Trump reconoce la anexión israelí de los Altos del Golán: una luz verde para guerras globales

27 marzo 2019

La apurada ceremonia en la Casa Blanca en la que el presidente Donald Trump firmó un decreto que concede el reconocimiento oficial estadounidense de la anexión ilegal israelí de los Altos del Golán sirios es un acto que, superficialmente, parece cambiar poco la situación en el terreno en Oriente Próximo. Sin embargo, nadie debería subestimar sus implicaciones globales y de gran alcance.

En una breve proclamación presenciada por el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, Trump declaró que “Estados Unidos reconoce que los Altos del Golán son parte del Estado de Israel”.

Argumentó que la captura ilegal de los Altos del Golán por parte de Israel en 1967, su anexión unilateral del territorio catorce años después y su continua afirmación de control y agresiva construcción de asentamientos judíos y explotación capitalista israelí en el territorio se justificaban por “la necesidad de Israel de defenderse de Siria y otras amenazas regionales”, incluyendo Irán.

Qué absurdo. Trump pone la realidad patas arriba. Israel ha utilizado los Altos del Golán como una plataforma para sus propios ataques incesantes contra Siria, incluyendo armar y apoyar milicias islamistas como Estado Islámico en la guerra de cambio de régimen contra el Gobierno de Bashar al-Asad, así como miles de bombardeos aéreos que su propio jefe del Estado mayor reconoció más temprano este año.

El reconocimiento por parte de Washington de la “soberanía israelí sobre los Altos del Golán” coincide con reportes de que el ejército estadounidense está consolidando su ocupación permanente del este de Siria, incluyendo las principales áreas de producción de petróleo y gas natural en el país. Esto sigue el anuncio abortado a fines del año pasado de que “traería las tropas a casa” desde Siria. En semanas recientes, ha habido reportes de que alrededor de mil tropas, respaldadas por números aún mayores en Irak, seguirán en suelo sirio, mientras que se ha visto a militares estadounidenses transportando grandes cantidades de armas y otro material bélico a la zona ocupada por EUA.

En otras palabras, Trump está reconociendo la anexión israelí de los Altos del Golán, incluso mientras Washington está ocupando y efectivamente anexando el territorio sirio al este del río Éufrates.

En términos políticos de rango corto, la acción de Trump estuvo incuestionablemente dirigida a apuntalar a su aliado derechista Netanyahu, quien se enfrenta a un puñado de cargos de corrupción y una potencial derrota en los comicios del 9 de abril ante un grupo de generales que se están postulando bajo la llamada coalición Blanquiazul encabezada por el exjefe del Estado Mayor, Benny Grantz.

Netanyahu, quien es tanto el primer ministro como el ministro de Defensa de Israel, acortó su visita a Washington para regresar a Israel para aparecer liderando una ofensiva vengativa contra Gaza por lanzar un solo misil que no mató a nadie y que tanto Hamas, que administra el territorio ocupado, como Yihad Islámico, su otra importante facción armada, han negado la culpa.

Aviones de guerra israelíes llevaron a cabo bombardeos por toda la franja de Gaza, incluso en la densamente poblada Ciudad de Gaza. En otros actos de castigo colectivo, las fuerzas de ocupación israelíes bloquearon los únicos dos puntos de cruce hacia el empobrecido territorio —efectivamente una prisión al aire libre para dos millones de palestinos— y forzaron a los pescadores palestinos que intentan atrapar algo frente a las costas del territorio a volver a tierra.

Los oficiales de Hamas anunciaron el lunes por la noche que habían alcanzado un acuerdo de alto al fuego mediado por Egipto pero que Tel Aviv seguía en silencio sobre el tema. Todos los contendientes electorales de Netanyahu lo están atacando desde la derecha por no tomar medidas lo suficientemente sangrientas para aplastar la resistencia en Gaza. El líder del Partido Laborista, el cual se hace pasar por la “izquierda” burguesa en Israel, denunció a Netanyahu por ser un hombre “de palabras y no de acciones”. Mientras tanto, las Fuerzas de Defensa de Israel expandieron su división de Gaza con mil tropas más, una nueva brigada acorazada de infantería, según la cúpula advierte que “todas las opciones están sobre la mesa”.

El reconocimiento por parte de Trump de la anexión israelí de los Altos del Golán primeramente alimentará la agresión militar israelí en los territorios ocupados y el resto de la región. También empujará el giro en curso de la política capitalista israelí más hacia la derecha hacia fascismo abierto.

El ciclo electoral actual ha sido testigo de una alianza de Netanyahu con el partido fascista, Otzma Yehudit (Poder Judío), el cual salió del Partido Kach de Meir Kahane, definido por el Departamento de Estado de EUA como una organización terrorista. Junto a los sionistas religiosos del partido Casa Judía, la coalición de Netanyahu apoya la limpieza étnica de la población palestina en Israel y los territorios ocupados en busca de su objetivo de un “Gran Israel”, un proyecto imperialista y colonialista vinculado a la subyugación de Oriente Próximo en nombre de los intereses del imperialismo estadounidense y la preparación de una guerra con Irán.

Durante la contienda electoral en marcha, este giro hacia una política explícitamente fascistizante, vinculada con el crecimiento del militarismo en Israel e internacionalmente, es inconfundible. La propaganda de campaña incluyó un anuncio televisivo con la ministra de justicia de extrema derecha, Ayelet Shaked, roseándose con una botella de perfume llamada “Fascismo” y declarando a la cámara, “Para mí, huele a democracia”. Otro anuncio muestra a un miembro derechista de la Knéset, Oren Hazan haciendo una parodia de una película de Clint Eastwood en la que mata a disparos a Jamal Zhalka, un ciudadano palestino de Israel y líder del partido Balad en la Knéset.

Para los Altos del Golán, el edicto de Trump dará un indudable empujón a la marcha israelí hacia erradicar lo que queda de la población original del territorio. Unos 130.000 sirios escaparon por sus vidas cuando el ejército israelí invadió el Golán en 1967. Los otros 25.000 árabes drusos han rechazado en su abrumadora mayoría rechazar los intentos de Tel Aviv de obligarlos a aceptar la ciudadanía israelí, insistiendo en que son sirios.

El sábado, cientos marcharon en Majdal Shams de los Altos del Golán protestando el inminente decreto de Trump. Uno le dijo a la prensa, “Desde aquí, decimos que [los Altos del] Golán son árabes y sirios y que ni Trump ni alguien más puede decidir su futuro”. Otro declaró, “Si quiere darle tierra a Israel, que le dé uno o dos de sus estados en EUA”.

Durante un viaje del secretario de Estado de EUA, Mike Pompeo, a Israel y Líbano la semana pasada, un reportero le preguntó si EUA estaba siguiendo una “política de doble moral” al reconocer la soberanía israelí sobre los territorios tomados de Siria, mientras acusaba a Rusia de anexar Crimea, el pretexto para imponerle sanciones e intensificar agresivamente las amenazas militares de la OTAN. Ni hablar que la población de los Altos del Golán ha rechazado la ocupación israelí por más de 50 años, mientras que la de Crimea acogió en su gran mayoría la ciudadanía rusa.

“No, para nada”, respondió Pompeo tontamente. “Lo que hizo el presidente con los Altos del Golán es reconocer la realidad en el terreno y la situación de seguridad necesaria para la protección del Estado israelí. Es así —así de simple—”.

Reconocer la “realidad en el terreno” y lo necesario para “la situación de seguridad” de Estados fue precisamente la explicación dada para las anexiones que produjeron las muertes de cientos de millones de personas a lo largo del siglo veinte.

La anexión de Bosnia y Herzegovina por parte del imperio austrohúngaro en 1909 es vista por los historiadores como el preludio de la Primera Guerra Mundial, mientras que la serie de anexiones llevadas a cabo por el régimen nazi en Alemania desató la Segunda Guerra Mundial.

Fue al reconocer estas “realidades” históricas que, después de la Segunda Guerra Mundial, las principales potencias modificaron las convenciones de Ginebra y adoptaron una carta fundacional de las Naciones Unidas con el objetivo de ilegalizar tales anexiones y rechazar las amenazas a la integridad territorial de los Estados existentes.

En preparación para una tercera guerra mundial, estos principios formalmente aceptados tras la segunda guerra mundial han sido lanzados a la basura. La santificación de la toma de tierra israelí en el Golán por parte del Gobierno de Trump prepara el escenario para invasiones y anexiones mucho más sangrientas y el renacimiento del colonialismo directo del siglo veintiuno.

El imperialismo estadounidense está buscando legitimar este crimen de medio siglo a fin de allanar el camino hacia guerras mucho más amplias en Oriente Próximo. Sin embargo, esta acción se produce en medio una intensificación gradual de la lucha de clases en la región, desde protestas y huelgas de masas que han sacudido Argelia y la lucha de los maestros y otros trabajadores que desafían el régimen de Marruecos, hasta las luchas obreras en Irán, las protestas contra las condiciones sociales abismales en Gaza y las huelgas de trabajadores ferroviarios dentro de Israel que desafían los acuerdos negociados entre el Estado y el sindicato oficial, Histadrut.

La única respuesta a la amenaza de guerra y el fascismo yace en la movilización política independiente de la clase obrera. En respuesta al giro derechista de Washington y Tel Aviv, esto plantea la urgente necesidad de unir a los trabajadores judíos y árabes en lucha por una Federación Socialista de Oriente Próximo como parte de la lucha por poner fin al capitalismo en todo el planeta.

(Publicado originalmente en inglés el 26 de marzo de 2019)

Bill Van Auken