El New York Times informa sobre ciberataques secretos de Estados Unidos en Rusia

por Patrick Martin
19 junio 2019

Un artículo publicado en la portada de la edición del domingo del New York Times revela que las agencias de inteligencia de los Estados Unidos han llevado a cabo ataques cibernéticos contra objetivos en Rusia, incluida la red eléctrica del país.

El presidente Trump denunció el artículo como "traición", pero no hubo ninguna negación creíble del contenido fáctico del artículo, que parece originarse desde las secciones del aparato de inteligencia preocupadas por los ataques a la infraestructura de Rusia que están peligrando con convertirse en una guerra cibernética de plena escala, provocando una respuesta rusa.

El artículo del Times fue corredactado por Nicole Perlroth, que se especializa en informes sobre guerra cibernética, y David Sanger, corresponsal principal de seguridad nacional del periódico y un vínculo desde hace mucho para la transmisión del material que el aparato militar y de inteligencia quiere ver impreso.

En cierto sentido, el informe no es tanto una exposición de una campaña de sabotaje de Estados Unidos, ilegal según el derecho internacional e increíblemente imprudente dado que está dirigida contra una potencia con armas nucleares, sino como una especie de alarde por parte de los militares y las agencias de inteligencia de sus capacidades.

El artículo se basa en entrevistas con funcionarios actuales y anteriores que "describieron el despliegue nunca antes reportado de códigos informáticos estadounidenses dentro de la red de Rusia y otros objetivos...". Algunas "sondas de reconocimiento estadounidenses” han estado dentro del sistema eléctrico ruso desde 2012, informó el Times, lo que indica que la penetración de objetivos rusos se inició bajo la Administración de Obama (si no antes) y fue anterior al estallido de las tensiones entre Estados Unidos y Rusia en 2014 sobre Ucrania.

Sin embargo, a diferencia del monitoreo pasivo, más recientemente "la estrategia estadounidense ha pasado más hacia la ofensiva, dicen los funcionarios, con la colocación de programas malignos y potencialmente paralizantes dentro del sistema ruso en una profundidad y con una agresividad que nunca antes se había probado. Está pensado, en parte, como una advertencia, y en parte está preparado para realizar ataques cibernéticos si se desencadenara un conflicto importante entre Washington y Moscú".

El artículo sugiere que las agencias de inteligencia estadounidenses y rusas ya han llevado a cabo una serie de ataques cibernéticos de prueba contra la infraestructura del otro, principalmente en forma de cortes de energía infligidos a la población de ambos países.

El artículo presenta un escenario escalofriante: “La pregunta crítica, imposible de responder sin tener acceso a los detalles clasificados de la operación, es cuán profundo ha ingresado Estados Unidos en la red rusa. Solo así quedará claro si sería posible hundir a Rusia en la oscuridad o paralizar a sus militares, una pregunta que no puede responderse hasta que se active el código".

En otras palabras, los comandantes militares de EUA, hasta el comandante en jefe de la Casa Blanca, bien podrían suponer que los ataques cibernéticos podrían impedir que los militares rusos puedan responder a un ataque nuclear preventivo de EUA para incinerar a su enemigo de siempre, matando a decenas de millones de personas, sin el peligro de las represalias rusas.

Este es el tipo de Pearl Harbor nuclear que los estrategas estadounidenses soñaron realizar a fines de la década de 1940, antes de que la Unión Soviética desarrollara su propia bomba atómica y estableciera el equilibrio de la "destrucción mutua asegurada".

Solo se puede imaginar la reacción en el comando militar ruso ante la publicación de este artículo, que confirma sus peores pesadillas sobre las intenciones y capacidades de Washington. O imaginar la reacción en los medios estadounidenses si una capacidad similar rusa (o china o iraní) para interferir o incluso apagar la red eléctrica de EUA se hiciera pública de repente.

La respuesta de la administración de Trump a la publicación de este informe fue reveladora. Ningún alto funcionario de seguridad de los Estados Unidos cuestionó la validez del informe, y tanto el asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, como el director de la Agencia de Seguridad Nacional, Paul Nakasone, lo confirmaron indirectamente. Esto demuestra que el informe no fue un simple “rastro" periodístico, sino una advertencia semioficial a Rusia por parte del Pentágono, utilizando al New York Times como su agente de prensa.

La reacción de los medios a esta revelación aparentemente taquillera fue también instructiva. Prácticamente no hubo seguimiento en la prensa y poca discusión al respecto en los programas de entrevistas de la televisión del domingo. Parece que los medios de comunicación corporativos en su conjunto entendieron que la publicación del artículo en la portada del New York Times tenía como objetivo previsto llamar la atención del Kremlin, no del pueblo estadounidense, y que darle más atención a la noticia podría alarmar a la población.

En cualquier caso, Trump respondió a la publicación del artículo declarando que su publicación era un "acto virtual de traición", declarando que el New York Times "¡debe rendir cuentas completamente!". Llamó al periódico "el Enemigo del Pueblo", antes de dar a entender que podría permanecer en el cargo más allá del límite de tiempo especificado por la Constitución de los Estados Unidos. “¿Crees que la gente exigiría que me quedara más tiempo? MANTENGAN GRANDE A ESTADOS UNIDOS”.

La denuncia de Trump del artículo contrastó con las declaraciones de sus asistentes, pero parece haber sido provocada, no por las revelaciones de la guerra cibernética, sino por dos párrafos breves en el artículo que afirman que el presidente no recibió deliberadamente un informe completo sobre los ataques cibernéticos, por temor a que ordenara detener el programa o que filtrara los detalles a los rusos.

Esta afirmación en particular, ya sea verdadera o no, es otro ejemplo de la campaña prolongada que han encabezado el Times y una sección del aparato militar y de inteligencia para retratar a Trump como un títere o un agente directo del presidente ruso Vladimir Putin a quien no se le pueden confiar los secretos más importantes de las tramas imperialistas estadounidenses contra Rusia.

El artículo del Times afirma que la aprobación de la última intensificación del programa "se deslizó como parte del proyecto de autorización militar aprobado por el Congreso el verano pasado", y agregó que "Bajo la ley, esas acciones ahora pueden ser autorizadas por el secretario de Defensa sin la aprobación especial de la Presidencia”. La implicación de ambas afirmaciones es que Trump, con su bien conocida falta de atención a los detalles, no estaba al tanto de las implicaciones totales del programa y que se estaba llevando a cabo en cierta medida a sus espaldas.

Hay un aspecto adicional del informe del Times que vale la pena mencionar. Desde un punto de vista formal, el periódico está llevando a cabo exactamente la actividad periodística por la cual Julian Assange ahora enfrenta las demandas de extradición y juicio en EUA bajo la Ley de Espionaje, enfrentándose a una pena potencial de 175 años en prisión: la publicación de información sobre secretos de seguridad nacional de EUA.

La diferencia, por supuesto, es que Assange es un periodista real, que buscaba información que el Gobierno de EUA no quería que se hiciera pública, exponiendo los crímenes de guerra de los EUA en Irak y Afganistán y las conspiraciones diplomáticas en todo el mundo. El New York Times, Sanger y compañía actúan como estenógrafos glorificados, publicando lo que el aparato militar y de inteligencia quiere hacer público, no lo que desea ocultar.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 18 de junio de 2019)