Mientras Trump llora lágrimas de cocodrilo por las víctimas de la masacre

ICE reúne a casi 700 inmigrantes en redadas de plantas avícolas de Mississippi

por Norisa Diaz y Patrick Martin
10 agosto 2019

La administración Trump ha dado su respuesta real a la masacre fascista en El Paso, Texas, demostrando su simpatía por los desvaríos antiinmigrantes del pistolero que asesinó a 22 personas, casi todas hispanas, al llevar a cabo la redada más grande de inmigración desde Trump entró en la Casa Blanca.

Redada de ICE en lugar de trabajo en Mississippi [Crédito: Twitter, @ICEgov]

El miércoles, un ejército de 650 agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), incluidos equipos SWAT fuertemente armados, rodearon siete plantas de procesamiento de aves de corral en Mississippi y detuvieron a todos los que no pudieron probar que estaban legalmente en los Estados Unidos. No hay indicación de qué proporción de los 680 detenidos, casi todos los latinos, de hecho son indocumentados. Los funcionarios de ICE dijeron que todos aquellos sin documentos serían procesados para deportación, con algunas excepciones "humanitarias".

Las plantas son propiedad de dos grandes empresas de procesamiento de alimentos, Koch Foods Inc. de Park Ridge, Illinois (no conectada con el imperio petrolero de los hermanos Koch), y Peco Foods de Tuscaloosa, Alabama. Están ubicados en seis pequeñas ciudades que rodean la ciudad de Jackson, la capital del estado: Bay Springs, Canton, Carthage, Morton, Pelahatchie y Sebastopol.

En la planta de Koch Foods en Morton, donde los reporteros fueron testigo de las detenciones, unos 70 familiares, amigos y otros residentes se reunieron afuera, gritando: “¡Déjenlos ir! ¡Déjenlos ir!” mientras tres autobuses llegaron y fueron llenados con detenidos.

Los trabajadores fueron esposados, sus pertenencias colocadas en bolsas de plástico y fueron abordados en autobuses destinados a la base de la Guardia Nacional de Mississippi en Flowood. Los informes de prensa dijeron que cerca de 700 trabajadores serían procesados en un hangar de aviones en la base, separándolos en varias categorías, desde aquellos que serían deportados de inmediato hasta aquellos que serían liberados porque en realidad eran ciudadanos estadounidenses.

En una redada previa de gran escala en Tennessee, el día después de que 100 trabajadores fueron detenidos, 500 niños no fueron a la escuela. Dada la escala mucho mayor de la redada de Mississippi, es probable que miles de niños se vean directamente afectados.

En el condado de Scott, donde se encuentran Morton y Sebastopol, el superintendente escolar Tony McGee dijo a la prensa que los estudiantes que iban desde el preescolar hasta la escuela secundaria tenían un padre detenido en la redada. Dijo que a los conductores de autobuses escolares se les había pedido que devolvieran a los niños a su escuela si no había nadie en casa para recibirlos.

ICE y funcionarios del Departamento de Justicia afirmaron que no había conexión entre el momento de la redada y las visitas de Trump a Dayton, Ohio y El Paso, Texas, el mismo día. El abogado estadounidense para el Distrito Sur de Mississippi, Mike Hurst, dijo a los periodistas: “Esta operación comenzó hace más de un año. No traes a más de 650 agentes especiales de todo el país al Distrito Sur de Mississippi en tres días sin preparación durante meses y meses y meses".

Sin embargo, no hay duda de que Trump sabía muy bien cuando se embarcó en Air Force One que los agentes de ICE se desplegaban por el sur de Mississippi para realizar cientos de arrestos. Lejos de preocuparse de que la demostración de fuerza pueda detraer a sus supuestos esfuerzos para actuar como "sanador" y "unificador", aprovechó de la oportunidad a demostrar a sus partidarios fascistas que la administración actuará sin piedad contra los trabajadores migrantes, independientemente de la indignación popular por la masacre de El Paso.

Las declaraciones oficiales emitidas por ICE estaban llenas de la jerga burocrática que está diseñada para ocultar el horror que se está transmitiendo a cientos de trabajadores, culpables de nada más que tratar de alimentar a sus familias trabajando en algunos de los trabajos más desagradecidos y mal pagados —en plantas de matanza y procesamiento de pollos cuyas velocidades de línea hacen que el trabajo sea agotador y peligroso —.

"Todos los ciudadanos extranjeros ilegalmente presentes arrestados el miércoles están siendo entrevistados por el personal de ICE para registrar cualquier posible situación humanitaria atenuante", dijo un comunicado de ICE. Esa es una referencia al puñado de excepciones que cubren a los detenidos que son los únicos cuidadores de los niños ciudadanos estadounidenses, que pueden ser liberados pero obligados a usar un grillete en el tobillo.

Sin embargo, la gran mayoría serán puesto en proceso de deportación ahora o, si ya se les ha emitido una orden de deportación final, serán puesto en un avión para llevarlos a México, El Salvador, Guatemala u Honduras, el país de origen de la mayoría de los detenidos.

El director interino de ICE, Matthew Albence, reiteró la posición de la administración de que no buscaba separar a padres e hijos, pero que los arrestos causarían separaciones familiares como parte del funcionamiento normal del sistema de justicia penal. Cuando se le preguntó qué pasaría con los trabajadores que tienen hijos en los Estados Unidos, Albence dijo que los niños afectados serían ubicados con otros miembros de la familia y, en algunos casos, los padres podrían ser liberados con grilletes de tobillo.

El número de empresas seleccionadas para investigaciones en el lugar de trabajo aumentó en más del 300 por ciento sólo en el último año fiscal. En 2018, Homeland Security Investigations (HSI) abrió 6,848 investigaciones en el lugar de trabajo, en comparación con 1,691 en 2017, según un comunicado de prensa de ICE. Newsweek informó que desde 2016, ha habido un aumento del 650 por ciento en los arrestos en el lugar de trabajo por parte de ICE.

La mayoría de los arrestados en las redadas han sido de México. Sin embargo, los detenidos también han incluido ciudadanos de Honduras, Venezuela, República Checa, Kazajstán, Perú, El Salvador, Guatemala, Colombia, Irán, Nigeria, Corea, Filipinas, Rumania y el Reino Unido.

La mayoría de los indocumentados en los Estados Unidos son trabajadores actualmente en la fuerza laboral. Según el Centro de Investigación Pew, ocho millones de los casi 11 millones de inmigrantes indocumentados participan en la fuerza laboral. Representan alrededor del 5 por ciento de todos los trabajadores.

Las redadas del miércoles en Mississippi subrayan el peligro real del fascismo, que surge no principalmente de las acciones de asesinos en masa individuales como el pistolero de El Paso, sino de la movilización de las fuerzas estatales, como la moderna Gestapo de ICE y la Patrulla Fronteriza, y el movimiento político de ultraderecha que está construyendo Trump.

El presidente Trump prometió en junio deportar a "millones" de inmigrantes indocumentados a través de redadas a gran escala. Repitió esas amenazas, intentando intimidar a los inmigrantes que viven en 10 áreas urbanas principales que fueron nombrados como posibles objetivos. Mientras tanto, ICE se estaba preparando para la redada en el sur de Mississippi y para asaltos similares por venir.

Las redadas del miércoles fueron ejecutadas ya que el mundo todavía se estaba recuperando de los tres tiroteos masivos en ocho días en Gilroy, California; Dayton, Ohio y El Paso, Texas, que mataron a un total de 34 personas e hirieron a 57.

Las visitas cínicas de Trump a Dayton y El Paso el miércoles, donde se presentó como "consolador en jefe", se encontraron con multitudes enojadas que se dan cuenta de que la respuesta real de la Casa Blanca a los tiroteos masivos es más redadas de inmigración e inmundicia xenófoba intensificada.

Antes de partir para Dayton y El Paso el miércoles, descartó las críticas por su uso del lenguaje xenófobo que se hizo eco en el manifiesto fascista del tirador de El Paso, y afirmó: "Creo que mi retórica une a las personas ... Nuestro país está muy bien".

Los opositores demócratas de Trump simulan oponerse a su defensa del racismo y la intolerancia antiinmigrante. El exvicepresidente Joe Biden, el actual líder en las encuestas para la nominación presidencial demócrata 2020, pronunció un importante discurso el miércoles en Burlington, Iowa, denunciando a Trump.

"Tanto en lenguaje claro como en código, este presidente ha avivado las llamas de la supremacía blanca en esta nación", dijo Biden. "Tenemos un presidente que se ha alineado con las fuerzas más oscuras de esta nación". Trump, continuó, "ha adoptado públicamente y sin excusa una estrategia política de odio, racismo y división", y agregó que tenía "más en común con George Wallace que George Washington.”

Sin duda, esto es cierto, pero Trump aún no ha alcanzado el récord de deportación establecido por la administración Obama-Biden, que deportó a más de 400,000 trabajadores inmigrantes en 2012, en comparación con la cifra más alta bajo Trump, 256,000 el año pasado.

Y Biden no dijo nada sobre el papel de los demócratas en el Congreso, que entraron en receso de verano después de aprobar un acuerdo presupuestario que financia completamente al Departamento de Seguridad Nacional, incluyendo el dinero para muchas redadas de ICE como las realizadas el miércoles, así como fondos para más centros de detención y más agentes de ICE y de la Patrulla Fronteriza. Los demócratas han centrado sus esfuerzos en disipar y reprimir la oposición popular masiva a Trump y facilitar su reaccionaria agenda procorporativa, autoritaria y militarista.

La legislación presupuestaria impulsada por los demócratas en el Congreso fue acompañada por una promesa de la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, y el líder de la minoría del Senado, Chuck Schumer, de que no habría más desafío legislativo a las acciones de Trump para desviar los fondos del Pentágono para construir su muro largamente prometido a lo largo de la frontera Estados Unidos-México.

(Publicado originalmente en inglés el 8 de agosto de 2019)