El socialismo y el caso a favor de las expropiaciones

28 febrero 2019

“El socialismo ha vuelto de moda”, declara la noticia de portada del último Economist, el semanario británico fundado hace 176 años. Pese a las proclamaciones del “fin de la historia” después de la disolución de la Unión Soviética, la revista vincula el “impresionante” crecimiento del apoyo popular al socialismo en las décadas de aumento en la desigualdad social.

“El socialismo está irrumpiendo nuevamente porque ha formado una crítica incisiva sobre lo que ha fallado en las sociedades occidentales”, escribe la revista, añadiendo, “la desigualdad en Occidente sin duda se ha disparado en los últimos 40 años”. El apoyo al socialismo ha crecido junto a un movimiento global de huelgas de la clase obrera, reflejado en que el año pasado vio una participación en huelgas veinte veces mayor en Estados Unidos que en 2017.

La misma semana en que el Economist publicó su advertencia sobre el creciente apoyo popular por el socialismo, una serie de eventos deja claro el vasto y profundamente arraigado poder de las secciones más predatorias de la oligarquía financiera en Estados Unidos, cuya intención es intensificar la continua redistribución de la riqueza de pobres a ricos.

El giro de la Reserva Federal

En una audiencia frente a la comisión bancaria del Senado el martes, el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, reiteró la decisión del banco central de detener los aumentos en las tasas de interés después de una leve caída en el mercado bursátil.

Mientras que, a principios de este año, la Reserva Federal había planeado tres aumentos en las tasas de interés, ahora no prevé ninguno. De hecho, “cada vez más, el próximo ajuste político parece que será un recorte en las tasas”, le dijo a CNN Lindsey Piegza, la economista en jefe de Stifel Fixed Income.

Como resultado, el índice bursátil Dow Jones ha subido 1.500 puntos. A este paso, superará los máximos alcanzados a fines del año pasado en unas pocas semanas. Jeff Bezos es $20 mil millones más rico y Bill Gates es $11 mil millones más rico.

En otras palabras, la Reserva Federal se vio obligada a desechar sus planes en los que ha estado trabajando por años con el objetivo de tener más herramientas para enfrentar la próxima crisis financiera, después de una caída de tan solo 10 por ciento en la bolsa de valores.

Luz verde a los monopolios

A pocas horas después del testimonio de Powell, una corte federal de apelaciones rechazó el desafío del Departamento de Justicia a la fusión de AT&T y Time Warner, una de las mayores consolidaciones corporativas en la historia de EUA. El Departamento de Justicia, por su parte, señaló que no se opondría al fallo, efectivamente permitiendo la fusión.

El acuerdo crea un masivo monopolio vertical que controlará una tercera parte de toda la comunicación de teléfonos móviles, una sexta parte del internet de banda ancha, HBO, Warner Bros. y CNN.

Además de alimentar una ola de comportamiento anticompetitivo, incluyendo acciones legalizadas hace poco con la eliminación de la neutralidad de la red, se espera que el nuevo fallo aumento los precios al consumidor tanto de los servicios telefónicos y de internet como de la distribución digital de contenidos. Las ganancias pasarán a sus inversionistas milmillonarios.

El auge en las recompras de acciones

Las recompras de acciones bursátiles ya están en camino a eclipsar el récord de $1 billón de recompras el año pasado. CNN reportó que las recompras por parte de clientes corporativos del Bank of America Merrill Lynch aumentaron 91 por ciento este año, empujando a EUA “a otro año récord” según las empresas desvían sumas cada vez mayores lejos de las inversiones productivas y hacia inflar los precios de sus propias acciones.

Todos estos factores han creado lo que el economista Gabriel Zucman llamó el regreso a los niveles de desigualdad “de la Edad bañada en oro” a principios del siglo pasado. En un comentario sobre una investigación publicada temprano este año, Zucman escribió recientemente, “Lo que muestran los datos es que la concentración de la riqueza en Estados Unidos ha regresado al nivel de 1920. Cuarenta por ciento de la riqueza total de los hogares pertenece al 1 por ciento más rico. Aproximadamente 20 por ciento está en manos del 0,1 por ciento más rico, que es aproximadamente lo mismo que controla el 90 por ciento inferior”.

Es precisamente la realidad del capitalismo que está alimentando el crecimiento de la lucha de clases y un resurgimiento del interés en el socialismo. La clase gobernante está aterrada ante las implicancias y está preparando su respuesta.

Esta reacción ya ha tomado la forma de la declaración de una guerra contra el socialismo por parte del Gobierno de Trump. “La hora crepuscular del socialismo ha llegado en nuestro hemisferio”, proclamó el presidente fascistizante. No habla solo en su nombre, sino por las capas más predatorias del sistema capitalista, las cuales ven en la expansión del apoyo popular al socialismo el espectro de una revolución socialista que intentará aplastar con todas las fuerzas del Estado.

Al mismo tiempo, varias figuras y organizaciones dentro y en la periferia del Partido Demócrata están intentando esparcir la ficción de que se pueden implementar medidas para abordar la desigualdad social sin atacar frontalmente la riqueza de la clase gobernante y el propio sistema capitalista. Esto supuestamente se logrará a través del Partido Demócrata, un partido capitalista de derecha que ha tenido un rol fundamental en presidir una redistribución masiva de riqueza a favor de los ricos.

La representante de Nueva York en el Congreso, Alexandria Ocasio-Cortez ha llamado a imponer una tasa marginal de impuestos de 70 por ciento sobre los ingresos mayores a $10 millones. Como todo lo que propone la legisladora, la demanda es “aspiracional”. Es decir, cualquier política del partido que evisceró completamente las regulaciones financieras en los años noventa sería una versión masivamente reducida de la propuesta original.

A la vez, la senadora Elizabeth Warren está llamando a implementar un “impuesto sobre la riqueza de dos por ciento para los estadounidenses con activos de más de $50 millones, así como de 3 por ciento para los que tienen más de $1 mil millones. Este impuesto recaudaría unos $275 mil millones o aproximadamente uno por ciento de los casi $30 billones, según una estimación, que el Gobierno estadounidense brindó para rescatar el sistema financiero estadounidense después de 2008.

En su último número, la revista Jacobin, afiliada a los Socialistas Democráticos de Estados Unidos (DSA, por sus siglas en inglés), está dedicado a promover la campaña electoral del demócrata Bernie Sanders. La revista describe “Un plan para ganar el socialismo en Estados Unidos”, definiéndolo como poco más que la distribución de ganancias por medio de “un impuesto sobre las acciones de las empresas lucrativas para construir fondos controlados por los sindicatos”.

Jacobin no deja claro cómo será diferente este “socialismo” del actual sistema en las empresas automotrices cuyos fondos jubilatorios de salud son administrados como cajas negras por el sindicato corporativista UAW, el cual le da a los trabajadores miserables cheques de distribución de ganancias anuales después de explotarlos despiadadamente.

Lo que ninguno de estos autoproclamados reformistas menciona es cómo se implementarán estas propuestas extremadamente modestas ante una élite gobernante brutal y reaccionaria. Si la Reserva Federal no puede aumentar sus tasas —en defensa de los intereses de largo plazo del capitalismo— y las cortes pisotean las leyes existentes contra los monopolios, no es difícil imaginarse la reacción furiosa a incluso el esfuerzo más limitado para aumentar los impuestos a los ricos.

Toda lucha seria de la clase obrera contra el capitalismo plantea la necesidad de la expropiación total de la oligarquía financiera y la fuente de su dinero: la explotación de seres humanos a través de las relaciones de propiedad capitalistas.

No hacen falta propuestas “aspiracionales” para aumentar impuestos por unos cuantos puntos porcentuales, las cuales nunca serán alcanzadas bajo el capitalismo, sino la expropiación de la clase gobernante. Todos los grandes bancos y empresas tienen que ser puestos bajo un control democrático y propiedad pública. El dominio de la oligarquía financiera sobre la vida económica, y por ende política, debe ser abolido.

La fuerza social que llevará a cabo está transformación general de la sociedad, la clase obrera internacional, ya entró en la palestra de la lucha de clases. Necesita adoptar el programa del socialismo, es decir, la reorganización de la sociedad, pero no a instancias del uno por ciento más rico y sus envidiosos aduladores del diez por ciento superior, sino el 90 por ciento inferior de la sociedad: la gran masa de la clase obrera que crea toda la riqueza.

(Publicado originalmente en inglés el 27 de febrero de 2019)

Andre Damon