El resurgimiento de la lucha de clases en Polonia

12 abril 2019

Treinta años después de que el régimen estalinista del general Wokciech Jaruzelski comenzara a colapsar y diera paso a la restauración capitalista, la lucha de clases está volviendo a estallar en Polonia. El lunes, más de 300.000 maestros lanzaron una huelga indefinida. Es el primer paro nacional de maestros en Polonia en décadas y una de las mayores huelgas en Polonia desde el movimiento masivo de huelgas en 1980-81 contra la dictadura estalinista.

La huelga es parte de una ola internacional de luchas por parte de educadores exigiendo mejores condiciones laborales, mayores salarios y escuelas decentes. El año 2018 presenció el número más alto de maestros estadounidenses en huelga en un cuarto de siglo. En Holanda y Argentina, se llevaron a cabo huelgas nacionales docentes en el último mes, mientras que hay huelgas de docentes en marcha en Francia, Túnez, Marruecos y otros países africanos.

Las huelgas de maestros a su vez forman parte de un resurgimiento más amplio de la clase obrera internacional que incluye a Europa Central y Europa del Este. El paro de educadores en Polonia sigue a una huelga de dos semanas por parte de los trabajadores de la aerolínea nacional LOT y a huelgas de los trabajadores polacos de Amazon. En meses recientes, hubo huelgas en la industria automotriz y otras en Rumanía, Hungría, República Checa, Serbia y Kosovo, así como protestas masivas contra la llamada “ley esclavista” adoptada por el régimen derechista de Viktor Orbán en Hungría que obliga a los trabajadores a aceptar tiempo extra sin paga.

En Alemania, decenas de miles de trabajadores del sector público participaron en huelgas de advertencia en febrero contra el colapso de las escuelas, las condiciones laborales intolerables y las remuneraciones miserables. Miles de transportistas hicieron huelga en Berlín este marzo, paralizando la ciudad, y cuarenta mil personas protestaron en la ciudad el sábado contra el aumento en las rentas, exigiendo la expropiación de las empresas de bienes raíces y los fondos de inversión.

La burguesía teme que surja un movimiento socialista de la clase obrera a raíz de estas luchas. El Frankfurter Allgemeine Zeitung se mostró boquiabierto ante una encuesta que muestra que la mayoría de los trabajadores y jóvenes alemanes apoya la demanda de expropiación. Atónito, este medio de los bancos alemanes comentó: “Casi 30 años después de la caída del Muro de Berlín, Karl-Marx-Allee [el bulevar berlinés en el que marcharon los manifestantes el sábado] se ha vuelto un anuncio de la reintroducción del socialismo. Qué viva la revolución”.

La prensa alemana y europea está imponiendo un está imponiendo un apagón mediático sobre la huelga de docentes en Polonia porque hace añicos la narrativa oficial promovida por la Unión Europea. La restauración del capitalismo por parte de las dictaduras estalinistas no echó la lucha de clases al basurero de la historia. Entre los trabajadores de Europa del Este, hay una oposición profundamente arraigada a las políticas nacionalistas y económicamente autárquicas de los regímenes estalinistas, los cuales suprimieron brutalmente a la clase obrera y la candente oposición a las consecuencias de la restauración capitalista.

En el siglo veinte, la clase obrera polaca era una de las más militantes de Europa. Encabezó luchas monumentales contra la burocracia soviética durante el “Octubre polaco” de 1956, el levantamiento obrero en diciembre de 1970 y las huelgas masivas en 1980 que comenzaron en el astillero Lenin en Gdansk y se expandieron por todo el país involucrando a más de 400.000 trabajadores.

La afirmación que la revolución de octubre de 1917 en Rusia llevó inevitablemente al estalinismo es una mentira. Se refuta por el hecho histórico de que existió una alternativa revolucionaria socialista que se opuso implacablemente al régimen estalinista y que luchó por el programa de la revolución socialista mundial que había guiado la revolución encabezada por los bolcheviques. Esta alternativa fue la Oposición de Izquierda, la cual emergió a inicios de los años veinte bajo la dirección de León Trotsky, quien procedió a fundar la Cuarta Internacional en 1938 después del colapso y la traición del Comintern liderado por los estalinistas.

Los regímenes estalinistas en Europa del Este llevaron a cabo una expropiación burocrática de la propiedad capitalista a fines de los años cuarenta, pero no eran socialistas. Las cuantiosas luchas de los trabajadores en estos países contra las dictaduras estalinistas demostraron que existía una base objetiva en la clase obrera para la perspectiva alternativa avanzada por Trotsky: una revolución política contra las burocracias estatales como parte de una reanudación de la lucha internacional y revolucionaria de la clase obrera por el socialismo.

Según la clase obrera de Europa del Este emprende nuevamente una lucha, estas cruciales experiencias políticas e históricas deben ser asimiladas. Ante los peligros de guerras y gobierno autoritario que enfrentan los trabajadores de toda la región, la huelga polaca está movilizando a los maestros en un conflicto de frente contra fuerzas que operaron junto al régimen estalinista polaco para restaurar el capitalismo hace tres décadas.

Hoy, el sindicato Solidaridad es un movimiento abiertamente derechista, alineado con el Gobierno de extrema derecha en Polonia del partido Ley y Justicia (PiS, por sus siglas en polaco). Su rama magisterial fue el único sindicato que desde un principio aceptó los términos punitivos del Gobierno. Después de que la huelga comenzó el lunes, Ryszard Proksa, el titular del sindicato docente de Solidaridad además de ejercer como oficial local del Gobierno del PiS, denunció a los maestros que detuvieron sus labores y amenazó con represalias contra las secciones del sindicato que estuvieron en huelga.

Por su parte, el principal sindicato del país, ZNP, está buscando poner un fin súbito a la huelga. El líder, Slawomir Broniarz, ha declarado que la intención del sindicato es “apagar este incendio”, es decir, imponer un acuerdo podrido con el PiS.

Tras cuatro décadas de supresión burocrática por parte del régimen estalinista, seguidas por tres décadas de restauración capitalista, los trabajadores en Europa del Este se enfrentan a una crisis de perspectiva y dirección. Los requisitos elementales de conducir la huelga plantean la necesidad de construir nuevas organizaciones obreras desde las bases, controladas directamente por los propios trabajadores y que sean totalmente independientes de los sindicatos. Sin embargo, la historia polaca provee una lección particularmente significativa en que el papel que desempeñen estas organizaciones de base dependerá de la perspectiva de sus líderes.

La cuestión central que emergió en la lucha contra el estalinismo en Polonia fue el conflicto entre una perspectiva trotskista defendida por el Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI) y aquella avanzada por los pablistas, quienes eran pequeñoburgueses renegados del trotskismo que abandonaron la Cuarta Internacional y afirmaron que los partidos estalinistas podían ser presionados para que asumieran un papel revolucionario.

El movimiento Solidaridad emergió de una oposición auténtica e independiente de la clase obrera contra el estalinismo, llegando a agrupar a 10 millones de trabajadores. Sin embargo, cayó en manos de una dirección derechista que no encaminó a Polonia en dirección de una revolución política contra el estalinismo, sino hacia la restauración del capitalismo.

En esto, figuras pablistas como Jacek Kuroń reclamaron el protagonismo. Kuroń promovió a Lech Wałęsa para que estuviera en la conducción de Solidaridad y Wałęsa se convirtió en su líder y luego en el presidente del Gobierno capitalista polaco. Por su parte, Kuroń participó en las mesas redondas de 1989, convirtiéndose en ministro de Trabajo durante la restauración capitalista en 1989-1990 y 1992-1993.

Las tres décadas de gobierno capitalista no han producido el florecimiento de la democracia y la mejora de los niveles de vida de la clase trabajadora que fueron prometidos por los falsos profetas de las “revoluciones democráticas” capitalistas en Europa del Este, incluyendo Solidaridad. La restauración capitalista ha producido un desastre social para la clase obrera y la llegada al poder de fuerzas derechistas y fascistizantes.

Polonia es uno de los países más desiguales de Europa. Un estudio reciente intitulado “Desigualdad en Polonia” halló que las cifras oficiales “subestiman substancialmente el aumento de la desigualdad” durante los últimos 30 años. “La participación del 10 por ciento más rico en el ingreso pasó de 23 por ciento a 40 por ciento y la del 1 por ciento más rico aumentó de 4 por ciento a 14 por ciento entre 1989 y 2015”, concluye el estudio.

El Gobierno polaco ultranacionalista y pro-OTAN del PiS es belicista y antisemita. Ha apoyado la escalada de tensiones militares de Washington contra Rusia y ha dado la bienvenida a el despliegue de fuerzas de la OTAN cerca del enclave ruso de Kaliningrado, presentando el peligro constante de un conflicto entre potencias nucleares.

El año pasado, el PiS ilegalizó cualquier mención de los crímenes perpetrados por los polacos contra los judíos durante el Holocausto. Desde entonces, un número de historiadores que ha investigado el antisemitismo y los pogromos antijudíos en Polonia han sido expulsados de sus trabajos. Durante la celebración del Día de la Independencia de Polonia en noviembre del año pasado, varios altos oficiales estatales, incluyendo al primer ministro Mateusz Morawiecki, marcharon junto a fascistas de Polonia y otros países europeos.

La oposición cada vez mayor de la clase obrera polaca contra la austeridad y el PiS confirma el análisis del CICI. Hoy día, a diferencia de los años treinta, los movimientos ultraderechistas y los Gobiernos no cuentan con una base de masas, pero no son menos peligrosos, ya que están siendo deliberadamente promovidos por el Estado, los partidos de la élite política, la prensa y las secciones de académicos en respuesta a la amenaza de un movimiento socialista de la clase obrera. El movimiento en desarrollo de la clase obrera debe prepararse conscientemente. Esto requiere la construcción de secciones del CICI en Polonia y por toda Europa del Este para darle a las luchas en expansión una perspectiva y una dirección auténticamente socialistas.

(Publicado originalmente en inglés el 11 de abril de 2019)

Johannes Stern y Alex Lantier