Los barbáricos Estados Unidos

8 abril 2019

Abundan las violaciones, los asesinatos, las golpizas, los apuñalamientos y los incendios intencionales. Las súplicas de ayuda, pintadas con sangre, manchan las paredes de los prisioneros en confinamiento solitario. Se han registrado quince suicidios en los últimos 15 meses.

Esta no es la descripción de una cámara de tortura en la Egipto de al-Sisi ni en la Arabia Saudita de Bin Salman. Tampoco se trata del abuso de detenidos en la notoria prisión de Abu Ghraib en Irak, el campo de prisioneros en la bahía de Guantánamo o una prisión clandestina de la CIA.

Estas son las condiciones de pesadilla en el sistema carcelario administrado por el estado de Alabama, según fue descrito por el Departamento de Justicia en un reporte publicado esta semana. Constituyen una violación grave de la Octava Enmienda de la Constitución de EUA que prohíbe castigos crueles e inusuales.

Antes de la publicación del reporte, la organización Southern Poverty Law Center entregó a los medios más de 2.000 fotografías de abuso en una prisión de Alabama que muestran las condiciones abominables y detalladas en los cientos de entrevistas con prisioneros y sus familias que realizaron los investigadores federales durante más de dos años.

Pese a ser particularmente horrendas, tales condiciones no son del todo únicas. Se repiten de distintas maneras en las prisiones de cada estado, condado y ciudad de todo Estados Unidos, donde más de 2,3 millones de personas están encerradas como ganado en un sistema desbordado de prisiones estatales y federales, cárceles locales y centros de detención para inmigrantes. Al incluir a aquellos en periodos de prueba o libertad condicional, son casi siete millones de estadounidenses los que están atrapados en lo que llaman absurdamente el “sistema de justicia criminal”.

Estados Unidos tiene a un cuarto de la población encarcelada del mundo. Por cada 100.000 residentes, hay 698 personas en prisión. Más de 540.000 de internos en un día dado no han sido sentenciados por ningún crimen. Muchos están detenidos simplemente porque son demasiado pobres para pagar la fianza promedio de $10.000. Otro medio millón, uno de cada cinco internos, están cumpliendo sentencias largas por condenas no violentas relacionadas con drogas.

Los investigadores estiman que 61.000 prisioneros están en confinamiento solitario en un día dado, una forma de encarcelamiento que las Naciones Unidas ha calificado de tortura. Al menos 4.000 prisioneros en completo aislamiento del mundo exterior sufren enfermedades mentales severas. El confinamiento en estos ataúdes vivos se sabe que conducen a las personas a suicidarse.

Mientras que las prisiones para deudores son oficialmente ilegales, los trabajadores pobres son detenidos rutinariamente por sus deudas. Una madre en Indiana fue detenida por tres días en febrero en una cárcel precaria junto a prisioneros condenados por no pagar una cuenta de ambulancia que nunca recibió en el correo. Tales historias son comunes.

El Gobierno federal bajo Trump, el cual ha expandido las políticas desarrolladas bajo Obama, está librando una guerra contra los inmigrantes, deteniendo a miles de hombres, mujeres y niños en condiciones degradantes. Unas 77.000 personas fueron detenidas en febrero por intentar cruzar la frontera sur. Los trabajadores inmigrantes están siendo cazados y arrestados en sus propios hogares y lugares de trabajo.

La crueldad del Gobierno estadounidense estuvo en pleno despliegue esta semana cuando 280 trabajadores indocumentados fueron detenidos por agentes federales en Allen, Texas. Fue el allanamiento más grande en una década.

Además, ha habido una ola interminable de asesinatos policiales, con más de mil personas matadas a tiros, con pistolas paralizantes o a golpes cada año en las calles de las ciudades estadounidenses. Los cargos criminales por asesinatos policiales son poco comunes y las sentencias son casi desconocidas. Los policías tienen una luz verde para matar, mutilar y brutalizar con impunidad.

Si fueran expuestas en Rusia o China las condiciones que existen en las prisiones estadounidenses, causaría un revuelo en los medios y los pasillos del Congreso a favor de sanciones económicas y una intervención militar “humanitaria”.

Hace cincuenta años, un reporte como este que expone las condiciones en las prisiones de Alabama habría generado gran sorpresa y peticiones de actuación, incluso de secciones de la élite política y mediática; sin embargo, hoy si acaso provoca un murmuro.

El Partido Demócrata guarda silencio porque es cómplice en la enorme degeneración en las condiciones de las prisiones estadounidenses. El presidente Bill Clinton firmó la legislación que sentó las bases para un aumento histórico en la población carcelaria. Los demócratas presiden un sistema de prisiones en California hallado culpable por la Core Suprema en 2011 de ser “cruel e inusual” en violación a la Constitución.

Las capas ensimismadas de la clase media-alta dentro y en torno al Partido Demócrata no están interesadas. Los promotores de la campaña #MeToo (#Amítambién) de los medios y la academia no tienen nada que decir de la violencia sexual en las prisiones estadounidenses, ni de la violencia infligida contra los inmigrantes que escapan a EUA.

La prensa ha minimizado la cobertura del reporte lo más posible, sin aparecer del todo en los programas vespertinos de noticias. Como sucedió con las fotografías de abuso de Abu Ghraib y del reporte del Senado sobre la tortura de la CIA, se ha buscado suprimir la información de lo que ocurre en Alabama. El New York Times y otros medios han decidido no publicar la mayoría de las fotos que documentan el abuso y la muerte.

A fin de cuentas, este es su Estado. Las condiciones en las prisiones estadounidenses y todo el aparato de violencia es una expresión nociva de la realidad de la “democracia” estadounidense. El aparato estatal será utilizado para suprimir la oposición social y política a las demandas del capital financiero. Esta es la cara verdadera del capitalismo estadounidense.

(Publicado originalmente en inglés el 6 de abril de 2019)

Niles Niemuth