Periodista estadounidense expone las condiciones casi carcelarias de Julian Assange

por Oscar Grenfell
30 marzo 2019

Cassandra Fairbanks, periodista en línea de los EUA, publicó una crónica de una visita que le hizo a Julian Assange el lunes, que confirma que el editor de WikiLeaks está siendo amordazado políticamente y sometido a condiciones en la embajada ecuatoriana de Londres similares a las de un prisionero de máxima seguridad.

Julian Assange

Ayer se cumplió un año desde que las autoridades ecuatorianas cortaron el acceso a Internet de Assange, redujeron su derecho a recibir visitas y le prohibieron hacer declaraciones políticas, incluso sobre su propia situación.

El gobierno ecuatoriano, que anteriormente otorgó asilo político a Assange en 2012, ha estado bajo una presión cada vez mayor por parte de los EUA y sus aliados para obligar al fundador de WikiLeaks a salir de la embajada. Assange se expondría a ser arrestado inmediatamente por parte de la policía británica por cargos inventados respecto a su fianza, y la posibilidad de extradición a los Estados Unidos, por cargos fabricados de espionaje y de conspiración que conllevan la pena máxima de cadena perpetua o la pena de muerte.

Washington ha intensificado su persecución a Assange en las últimas semanas. El 8 de marzo, Chelsea Manning fue arrestada y encarcelada por tiempo indefinido, por negarse a declarar delante de una audiencia a puertas cerradas del Gran Jurado con el objetivo de inventar cargos contra Assange.

Manning, quien en 2010 filtró valientemente los registros de guerra y los cables diplomáticos del ejército estadounidense a WikiLeaks exponiendo los crímenes de guerra y las intrigas diplomáticas mundiales de Washington, estuvo siete años encarcelada bajo la administración de Obama. Ahora lleva tres semanas en una celda de aislamiento.

El artículo de Fairbanks demuestra que Assange y Manning, cuyas difíciles situaciones como presos políticos están inextricablemente vinculadas, están siendo sometidos a condiciones punitivas similares.

Fairbanks dijo que era la tercera vez que visitaba a Assange en el último año, y “cada vez el ambiente parece empeorar más”. Ella escribió: “Cuando lo visité por primera vez, lo que creo que fue hace un año, el ambiente era mucho más acogedor. El personal y el embajador que estuvieron allí durante mi primera visita ya han sido reemplazados”.

Ahora a los visitantes no se les permite mantener sus teléfonos cuando se encuentran con Assange. Si traen un teléfono al edificio, están obligados a entregarlo a las autoridades ecuatorianas y proporcionar datos detallados, incluyendo su número de serie y marca. Fairbanks dijo que le habían “dicho que no se podía confiar en que Ecuador mantuviera mi teléfono”.

Fairbanks dijo que la registraron después de entrar a la embajada y la llevaron a una sala de conferencias “donde dos grandes cámaras visibles apuntaban a la mesa”. Assange apareció en la puerta de la sala, pero no se le permitió entrar.

El personal de la Embajada le exigió que se sometiera a un escáner de detector de metales por todo el cuerpo aparentemente sin precedentes antes de reunirse con Fairbanks. Parece que esto tenía la intención de evitar que Assange trajera cualquier dispositivo a la habitación, como una radio, que podría usarse para evitar que su conversación sea grabada y monitoreada por funcionarios de la embajada.

De acuerdo con Fairbanks, Assange protestó, declarando: “No quiero hacer la exploración del cuerpo. Es indigno y no es apropiado. Solo estoy tratando de tener una reunión privada con una periodista”.

El personal de la embajada cerró la puerta de la sala de conferencias. Los abogados de Assange se vieron obligados a someterse a una exploración de todo el cuerpo antes de ingresar e informar a Fairbanks de la situación.

Cuando se fueron, la puerta de la sala de conferencias se cerró. Fairbanks más tarde intentó salir de la habitación, solo para descubrir que había estado encerrada. Estuvo efectivamente detenida durante una hora. Durante ese tiempo, Fairbanks dijo que escuchó a Assange oponerse a las acciones del personal de la embajada.

Fairbanks fue posteriormente liberada de la habitación y conducida al vestíbulo. Ella dijo que escuchó a Assange preguntar: “¿Esto es una prisión? ¡Así se trata a un prisionero, no a un refugiado político!” El embajador ecuatoriano, Jaime Alberto Marchán, supuestamente respondió que las medidas eran “¡para nuestra protección y para protegerlo a usted!”.

Fairbanks luego relató el siguiente intercambio: “‘Me han estado vigilando ilegalmente’, insiste Assange con severidad. ‘Quiero que te calles’, dice el embajador. ‘Sé que quieres que me quede callado, el presidente ecuatoriano ya me ha amordazado’, respondió Assange. ‘Tengo prohibido producir periodismo’”.

Más tarde, Assange declaró: “Usted ha estado trabajando con el gobierno de los Estados Unidos en mi contra, ¡es vergonzoso! Usted es un agente del gobierno de los EUA y habrá consecuencias por sus actos ilegales”.

El personal de la embajada ecuatoriana arruinó efectivamente la reunión entre Assange y Fairbanks. Solo pudieron saludarse brevemente en el vestíbulo del edificio.

Después de la publicación del artículo de Fairbanks el martes en el sitio web derechista Gateway Pundit, la cuenta oficial de Twitter de WikiLeaks emitió una publicación que indicaba que el equipo legal de Assange había “confirmado cada elemento fáctico” de su crónica.

Kristinn Hrafnsson, quien fue nombrado editora en jefa de WikiLeaks en octubre pasado, tras el silenciamiento de Assange por parte del gobierno ecuatoriano, tuiteó: “El tratamiento de Julian Assange en la embajada de Ecuador es inaceptable. Es despreciable que el gobierno de una nación se vuelva contra un hombre al que haya concedido asilo diplomático de tal manera que tenga menos derechos que un prisionero”.

Las condiciones documentadas por Fairbanks parecen haberse vuelto incluso más onerosas que las descritas por el conocido periodista John Pilger a principios de este mes en un mitin del Partido Socialista por la Igualdad (SEP) en Sydney convocado para defender a Assange y exigir su libertad inmediata.

Pilger, quien visitó por última vez al fundador de WikiLeaks el 31 de diciembre, comparó las condiciones en la embajada con la habitación 101 de la novela distópica de George Orwell, 1984. El periodista australiano se había visto obligado a comunicarse con Assange con notas y susurros para evitar las medidas de vigilancia en la habitación.

Las condiciones hostiles impuestas a Assange son una advertencia más de los planes para obligarlo a salir de la embajada y en manos de las autoridades estadounidenses y británicas, que representan a los gobiernos cuyos delitos y vigilancia en masa ha hecho tanto por exponer.

Ayer, el ministro de Relaciones Exteriores de Ecuador, José Valencia, quien tiene estrechos vínculos con las autoridades estadounidenses, prometió medidas “firmes y sostenidas” contra Assange, porque la cuenta de Twitter de WikiLeaks, que Assange no controla, publicó en Twitter informes de prensa sobre un escándalo de corrupción que involucra al presidente ecuatoriano Lenín Moreno y su hermano. Según WikiLeaks, los medios estatales ecuatorianos también sugirieron que “Assange debería ser arrestado” por el reportaje del escándalo.

Los últimos desarrollos subrayan la urgencia de extender la campaña en defensa de Assange y Manning, incluso mediante la participación en mítines que se llevan a cabo en los Estados Unidos a través del SEP y la Juventud y Estudiantado Internacional para la Igualdad Social.

Las declaraciones desafiantes de Assange, según lo informado por Fairbanks, demuestran que, como Pilger declaró en el mitin de Sydney, el fundador de WikiLeaks “nunca obedecerá al Gran Hermano”.

El tratamiento brutal de Assange y Manning es una acusación de los sucesivos gobiernos australianos, laboristas y liberales-nacionales, que han participado en la venganza dirigida por Estados Unidos contra Assange, un ciudadano australiano. También es una exposición condenatoria de aquellas organizaciones, como los sindicatos, los Verdes y la pseudoizquierda, que antes decían defender al fundador de WikiLeaks, pero lo abandonaron hace mucho.

La demanda planteada por las manifestaciones del SEP en Sydney y Melbourne este mes, para que el gobierno australiano tome medidas inmediatas para asegurar la liberación de Assange y el paso seguro a Australia, con una garantía contra la extradición a los Estados Unidos, debe ser presentada por todos los defensores de los derechos democráticos. Será una característica central de la campaña del SEP en las próximas elecciones federales de Australia.

(Publicado originalmente en inglés el 29 de marzo 2019)