Después de los bombardeos terroristas, el Gobierno de Sri Lanka impone emergencia nacional draconiana

24 abril 2019

El Gobierno de Sri Lanka ha explotado los bombardeos terroristas del domingo, los cuales cobraron al menos 290 vidas, para imponer una emergencia nacional que otorga draconianos poderes a la policía y el ejército para realizar arrestos y detenciones.

Mientras que muchos de los detalles no han salido a la luz, los atentados del domingo involucraron bombardeos coordinados, seguidos por meros minutos, en tres iglesias cristianas, llenas por los servicios del Domingo de Pascua, y tres hoteles de lujo. La cifra de muertos posiblemente aumentará, ya que muchos de los más de 500 heridos están en condición crítica.

El World Socialist Web Sitecondena estos horrendos bombardeos, los cuales asesinaron indiscriminadamente a hombres, mujeres y niños inocentes y dieron un pretexto al Gobierno para medidas antidemocráticas generalizadas.

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Incluso antes de que se anunciara el estado de excepción, el Gobierno impuso un bloqueo sin precedentes y a nivel nacional para bloquear las redes sociales, incluyendo Facebook, YouTube y WhatsApp, supuestamente para prevenir la circulación de “noticias falsas”. Además, se implementó un toque de queda.

El estado de emergencia activará secciones clave de la notoria Ley de Prevención de Terrorismo (PTA, por sus siglas en inglés) que permite al ejército, así como a la policía, llevar a cabo arrestos arbitrarios bajo sospecha de terrorismo y detener a sospechosos por periodos largos sin necesidad de presentar cargos.

La PTA, la cual también permite que se extraigan confesiones por medio de tortura y que sean aceptables en la corte, fue frecuentemente utilizado durante las tres décadas de guerra comunal por parte de varios Gobiernos en Colombia, en contra de los Tigres de Liberación del Eelam Tamil (LTTE, por sus siglas en inglés).

Las facultades de emergencia también permitirán el uso de fuerza para suprimir cualquier “amotinamiento, revuelta o conmoción civil” y el mantenimiento de servicios esenciales —una medida que, en el pasado, ha sido utilizada para suprimir huelgas—. La policía y el ejército podrán realizar allanamientos, requisar bienes e incluso adquirir propiedades que deben ser entregadas obligatoriamente, excepto terrenos.

El WSWS advierte que la profundidad de las medidas antidemocráticas va dirigida ante todo contra la clase obrera, coincidiendo con un resurgimiento de huelgas y protestas contra las agresivas medidas de austeridad del Gobierno. Cientos de miles de trabajadores de plantaciones hicieron huelga en diciembre del año pasado para exigir la duplicación de sus salarios de pobreza, pero lo sindicatos traicionaron su lucha.

Una de las primeras acciones del Gobierno bajo el estado de excepción ha sido prohibir todas las marchas y reuniones del 1 de mayo, el Día Internacional del Trabajador. Esta es una clara señal de que el verdadero blanco de la represión es la clase obrera. El 1 de mayo ha sido celebrado tradicionalmente por la clase obrera en el país como un día de solidaridad obrera internacional.

Los bombardeos se produjeron en medio de una aguda crisis política en los círculos gobernantes de Colombo, impulsada por la intensificación de las luchas de clases, así como de las rivalidades geopolíticas entre EUA y China.

El actual presidente esrilanqués, Maithripala Sirisena, llegó al poder durante las elecciones de 2015 en lo que constituyó una operación de cambio de régimen orquestada por Washington y con el apoyo de Ranil Wickremesinghe, quien fue nombrado primer ministro. EUA era hostil a los cercanos lazos de Rajapakse con China.

Tres años después, Sirisena y Wickremesinghe rompieron lazos ante la caída fuerte de la popularidad del Gobierno que resultó de sus amplios ataques contra las condiciones de vida del pueblo trabajador. En octubre del año pasado, Sirisena depuso a Wickremesinghe e instaló a Rajapakse como primer ministro y luego disolvió el Parlamento. Sin embargo, bajo las presiones de Washington, Sirisena se vio obligado a dar un giro completo y reinstalar a Wickremesinghe. Esto ocurrió después de que la Corte Suprema fallara que sus acciones habían sido inconstitucionales.

Los bombardeos del domingo sucedieron en el contexto de estas amargas rivalidades, intrigas y complots. Hasta la fecha, la revelación más extraordinaria es que 10 días antes de los bombardeos, la policía esrilanqués recibió una alerta de inteligencia extranjera advirtiendo específicamente sobre planes “para realizar atentados suicidas contra iglesias prominentes” por parte del grupo islamista National Thowheeth Jamma’ath (NTJ).

En desesperación por desviar la ira pública por el fracaso de la policía para tomar acción, las facciones rivales encabezadas por Wickremesinghe, Sirisena y Rajapakse están apuntándose unas a otras. No obstante, ninguna de las preguntas obvias se ha respondido: ¿cómo es que un grupo islamistas pequeño y poco conocido, previamente solo asociado con dañar estatuas budistas, obtendría los recursos y las habilidades necesarias para montar un ataque tan sofisticado y coordinado que involucró atacantes suicidas y que necesitaba meses de preparación?

Más allá, ¿cómo es que la policía, el ejército y los servicios de inteligencia, expandidos tras décadas de guerra civil, no tomaron acción, incluso después de que una alerta de inteligencia nombrara a los posibles atacantes? La élite política y el aparato de seguridad de Colombo están profundamente implicados en la promoción de chauvinismo cingalés budista y cuentan con fuertes vínculos con grupos extremistas budistas que han atacado tanto a cristianos como musulmanes y sus lugares de culto.

Mientras que los ministros del Gobierno han mencionado una “red internacional” siniestra, no se puede descartar el hecho de que los culpables estén en casa. ¿Pudo haber hecho caso omiso parte del aparato militar y de inteligencia al ataque inminente o incluso pudo manipular a los atacantes para que avanzaran sus objetivos políticos? Esto es ciertamente posible, dada la larga historia de artimañas sucias y crímenes por parte de las fuerzas de seguridad durante la prolongada guerra civil en la isla.

En un comentario particularmente revelador a la BBC, el ministro de telecomunicaciones, Harin Fernando, declaró: “Hay tantas formas de ver esto, pero en este momento nuestra mayor prioridad sería averiguar qué llevó a estos ocho o diez o doce hombres a perpetrar el ataque. Pero no estamos descartando un golpe de Estado ” (subrayado nuestro).

Independientemente de que haya habido una trampa en estos bombardeos, todas las facciones de la clase gobernante, a pesar de sus rivalidades profundas, están completamente unidas en una cuestión fundamental: su inmenso temor y hostilidad hacia las luchas emergentes de la clase trabajadora.

La imposición de medidas de Estado policial en Sri Lanka, incluyendo, por primera vez, una prohibición de las redes sociales, es parte de la agenda antidemocrática siendo impuesta en todo el mundo. El mes pasado, en cara al atentado fascista contra mezquitas en Nueva Zelanda, el Gobierno de dicho país censuró el internet y ahora está expandiendo el aparato represivo del Estado. Los bombardeos en Sri Lanka están siendo explotados para establecer nuevos precedentes, los cuales se expandirán al resto de Asia e internacionalmente.

(Publicado originalmente en inglés el 23 de abril de 2019)

K. Ratnayake y Peter Symonds