Presidente alemán guarda silencio sobre Holocausto durante conmemoración de Segunda Guerra Mundial

5 septiembre 2019

El 7 de diciembre de 1970, el canciller alemán Willy Brandt se lanzó sobre sus rodillas ante el monumento del gueto de Varsovia, en arrepentimiento por la exterminación de los judíos por parte el régimen alemán nazi. A pesar de que esta “genuflexión de Varsovia” tuviera sus intereses propios —la llamada “Ostpolitik” de Brandt le garantizaba a las empresas alemanas acceso a los mercados y materias primas de Europa del Este— significó un hito político. Tras años en que el Estado alemán había encubierto y trivializado sistemáticamente sus crímenes históricos, Alemania finalmente enfrentaba su responsabilidad.

Casi cincuenta años después, el presidente alemán Frank-Walter Steinmeier (como Brandt del Partido Socialdemócrata o SPD, por sus siglas en alemán) se pronunció en Varsovia en una ceremonia del 80 aniversario del inicio de la Segunda Guerra Mundial. No enunció ni una sola palabra sobre los judíos o el Holocausto. Su silencio no es menos simbólico que el gesto de Brandt. Es una señal inequívoca de que los crímenes de los nazis están siendo minimizados por ciertos propósitos políticos.

En primer lugar, el silencio de Steinmeier sobre el Holocausto fue una concesión al Gobierno ultranacionalista del Partido Ley y Justicia (PiS, siglas en polaco) en Polonia y a su líder Jaroslav Kaczynski, quienes están profundamente arraigados en las tradiciones antisemitas de la iglesia católica y que glorifican al dictador polaco Josef Pilsudski. Durante los últimos años, el PiS ha buscado reescribir sistemáticamente la historia y ha aprobado leyes que amenazan con criminalizar a cualquier académico o editor que investigue o escriba sobre el antisemitismo en Polonia.

El presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier (derecha) y el presidente polaco Andrzej Duda (izquierda), en la ceremonia del 80 aniversario de la Segunda Guerra Mundial en Wielun, Polonia, el domingo 1 de septiembre de 2019 (AP Photo/Czarek Sokolowski)

Sin embargo, ante todo, el silencio de Steinmeier sobre el Holocausto fue una concesión al partido ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD, siglas en alemán) de su propio país. Dentro del marco del retorno alemán a una política exterior imperialista y agresiva, la clase gobernante está promoviendo sistemáticamente este partido fascistizante. El mismo día del discurso de Steinmeier en Varsovia, la AfD se convirtió en el segundo mayor partido en dos elecciones estatales —en Sajonia y Brandenburgo—. El pronunciamiento de Steinmeier no fue un error. Es un político experimentado que sabe lo que hace. La Oficina Presidencial Federal tiene un personal de 180 personas que preparan cuidadosamente cada uno de sus discursos y los discuten dentro del aparato gubernamental.

En la mañana del 1 de septiembre, Steinmeier visitó el pequeño pueblo de Vieluń con el presidente polaco, Andrzej Duda. Los residentes fueron los primeros en ser bombardeados desde el aire cuando Alemania invadió Polonia hace ochenta años. Ahí, meramente mencionó a los judíos y el Holocausto de pasada, en una sola cláusula y solo pidió perdón explícitamente por “las víctimas polacas del reino de terror alemán”. Aproximadamente una tercera parte de la población de Vieluń era judía y de que decenas de miles de judíos serían deportados del gueto de la ciudad al campo de concentración de Kulmhof.

Luego, cuando Steinmeier habló frente a 250 invitados estatales de 40 países en la tarde, no mencionó el Holocausto del todo. No obstante, los nazis asesinaron a alrededor de 1,6 millones de personas de etnicidad polaca y 3 millones de judíos o 90 por ciento de la población judía de Polonia. Las únicas víctimas de los crímenes de guerra de Alemania mencionadas por Steinmeier fueron los “hombres y mujeres polacos”, así como “Polonia, su cultura, sus ciudades y su pueblo”.

Monika Krawczyk, titular de la Liga de la Comunidad Judía en Polonia, estuvo furiosa y declaró: “¿Cómo es que no se dignó a decir la palabra judío? ¿Qué lo detuvo de hablar sobre el Holocausto y la resistencia judía? Un profesional, quien debería conocer la historia de la ocupación de Polonia, solo se disculpa a una víctima y se olvida del resto. Estoy sin palabras”.

El Tageszeitung, el único diario alemán que reportó el silencio de Steinmeier, se mostró incrédulo. El periódico lo describió como algo “totalmente incomprensible” que no pidiera el perdón de los judíos polacos.

En realidad, no es incomprensible. Con su discurso en Varsovia, Steinmeier le estaba demostrando a la AfD de que está fundamentalmente de acuerdo con ellos cuando sus líderes describen el Holocausto como meras “cuitas” y al monumento del Holocausto en Berlín como un “monumento de vergüenza”. Pese a nunca cansarse de expresar hipócritamente horror sobre los nazis, el silencio de Steinmeier sobre el Holocausto y su intento de congraciarse con el ultraderechista PiS, muestra cuál es su verdadera postura política.

El auge de la extrema derecha es un fenómeno internacional. Estas fuerzas son necesarias para la élite gobernante, ante el recrudecimiento de los conflictos entre grandes potencias y de las tensiones sociales, a fin de fortalecer el aparato de represión estatal, promover sus políticas militaristas y suprimir toda forma de oposición social.

Steinmeier ha desempeñado un papel líder en promover a la extrema derecha en Alemania. Como director de la Cancillería bajo el canciller Gerhard Schröder (SPD), Steinmeier estuvo a cargo de las agencias de inteligencia alemanas por siete años en los que expandieron y encubrieron redes de extremistas de derecha.

Como ministro de relaciones exteriores, Steinmeier apoyó el golpe de Estado de 2014 que encabezaron fascistas en Ucrania, colaborando en el proceso con fuerzas ultraderechistas como el Partido Svoboda de Oleh Tyahnybok, con quien se reunió personalmente. Durante el mismo año, llamó en la Conferencia de Seguridad de Múnich a que Alemania se rearmara como potencia militar. Alemania es “demasiado grande como para solo comentar sobre política desde los márgenes”, declaró.

Después de las elecciones federales de 2017, desempeñó un papel clave en la decisión del SPD de continuar dentro del Gobierno de gran coalición. Esto convirtió a la AfD en el partido oficial de oposición en el Parlamento. En noviembre de 2017, incluso invitó a los líderes de la AfD, Alexander Gauland y Alice Weidel, a una consulta personal en el castillo Bellevue, la residencia oficial del presidente.

El discurso de Steinmeier en Polonia se alinea perfectamente con esta tradición política. Mientras derrama lágrimas de cocodrilo por los crímenes alemanes en la Segunda Guerra Mundial, exigió la hegemonía alemana en Europa y un importante programa de rearme militar. “Estoy muy consciente de que mi país tiene una responsabilidad especial para esta Europa”, dijo. “El hecho de que Alemania, a pesar de su historia, pudo crecer hasta nuevas fuerzas en Europa significa que nosotros, los alemanes, debemos hacer más por Europa. Debemos contribuir más a la seguridad europea”.

Polonia tiene una importancia estratégica para Berlín, tanto económica como militar. Con un comercio anual total de €120 mil millones (2018), Polonia ha superado a Reino Unido como el sexto mayor socio comercial de Alemania. Es además una región importante para la acumulación de tropas y un aliado militar contra Rusia.

Mientras que el vicepresidente estadounidense Mike Pence, la canciller alemana Angela Merkel y el presidente ucraniano Vlodomy Zelensky participaron en la ceremonia, el Gobierno polaco decidió dar un mensaje al no invitar al presidente ruso Vladimir Putin. Esto lo hizo a pesar de que la Unión Soviética sufriera el grueso del impacto de la guerra contra la Alemania nazi.

Steinmeier también falsificó desvergonzadamente esta historia en pro de una alianza con los nacionalistas polacos. Solo se refirió indirectamente al Ejército Rojo y negó su papel decisivo en la victoria contra los nazis. “En este aniversario, todos miramos agradecidamente a Estados Unidos”, dijo para halagar al vicepresidente Pence, quien estaba representando a Trump. “La fuerza de sus ejércitos, combinado con sus aliados occidentales y orientales, derrotó el Nacionalsocialismo”.

El discurso de Steinmeier en Varsovia subraya que el SPD y todos los partidos establecidos concuerdan con la fascistizante AfD en todas las cuestiones esenciales. Solo un movimiento independiente de la clase obrera internacional, uniendo la lucha contra el militarismo, el fortalecimiento del aparato estatal represivo y la desigualdad social, con la lucha contra su origen, el sistema de lucro capitalista, puede enfrentar el peligro representado por la ultraderecha.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 4 de septiembre de 2019)

Peter Schwarz