Las implicaciones políticas de las negociaciones entre May y Corbyn sobre el brexit

6 abril 2019

Las negociaciones sobre un acuerdo alternativo para la salida británica de la Unión Europea (UE) o brexit entre la primera ministra conservadora, Theresa May, y Jeremy Corbyn refutan decisivamente todas las afirmaciones de que su elección como líder del Partido Laborista ofrecía un camino adelante para el pueblo trabajador.

El imperialismo británico se encuentra en medio de su crisis más profunda en el periodo de la posguerra. El Gobierno conservador se tambalea al borde del colapso. Las tensiones políticas y sociales están en un punto de inflexión y la respuesta de la clase gobernante es buscar en Corbyn su salvación política.

El martes, respondió abandonando inmediatamente su demanda de convocar elecciones generales y aceptó la apelación desesperada de May respecto a mantener “la unidad nacional para servir el interés nacional”. Él asumiría su “responsabilidad de representar al pueblo que apoyo al laborismo en las últimas elecciones, así como al pueblo que no apoyó al laborismo”.

Por más de tres años, Corbyn les ha insistido a los miles de trabajadores y jóvenes que se unieron al Partido Laborista en respuesta a su victoria electoral que no pueden exigir la expulsión del ala derechista y blairista e implementar políticas socialistas porque la unidad del partido es esencial para derrotar a los “conservadores. Ahora, la “unidad del partido” ha sido reemplazada por la “unidad nacional”, según promete prorrogar cualquier moción de censura contra el Gobierno hasta un fracaso definitivo en garantizar un acuerdo de brexit con la Unión Europea.

La llegada de Corbyn a la cabeza del partido en 2015 fue gracias a un aumento en la oposición social y política en la clase obrera tras décadas de Gobiernos conservadores, nuevolaboristas y conservadores-liberales que llevaron a cabo una enorme transferencia de riqueza social a manos de la patronal. Fue un intento de resistencia por parte de los trabajadores y jóvenes que se intensificó hasta que May intentó impulsarse por medio de elecciones generales anticipadas en 2017 y los conservadores quedaron como un Gobierno de minoría después del más grande giro hacia el laborismo desde Clement Attlee en 1945.

Lejos de expandir su ventaja, Corbyn pasó de apaciguar poco a poco a la derecha del partido a doblegarse plenamente. La conferencia del Partido Laborista en 2018 fue testigo de cómo Corbyn se opuso a las demandas de que se llevara a cabo la reelección obligatoria de parlamentarios y permitió que sus simpatizantes más cercanos fueran sometidos a una cacería de brujas y expulsados. Mientras tanto, su canciller de la sombra, John McDonnell visitaba la City de Londres para jurarles lealtad.

En la actualidad, bien podría ser líder del partido el blairista Tom Watson, quien es actualmente el líder adjunto tras Corbyn. Cuando Watson le dijo a la revista Prospect que estaba listo para formar parte de un Gobierno de unidad nacional con los conservadores que apoyan quedarse en la UE, la oficina de Corbyn denunció los planes de “una trampa de la élite política”. Tres días después, Corbyn se involucró en una trampa real para prevenir una elección general que el parlamentario conservador, Johnny Mercer, dijo que vería a su partido “arrasado”.

Lo último que Corbyn contemplaría es llegar al poder como resultado de un movimiento de la clase obrera que quizás no podría controlar. Solo quiere servir al imperialismo británico y seguir sus esfuerzos para suprimir la lucha de clases, funciones que han caracterizado su conducción. La apertura de May hacia Corbyn confirma que la clase gobernante entiende que él es un aliado esencial contra la clase obrera.

Estas son experiencias estratégicas para la clase gobernante en Reino Unido, Europa e internacionalmente. Corbyn ha sido promovido como un modelo por las formaciones pseudoizquierdistas de todo el mundo. Sin embargo, antes que Corbyn, este mismo servicio fue provisto por Syriza en Grecia, Podemos en España, el Bloque de Izquierda en Portugal y Bernie Sanders en EUA —siempre con el mismo impacto desastroso—.

Desde un principio, el Partido Socialista por la Igualdad advirtió: “Corbyn representa el último esfuerzo desesperado para resucitar una política que ha fracasado una y otra vez y que ha desempeñado un papel crucial para la burguesía en prevenir un desarrollo revolucionario en la clase obrera: la política de intentar empujar al laborismo hacia la izquierda”.

Subrayamos que, cuando Syriza llegó al poder en enero de 2015 debido a sus promesas de oponerse a las medidas de austeridad respaldadas por la UE, “esto fue aplaudido por las organizaciones pseudoizquierdistas en todas partes como un evento transformador que cambiaría la trayectoria de la política europea. En cambio, Syriza pasó meses suplicándole a la UE que hiciera ciertas miserables concesiones según los términos de imponer las medidas de austeridad de la UE, antes de repudiar un voto con una mayoría aplastante en contra de continuar la austeridad en el referendo de julio [de 2015] y acordar imponer recortes incluso más agresivos que los de sus predecesores”.

Las afirmaciones de la pseudoizquierda están hechas trizas. Esta semana, el Partido Socialista británico escribió sobre “un silencio llamativo de los dirigentes sindicales”, quienes “no han podido articular la situación desesperante en las comunidades obreras”, y “la voz difusa, apenas distinguible de Jeremy Corbyn”—sin siquiera mencionar sus negociaciones con May—. El Partido de los Trabajadores Socialistas (SWP, por sus siglas en inglés) describió sus negociaciones como “una trampa para el laborismo” y “una cubierta para servir los intereses empresariales”. Concluye: “El elemento que hace falta es una intervención independiente de la clase obrera en la crisis. Es por eso por lo que el Gobierno no ha colapsado”, sin criticar a Corbyn.

El impasse en torno al brexit está arraigado en el estallido global de antagonismos interimperialistas provocados por la competición enconada entre potencias rivales por el control de los mercados mundiales. Bajo Donald Trump, Estados Unidos ha girado marcadamente hacia el proteccionismo, las guerras comerciales y la intensificación de las amenazas de guerra. Las principales potencias europeas han respondido buscando reforzar a la UE como un bloque comercial proteccionista con su propio poderío militar, incluso cuando los antagonismos entre ellas amenazan su resquebrajamiento.

En todas partes, el crecimiento de las tenciones nacionales halla su expresión política en un desplazamiento hacia la derecha de todos los principales partidos y los Gobiernos imperialistas. Mantenerse globalmente competitivos significa atacar interminablemente los puestos de trabajo, salarios y condiciones de la clase obrera, lo que a su vez exige formas autoritarias de gobierno. En Europa, esto ha impulsado la expansión de los movimientos ultraderechistas y fascistizantes que explotan la hostilidad popular a las políticas de austeridad de la UE y que utilizan a los migrantes y refugiados como chivos expiatorios. Estas fuerzas ya están en el poder en Italia, Hungría, Austria y Polonia y constituyen importantes partidos de oposición en Francia, Alemania y Holanda, siendo promovidos por la prensa y el aparato estatal como una fuerza de choque contra la clase obrera.

El continuo apoyo a Corbyn y al laborismo facilita esta peligrosa evolución. La elección de Trump, el auge de Marine Le Pen en Francia y el ingreso de Alternativa para Alemania en el Bundestag (Parlamento) fueron todos posibles por el papel corrompible de los partidos oficiales de “izquierda”, los sindicatos y sus apologistas de la pseudoizquierda.

Están apareciendo las condiciones propicias para que la clase obrera monte una contraofensiva. La exposición política de Corbyn y la pseudoizquierda se produce bajo condiciones de una ola cada vez más grande de huelgas y protestas internacionalmente, tras décadas de supresión de la lucha de clases por parte de los viejos partidos socialdemócratas y estalinistas, y los sindicatos.

En Francia, las manifestaciones de los “chalecos amarillos” están siendo acompañados por una huelga nacional docente. La ola de huelgas continúa en Portugal y Hungría y están ocurriendo protestas de masas contra la ultraderecha en Italia. El nivel de huelgas en EUA alcanzó su mayor nivel desde 1986. Han estallado huelgas y protestas masivas en Argelia y Sudán que amenazan con tumbar los Gobiernos.

Los trabajadores en Reino Unido necesitan basarse conscientemente en este movimiento emergente de la lucha de clases global. Para ello, se requiere un nuevo programa y una nueva dirección. La respuesta al brexit y la fracturación nacionalista del continente es un movimiento unido de la clase obrera británica y europea por los Estados Unidos Socialistas de Europa. El PSI y sus partidos hermanos en Francia y Alemania se están dedicando a construir secciones del Comité Internacional de la Cuarta Internacional por toda Europa para que conduzcan este giro político estratégico.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 5 de abril de 2019)

Chris Marsden