter expresó su alarma porque el informe de North no había dado énfasis al progreso de la lucha por el materialismo dialéctico en los Estados Unidos. Banda intervino después de leer el titular principal del último tomo del Bulletin, el cual denunciaba el discurso de Reagan por justificar la invasión estadounidense de Granada. Banda atacó que el titular dijera “Reagan es un mentiroso” en vez de “Manos fuera de Granada”, calificando el original como un repudio del derrotismo revolucionario. North rechazó el ataque y contestó que Banda debería primero haber leído el periódico antes de criticar la línea política de la Workers League en cuanto a la invasión. North también le señaló a Banda que el titular preferido por este —es decir, “Manos fuera de Granada”— aparecía en otra sección del periódico. Cuando la reunión concluyó, Banda se disculpó ante North y le dijo que iba a informar a los delegados del CI de que iba a retirar su crítica.

Pero después de esta reunión del Comité Internacional, Slaughter decidió proseguir el ataque contra la Workers League. Declaró que un estudio más profundo del Bulletin lo había convencido de que la Workers League en efecto había sido incapaz de adoptar una línea derrotista. Más tarde, durante el clímax de la explosión dentro del WRP, Slaughter admitiría que este incidente había sido fabricado en su totalidad por la dirigencia del WRP para desquitarse con la Workers League debido a la crítica que esta había hecho en 1982 (existe una transcripción de las palabras de Slaughter al respecto).

En una carta que la Workers League recibió a principios de diciembre de 1983 (no estaba fechada), Slaughter atacó el reporte que North había presentado en la reunión de octubre. Criticaba el “énfasis tan profundo que se le ha dado a la ‘independencia política de la clase obrera’” y advertía de que esto “demuestra el peligro de que no nos estamos aferrando a estas lecciones muy basicas de la última lucha de Trotsky y de toda la lucha del Comité Internacional”. Además, seguía advirtiendo que darle un énfasis exagerado a la independencia de la clase trabajadora “se convertirá en un arma en manos de todos aquellos que permanecen dominados por el pragmatismo. Ellos atesorarían ese lema por ser algo más ‘concreto’ que la lucha explícita por desarrollar y comprender las categorías de la dialéctica como el método de ese asunto de vida o muerte de entender el rápido y multifacético desarrollo que es producto de la crisis mundial”.

Una vez más, los líderes del WRP jugaban con una fraseología pseudodialéctica para crear una provocación dentro del Comité Internacional y atacar la lucha de los marxistas en la clase trabajadora. Como llegaría a revelarse posteriormente, Slaughter había abandonado todo trabajo sistemático dentro de su propia sección desde mediados de la década de los sesenta. Healy lo había colocado en la dirigencia del CICI como su leal asistente. Slaughter se había degenerado hasta llegar a ser un charlatán teórico y una prostituta política. Además, tal como indicaba su carta a los dirigentes de la Workers League, su ataque contra la lucha por la independencia de la clase trabajadora representaba su abandono del trotskismo y su ingreso al campo del revisionismo pablista.

En una carta fechada el 27 de diciembre de 1983, North le contestó a Slaughter, diciéndole que rechazaba la manera de arreglar discordias políticas con referencias formales al método dialéctico:

De eso el pragmatista es muy capaz. Lo que se debe estudiar y desarrollar es la aplicación correcta del método dialéctico y del materialismo histórico. A esto, sin embargo, no se le desprecia de la menor manera porque a la “independencia política de la clase trabajadora” se le dé un “énfasis exagerado”. Creo que un estudio serio de las obras de Lenin —y sobre todo de sus primeros estudios filosóficos y económicos— ha de revelar la conexión interna entre su (de Lenin) concentración sobre la aplicación correcta del método dialéctico y su “énfasis exagerado” en la “independencia política de la clase trabajadora”.

He de admitir que me ha perturbado bastante que dentro del Comité Internacional se caracterice cualquier énfasis en la “independencia política de la clase trabajadora” de “muy exagerado”, especialmente en relación con el informe presentado por una sección simpatizante que trabaja en un país donde la clase trabajadora todavía no ha roto políticamente con los liberales. Todas las tareas organizativas, políticas y teóricas de un partido marxista —sobre todo en los Estados Unidos— tienen que dirigirse precisamente a la realización de esa independencia política.

Mientras sugieres que este énfasis corre el peligro de “convertirse en un arma en manos de todos aquellos que permanecen dominados por el pragmatismo”, yo no encuentro nada que respalde esta conclusión. Toda la lucha contra el SWP desde 1961 —por no mencionar toda la historia de la lucha del bolchevismo— se basa en este punto. Y los estalinistas y revisionistas en todos los rincones del mundo de hoy en día, lejos de creer en la independencia política de la clase trabajadora, le dan una lucha sin cuartel a esta misma idea. El neostalinismo del SWP no se origina en el cerebro del señor Barnes, es una respuesta bien definida del imperialismo estadounidense a la nueva etapa de la crisis imperialista y al levantamiento revolucionario del proletariado mundial. De esta manera, el pablismo sirve como conductor de presiones imperialistas al movimiento obrero. Como ya te he escuchado insistir tantas veces en el pasado: es precisamente en ese momento en que el Comité Internacional tiene que ponerse en alerta contra todo vestigio de la filosofía revisionista en sus propias bases y, al mismo tiempo, intensificar su asalto político y teórico contra el pablismo. Como sé que estarás de acuerdo, la lucha contra el pablismo de ninguna manera se ha convertido en un asunto del pasado.

Esta es exactamente la razón por la que creo en la necesidad de clarificar los puntos que has señalado en tu carta.

La Workers League decidió que había llegado la hora de desafiar fundamentalmente la línea política y de clase del Workers Revolutionary Party, en primerísimo lugar su abandono de la teoría de la Revolución Permanente. Al no recibir ninguna respuesta de Slaughter, North le dirigió una carta a Mike Banda, fechada el 23 de enero de 1984. En esta, North expresó su preocupación de “que el Comité Internacional está en peligro de perder todos los logros de sus muchos años de lucha basada en principios” y que la Workers League se encontraba “profundamente consternada por la acumulación de síntomas de un desliz político hacia posturas bastantes similares —tanto en conclusiones como metodología— a las que históricamente siempre hemos asociado con el pablismo”.

La carta declaraba que el CICI llevaba a cabo su trabajo

sin una perspectiva clara y políticamente unificada para guiar su práctica. El foco central de la labor del Comité Internacional por varios años no ha sido la perspectiva de construir secciones del CI en todos los países, sino el desarrollo de alianzas con varios regímenes y movimientos de liberación nacionalistas burgueses. El contenido de estas alianzas refleja cada vez menos una orientación clara hacia el desarrollo de nuestras propias fuerzas como la piedra angular para establecer al proletariado como líder de la lucha antiimperialista en los países semicoloniales. Los mismos conceptos que el SWP avanzó en cuanto a Cuba y Argelia —y que nosotros atacamos con tanto vigor a principios de los sesenta— aparecen con creciente frecuencia en nuestra propia prensa.

La carta entonces hacía un repaso a la respuesta del News Line a la última reunión entre Arafat y el presidente egipcio Hosni Mubarak después de que Arafat, el líder de la OLP, se le obligara a abandonar Beirut. Aunque North no atacó a Arafat por haber hecho ese viaje no autorizado a Egipto, sí criticó al News Line por haber glorificado esta maniobra tan desesperada.

El News Line, al denunciar la “calumniosa acusación” de George Habash contra Arafat, había escrito lo siguiente:

Solo mentes limitadas y una filosofía tan mezquina pueden producir tales ataques verbales. Las conversaciones de Arafat con Mubarak no constituyen respaldo alguno a los acuerdos de Camp David. Al contrario, la sagaz diplomacia de Arafat ha servido para debilitar el tratado entre Israel y Egipto, no para fortalecerlo.

La esencia de la conspiración de Camp David entre Sadat, Beguín y Carter consistía en ignorar la existencia de la OLP como único representante legítimo del pueblo palestino y en repudiar la lucha de este por la autodeterminación.

He ahí la razón por la cual hubo una protesta tan vigorosa contra el tratado. Pero ahora Mubarak le ha dado la bienvenida a Arafat en El Cairo. Esta no es una reunión entre individuos. Significa que ahora el Gobierno egipcio reconoce a la OLP, su legitimidad dentro de la contienda de Oriente Próximo y su derecho inalienable a luchar por la liberación de Palestina.

¿Representa la visita de Arafat una victoria para Camp David? ¿Para el imperialismo sionista? Por supuesto que no. Es en realidad un golpe político y diplomático bien acertado contra el régimen en crisis de Shamir. Por eso Tel Aviv ha denunciado rabiosamente las reuniones entre Arafat y Mubarak.

La Workers League contestó:

Artículo tras artículo en el News Line presenta dicha visita como si hubiera sido un enorme golpe estratégico por parte de Arafat que de nuevo ha dejado a sus enemigos en pura confusión. No importa cuán sincera haya sido la determinación de defender a la OLP contra sus enemigos, este abordaje solo sirve para confundir y desarmar a nuestros cuadros y a los lectores de nuestra prensa.

Como marxistas, nuestro punto de partida para hacer un análisis político nunca se basa en las intenciones conscientes de los líderes políticos. Ha de basarse en las fuerzas de clase que ellos representan y en la lógica de la lucha de clases, de la cual sus acciones son una expresión necesaria. La política de Arafat refleja que su punto de vista de clase es el de un nacionalista pequeñoburgués. No solo maniobra entre los diferentes regímenes burgueses de Oriente Próximo, sino también entre fuerzas de clase opuestas dentro del movimiento palestino. Independientemente del valor y heroísmo personales de Arafat, su política no puede brindar la solución a los problemas históricos de la lucha palestina por la autodeterminación. Aunque es nuestro deber defenderlo a él y a la OLP contra las maquinaciones de los baazistas sirios, de ninguna manera estamos obligados a glorificar el giro pragmático hacia Mubarak como una obra maestra de estrategia.

Desafiando el alegato del News Line de que “Arafat brillantemente logró que Egipto se convierta de nuevo en una fuerza importante de los cálculos en Oriente Próximo y, al mismo tiempo, pudo zafarse de las garras de Damasco y Amán”, North escribió:

El concepto de que el curso de la historia se determina por actos inspirados e ingeniosos en el tablero de ajedrez diplomático pertenece a la historiografía idealista burguesa, pero no al concepto materialista de la historia. Nuestras estimaciones —no las de Arafat— siempre se basan en las fuerzas de clase que existen y en el potencial de la clase trabajadora para llevar a cabo su lucha revolucionaria contra la burguesía. Para nosotros, la salvación de la revolución palestina no depende de escapar de las garras de Siria para caer en las de Egipto, Marruecos y, de hecho, Jordania —con cuyo rey la OLP está llevando a cabo negociaciones intensas y con quien Mubarak va a reunirse el mes que viene—. ¿Acaso ahora tenemos que darle la bienvenida y toda nuestra confianza a esta nueva ronda de reuniones diplomáticas? Nuestra meta estratégica siempre debe ser la movilización de la clase trabajadora —con el respaldo del campesinado— contra la burguesía de todos los países de Oriente Próximo.

North señaló que el contenido verdadero del alegato del WRP —es decir, de que apoyaba la “independencia política” de la OLP— era un apoyo acrítico de sus maniobras.

Tal como se usa aquí, el lema de la “independencia política” se reduce a una abstracción casi carente de todo significado y que solo sirve para encubrir el peligro de que la lógica política de las maniobras de la OLP —no importa cuáles sean las intenciones de Arafat— inevitablemente la conduce a subordinarse a los intereses de la burguesía árabe y del imperialismo mundial.

La carta seguía:

Al escribir artículos que solo sirven para justificar lo que Arafat ya ha hecho y que pintan con hermosos colores esta o aquella maniobra, surge el peligro de que caigamos víctimas de una perspectiva política que pone en duda la necesidad absoluta de construir el movimiento trotskista en los países semicoloniales y dentro de los movimientos antiimperialistas de liberación nacional. Si Arafat, guiado solo por su intuición, puede dirigir a la OLP con éxito, ¿qué necesidad existe entonces para entrenar a cuadros palestinos en el materialismo dialéctico? Aquí no estamos refiriéndonos a un solo artículo o solamente al episodio entre Arafat y Mubarak. Desde 1976, hemos atravesado años de experiencias que nos han mostrado una y otra vez lo siguiente: hacer hincapié en las calificaciones especiales de este o aquel líder da paso a cálculos erróneos, errores peligrosísimos y contradicciones intratables en nuestra línea política. Notemos simplemente que uno de los que más apoyó la reunión de Arafat con Mubarak fue Sadam Huseín, a quien antes apoyábamos con entusiasmo y que ahora exigimos regularmente que lo derroquen. Y notemos también que entre los adversarios acérrimos de Arafat se encuentra Muamar Gadafi, quien hasta hace poco recibía el mismo tipo de elogios que ahora brindamos al líder de la OLP.

Miembros del Partido Tudeh (Comunista) iraní enjuiciados por el régimen de Jomeini

Como conclusión, la carta advertía:

Creemos que el problema básico consiste en que el Comité Internacional todavía no ha elaborado un balance real de su labor de los últimos ocho años. Sin duda, no podemos simplemente ir de alianza en alianza sin analizar cada experiencia concreta por la cual el Comité Internacional ha atravesado. Sin tal análisis, sufriremos una confusión cada vez mayor, la cual inevitablemente producirá —si es que no se la corrige— desastres políticos dentro de las secciones.

North le pidió a Banda su ayuda para renovar:

la lucha contra el revisionismo pablista —sobre todo contra su manifestación dentro de nuestras propias secciones. Comencemos esta labor con la oportunidad que nos presenta la próxima reunión del CI. Así podremos sentar las bases para un debate exhaustivo sobre las perspectivas internacionales, cuya meta sería la delineación de una amplia resolución internacional. … Seguro que ha llegado la hora de que el Comité Internacional conteste a los ataques neostalinistas del SWP contra la teoría de la revolución permanente y demuestre que esta es todavía la base científica indispensable para la construcción del Partido Mundial de la Revolución Socialista.

Cuando la delegación de la Workers League llegó a la reunión del CI que tendría lugar durante el fin de semana del 11 y 12 de febrero de 1984, descubrió que el WRP no se había puesto en contacto con varias secciones ni realizado los arreglos necesarios para que pudieran asistir. Al delegado de Sri Lanka, quien era el secretario nacional de la Revolutionary Communist League (RCL, Liga Comunista Revolucionaria) y llevaba siendo miembro del CICI desde 1968, no se le había informado de la reunión ni de las diferencias que la Workers League había sacado a la luz desde 1982. Al delegado regular de la Socialist Labour League (SLL, Liga Obrera Socialista) australiana tampoco se le había informado acerca de la reunión. Cuando el delegado de la Workers League preguntó por qué el asiento del delegado regular australiano se encontraba ocupado por un miembro inexperto de la SLL (que se estaba formando en las oficinas del News Line ), la pregunta fue ignorada. El delegado peruano tampoco sabía nada de la reunión. Y en cuanto a la delegación griega, uno de sus miembros llevaba en ese momento una relación personal muy íntima y secreta con Healy, mientras que otro, Savas Michael, quien era el secretario nacional de esa misma sección, había hecho una visita a Irán bajo las instrucciones de Healy, lo cual constituía una violación bien clara de la disciplina del CICI. Además, su sección también le estaba sacando beneficios a dichas conexiones carentes de principios con la burguesía nacional. La facción de la camarilla sin principios del WRP también contaba con la delegada española, quien después sería identificada por la secretaria de Healy como otra socia suya íntima. Como si esto fuera poco, y como luego averiguó la Workers League, la dirigencia del WRP había iniciado dentro del propio Comité Internacional una campaña de calumnias contra David North. Dicha campaña, de manera enigmática, insinuaba que North no era de fiar, girando en torno de la línea de que “no se sabe quién es realmente David North”.

Bajo estas circunstancias, el resultado de la reunión ya estaba amañado de antemano. Los delegados presentes no habían leído las cartas de North a Banda y Slaughter antes de llegar a la reunión, ni se había entablado debate alguno sobre las diferencias políticas en los comités centrales de las secciones respectivas. Es más, ninguno de los delegados sabía que existían tales diferencias.

North presentó su informe como respuesta al borrador de una resolución de perspectivas que Slaughter había preparado. Este borrador no contenía ningún análisis de los desarrollos político-económicos posteriores a 1971 y se limitaba a una recapitulación de la historia del movimiento trotskista que era estéril, formalista y nebulosa. Criticando el borrador por no hacer ninguna evaluación de las experiencias estratégicas de la clase trabajadora y el CICI desde 1971, North leyó todo su informe, el cual se concentraba en establecer la similitud que existía entre la línea política internacional del WRP y la del Socialist Workers Party estadounidense. North hizo un repaso del desarrollo de las alianzas del WRP en Oriente Próximo desde 1976, notando de paso que:

para mediados de 1978, ya estaba en marcha una reorientación general hacia el desarrollo de relaciones con regímenes nacionalistas y movimientos de liberación nacional sin que existiera una perspectiva correspondiente de ampliar nuestras propias fuerzas dentro de la clase trabajadora. Una evaluación totalmente incorrecta y carente de crítica comenzó a surgir, cada día de manera más abierta, en nuestra prensa. Invitaba a nuestros cuadros y a la clase trabajadora a que consideraran a estos nacionalistas burgueses como líderes “antiimperialistas” a quienes se les debería brindar apoyo político.

El informe continuaba repasando el apoyo que el WRP había dado a la ejecución de miembros del Partido Comunista iraquí, a los cambios tan bruscos que había hecho en cuanto a la guerra entre Irán e Irak, a la definición de Libia como un Estado socialista y a la glorificación acrítica esbozada por S. Michael del régimen de Jomeini. Hizo mención sobre la línea del WRP en cuanto a la guerra de las Malvinas y concluía poniendo en duda la orientación del WRP hacia secciones de la burocracia del Partido Laborista británico. El informe también ponía en tela de juicio la evaluación realizada por el WRP de Livingstone y Knight, y criticaba su política hacia la NGA.

El informe señaló que estaba en curso “un largo proceso de adaptación a fuerzas pequeñoburguesas” y entonces declaró: “Todo esto tiene raíces teóricas muy definidas —las del método empirista disfrazado de fraseología hegeliana— que nada tienen que ver con el marxismo, pero sí con la glorificación de la percepción sensorial y con el rechazo del materialismo histórico”.

El informe concluía:

Nos consterna la profundidad de las diferencias ideológicas y políticas. Pero creemos que estos problemas se pueden resolver por medio de un debate serio y honesto. Lo que realmente se necesita ahora mismo es un debate dentro del CI y de todas las direcciones de las secciones nacionales. Se deberían preparar y circular los documentos debidos. Esta es la manera de proceder. Así el CI saldrá fortalecido. La Workers League se encuentra ansiosa de participar y aprender de este debate. Para nosotros es un gran placer poder colaborar con nuestros camaradas británicos y con todas las secciones del CI. Marquemos un horario bien explícito para que este debate tenga lugar y, partiendo de eso, trabajemos para realizar una Conferencia del CI.

La delegación británica estaba compuesta por Banda, Slaughter y el inevitable Geoff Pilling, quien un mes desertaría nuevamente del movimiento —pero no antes de que se le diera otra oportunidad para denunciar a la Workers League—. El mismo Healy, a fin de cuentas, un cobarde político, se rehusó a asistir a la reunión para defender la línea política de su propia organización. Esa responsabilidad se la había otorgado a Slaughter y Banda. Su defensa consistió en alegar que la Workers League había distorsionado groseramente la postura del WRP y había hecho toda clase de inferencias indocumentadas de declaraciones publicadas en el News Line. Esto, claro, tenía que atribuírsele al pragmatismo norteamericano, el cual había causado que la Workers League “actuara sin pensar”. Los delegados británicos indicaron muy claramente que tenían toda la intención de romper toda relación con la Workers League a menos que inmediatamente se pusiera fin a las diferencias —es decir, que la Workers League retirara sus críticas—. El delegado griego rabiosamente denunció a la Workers League en términos descaradamente chauvinistas, declarando que la crítica que North le había hecho al WRP era una manifestación de “mesianismo estadounidense”. Ni uno solo de los delegados de las otras secciones presentes en la reunión expresó su apoyo a las críticas de la Workers League ni sugirió que merecían más debate. El clima político de la reunión, especialmente de parte de Banda, se volvió cada vez más subjetivo y frenético. Dos cosas quedaron claras: los temas no iban a debatirse de manera seria y el CICI, en ese punto de su existencia, era incapaz de funcionar como partido internacional.

Enfrentada a esta situación, la delegación de la Workers League decidió que en ese momento lo mejor era aguardar el momento. Accedió de mala gana a las exigencias británicas de que se retiraran las críticas. La alternativa era una escisión bajo condiciones en las que la postura de la Workers League habría permanecido desconocida en las secciones del Comité Internacional.

El sabotaje a este debate no habría sido posible sin el papel tan desleal que desempeñaron Banda y Slaughter. En condiciones en las que Healy se encontraba tan debilitado políticamente que no podía defender su punto de vista en persona, orquestaron un ataque faccional y matón contra la Workers League. Un día después de concluir la reunión del CI, Healy escribió una carta a Slaughter, fechada el 14 de febrero de 1984, felicitando al “Querido Cliff” por su “buena labor política”. Healy se vanagloriaba de que “desde el punto de vista del desarrollo del método materialista dialéctico, nos encontramos en una posición lo suficientemente fuerte como para destrozar ideológicamente a nuestros contrincantes imperialistas más importantes y poderosos”.

Healy sostuvo esta increíble calumnia como de costumbre —con su chiflada palabrería dialéctica:

Nuestros contrincantes vieron los opuestos de manera metafísica, es decir, como opuestos que se excluyen mutuamente. Por lo tanto, trataron de lanzar a su sección, como parte del partido mundial, contra el Partido Mundial mismo. Ambos se convirtieron en opuestos que se excluyen mutuamente —en sus cerebros—. Para mantener la ilusión metafísica, emplearon una selección pragmática de citas sin contenido real, conectándolas de manera subjetivo-idealista contra el desarrollo político del Comité Internacional.

Nosotros, como materialistas dialécticos, vemos los opuestos en su unidad e interpenetración recíproca, hicimos frente al desafío, desnudando concretamente los argumentos de nuestros contrincantes bajo las condiciones que existen hoy en día, que son las de la revolución mundial. Para nosotros, la base de la lucha tenía su origen en la unidad del CI como corazón del Partido Mundial y en la crisis económica y política del capitalismo internacional. Fue esta —y todavía lo es— la base de nuestras generalizaciones teóricas y de su manifestación en nuestra práctica como unidad e identidad de opuestos. Todas las estructuras y procesos que las contienen resultan de esta unidad e interpenetración de opuestos dialécticos. Fue por eso que transformamos los opuestos uno en el otro, sin cuartel, y salimos con una nueva unidad e identidad de opuestos a un nivel nuevo más alto. Hemos evitado la escisión que los pragmatistas metafísicos proponían y hemos establecido en su lugar esta nueva unidad e identidad de opuestos, de los cuales ellos todavía forman parte. Nos place que esta condición continúe en el futuro y, si es necesario, sin dar cuartel alguno.

Extasiado por los giros dialécticos del cerebro de Healy, Polonio-Slaughter inmediatamente contestó su carta para declarar su admiración por la profundidad del análisis de Healy. Fechada el 16 de febrero de 1984, la carta de Slaughter decía:

Querido Gerry,

Gracias por tu carta del 14 de febrero. Creo que lo que dices penetra más profundamente en el contenido esencial de lo que tuvo lugar en la reunión del CI el 11 y el 12 de febrero. El ataque de la sección estadounidense tiene como contenido la necesidad de los imperialistas de destruir al CI. Derrotar este ataque significa que el entrenamiento dialéctico-materialista de los cuadros durante el último período verdaderamente ha correspondido a las necesidades creadas por los procesos más fundamentales del cambio revolucionario en el mundo objetivo. Esta necesidad objetiva, que se encuentra en el corazón mismo de esta interconexión, no hubiera podido ser comprendida de manera tan clara y hecha conscientemente —es decir, el contenido de nuestra respuesta— sin el trabajo sistemático que hemos realizado con el Volumen 14 y también el Volumen 38 [ Obras Completas de Lenin].

Y no solo eso: tal como concluye tu carta, tenemos que comprender que la nuevamente establecida unidad y conflicto de opuestos no es un proceso que haya terminado y que se haya contenido solo, sino que siempre se está desarrollando nuevamente en interconexión con la revolución mundial de la cual forma parte. Por consiguiente, seguimos adelante, “y, si es necesario, sin dar cuartel alguno”.

Fraternalmente, Cliff.

Estas cartas, que fueron descubiertas por la Comisión Internacional de Control, eran de un carácter político criminal. Si se les quita el ropaje pseudocientífico, ponen al desnudo no solo el desprecio que Healy y Slaughter le tenían a la Cuarta Internacional, sino también lo indiferentes que eran hacia el impacto político sobre el movimiento obrero internacional que tal faccionalismo podía tener. No les importaba nada destruir los cuadros trotskistas que vivían en el corazón mismo del imperialismo mundial —cuadros formados durante décadas de lucha contra el revisionismo— o en cualquier otra parte del mundo. Toda persona que haya leído los escritos de Slaughter sobre Gramsci, Lukács y Walter Benjamin podría preguntarse cómo es que este humanista británico tan culto pudo llegar a escribir tales halagos vergonzosos en respuesta a una carta que era tan depravada e intelectualmente podrida, y, especialmente, cómo pudo también declarar su apoyo a una lucha “sin cuartel alguno” contra la Workers League. La respuesta reside en la realidad de la lucha de clases. Cuando el tema fundamental de la revolución social se les plantea delante de sus propias narices, los filisteos de clase media —muchos de los cuales se catalogan a sí mismos como marxistas— harán las paces necesarias con sus consciencias y se alinearán con aquellos que defienden los intereses de su clase. En los años treinta, el Partido Comunista británico tenía en su seno a hombres tan cultos como Slaughter, hombres como Palme Dutt y el abogado D. N. Pritt, quienes defendieron los Juicios de Moscú por las mismas razones clasistas.

Por supuesto, al filisteo no le gusta que rastreen los orígenes de su traición hasta sus raíces de clase. Esa es la razón por la cual Slaughter, tras estallar la crisis que desenmascaró todo lo podrido que había dentro del WRP, ahora insiste en que la causa de esta crisis no debería buscarse en las fuerzas de clase sino en cierta abstracción psicológica y reconfortante que llama “el desdén británico por la teoría”.