¿Por qué callan los Socialistas Democráticos de Estados Unidos sobre la persecución de Julian Assange?

31 mayo 2019

El anuncio del Departamento de Justicia de Estados Unidos el jueves pasado de cargos de espionaje contra Julian Assange ha dejado en claro que la persecución por parte del Gobierno de Trump del fundador de WikiLeaks es la punta de lanza de una campaña para anular las garantías a la libertad de expresión y la libertad de prensa consagradas en la Primera Enmienda de la Constitución estadounidense y así criminalizar el periodismo auténtico.

Este ataque contra los derechos democráticos fue tan descarado que incluso los periódicos que han apoyado la censura del internet, defendido los crímenes de guerra de Estados Unidos, participado en las calumnias contra Assange y respaldado su imputación bajo cargos de hacking sintieron la obligación de advertir sobre el peligroso precedente que establece la incriminación de un medio de comunicación bajo la Ley de espionaje por publicar secretos gubernamentales. Estos medios que publicaron editoriales protestando los últimos cargos contra Assange incluyen el New York Times, el Washington Post y el Wall Street Journal .

Aun así, la organización Socialistas Democráticos de Estados Unidos (DSA, Democratic Socialists of America) no ha dicho nada al respecto. El Comité Nacional Político de DSA no ha emitido ninguna declaración. Tanto la publicación oficial Left Weekly como la publicación afiliada Jacobin y su editor Bashkar Sunkara han guardado un silencio total sobre la imputación de Assange bajo la Ley de espionaje. Ni siquiera han tuiteado un reporte sobre la imputación.

El silencio de DSA sobre la persecución dantesca a la que ha sido sometido Julian Assange sin duda debería consternar a aquellos miembros y simpatizantes que han sido llevados a creer que es una organización socialista y que consecuentemente se opone al imperialismo y está comprometida con la defensa de los derechos democráticos. ¿Por qué, se preguntarán, permanece en silencio DSA sobre la persecución de Julian Assange y Chelsea Manning?

En primer lugar, no consiste en un descuido o error político. El 17 de mayo, cinco días antes de que se presentaran los nuevos cargos, el Comité Internacional de DSA, un grupo interno de la organización estadounidense, dio señal de su apoyo a la persecución de Assange exigiendo que rinda cuentas por las acusaciones inventadas por las autoridades suecas de violación que lo obligaron desde el inicio a buscar asilo en la embajada ecuatoriana en Londres.

En el periodo posterior de la brutal extracción de Assange de la embajada y su transferencia a la prisión Belmarsh el mes pasado, los fiscales suecos revivieron su investigación previamente cerrada, así como su solicitud de extradición. Es ampliamente reconocido que cualquier envío de Assange a Suecia sería el preludio de su extradición a Estados Unidos para ser sometido a un juicio fraudulento y una vida en prisión, sino su eliminación.

Los reportes de las Naciones Unidas han documentado la “total entrega de poder” de Suecia a las autoridades estadounidense en cuanto a rendiciones ilegales y tortura. Los reportes detallan que “Suecia ha permitido pasivamente que el personal militar estadounidense maltrate a detenidos en suelo sueco (incluyendo desnudarlos, vendarlos, encapucharlos, encadenarlos, sedarlos forzosamente con supositorios anales, esposarlos en arneses diseñados especialmente para posiciones de estrés, etc.) y los ha entregado para ser torturados en terceros Estados”.

En su consentimiento a la persecución de Assange, DSA tipifica más ampliamente las organizaciones de la media clase pseudoizquierdista. International Viewpoint, la publicación del Secretariado Internacional pablista, nunca ha escrito ni un solo artículo con la palabra “Assange” en su título y solo lo ha mencionado casualmente un puñado de veces. Alternativa Socialista en Estados Unidos no ha mencionado el nombre de Assange en el último año. El medio Socialist Worker de Reino Unido ha exigido la extradición de Assange a Suecia.

¿Cómo se puede explicar las respuestas de tales organizaciones, que van de silencio a apoyo explícito para la persecución de Assange? En 2010-2011, cuando se presentaron por primera vez las acusaciones inventadas de violación contra Assange, la izquierda de clase media se movilizó en su defensa. Es “imposible aceptar por su valor nominal las acusaciones contra Assange”, declaró Socialist Worker, la publicación de la ahora difunta Organización Internacional Socialista (ISO, International Socialist Organization). Pronto abandonarían esa postura.

Para 2012, después de los levantamientos revolucionarios en Túnez y Egipto y la respuesta del imperialismo estadounidense —las guerras de cambio de régimen en Libia y Siria— la ISO ya había cambiado de parecer. Declaró: “[S]in duda es muy posible tomar en serio las acusaciones de violación contra Assange y no participar en la típica denigración patriarcal de las mujeres que reportan violaciones, mientras se toma también en serio la amenaza estadounidense hacia Assange y se apoyan los esfuerzos para resistirla”.

Sin embargo, esto se confirmó como algo imposible y la ISO abandonó cualquier oposición a la persecución de Assange desde el 2012 hasta su disolución más temprano este año.

El abandono de Assange por parte de la pseudoizquierda coincidió con su apoyo a las guerras imperialistas estadounidenses en Oriente Próximo y su apología de los pasos agresivos de Washington contra Rusia y China. Alternativa Socialista en Australia atacó públicamente el “antiimperialismo irreflexivo”.

En Indefensible: Democracy, Counterrevolution, and the Rhetoric of Anti-Imperialism (Indefendible: democracia, contrarrevolución y la retórica del antiimperialismo), publicado por Haymarket Books de la ISO, Rohini Hensman, denunció la “afinidad a Putin” de Assange, como parte de un ataque general contra todos los que se han opuesto a la operación de cambio de régimen estadounidense en Siria, incluyendo el Comité Internacional de la Cuarta Internacional y el periodista John Pilger.

Mientras que DSA ha permanecido algo más cauto en cuanto a demandar una intervención estadounidense en Siria, ha traficado las mismas mentiras promovidas por la CIA y sus aliados, incluyendo la afirmación de que la insurgencia islamista respaldada por EUA constituyó una “revolución popular”. Además, ha apoyado las acusaciones estadounidenses desacreditadas de que el Gobierno sirio empleó armas químicas.

DSA está centrando su actividad política en promover la candidatura presidencial de Bernie Sanders para las elecciones de 2020. Sanders ha reafirmado repetidamente su compromiso con el imperialismo estadounidense. Declaró en 2016 que una Presidencia de Sanders apoyaría las operaciones especiales en el extranjero, “los drones, todo eso y más”.

El silencio de DSA sobre Assange deja en claro las implicancias políticas de su subordinación al Partido Demócrata. Por dos años, los demócratas han convertido a Assange en su ogro, presentándolo como el vínculo central de su conspiración imaginada entre la Casa Blanca de Trump y el Kremlin.

Identificaron su derrota en las elecciones de 2016 —el resultado de avanzar una belicista y representante de Wall Street como candidata— con la exposición por parte de WikiLeaks de los esfuerzos de la cúpula del Partido Demócrata para cometer fraude en las elecciones primarias contra Sanders y su publicación de los discursos serviles de Clinton a Wall Street.

Sunkara y sus asociados en la dirección de DSA saben muy bien que una campaña en defensa de Assange sería inaceptable para Bernie Sanders y todos los otros fraudes imperialistas “progresistas” del Partido Demócrata. También saben muy bien que la defensa de Assange es inaceptable para aquellos segmentos de DSA que están comprometidos con la política de identidades. Este entorno derechista apoyó la incriminación fraudulenta de Assange con base en las acusaciones totalmente falsas de violación.

El apoyo de DSA al imperialismo y su silencio ante la persecución de Assange refleja su carácter social esencial como una organización de la clase media-alta, acomodada y fundamentalmente indiferente a cuestiones democráticas básicas.

La defensa incondicional de Julian Assange y Chelsea Manning es una tarea y responsabilidad básicas y de clase. Aquellos que intenten evadir o sabotear esta obligación política no tienen nada que ver con el socialismo.

Dentro de la clase obrera, entre los jóvenes y secciones de la clase media, existe un profundo y amplio apoyo para Assange, así como para la denunciante perseguida y encarcelada, Chelsea Manning. Millones en EUA y por todo el mundo ven la exposición de los crímenes del ejército estadounidense por parte de Assange como un enorme servicio para la humanidad. Este apoyo debe ser movilizado, en oposición al Partido Demócrata, para exigir la libertad de Assange y Manning como parte de la lucha contra el sistema capitalista, el origen de las guerras, la desigualdad social y la dictadura.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 28 de mayo de 2019)

Andre Damon