Huelgas en Chile, Costa Rica y Honduras

Detonan las luchas docentes en América Latina

por Andrea Lobo
10 junio 2019

El jueves, mientras los docentes y doctores en Honduras se enfrentan a las actividades de escuadrones de la muerte según continúan su mes de huelgas y manifestaciones contra la privatización de la educación y la salud, 75.000 maestros tomaron las calles de Santiago, Chile y cientos se manifestaron en San José, Costa Rica.

En otras partes de América Latina, decenas de miles de docentes participaron en una huelga general el 31 de mayo contra la interminable austeridad y la caída en los salarios reales impuestos por el Gobierno del presidente Mauricio Macri, mientras que un millón de trabajadores y estudiantes marcharon por todo Brasil el 15 de mayo contra recortes a la educación pública. Colombia, Venezuela y México también han sido testigo de importantes huelgas de docentes más temprano este año contra los ataques al financiamiento y su paga.

En un país tras otro, los docentes se enfrentan al mismo flagelo: recortes a sus salarios reales, bonos y pensiones, el deterioro de sus lugares de trabajo, la falta de material didáctico, las campañas privatizadoras, su demonización por parte de la prensa corporativa y los políticos capitalistas, la creciente pobreza y la inaccesibilidad a servicios sociales que enfrentan sus estudiantes y comunidades, junto con la mayor represión y ataques a los derechos democráticos básicos.

La fuente de estos ataques sociales también es la misma. Según se recrudece la crisis del capitalismo global y aumentan las advertencias sobre otra crisis inminente desencadenada por la guerra económica estadounidense contra China, las élites financieras y empresariales están intensificando su parasitismo financiero, el cual depende cada vez más de succionar dinero de la riqueza social existente, como las pensiones, y de los recursos asignados al gasto público.

En la región, un corto periodo de aumentos limitados en el gasto social bajo los Gobiernos de la llamada “marea rosa” —permitidos por un auge en los precios de las materias primas alimentado a su vez por el crecimiento de China— ha dado paso, particularmente desde 2014, a un bandazo abrupto de vuelta al estancamiento económico, los ataques contra los empleos y salarios y la austeridad social.

Sean regímenes abiertamente derechistas como los Gobiernos de Macri en Argentina, Sebastián Piñera en Chile, Iván Duque en Colombia, Jair Bolsonaro en Brasil y Juan Orlando Hernández en Honduras, o aquellos controlados por fuerzas asociados de alguna manera con la “marea rosa”, como en El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Ecuador, Venezuela y Uruguay, la imposición del peso de este declive económico sobre la clase obrera y los servicios públicos de los que depende es universal.

En un momento en que los docentes necesitan estar apelando con cada onza de energía y tiempo al resto de la clase obrera en cada país y a los docentes internacionalmente para organizar una lucha unida contra las medidas interminables de austeridad, los sindicatos —incluso aquellos que han visto la necesidad de convocar a huelgas como válvula de escape para el descontento, incluidos los de Costa Rica, Honduras y Chile— se han dedicado a encarrilar cada lucha detrás de negociaciones inútiles con Gobiernos burgueses que son enemigos comprobados de la educación pública y de la clase obrera en su conjunto.

La respuesta de la clase gobernante a esta resistencia encabezada por los docenes ha sido igual en todas partes: alega que “no hay dinero” y recurre a la represión policial-estatal y a represalias. No obstante, han dependido ante todo en los sindicatos para aislar y traicionar las huelgas. Ninguna de estas luchas ha ganado las demandas de los docentes y otros trabajadores.

En Honduras, el personal educativo y médico del sector público ha estado llevando a cabo huelgas, marchas masivas y bloqueos de calles desde fines de abril, en oposición a dos proyectos de ley que buscan facilitar los despidos masivos y una continua privatización de estos servicios según lo exige el Fondo Monetario Internacional (FMI). El régimen del Partido Nacional, el cual fue instalado por un golpe de Estado militar respaldado por el Gobierno de Obama en 2009, ha desplegado a sus fuerzas especiales entrenadas por EUA, junto a policías y agentes en ropa casual, para dispararles municiones reales a los manifestantes y secuestrarlos.

El lunes, el cuerpo de Yefrin Guillermo Arias García, un joven doctor que participaba en las protestas, fue hallado sin vida en el departamento occidental de Copán. Varios videos de testigos se compartieron en línea durante la semana que mostraban a grupos armados secuestrando a manifestantes y llevándoselos en vehículos, rememorando las actividades de los escuadrones de la muerte durante las guerras civiles instigadas por EUA en la región durante los años ochenta y noventa.

En Chile, por dos jueves consecutivos, las fuerzas especiales infames de los Carabineros reprimieron violentamente las marchas en las ciudades de Santiago y Valparaíso con cañones de agua, gases lacrimógenos, balas de goma y estampidas.

Los docentes están hartos con las condiciones que prevalecen en las escuelas chilenas, denunciando infestaciones de roedores, daños en las instalaciones, baños antihigiénicos y la falta de libros más de dos meses después del inicio de clases. La huelga indefinida en curso, sin embargo, inició después de protestas contra la eliminación de Historia del currículo básico en los colegios, lo que es ampliamente visto como un paso deliberado de la derecha para suprimir la historia de la asesina dictadura de Pinochet.

En Costa Rica, después de que los decentes encabezaran una huelga de 93 años del sector público traicionada por los sindicatos el año pasado —la huelga más larga en la historia registrada del país— el Gobierno se ha envalentonado y está emprendiendo contra los educadores.

Las huelgas parciales e intermitentes iniciadas esta semana y convocadas por uno de los tres principales sindicatos de la educación, APSE, fue desatada por el enojo entre los maestros causado por un proyecto de ley que prohíbe las huelgas en el sector educativo y la recientemente aprobada “Ley para brindar seguridad jurídica sobre la huelga y sus procedimientos”. Esta última prohíbe todas las huelgas contra las políticas del Gobierno, las líneas de piquete y los bloqueos de calle, y establece un proceso expedito para sentenciar las huelgas como ilegales.

Tan solo hay que ver los acontecimientos en Honduras y Chile para saber cómo se ve la aplicación de tal medida.

El giro hacia la represión asesina y los ataques contra los derechos democráticos para hacer valer los dictados austeros del FMI y Wall Street cuenta con el respaldo pleno del imperialismo estadounidense.

El miércoles en la noche, la encargada de negocios de la embajada estadounidense, Heide Fulton, tuiteó: “Hoy expresé mi gratitud a las fuerzas de seguridad hondureñas protegiendo la embajada estadounidense en Honduras por su servicio”, etiquetando a la Policía y el Ejército hondureños.

Por el otro lado, pese a los esfuerzos de la prensa de presentar a los maestros como “egoístas” y “vagos”, su papel líder en la lucha contra la austeridad social ha generado un gran apoyo en capas amplias de la clase obrera.

Los padres de estudiantes en La Esperanza, en el departamento occidental hondureño de Intibucá, han estado ocupando el jardín de niños María Teresa Castellanos desde el mes pasado para protestar los proyectos de ley de privatización. Claudia, una madre, le dijo a Hoy Mismo, “Estaremos con los maestros hasta el final”.

De forma similar, la huelga del año pasado en Costa Rica ganó la participación activa en marchas y bloqueos de cientos de miles en las primeras semanas.

Las huelgas en América Latina están desarrollándose en el contexto de una ola global de luchas por parte de educadores, desde Estados Unidos a Nueva Zelanda, Polonia, India y el norte de África.

La globalización de la producción capitalista ha creado ataques similares contra los educadores y la clase obrera en general en cada país. Las luchas del magisterio y el resto de trabajadores en cada país está asumiendo el carácter de batallas interconectadas de una sola lucha global.

La cuestión decisiva que enfrentan los maestros y todos los trabajadores en América Latina e internacionalmente es romper la camisa de fuerza de los sindicatos y formar nuevas organizaciones democráticas de lucha, comités de base en cada lugar de trabajo y barrio, para tomar la dirección de cada lucha en las manos de los propios trabajadores y unirlas a través de sectores y por encima de las fronteras como parte de un movimiento internacional y político por el poder y una alternativa socialista al sistema capitalista en bancarrota.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 8 de junio de 2019)