Cuatro hombres acusados de asesinato en base a una investigación farsa del MH-17

por Clara Weiss
27 junio 2019

El 19 de junio, el Equipo de Investigación Conjunta (JIT) creado en 2014 para investigar el accidente del vuelo MH-17 de la Malaysian Airlines sobre el este de Ucrania el 17 de julio de 2014, que causó la muerte a 298 personas, anunció el enjuiciamiento criminal de cuatro individuos por asesinato por parte del Servicio Público de Fiscales de los Países Bajos.

Los cuatro sospechosos —Igor Girkin, Sergey Dubinsky, Oleg Yuldashevich (los tres rusos) y Leonid Kharchenko (ciudadano ucraniano)— estaban, y en algunos casos todavía lo están, activos como líderes de los separatistas ucranianos del este respaldados por Rusia. Ahora pesan sobre ellos órdenes de arresto internacional y serán juzgados el 9 de marzo de 2020. Dado que los Países Bajos no pueden solicitar extradiciones desde Rusia ni desde Ucrania, es probable que se los juzgue y condene en ausencia.

Los cuatro hombres, así como el gobierno ruso, mantienen que ellos no estuvieron implicados de ninguna manera en el accidente de avión. El presidente ruso Vladimir Putin reiteró el rechazo de Rusia de la comisión JIT, diciendo en una “línea directa” de preguntas y respuestas en la televisión rusa el viernes que él “está en desacuerdo total” con la evidencia que presentó.

El presidente malayo Mahathir Mohamad denunció que las acusaciones estaban motivadas políticamente: “En lo que nos atañe, queremos la prueba de la culpabilidad. Pero hasta ahora no hay pruebas, solo rumores”.

El derribo del avión ocurrió en el punto álgido de la crisis y guerra civil ucranias de 2014, desencadenada por el golpe de Estado de Kiev de 2014 respaldado por los EUA y Alemania, dirigido por fuerzas fascistas y sectores de la oligarquía ucraniana que trabajaban estrechamente con Washigton y Berlín. Los gobiernos ucraniano y estadounidense, la UE y los medios burgueses internacionales se apresuraron a culpar a Rusia por el derribo del avión antes de que se presentara ninguna supuesta evidencia. Se lo explotó como un nuevo “Golfo de Tonkin”, un incidente militar poco claro y dudoso que las potencias imperialistas podrían utilizar como un pretexto para la guerra.

El caso del MH-17 ha dejado de estar en el primer plano durante los últimos años. Sin embargo, el fortalecimiento militar contra Rusia, dirigido por los EUA y la OTAN, y la guerra económica dirigida por los EUA contra el país, se han acelerado.

El anuncio del enjuiciamiento criminal la semana pasada vino en medio de una intensificación tanto de los preparativos de guerra de la administración de Trump contra Irán, que podría desatar un conflicto directo con Rusia, como de la campaña continua del Partido Demócrata contra Trump, que se centra en su supuesta posición “blanda” con Rusia. También viene en medio de conflictos crecientes entre las potencias imperialistas europeas, especialmente Alemania, y los Estados Unidos, incluso por el abastecimiento de gas ruso a Alemania a través del oleoducto NordStream2.

La prensa burguesa occidental se aferró al anuncio, lanzando un diluvio de comentarios. La junta editorial del New York Times sugirió que el derribo del avión fue nada menos que “asesinato patrocinado por el Estado”. Medios internacionales como Der Spiegel en gran medida presentaron a sus lectores el anuncio y los “hallazgos” del JIT como hechos.

El Washington Post escribió que “investigadores internacionales” habían “trabajado diligentemente para descubrir la verdad” y estaban “retirando las mentiras de Rusia sobre el derribo del vuelo de la Malaysian Airlines”. El diario desestimó de plano las pruebas de una posible implicación ucraniana presentada por Rusia como “inventadas”.

En realidad, el anuncio del JIT del enjuiciamiento criminal de estos cuatro hombres se basa en viejos hallazgos que no tienen credibilidad. La investigación del JIT es muy tendenciosa, y es parte de una campaña masiva por explotar la trágica muerte de 298 personas para intensificar los preparativos de guerra contra Rusia. En los casi cinco años de esta “investigación”, no se ha presentado ninguna prueba de implicación del Estado ruso, y pruebas significativas que señalan a una posible implicación ucraniana han sido suprimidas deliberadamente.

El “hallazgo” del JIT de que un sistema de misiles ruso SA-11 BUK había sido llevado supuestamente por el ejército ruso a los separatistas del este de Ucrania apoyados por Rusia fue citado continuamente como “evidencia” de la implicación de Rusia.

Un informe de investigación de 2016 escrito por el periodista Robert Parry señalaba muchas lagunas y contradicciones en esta versión. La segunda “evidencia” son conversaciones telefónicas apenas audibles, supuestamente pinchadas desde fuentes militares rusas, que sugieren que el sistema de misiles SA-11 BUK fue entregado deliberadamente a los separatistas. Sin embargo, estas conversaciones telefónicas en ningún momento se refieren explícitamente al sistema de misiles ni al transporte a lo largo de la frontera entre Rusia y Ucrania.

El hecho de que la inteligencia no solo rusa sino también la estadounidense y la holandesa han encontrado pruebas que sugieren una implicación ucraniana, ha sido omitido completamente de la cobertura de la prensa oficial.

En octubre de 2015, el servicio holandés de inteligencia, el MIVD, determinó que el único sistema de misiles antiaviones de alta potencia en el este de Ucrania capaz de derribar el MH-17 a 33.000 pies pertenecía al ejército ucraniano.

Un analista de inteligencia estadounidense anónimo explicó en 2015 que “el análsis definitivo señalaba a una operación ucraniana desmandada que implicaba a uno de los oligarcas favorables al régimen”. Los medios malayos informaron ya en agosto de 2014 que funcionarios de inteligencia estadounidenses asumían que el avión había sido derribado por un avión caza ucraniano. Funcionarios militares rusos también han publicado datos de radar que parecen mostrar un avión caza ucraniano Sukhoi-25 siguiendo al MH-17 en el momento del impacto.

El principal objetivo de la investigación del JIT ha sido suprimir y desviar la atención de cualquier evidencia que sugiera una implicación ucraniana en vez de la de Rusia. Ni un solo informe producido por la comisión en los últimos cinco años ha intentado siquiera rebatir la evidencia que señala hacia la implicación del ejército ucraniano en el derribo del avión. Simplemente se la ignoró.

Esto no es casualidad. Al revés de como se lo presenta en los medios, el JIT no es un cuerpo independiente de “investigadores internacionales”. Incluye a representantes del gobierno y de los servicios secretos de Holanda, Bélgica, Malasia y Ucrania. Al gobierno ruso desde el principio se le ha prohibido participar en las investigaciones.

Aunque la propia Ucrania debería haber sido considerada sospechosa en cualquier investigación seria, el JIT no solo colaboró con Kiev, sino también operó bajo un acuerdo que permitía al gobierno ucraniano vetar la publicación de la información. Casi no podría existir un conflicto de intereses más evidente.

Los servicios secretos ucranianos (el SBU), que estuvieron muy implicados en el golpe fascista respaldado por los imperialistas en febrero de 2014 y la ulterior operación de las fuerzas de la extrema derecha en la guerra civil, fueron el representante oficial de Ucrania en el JIT. Estos influyeron masivamente en la investigación.

Un informe interno del JIT de 2016 decía: “Desde la primera semana de septiembre de 2014, oficiales que investigan desde Países Bajos y Australia han estado trabajando aquí [en Kiev]. Trabajan en estrecha cooperación aquí con el Servicio de Investigación y Seguridad de Ucrania (SBU). En seguida después de la caída del avión, el SBU brindó acceso a grandes cantidades de conversaciones telefónicas interceptadas y otros datos. … Al principio bastante formal, la cooperación con el SBU se hizo cada vez más flexible. ‘En particular a causa del análisis de los datos, fuimos capaces de demostrar nuestro valor añadido’, dice [el funcionario policial holandés Gert] Van Doorn. ‘Desde entonces, observamos de todas las maneras que tratan con nosotros de manera abierta. Comparten sus asuntos con nosotros y colaboran tanto como pueden’”.

Fue el SBU, sin embargo, quien brindó las interceptaciones telefónicas y otro material que ahora se cita universalmente como “prueba” de la implicación de Rusia.

A pesar de estas contradicciones evidentes y de violaciones de los procedimientos investigativos adecuados, los “hallazgos” y las acciones del JIT se presentan como “pruebas” creíbles y definitivas de la “culpabilidad de Rusia”. Esto da fe una vez más de lo lejos que los medios burgueses y los imperialistas occidentales están dispuestos a llegar en su campaña criminal y peligrosa contra Rusia —una campaña imprudente que podría desencadenar una guerra entre las dos mayores potencias atómicas del mundo.

(Publicado originalmente en inglés el 24 de junio de 2019)