El jefe del Banco de Inglaterra emite advertencias sobre la economía global

por Nick Beams
8 julio 2019

El gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, le ha dado poca importancia a la idea de que el acuerdo entre los Estados Unidos y China en el marco de la cumbre del G20 el fin de semana pasado para reanudar las negociaciones comerciales ha disminuido los peligros que enfrenta la economía global.

Más bien, en un importante discurso pronunciado el martes, advirtió sobre un "cambio radical", definido como una "transformación profunda" en la economía global con portentos "preocupantes".

En 2017, la economía mundial experimentó su tasa de crecimiento más rápida desde la crisis financiera mundial de 2008. Además, hubo indicios de que los bancos centrales del mundo estaban tratando de volver a una política monetaria más "normal" a medida que recortaban las medidas de estímulo financiero. Eso se ha esfumado.

Carney señaló que "en los últimos meses, los caminos esperados de las tasas de interés en las economías avanzadas se han desplazado notablemente más abajo, especialmente en los EUA, donde la expectativa de dos aumentos de tasas adicionales en los próximos tres años se ha reducido a cuatro recortes de tasas al final del año próximo”. En la zona del euro, los mercados habían comenzado a valorar sobre nuevos recortes de tasas y más compras de activos por parte del Banco Central Europeo.

La perspectiva de la tasa de interés está teniendo un gran impacto en los mercados de bonos, con los rendimientos de los bonos gubernamentales a largo plazo cayendo notablemente a medida que aumentan sus precios. El precio de los bonos y su rendimiento tienen una relación inversa.

Carney señaló que los rendimientos de los bonos a 10 años de la tesorería estadounidense estaban en su punto más bajo en dos años y medio. Los rendimientos en el Reino Unido estuvieron en su nivel más bajo desde el referéndum Brexit en 2016 y los rendimientos de los bonos alemanes a 10 años estuvieron en su nivel histórico más bajo. En total, ahora hay un valor de $ 13 billones en operaciones de deuda con grado de inversión con rendimientos negativos, un récord. Un rendimiento negativo significa que un comprador de tal activo financiero tendría una pérdida si la mantuviera hasta su vencimiento.

Al mismo tiempo, las bajas tasas de interés habían brindado un "apoyo sustancial a los mercados de acciones", que ahora habían alcanzado niveles sin precedentes en los EUA, "a pesar de una perspectiva económica que se está volviendo menos sólida y más incierta".

“Estos desarrollos del mercado reflejan un cambio radical impulsado por las crecientes preocupaciones sobre el impacto de las crecientes tensiones comerciales y la incertidumbre política. Ciertamente los portentos están preocupantes”, dijo Carney.

El alza en el precio de los activos financieros (bonos y acciones del gobierno) es una especie de parámetro de los crecientes problemas en la subyacente economía real.

"Durante el año pasado", señaló Carney, "la economía mundial ha pasado de una expansión sólida de amplia base a una desaceleración generalizada, con un crecimiento de la proporción de la economía mundial por encima de la tendencia de cuatro quintos a un sexto".

Las tensiones comerciales han aumentado considerablemente con Trump intensificando las medidas punitivas contra China a principios de mayo. También ha amenazado con actuar contra México a menos que esté en línea con las demandas de Estados Unidos para reprimir el movimiento de inmigrantes y refugiados. Mientras tanto, la amenaza estadounidense de imponer aranceles a las importaciones de automóviles europeas continúa.

Carney dijo que las últimas acciones significan que "las tensiones comerciales podrían ser mucho más generalizadas, persistentes y dañinas de lo que se esperaba anteriormente" y que se estaban ampliando las razones para una acción adicional.

"Inicialmente motivada por las preocupaciones sobre los desequilibrios comerciales bilaterales, ahora se están tomando medidas comerciales en respuesta a problemas que van desde la inmigración a la protección de la propiedad intelectual y el control de las tecnologías que sustentan la Cuarta Revolución Industrial. Incluso se ha puesto de moda para algunos hablar de una nueva Guerra Fría".

Sin embargo, esta "nueva Guerra Fría" tiene lugar en condiciones muy diferentes a las del siglo XX, ya que la escalada de la guerra comercial entra en un conflicto cada vez más agudo dado el carácter cada vez más integrado de la economía global.

En el apogeo de la Guerra Fría, Carney señaló que el comercio entre los EUA y la URSS tenía un valor de 2.000 millones de dólares al año, mientras que en la actualidad el comercio entre los Estados Unidos y China es de 2.000 millones de dólares al día.

"El comercio más amplio de bienes y servicios intermedios se ha duplicado desde la caída del Muro de Berlín, y la producción se ha integrado cada vez más a través de las fronteras".

Si bien Carney no dio detalles sobre este tema, el creciente papel de los bienes intermedios significa que los conflictos comerciales de hoy en día tienen un contenido mucho más explosivo que los de los años treinta. En ese período, los aranceles se imponían en gran medida a los productos terminados. Hoy en día, se están imponiendo a los bienes que forman parte de un sistema de producción global en el que los componentes de cualquier producto a menudo cruzan los límites de las veces antes de que aparezcan de manera terminada.

"Reflejando una atmósfera más febril, una guerra comercial se ha elevado a la cima de los riesgos más preocupantes para los inversionistas y las medidas de incertidumbre política global han alcanzado niveles récord", dijo.

Estas preocupaciones están contribuyendo a reducciones drásticas en las expectativas de ganancias corporativas con la confianza empresarial en el grupo de países del G7, las economías más grandes del mundo, excluyendo a China, cayendo a su nivel más bajo en cinco años y el "sentimiento entre los fabricantes es particularmente débil".

El entorno comercial más hostil e incierto "está coincidiendo con una fuerte desaceleración en el comercio mundial, la fabricación, la producción industrial y los pedidos de bienes de capital", lo que lleva a un deterioro en la calidad del crecimiento mundial.

"En todo el G7, la tasa de crecimiento de la inversión empresarial casi se ha reducido a la mitad desde su punto máximo a fines de 2017, dejando a la expansión global más dependiente del gasto del consumidor y reduciendo su capacidad de recuperación", señaló Carney.

Sin embargo, mientras que las expectativas de ganancias corporativas están en un camino descendente, "por el momento", las caídas en las tasas de interés esperadas, establecidas por los bancos centrales, "han amortiguado el impacto en los precios de las acciones".

Estos comentarios apuntan a una de las características clave de la economía global: la dependencia de las grandes corporaciones cada vez mayor en un aumento en los precios de sus acciones como resultado de los recortes en las tasas de interés que continuamente "alimentan" a los mercados.

Este fenómeno se mostró ayer cuando el índice Dow Jones de Wall Street alcanzó un récord histórico, uniéndose a los otros dos índices principales, el Nasdaq y el S&P 500, en niveles récord.

El aumento y la subida del mercado dependen completamente de la expectativa de que la Reserva Federal de los Estados Unidos recortará las tasas de interés, posiblemente en su próxima reunión a fines de mes, seguido por nuevos recortes de tasas antes de que finalice el año.

Informando sobre el nuevo récord, el Wall Street Journal citó los comentarios de Jim Baird, director de inversiones de Plante Moran Financial Advisors. Dijo que si los datos sobre la economía eran tales que la Fed decidió que no tenía que moverse "agresivamente", entonces "los inversionistas probablemente se sentirán decepcionados" y "cualquier indicio de que la Fed no reduzca las tasas será un catalizador para mayor volatilidad”.

En otras palabras, cualquier noción de independencia de la Fed ha salido por la ventana. El banco central de EUA opera con una pistola en su cabeza para garantizar que no haya impedimentos para la acumulación de riqueza por la especulación parasitaria en los mercados financieros.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 4 de julio de 2019)